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Estalla la guerra entre los principales grupos de narcotraficantes de Brasil

El Primer Comando de la Capital dinamitó hace meses las reglas del narcotráfico en Brasil. Lo hizo a lo grande, asesinando con fusiles antiaéreos al ‘Rey de la frontera’ en el límite con Paraguay durante una espectacular emboscada que le dio las llaves del sur. Ahora trata de imponerse en el norte, pero no hay sitio para todos los que quieren controlar el negocio de la droga en el segundo país con más consumidores de cocaína del mundo.

Natalia Ramos y Rosa Sulleiro (AFP) / El Faro

 
 

Sepultureros de un cementerio público de Manaus cavan los agujeros en los que enterrarán a los privados de libertad asesinados en un motín carcelario que las autoridades relacionan con la guerra entre grupos de narcotraficantes. Foto Raphael Alves (AFP).

Sepultureros de un cementerio público de Manaus cavan los agujeros en los que enterrarán a los privados de libertad asesinados en un motín carcelario que las autoridades relacionan con la guerra entre grupos de narcotraficantes. Foto Raphael Alves (AFP).

Sao Paulo, BRASIL. La ruptura entre el poderoso Primer Comando de la Capital (PCC) de Sao Paulo y el Comando Vermelho (CV) de Río de Janeiro, las dos mayores facciones del crimen organizado en Brasil, quedó clara la semana pasada con los cuerpos decapitados y desmembrados del centenar de presos asesinados en los estados de Amazonas y Roraima.

Según el diario O Estado de Sao Paulo, las otras 25 facciones que actúan en el gigante sudamericano tomaron partido por uno u otro grupo, mientras los grandes patrones nacionales reformulan el tablero en una guerra sangrienta.

Una de esas bandas es la local Familia do Norte (FDN), la tercera facción más poderosa del país, que se alió a los cariocas contra el PCC.

“El Comando Vermelho utilizaba las rutas del sur que ahora comanda el PCC y tuvo que buscar soluciones en el norte. Allí se unió con la FDN para hacer una ruta alternativa al PCC, que lo que quiere es dominar todo Brasil”, explica a la agencia AFP el fiscal Marcio Sergio Christino, especializado en crimen organizado.

La más influyente de las facciones brasileñas hace tiempo dejó de ser una banda de presidiarios que exigía mejoras en las hacinadas cárceles del estado paulista. Con ese objetivo nació en la década de los noventa y hoy tiene más de 20,000 integrantes que entendieron que su poder podía ser mucho más rentable al otro lado de las rejas.

Además del dinero del narcotráfico, la facción que dirige Marcos Willians Herbas Camacho (a) Marcola –encarcelado desde 1999– también posee compañías de autobús, modestos equipos de fútbol en Sao Paulo e incluso una refinería de petróleo clandestina, según las investigaciones.

Las superpobladas y denigrantes cárceles brasileñas son, además, caldo de cultivo para estos grupos criminales.

“El PCC es una organización muy sólida, jerárquica, con reglas muy definidas y una división clara de tareas y funciones”, explica Sergio Adorno, coordinador del Núcleo de Estudios de la Violencia de la Universidad de Sao Paulo.

La batalla por Río

En las décadas de 1980 y 1990 el negocio en Río estaba en manos del Comando Vermelho, la facción criminal organizada más antigua de Brasil, nacida a fines de la década de los setenta. De los robos a bancos y secuestros derivó al narcotráfico, que controló durante años.

El Comando Vermelho creció aprovechando el boom del consumo de cocaína en el país, reinvirtiendo sus ganancias y diversificándose a otros rubros como el tráfico de armas.

Pero ya no es lo que era. A diferencia del PCC paulista, el CV no es tan organizado ni tiene una vocación hegemónica, sostiene el procurador de Justicia de la fiscalía carioca, Alexander Araujo, en una entrevista con AFP.

Más allá del asesinato del narcotraficante Jorge Rafaat, el ‘Rey de la frontera’, este fiscal considera que el origen de la actual guerra entre el PCC y el CV comenzó cuando grupos menores de Río se unieron a los paulistas facilitándoles el acceso a enclaves tan emblemáticos como la favela de Rocinha, la mayor de Brasil.

Así, el PCC se unió a los Amigos dos Amigos (ADA) o el Terceiro Comando Puro (TCP), ambos disidentes del CV.

Y lo mismo ocurrió en el sentido opuesto en otras regiones de Brasil, como la amistad del Comando Vermelho con el Primeiro Grupo Catarinense, del sureño estado de Santa Catarina, o la ahora famosa Familia do Norte del Amazonas.

Una amenaza: el ‘Narcosur’

Como parte de las redes de narcotráfico, las facciones criminales no son un problema sólo de Brasil. Con 17,000 kilómetros de fronteras, en algunos trechos muy porosas, el mayor país de América Latina es un punto clave en el comercio mundial de la droga.

“El PCC consiguió ser el primer cartel brasileño de tráfico internacional, el ‘Narcosur’ como le llamamos, que envuelve Bolivia, Paraguay y Brasil”, dice el fiscal Christino.

Desde los grandes centros productores de cocaína –Colombia, Bolivia y Perú, todos fronterizos con Brasil– el gigante sudamericano es un enorme corredor terrestre para los envíos de droga hacia Europa, con escala en África.

Algunos investigadores señalan que los grupos brasileños ya buscan acercarse a los capos del narco en Colombia con la ventaja de ofrecer una de las rutas más importantes del tráfico internacional de drogas.

Pero antes tienen que ganar la guerra en casa.

© Agence France-Presse

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