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El restaurante nica que burló el silencio

Julia Ríos (AFP) / El Faro

Venciendo el miedo al rechazo y a la burla, jóvenes con problemas de audición trabajan como camareros, cocineros o baristas en el ‘Café de las Sonrisas’, una provocadora iniciativa laboral en la turística ciudad nicaragüense de Granada.

ElFaro.net / Publicado el 28 de Febrero de 2017

El Café de las Sonrisas, atendido y administrado por personas sordas o con serios problemas auditivos, está sobre la calle Xalteva, una de las más concurridas de la turística ciudad de Granada, en Nicaragua. Foto Inti Ocón (AFP).
 
El Café de las Sonrisas, atendido y administrado por personas sordas o con serios problemas auditivos, está sobre la calle Xalteva, una de las más concurridas de la turística ciudad de Granada, en Nicaragua. Foto Inti Ocón (AFP).

Granada, NICARAGUA. Rodolfo Pavón, un joven de piel morena, complexión delgada y baja estatura, se acerca a la mesa, saluda a una pareja de extranjeros, les entrega el menú elaborado con pictogramas, y espera recibir el pedido.

“En otros lugares no me querían dar trabajo porque era sordo. Ahora me siento útil e importante. Es lo mejor que me ha pasado porque nunca pensé tener todo lo que tengo ahora: una familia, un bebé y empleo”, dice Pavón con ayuda del intérprete Sergio Antonio.

Pavón y su esposa Irma, también sorda, administran el cafetín, cuyo propietario y benefactor es el español Antonio Prieto, llamado ‘Tío Antonio’ por los jóvenes porque no acepta el trato de “don” o de “señor”.

Una iniciativa provocadora

En la cocina, Xiomara Mora, también sorda, prepara los alimentos y bebidas. Su vida cambió radicalmente porque al terminar la escuela especial se quedó sin actividad. “Cuando abrieron la cafetería me sentía nerviosa porque nunca había trabajado”, comenta. Ahora continúa con sus estudios y quiere ser profesora e intérprete para sordos.

Siete jóvenes con problemas de audición o hipoacusia trabajan en Café de las Sonrisas.

“Quería que este proyecto fuera muy radical, no podía haber oyentes”, porque si había otros empleados sin esa condición no iba a funcionar, dice Prieto. “Cuando les propuse abrir el café, estaban aterrorizados y cuando algún cliente entraba al cafetín pensaban: ‘Están hablando de nosotros’”, agrega.

De 47 años y chef de profesión, Prieto llegó a Nicaragua como turista. Pero “me enamoré del país y, al ver a niños con discapacidad, sin escuela, sin medios para subsistir, alejados de cualquier sistema formal de atención, se me ocurrió hacer algo por ellos”.

Cifras oficiales indican que unas 600,000 personas padecen de alguna discapacidad en Nicaragua, en muchos casos como consecuencia de la guerra que azotó este país en la década de los ochenta.

Era “una provocación a una sociedad que rechaza emplear a personas con discapacidad”, apunta Prieto.

El cafetín, ubicado en la turística calle Xalteva, funciona en una casona de estilo colonial, con un patio interior cubierto de plantas y corredores. En una pared pintada de amarillo hay láminas con símbolos y señales del lenguaje para sordomudos.

Experiencia

En el mismo local funciona el proyecto social Tío Antonio, en el que sordos y ciegos confeccionan hamacas en forma artesanal y las venden.

El centro es un atractivo para turistas que llegan a conocer esta experiencia única en Centroamérica, pero que ya ha logrado inspirar iniciativas similares en Indonesia, Filipinas, Canadá y Argentina, expresa orgulloso Prieto.

El primer año del proyecto, en 2012, “fue un desastre”, se sincera Prieto.

“Me decían que la idea era preciosa pero que me estaba arrasando económicamente, que tenía que cerrar; pero si lo hubiera cerrado, nadie contrataría a niños con discapacidad. Debía demostrar que las cosas podían salir bien y al cabo han salido bien”, dice.

En la actualidad, una lavandería y tres restaurantes de Granada han contratado a jóvenes con discapacidad. “Eso quiere decir que el impacto del centro social es positivo”, dice el intérprete.

El lugar funciona con un criterio empresarial, y la idea es que sea exitoso por la calidad de sus productos, no por la condición de quienes los hacen, explican. El centro ha sido un punto de estudio para universidades de Estados Unidos y Canadá que patrocinan a estudiantes para llegar a Nicaragua a conocer esta experiencia.

© Agence France-Presse