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El FMLN reivindica la música de protesta con el Premio Nacional de Cultura

Por primera vez en 28 años, el gobierno de El Salvador rinde homenaje a la música popular con el Premio Nacional de Cultura. Este 14 de noviembre, el grupo de protesta Yolocamba I ta se convertirá en el primer representante de música no académica en recibir el galardón, que en el pasado recibieron músicos como German Cáceres (1982) y Esteban Servellón (1998).

 
 

A las puertas del aniversario de los 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz, el segundo gobierno del FMLN entregó el máximo galardón a las artes a Yolocamba I Ta, un grupo de trova que por medio de su melodías y letras acompañó los movimientos revolucionarios desde la segunda mitad de los años setenta. El grupo, conformado por jóvenes estudiantes del Externado San José, nació tras un ataque contra estudiantes de educación media y de la Universidad de El Salvador ocurrido el 30 de julio de 1975. El ataque, cometido por los cuerpos de seguridad del Estado durante una marcha que avanzaba sobre la 25 avenida norte, en la capital, dejó cerca de cincuenta víctimas, aunque a la fecha no exista una cifra oficial. Luego de aquel ataque, un grupo de jóvenes encontró en la música su arma de combate a la represión.

Miembros del grupo de musica popular, Yolocamba Ita, ganadores del Premio Nacional de Cultura 2016./ Foto: Cortesía de Secretaría de Cultura

Miembros del grupo de música popular, Yolocamba I Ta, ganadores del Premio Nacional de Cultura 2016./ Foto: Cortesía de Secretaría de Cultura

La ejecución, trayectoria, originalidad de las letras, calidad e impacto cultural de la trova de Yolocamba I Ta los hizo merecedores, según el jurado de esta edición, del Premio Nacional de Cultura, el máximo reconocimiento a las artes que otorga el Estado salvadoreño. Desde su nacimiento, el 21 de agosto de 1975, la tonada de la agrupación se convirtió para los más involucrados con la causa guerrillera en un himno. Para los no alineados, Yolocamba I Ta era una expresión cultural capaz de romper el miedo y denunciar a la opresión. Integrado por los hermanos Franklin y Roberto Quezada, Manuel Gómez y Paulino Espinoza, la historia de Yolocamba I Ta da cuenta de diez producciones discográficas, y 16 giras por Europa, en las que visitaron 22 países y participaron en 2,500 conciertos en Canadá, Estados Unidos y algunos países del Caribe. Sus canciones se identificaban con la ideología revolucionaria de izquierda, criticaban el sistema y ponderaban la cultura local.

“El surgimiento se debió, en gran medida, a la masacre del 30 de julio de los estudiantes universitarios. Sentirnos ofendidos, mutilados, por la pérdida de tanta gente y de tanta sangre nos animó a crear el grupo”, explica Roberto Quezada, quien agrega que durante los 41 años de trayectoria han compartido escenario, arreglos y letras con más de 40 músicos salvadoreños que encontraron en la música “el asunto de la elegía, el canto de amor, la canción comprometida por el hermano que se va o la hermana que nos deja”.

Desde su fundación, los músicos impulsaron la creación musical comprometida con la realidad histórico-social, la evolución cultural y la fusión más armónica de las múltiples entidades étnicas que conforman El Salvador, Latinoamérica y el mundo. La historia de Yolocamba I Ta o “La alegría de la siembra” fue desde sus inicios de lucha. Desde 1977 hasta 1982 fue parte del Movimiento de la Cultura Popular (MCP). Los más de 300 artistas que conformaban este movimiento se unieron para demandar mejores condiciones de vida, empleo, justicia social, respeto a los Derechos Humanos y la mejor apreciación del arte y la cultura popular. Resultado de su participación se realizó una grabación clandestina que incluye temas como Poema de amor, del escritor salvadoreño Roque Dalton; y Poema a Monseñor Romero, un texto escrito por Pedro Casaldáliga, obispo de la diócesis de São Félix do Araguaia (Brasil), ambos musicalizados por Yolocamba I Ta.

Sobre el papel del grupo dentro del movimiento revolucionario, el jazzista Oscar Alejandro destaca que “ellos eran el protagonismo melancólico, la fuerza que tenía que inyectar a las bases”. Su aporte, agrega, siempre fue en las letras de sus canciones, la música y la interpretación.

