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México

El PRI vuelve al poder con sus propias reglas

Un plan mediático; la proyección de una imagen de invincibilidad lograda con una generosa chequera, televisoras, encuestadores y hombres de medios ávidos de hacer negocios, ayudaron al candidato del PRI a alcanzar la presidencia de México. La cima de un aparato burocrático que resistió doce años de panismo, pero que en su mayoría celebra el retorno de las prácticas que alcanzaron siempre para todos. El PRI demostró, una vez más, ser el gran maestro del sistema político mexicano. Y ha vuelto al poder.

Víctor Flores García

elfaro.net / Publicado el 6 de Julio de 2012

Cd. De México. 

- Oye cuate: ¡Ya no nos peguen tanto en sus noticieros!

- Hablemos.

- Sale y vale.

- ¿Qué podemos hacer por ti?

- Ya bájenle a la campaña contra nosotros.

- Okey. El menú es el siguiente: Son 100 millones de pesos para no hablar mal en la cobertura; 200 millones por hablar bien de ustedes y 300 millones incluye hablar mal del otro. Eso lo acuerdas conmigo, no con la conducción del noticiero.

- No le llegamos al precio.

La anécdota es real. Al menos, es la versión de uno de los dos protagonistas. Se trata del diálogo entre un responsable de un prestigioso canal de televisión mexicano y un prominente miembro de una de las campañas políticas que perdieron las elecciones ante el candidato del pragmático Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto. No se trata de Televisa, la mayor cadena de TV de México y Latinoamérica que cobra más caro; y su menú es más diverso y sutil: ofrece menciones en la entrada del noticiario estelar del prime time nocturno, menciones de distinto tipo en el primero, segundo o tercer bloque, coberturas en todos sus canales estatales, hasta la entrevista con apariencia de neutralidad con el presentador estelar.

Todo el mundo lo sabe en México. Al menos lo sabe todo el mundillo de la clase política y los directivos de los medios; pero cuando el diario británico The Guardian reflotó que Televisa vendió sus espacios informativos y de entretenimiento a prominentes políticos como el candidato del PRI a la presidencia, Enrique Peña Nieto, unas semanas antes de las elecciones del 2 de julio pasado, la cadena lo negó con estrépito. Posteriormente el Guardian publicó unos papeles para sustentar su nota.

Otra fuente concordante, que ha sido alto funcionario de la Presidencia de México, también me ha confirmado el papel de Televisa en la vida política del país. Un rol temible. Cuando le pregunté por qué no aparecía un político que pagara su espacio ante el entrevistador estelar, Joaquín López Dóriga, para preguntarle en vivo “Joaquín, ¿por qué me cobras esta entrevista?”, la respuesta fue: “Nadie se atreve en este país, sería suicida. Además, todos los medios televisivos se defenderían en forma corporativa. Todos lo hacen y a Televisa le tienen pánico”.

A merced de la televisión

El tema de los millonarios gastos de Peña Nieto para posicionar su imagen a nivel nacional, registrados cuando fue gobernador del Estado de México (2005-2011), apenas se colocó como asunto dominante en los medios de la televisión y la radio mexicanos, donde se informa la inmensa mayoría de la población. Fue un tema dominante en las redes sociales, que apenas influye en un 10 por ciento de los electores. La prensa escrita de calidad apenas se lee en la gigantesca provincia nacional donde ganó el PRI, y otros monopolios controlan la producción y circulación de información. En realidad, los diarios de circulación nacionales son una prensa capitalina con pocos ejemplares en la provincia, que tiene su propia prensa local.

Hay otra versión perturbadora. Se sabe que Josefina Vázquez Mota no era la candidata del Presidente de la República, quien se inclinaba por su secretario de Hacienda, Ernesto Cordero. Durante las elecciones internas para elegir al candidato del gobernante Partido Acción Nacional (PAN), los gastos de campaña, en particular la compra de espacios en los medios de comunicación, también fueron un tema crucial. Muchos medios promovieron en sus espacios informativos la candidatura del favorito del Presidente. Lo hicieron a la espera del pago correspondiente. La deuda por esa cobertura parcial creció. 

