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Plática con Eduardo Fuentes

"Soy romántico por naturaleza... soy casado tres veces y tengo 10 hijos"

Patricia Carías, Óscar Luna / Fotos: Fréderick Meza

Como artista tuvo la oportunidad de codearse con cantantes como la española Sarita Montiel y el venezolano José Luis Rodríguez, "El Puma". Hizo ópera y música popular con Vía Láctea, incursionó en las tablas y su otra faceta es la fotografía publicitaria. Y aunque se opuso cuando le pedimos que cantara a capella alguno de sus éxitos, la insistencia tuvo frutos. A sus 71 años tiene una voz potente capaz de inundar una sala y con ella interpretó una parte de "Tiempo y destiempo", del compositor mexicano Rubén Fuentes, basada en un poema de Renato Leduc. Lejos está ya el recuerdo de su primer trabajo, a los 11 años de edad: ir en un carroparlante haciendo perifoneo de anuncios de Alka Seltzer y Pílsener.
ElFaro.net / Publicado el 8 de Noviembre de 2010

Como todo artista, Eduardo Fuentes viste su mejor traje para la entrevista. A simple vista no parece ser cantante, productor, actor de teatro o de cine. Este salvadoreño fue el primero en ganar una copa de plata en el Primer Festival de la Canción Latina del Mundo. La fama, sin embargo, no lo llevó al superasociado camino de "sexo, drogas y rock and roll", aunque cuando se trata de mujeres, admite que él es un romántico irremediable. Es su naturaleza. Y entonces cuenta sobre sus tres matrimonios y su decena de hijos.

Eduardo Fuentes. Foto Frederick Meza
Eduardo Fuentes. Foto Frederick Meza

A mí me sorprendió cuando consulté al sabio Google: cuando iba por "Eduardo Fuen..." me salió en búsquedas predeterminadas “Eduardo Fuentes El Salvador”.
Sí, sí.

Entonces ahí empecé a ver “Vía Láctea”, “Compañía 10” y montón de asuntos de esos.
Realmente como carrera artística he tenido la inquietud de investigar el verdadero camino. En este caso de la música, yo comencé muy pequeño. Comencé cantando cuando tenía cuatro o cinco años, subido a la mesa del comedor de la casa de mis padres, allá en la colonia Los Alpes. Mi abuelita se interesó por mi voz e inmediatamente buscó a alguien que me mostrara cómo hacerlo mejor. Un profesor de canto, digámosle así. Y en la iglesia de Santa Anita había un estudiante de sacerdote, el padre Ignacio Henríquez, quien me tomó  bajo su tutela. Eso me motivó y después cuando empecé a estudiar en el colegio hice también mis experimentos musicales. Ya estaba un poquito más grande. El transcurso de mi experiencia con la iglesia de Santa Anita debe de haber durado unos dos años. Les gustaba como cantaba y me dieron la oportunidad de cantar en las veladas.

Dice que su abuela lo apoyó primero. ¿Y su madre? ¿Usted viene de una familia de cuántos hermanos?
Vengo de una familia de una sola persona. Mi madre se casó con mi padre, me tuvieron a mí y mi papá se fue a Estados Unidos, estuvo en la guerra, y prácticamente yo me quedé solito. Mis hermanos nacieron 16 y 10 años después. Mi madre fue mi mejor apoyo, porque con ella comentaba mis actuaciones. Era mi gran crítica.

¿Cómo manejó ese "éxito" a los cinco años? Porque después, cuando ya tiene 18 años, era fácil agarrar el camino modesto o agarrar el camino “Yeah! Yo soy heavy”...
Siempre he tratado de buscar el camino modesto. Le repito, yo sé que la voz, en mi caso, es un don de Dios y se puede ir de un momento para otro. Pero en aquella época, el interés también, en cierta medida, era porque, aparte de que me congraciaba con el  público, me subían mis notas, je, je, je... Y eso me motivaba un poco más. Transcurrió el tiempo y vino la televisión a El Salvador en blanco y negro, el canal 6. Vi la televisión en las vitrinas y mi curiosidad me llevó a incursionar en la tele simplemente para averiguar qué era la televisión, cómo funcionaba por dentro y de qué manera hacían los programas. Llegó el momento de buscar el pretexto, a través de la misma televisión de aficionados al canto, al baile y a otras artes en un programa que se llamaba “Televariedades”. Llegué a hacer una audición en el primer programa de la televisión. Cuál no fue mi sorpresa que el pianista, don Hugo Parrales, me dijo: “Mirá, tú cantas, tienes una voz bonita pero todavía te falta experiencia. Sin embargo, te voy a dar la oportunidad. Tú vas a abrir el primer programa. ¿Qué vas a cantar?” Había una canción que se llamaba “Manidar” que estaba muy de moda en esa época. Con esa canción se inició mi carrera musical. Para mi buena suerte, no digo mala, no gané. Me ganaron unos bailarines.

Ja, ja, ja. ¿Cuántos años tenía en ese entonces?
16 o 17 años. Les contaba, me ganó una pareja de baile y no me duele decirlo. La verdad, la bailarina era pariente de uno de uno de los del jurado, je, je, je.