En 1980, a las puertas del inicio de la guerra, el grupo tuvo que migrar y se radicó en México hasta 1993. Realizaron giras por México, Canadá, Estados Unidos, el Caribe y Europa. Además, compartieron escenario con artistas internacionales como Joan Manuel Serrat, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Soledad Bravo y Joaquín Sabina.

El consenso del jurado que escogió de entre 18 postulaciones al grupo ganador tomó por sorpresa a sus integrantes. Paulino Espinoza confesó que sabían que la Universidad Centroamericana (UCA) los había propuesto, pero la amplitud con que había sido convocado el concurso les hacía creer que las posibilidades eran mínimas.

Para la gestora cultural Beatriz Alcaine, sin embargo, que este año hayan sido ellos los ganadores es circunstancial a cargo de quién está valorar el arte en este momento: “Evidentemente, si estuviera un gobierno de Arena, Yolocamba nunca hubiera recibido el premio. Antes no creo que jamás una banda que promueve mayor igualdad en la distribución de la riqueza y que habla del dolor de los caídos en la guerra lo hubiera recibido”.

Miembros del grupo de musica popular, Yolocamba Ita, ganadores del Premio Nacional de Cultura 2016./ Foto: Cortesía de Secretaría de Cultura

Lorena Cuerno, Claudio Morazán y Fedor Ortiz, miembros del jurado calificador, posan junto a los ganadores y la secretaria de Cultura./ Foto: Cortesía de Secretaría de Cultura

El pasado 28 de mayo, la Secultura lanzó la convocatoria para que instituciones artísticas, culturales y educativas presentaran sus candidaturas para el Premio Nacional de Cultura. La disciplina a la que se dedica cada año el galardón, así como el jurado calificador, se elige a criterio del titular de la institución.

Este año, los encargados de evaluar las postulaciones fueron la cantante de rock Lorena Cuerno, los productores de música tropical Claudio Morazán y Fedor Ortiz, el compositor y exguitarrista de Adrenalina, Moisés Amaya, y director de música académica Ángel Duarte. Partiendo de las diferencias de cada uno, los jurados decidieron armar una matriz en la que calificaron cada uno de los requisitos plasmados en las bases, de la cual resultaron como finalistas, además de Yolocamba I ta, la Orquesta de los hermanos Flores, Los Torogoces de Morazán y la banda Tepeuani.

Para Luis Aguiñada, miembro fundador de Espíritu Libre, si bien la agrupación es representativa en el género trova, no lo ubicaría dentro del ámbito popular. “Ese grupo no lo escucha usted en la radio. No es una identidad del salvadoreño, lo que sí tiene identidad y raíces populares es la música tropical y las baladas”, sostiene el músico. Concuerda, además, con que la convocatoria fue demasiado amplia y que deberían de haberse establecido categorías: “No podemos poner a competir a los hermanos Flores con Tony Acosta o con un grupo de rock. Lo justo es armar categorías para que quede bien especificado y enmarcado”.

Finalmente, el criterio de la trayectoria fue en el que los ganadores sacaron ventaja por sobre los demás. Según Cuerno, Morazán y Ortiz, las múltiples giras en las que Yolocamba participó durante su migración forzada de 13 años les permitió exponerse local e internacionalmente más que los otros tres contendientes.

Este 14 de noviembre, el presidente Salvador Sánchez Cerén entregó una medalla de honor, un diploma y cinco mil dólares a los hermanos Franklin y Roberto Quezada, Paulino Espinoza y Manuel Gómez en una emotiva ceremonia celebrada en Casa Presidencial, en la que los músicos entonaron algunas de sus canciones. Pese a que el reglamento de la Ley del Premio Nacional de Cultura establece que el galardón deberá entregarse a más tardar el 5 de noviembre de cada año, la presidencia postergó el acto debido a un choque de agenda.

*Nota de la Redacción: la primera versión de este texto fue modificada y actualizada en la tarde del lunes 14 de noviembre de 2016. 

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Guillermo Esquivel

Javier Tovar (AFP) / El Faro

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