Y cuando nadie se hizo cargo de pagarla, la manera de cobrar fue la única y ruda manera que se conoce en México: una campaña negativa en contra de la candidata del PAN. “Quienes ofrecieron ‘ponerse a mano’ (pagar) cuando Cordero ganara, no lo hicieron. Ni la Presidencia ni el PAN pagó esa campaña interna. Y en respuesta, los medios le pegaron a Josefina por no pagar la deuda de su ex rival en su partido. Un ejemplo de nota negativa y exagerada fue el lanzamiento de campaña de Josefina en el Estadio Azul. Unos vieron un tema periodístico en sus fallas y otros una forma de cobrar los casi 2.000 millones de pesos (unos 150 millones de dólares) de publicidad encubierta”, dice la fuente.

Josefina, abandonada por todos

“A Josefina la dejaron sola. La dejó sola el Presidente y la dejó sola el partido”, nos dijo dos días antes de la elección a un grupo de corresponsales otra alta fuente de la campaña bajo la condición del anonimato. La ex secretaria de Desarrollo Social con Vicente Fox (2000-06) y Secretaria de Educación con Felipe Calderón (2006-12), nunca fue una mujer muy cercana al PAN. “Pero tampoco ella hizo mucho por acercarse al partido -prosigue-. Una vez que arrancó la campaña por la Presidencia, en segundo lugar, todos los aliados se movieron en el ámbito de hacer apenas lo indispensable”.

Josefina, una empresaria que pasó de dirigir su empresa familiar en Chihuahua a una carrera política que comenzó como diputada, para luego ser reclutada por los cazadores de talentos de Fox, a quien sobrevivió, siempre fue vista como una outsider. No sólo por ser mujer en la cultura más machista del continente, sino por ser independiente y con un perfil ciudadano. “Entre su equipo íntimo, siempre hubo gente que fue muy crítica de los panistas. Hacían chistes de los panistas, a quienes veían como incapaces de gobernar. Y ella lo permitía”, dijo otra fuente del PAN. Otros tres corresponsales, uno periodista de un diario de Londres, otros dos de agencias internacionales de noticias, asistieron a un bar de la colonia Condesa que suelen frecuentar periodistas norteamericanos para charlar de manera informal con la misma fuente y hacer pronósticos el viernes anterior a las elecciones.

Esa segunda versión explicaría por qué la campaña de Josefina se derrumbó del segundo al tercer lugar. La candidata del partido que echó al PRI de Los Pinos por primera vez en 71 años y gobernó México 12 años, no operó “a la antigua”, es decir, no se alzó sobre la base de una plataforma partidaria organizada y respaldada por la Casa Presidencial de Los Pinos. “Hubo muchas quejas porque nunca fuimos cercanos a los candidatos del PAN a posiciones locales. No sé cuánto influyó ese error en el resultado; pero muchos de los candidatos locales se sintieron despreciados por el equipo. En el vértigo de la campaña, eso se comentó en más de una ocasión, pero no se corrigió y a la larga tuvo repercusiones”, prosiguió la segunda fuente. 

Ese relato contrasta con las campañas de los dos punteros de la elección: el ganador del PRI y el impugnador de las elecciones del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Peña y López realizaron sus campañas con el mismo estilo corporativo y callejero de la vieja política mexicana. Con el aparato al servicio de la clientela política de la Ciudad de México, que gobierna desde hace 15 años, el PRD ganó la capital por paliza, arriba del 60 por ciento de votos. En contraste, desde Los Pinos llovían los comunicados a los funcionarios federales para que se abstuvieran de intervenir en la campaña de Josefina. 

Ese tema de la cultura política mexicana es muy singular: debido a la historia de una “presidencia imperial”, como la bautizó el historiador Enrique Krauze, la sociedad mexicana no comprende cómo un Presidente puede ser a la vez Jefe de Estado y líder de su partido, como ocurre en Estados Unidos. Menos aún puede aceptar que un mandatario pueda incluso colectar fondos para buscar la reelección. La ley lo prohíbe. Pocos meditan en México que lo que único que está prohibido por la ley es el uso de recursos públicos. Las cosas caminaron sobre los límites del ridículo: hubo una orden de la Secretaría de la Función Pública de ni siquiera enviar mensajes o tweets por los teléfonos celulares personales asignados por el Gobierno, no importa que se hiciera en un domingo o día de descanso. Lo que todos los funcionarios de Calderón entendieron con esos comunicados, traducidos al folclore político mexicano, fue tajante: “No te metas”.