Ja, ja, ja...
Hicimos el programa ese durante unos seis meses u ocho meses. Ganó el primer lugar Doris Elizabeth, de todos muy conocida en esa época, René Velasco en segundo y su servidor en tercero, Eduardo Fuentes. Así comenzó mi carrera artística. Tuve la oportunidad, ya estando en un programa más serio, en el Café de Don Pedro, vino Sarita Montiel, quizás la artista en español más grande, y vino de gira por acá. Venía ella de filmar películas en Hollywood con Gary Cooper, con Mario Lanza. Es decir, era de altos vuelos. Y de aquí se iba a México a filmar con Pedro Infante. Entonces, para mí fue una sorpresa tremenda que me seleccionaran para estar en el espectáculo de ella.

¿Quién lo seleccionó?
Pues en el canal. Me imagino que fue don Boris Eserski, la recomendación, y las personas que habían contratado a Sarita Montiel en el teatro. En aquel tiempo era el teatro cine Caribe. Entonces, me llamaron para ponernos de acuerdo. Me ofrecieron una suma, para mí, exorbitante: cuatro sueldos de mi mamá, 400 colones. Yo me quedé fascinado y les dije “sí” inmediatamente. Así comenzó mi carrera artística. Creo que Sarita Montiel se convirtió prácticamente en mi madrina actoral.

Uno espera oír estas historias más underground. Usted se fue de un solo al súper hit, al éxito. ¿No pasó antes por el éxito underground? Ese de tener que andar cantando en barcitos, andar descalzo...
Exacto, eso en gran medida se debió a dos cosas. Cuando uno tiene la oportunidad y hay un don que en ese momento se adecue a la moda, se adecue al gusto del público y que, al mismo tiempo, vaya de acuerdo con las intenciones del que promociona un programa, de televisión en este caso... Yo calé en lo que ellos necesitaban. Necesitaban una voz popular pero con un valor ya más elevado vocalmente. En esa época, también, tuve la suerte infinita de que mi abuelo, don José Mario Durán, me pagó mis primeras clases de canto con una de las artistas más grandes que ha tenido Centroamérica, Rosita Rodríguez, salvadoreña que tuvo la oportunidad de desarrollar su carrera en Italia nada menos que con Beniamino Gigli, el segundo Caruso.

¿Con qué géneros comenzó?
Canciones mexicanas de María Grever, de Agustín Lara, música italiana, “O sole mío”, “Torna a Surriento”, esas canciones que siempre han estado de moda y siguen de moda.

Pero ahí ya estaba incursionando un poco en música clásica...
Exacto, las clases que yo recibí siempre fueron para cantar ópera, pero no me dediqué a la ópera por razones muy claras: nunca tuve la oportunidad de hacer un viaje a Italia, porque eso era muy caro, mi familia no me lo podía pagar. Sin embargo, los profesores que tuve, especialmente Rosita Rodríguez, que tenía un talante enorme, me dio lo que yo necesitaba para comenzar.

Ópera, canto lírico, ha dicho, con el tipo de técnicas que requiere, ¡y Vía Láctea...! O sea, Vía Láctea...
Je, je, je... bueno, es una buena pregunta. Yo viví en México muchos años y estudié en México también y me gradué como ingeniero en electrónica y electromecánica de IBM. En 1969 me invitaron, sin yo darme cuenta de dónde había salido el otro milagro, al Primer Festival de la Canción Latina en México, un festival extraordinario, 50 artistas de habla latina, incluyendo el italiano. Era un festival que duraba cinco días. Yo clasifiqué el segundo día del festival con una canción de César Donald, salvadoreña la canción. Y esa canción me permitió llegar al final del último día, y El Salvador obtuvo con esta canción una copa de plata, es decir, fue una cosa extraordinaria. Para mí este festival fue una sorpresa, yo no sabía nada. René Lacayo, un gran actor salvadoreño, me llegó a buscar un sábado a mi casa, que yo estaba limpiando mi carrito, me dijo_ “Eduardo, ¿qué tenés que hacer el lunes?”. “Pues trabajar”. “Pedí permiso, te vas a ir a México a un festival y vas a tener que estar ahí por lo menos seis o siete días”. “No me van a dar permiso”. “Mirá cómo hacés, porque es una gran oportunidad”. No sé cómo hice, pero el día lunes a las 7 de la mañana estaba pidiendo mi visa en la embajada de México. Las dos canciones con las que participé las aprendí en una tarde, para ensayar al día siguiente. Esa fue mi primera experiencia internacional grande, ahí había cantantes de la talla, por ejemplo, del Puma, José Luis Rodríguez, que comenzaba...

¿Y él ganó?
No: ganó Lucecita Benítez, de Puerto Rico.

¿Y usted en qué posición quedó?
Había tres primeros puestos y copas de plata. Yo obtuve una copa de plata.

Eduardo Fuentes emigró joven a México, donde su carrera dio un salto definitivo.
Eduardo Fuentes emigró joven a México, donde su carrera dio un salto definitivo.