El eslogan de la campaña, “Josefina Diferente”, también le impidió recuperar el poco pero real capital bueno de la administración Calderón. En los corrillos del partido que termina de gobernar el 1 de diciembre, para devolver el poder al PRI, se dice: “No se entendió qué demonios quería decir Diferente, porque nunca se rompió con el gobierno de Calderón. Es parte del problema: la valoración del Gobierno actual anda por el 50 por ciento de rechazo. Al final de la campaña, el anuncio de que Josefina nombraría Procurador a un Presidente con un nivel de aceptación tan bajo, no sólo no sumó sino que restó”.

Sin escrúpulos

La campaña de Peña Nieto no tuvo ese tipo de escrúpulos. El proyecto de Peña es un meticuloso plan alrededor del diseño mediático de un candidato que demoró muchos años en construirse, desde 2005, cuando comenzó su gobierno en el Estado de México que rodea la capital, sede del poderío industrial del altiplano central de la República Mexicana. Hay otro secreto a voces: los fondos públicos de los Estados gobernados por el PRI engordaron la chequera de la campaña de Peña. Cuando el gobierno de Calderón reveló que en el estado de Coahuila el gobernador Humberto Moreira del PRI había endeudado con documentos falsos al estado fronterizo con Estados Unidos con 31.000 millones de pesos (unos 2.500 millones de dólares) la sospecha se expandió hacia todos los gobernadores del PRI que habían estado guardando dinero para la campaña de Peña. “Todo el mundo sabe que, mientras fue gobernador, Peña mandaba dineros y apoyos a los procesos electorales en todo el país para apoyar a los candidatos del PRI y comprometerlos para su futura campaña. Así compraron votos y medios”, dijo una fuente del entorno de la campaña del PRD (izquierda).

La izquierda ha celebrado poco un triunfo mayúsculo: El PRD arrasó en el DF con 63 por ciento de votos. Con un candidato veterano de giras nacionales desde hace décadas, cometió menos errores hasta poner al tú por tú contra Peña. Preservó un experimentado equipo compacto que organizó eventos austeros, más cercanos a la gente, sin temores extraños a que mataran a su candidato, sin temas de conflicto que no fueran los que sus adversarios y los medios dominantes como Televisa le pusieron enfrente, recordando su impopular rebeldía de 2006. Gracias a una campaña de abajo hacia arriba, el PRD duplicó su bancada de legisladores en el Congreso, frenó al PRI que se quería llevar la mayoría calificada; y su electorado subió de 13 a 15,5 millones de votos en seis años. Ahora ha impugnado la elección.

Hay otro dato relevante: Calderón llegó con todos sus amigos y colaboradores con un estilo más parecido a los masivos cambios sexenales de la elite del poder Ejecutivo que se practicaba en la antigua era del PRI (1929-2000), echando a la calle a los funcionarios que sirvieron al gobierno de Vicente Fox. Más aún, tanto Calderón como Fox dejaron intacta en 12 años la estructura de mandos medios del viejo régimen que reemplazaron en 2000. Muchos de ellos son ahora cuadros políticos del PRI, en un país donde el servicio público con profesionales de carrera es aún una quimera, quizá con la excepción de los diplomáticos del servicio exterior, cuya reputación en América Latina solo es disputada por el Palacio de Itamaratí, sede de la Cancillería de Brasil. 

Otra anécdota ilustra este punto sobre el regreso del PRI. México es un país petrolero que tiene el sindicato con el mayor poder corporativo gracias a la petro-chequera, junto con el sindicato de maestros, que la megalomanía nacional gusta presentar como “el sindicato más grande América Latina”. Desde la madrugada del 2 de julio hay una fiesta entre gerentes y funcionarios medios de la gigantesca Torre de Petróleos Mexicanos (Pemex) que domina el Distrito Federal. Volvieron. O nunca se fueron.

El caso de los 10 millones de dólares que fueron a parar a la campaña del PRI en 2000, fue ejecutado por la misma dirigencia sindical petrolera que ahora festeja con Peña Nieto. Hay más: el líder máximo del sindicato petrolero Carlos Romero Deschamps, acusado de ese fraude, ahora regresa triunfal con el fuero de una curul al Congreso. “El PAN gobernó 12 años; pero nunca entró al Gobierno, la maquinaria la administraron funcionarios del viejo PRI”, dijo la fuente panista. Un ejemplo más ilustra este punto: de los 120.000 empleados de Pemex, los altos cargos nombrados por el PAN apenas  suman 3.000.

Las encuestas: “Parte del plan Peña”

Pensar que en un país del tamaño de México se pueda orquestar una gigantesca conspiración en la que los encuestadores se pongan de acuerdo para crear una falsa ventaja, que en promedio ronde los 12 a 15 puntos, parece de ciencia ficción o de locos. Pero pensar que todos pudieron ser comprados por separado, uno a uno por la misma chequera, hasta crear la imagen de un candidato invencible que había ganado la elección antes del día electoral, sí parece posible. El dato duro es inapelable: todas las principales encuestadoras se equivocaron. ¿O mintieron?

El diario Milenio del Grupo Milenio, que también publica una revista semanal y cuenta con un canal de TV, ha sido el único en salir a pedir disculpas a su audiencia por haber publicado diariamente, durante 100 días, una encuesta que otorgó a Peña Nieto una ventaja de 18 puntos a cuatro días de la elección. Casi triplicó la ventaja del resultado real. La disculpa ofrecida es inédita, como es fue inédito el ejercicio de publicar una encuesta nacional de seguimiento diario (trekking). Los resultados oficiales dieron un resultado muy diferente al de la empresa contratada,  GEA/ISA, la encuestadora con los mejores registros en 2000 y 2006. 

La realidad del domingo 1 de julio fue una elección competida, en la que la diferencia fue de 6,5 puntos, la tercera parte de aquel pronóstico catastrofista. Esa diferencia real del conteo oficial fue casi igual al resultado de las elecciones que perdió por primera vez el PRI en 2000, cuando los candidatos Vicente Fox (PAN) y Francisco Labastida (PRI) llegaron en empate técnico al día electoral, según los principales sondeos. 

El domingo electoral, con casi todas las casillas electorales computadas (98,95%), Peña Nieto logró 38,15 por ciento de los sufragios, López Obrador, 31,64 por ciento y Josefina 25,4 por ciento. El partido de la dirigente del sindicato de maestros, Nueva Alianza, se llevó 2,5 por ciento (1,12 millones de votos). En términos de sufragios, el candidato del PRI recibió 18,72 millones de votos, contra 15,53 millones para el candidato del PRD, y 12,47 millones para la candidata del PAN. Fue un resultado demoledor para las casas encuestadoras y los medios que las contrataron. Pero todos guardan silencio. 

“Nosotros nos retiramos de las encuestas electorales. Y en la circunstancia que sea, ante quien sea, incluso frente a los que nos difaman e insultan, aceptaremos que esta vez fallamos”, escribió en solitario el director editorial de Milenio, Ciro Gómez Leyva. A pesar de que el daño ya estaba hecho, es la primera vez que en México que un medio asume una responsabilidad pública de ese tamaño. 

La explicación de la empresa GEA/ISA publicada un día después en la misma columna del director editorial de Milenio, sin comentario alguno de su parte, en la que admite el error, es defensiva. Se cobija en todas las demás encuestadoras: la encuesta “al igual que otras, registró una preferencia por el candidato del PRI varios puntos arriba del resultado de la elección”, al tiempo que acepta que las encuestas de salida “sobrestimaron las preferencias por Peña Nieto”. 

Pero no hay respuesta a la pregunta más sencilla de todas: ¿Qué pasó con las encuestas en México? No hay respuesta para esos errores gravísimos, simplemente, dice GEA/ISA, “ameritan un cuidadoso análisis de todas las casas encuestadoras que permita, con la información disponible, determinar las causas”.

Con esos datos, acudí a otra fuente cercana a la campaña del partido gobernante: Octavio Aguilar Valenzuela, Coordinador General de Operación de la campaña de Josefina: “Las encuestas estaban en su mayoría pagadas, para ayudar a Peña. Influyeron en el ánimo del electorado, en particular de los indecisos, que incluso en esas encuestas rondaba el 20 por ciento. Fue parte de la estrategia del PRI, con una meticulosa campaña diseñada desde el principio. Por esa razón, desde el inicio salen a las calles con 10.000 billboards (pósters gigantes o espectaculares) a decir antes del tiempo: ‘¡Ya ganamos!’ Salvo una de ellas, las 15 principales encuestas agigantaron la ventaja de Peña, lo proyectaron como invencible antes de la contienda. Unas tenían mala intención. No sólo mala metodología, sino que fueron parte de la estrategia. Las disculpas de Milenio llegan cuando el efecto negativo sobre el proceso electoral ya está hecho. Fue un grave  error no haber tenido encuesta propia, pagada por el PAN.  El PRD la tenía y el PRI también, y la tuvieron unos medios súper vendidos a Peña. Ha sido insólito, la campaña de Josefina se guió por las encuestas de los adversarios”. Cuando la Presidencia intentó posicionar sus sondeos que apuntaban en sentido contrario, todos reaccionaron en contra y acusaron a Calderón de intervenir en la campaña.

La invención de Peña

La formación de un grupo compacto alrededor de Peña se remonta a su ascenso como gobernador del Estado de México, que aporta alrededor del 10% al Producto Interno Bruto (PIB) nacional gracias a la industria manufacturera, más de 150.000 millones de dólares, superior al PIB de Ecuador, el doble de Guatemala y el triple de Uruguay. Peña cohesionó un partido dividido que venía de un humillante tercer lugar en 2006. La consigna dentro del PRI fue en esa hora: “Te sumas o te apartas”, estaban comprando la Presidencia. Con una encuesta de la empresa Consulta Mitofsky titulada “¿Quiénes nos gobiernan? Perfil de nuestros gobernadores”, Peña Nieto se paró ante todos los gobernadores del PRI con una tarjeta que decía: “El gobernador más conocido por los mexicanos es Enrique Peña Nieto, con casi 70% de los encuestados (en realidad 68.4%)”. Y todos se apartaron.

Peña se cobijó bajo un árbol genealógico familiar en el que figuran los dirigentes más polémicos del viejo PRI, como los ex gobernadores Arturo Montiel por la rama materna y Alfredo del Mazo por la rama paterna. En su hoja de vida suele presumir que es descendiente de Severiano Peña, un hombre que fue cuatro veces presidente municipal de Acambay, su pueblo natal, en plena Revolución Mexicana (1914-1923) y entre sus servicios al PRI trabajó para otro temible ex Gobernador, Emilio Chuayffet y fue coordinador de la campaña de Montiel. Este último fue su padrino y antecesor, un político rodeado por escándalos de enriquecimiento ilícito y por secuestrar a sus pequeños hijos arrebatados a su ex esposa francesa, en un proceso en marcha. Todos son nombres vinculados al Grupo Atlacomulco, distrito por el cual Peña fue diputado antes de ser Gobernador. Con ese pedigrí y las encuestas en la mano, en noviembre de 2011 se presentó en solitario a registrar su candidatura y nadie se atrevió a desafiarlo. Por aclamación fue declarado candidato único del PRI el 17 de diciembre del año pasado. 

Y para colocar la cereza del pastel, ahora se tejen versiones de todo tipo sobre cualquier indicio de acuerdos con las mafias de narcotraficantes, como los que se practicaron en el pasado con altos mandos de las agencias antidrogas mexicanas. Peña Nieto ofreció una “nueva estrategia” contra el crimen organizado; pero fue inusualmente enfático para desmentir los rumores de acuerdos ocultos: “Con el narco, ni pacto ni tregua”, exclamó la noche electoral. 

En la campaña de Josefina el tema se abordaba en voz baja: “No hay nada que pruebe esos rumores; pero lo cierto es que bajaron los índices de violencia antes de las elecciones. Otro dato es que miembros del Ejército y generales importantes se decantaron desde el principio a favor del PRI. En otros datos sueltos que se mencionaban, Peña no quiso usar a los agentes del Estado Mayor Presidencial como equipo de seguridad que la ley le ofrece a los candidatos, todos esos son el tipo de informaciones que le gustan a quienes arman teorías de conspiraciones”.

“Lo cierto es que los estrategas del PRI hicieron un diseño del cual no se movieron. Peña fue un gran candidato, disciplinado, él comandaba y ejecutaba todo. Fue una operación política descomunal que se tejió en varios años desde que Peña era Gobernador, muchos líderes de las provincias apoyaron comprando espacios de Televisa; fue un proceso largo, planeado con muchos años de anticipación. Invirtieron mucho dinero, utilizando a los medios, sobre todo la televisión y la radio, para pagar coberturas favorables”, puntualizó la segunda fuente panista.  

Chequera multimillonaria

El candidato de la izquierda Andrés Manuel López Obrador ha denunciado que la elección fue brutalmente inequitativa porque su rival Peña Nieto gastó unos 5.000 millones de pesos (unos 350 millones de dólares). Esa cifra violaría el tope de gastos autorizado en la ley electoral, de 167 millones de pesos (unos 12 millones de dólares).

Con ese dinero habría comprado coberturas favorables en los medios y sobre todo pudo comprar millones de votos a electores empobrecidos. El propio Instituto Federal Electoral (IFE) no tiene facultades para perseguir este delito federal. La tarea le corresponde a la Fiscalía para Delitos Electorales (Fepade), que el mismo IFE considera carente de los recursos para controlar esa vieja práctica que en México tiene nombres folclóricos como “Operación Tamal” o  “Carrusel Electoral”. Hay un México que no ha cambiado en estos 12 años del PAN.

El PRI reaccionó tajante: “Esas acusaciones son falsas, no hubo tal. Parece que es un señalamiento que lo único que busca es distorsionar una elección. Creo que fue un proceso ciudadano muy bueno, fue una elección limpia, una elección pacífica, muy ciudadana, donde tenemos un claro ganador, pero hay alguien en este proceso que al parecer no sabe perder”, replicó airado Luis Videgaray, coordinador de campaña de Peña Nieto. Durante la campaña, el PRI reviró el ataque: acusó a López Obrador de haber gastado unos 1.200 millones de pesos (menos de 100 millones de dólares) en su recorrido por todo el país a lo largo de seis años, desde que denunció un fraude electoral en 2006.

Aunque existe la percepción de que todos los partidos violaron el tope de gastos de campaña, otra fuente cercana a la campaña del PAN considera que “López Obrador se queda corto en su denuncia de los gastos del PRI. En sus redes nacionales, estatales y compra de votos, sólo el día electoral el PRI se pudo haber gastado por lo menos 100 millones de dólares (unos 1.400 millones de pesos)”.

Peña resintió el protagonismo de las redes sociales, sobre todo después del rechazo que recibió de cientos de estudiantes cuando visitó la jesuita Universidad Iberoamericana. Las redes sociales catapultaron a un inédito  movimiento estudiantil universitario “#YoSoy132” que se declaró anti-Peña. La campaña del PRI subió la apuesta: sólo en redes sociales el PRI se gastó millones de dólares, según cálculos de la fuente del partido gobernante. Compró dominios y palabras clave en el mayor motor de búsqueda de Internet, Google, que habría costado unos 30 millones de dólares y el resto fue gastado en las redes de Facebook y Twitter

Historia de un abandono

Finalmente, con esas cifras, me fui a consultar a Octavio Aguilar Valenzuela, quien ha sido muy cercano colaborador de Josefina Vázquez Mota desde sus años como secretaria de Desarrollo Social. Octavio entró al relevo cuando el primer equipo de campaña fue reemplazado: “De todos esos temas se habló durante la campaña: el papel de los medios, los gastos de campaña del PRI y todo tipo de versiones; pero ninguno de ellos se incorporó a la agenda de la campaña”. 

- ¿Por qué no lo hicieron?

Lo cierto es que la campaña no reaccionó a tiempo. Tuvimos apenas tres meses y perdimos mucho tiempo y energías en la elección interna. Comenzamos pegando al puntero de las encuestas de los medios. Era fácil, porque la biografía del candidato lo hacía parecer débil, su vínculos con el ex gobernador Montiel a quien la gente asocia con corrupción. La sorpresa fue cuando le pegábamos y no se movía en las encuestas. Durante la campaña los números casi no cambiaron. Cuando bajó fue por sus propios errores, como cuando no pudo citar tres libros en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara o su gira por la Universidad Iberoamericana”.

Es inevitable preguntar por el cambio más notable en la campaña: la caída de Josefina al tercer lugar y el ascenso de López Obrador…

La estrategia de la campaña Josefina se volvió contra AMLO cuando la campaña ya caía y no nos dábamos cuenta. La campaña se cayó bastante, hasta siete u ocho puntos.

-¿Cuáles fueron los mayores errores de la campaña de Josefina?

El equipo de estrategia tenía una expresión: nunca se encontró el dilema de cómo posicionar a Josefina. La agenda se extendió mucho: educación, seguridad, mujeres; y en ningún caso se logró una posición atractiva para el electorado. Otro ejemplo fue proponer el desafuero a los políticos corruptos. Es una ironía pero ese tema no es atractivo en la política mexicana de la gente, acaso de una élite. No fueron ofertas muy atractivas. Nunca hubo temas muy poderosos para posicionarla como una gran candidata. Todo fue muy lejano a la campaña por el cambio para sacar al PRI de Los Pinos de Fox en el 2000. En el primer debate, el tema que se posición en la opinión pública por los medios y por las redes sociales fueron los senos al aire de la edecán que ofrecía las tarjetas con las preguntas.

¿Cuánto gastó realmente el PAN? 

Te respondo con un dato. Nunca  tuvimos los recursos para una operación clave de tierra, eso pesó mucho. No hubo recursos suficientes para comprar banderines, camisetas. La gente que va a los mítines en este país quiere sus recuerditos, su llavero, su gorra para el sol, su refresco para el calor, su torta para almorzar. Llegó un punto en que no teníamos dinero para compararlos. De las 12 plazas que el PAN pensaba conquistar en el país, apenas logró tres (Guanajuato, Tamaulipas y Monterrey). Los dos partidos rivales aplicaron una estrategia eficaz de compra de votos, imposible de probar.

¿Cuál es la herencia de Josefina Vazquez Mota? 

Josefina atrajo mucha gente que no era panista. A la campaña se sumaron ciudadanos reales, que se acercaron por su propia voluntad, no por motivos partidistas, ese tema fue mejorando, in creciendo. Fue una candidata con perfil ciudadano. Pero tuvo como contraparte el abandono del partido oficial, la poca presencia del Gobierno Federal. No fueron a los mítines, no fueron a los cierres de campaña. Todo lo contrario que ocurrió con los dirigentes del PRD y del PRI, siempre arroparon a sus candidatos, a Peña Nieto y a López Obrador. A Josefina la dejaron sola, la abandonaron”. 

siempre lo mismo

Escrito el 2012-07-14 16:33:21 por jorge melgar

Qué buena radigrafía de la situación política-partidista que vive México, una que no está muya alejada de la nuestra. Siempre existen compras de voluntades y de votos.


elecciones en México

Escrito el 2012-07-06 23:07:31 por Octavio Aguilar

El gran ganador de estas elecciones es sin duda la izquierda mexicana.


Proceso electoral mexicano

Escrito el 2012-07-06 23:05:26 por Octavio Aguilar

Todavía falta mucho por decidirse en México... A peña, si llega, le costará mucho trabajo gobernar.


PRI

Escrito el 2012-07-06 16:10:04 por MHM

No se escribe "invincibilidad", sino "invencibilidad", o "imbecilidad", según...


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