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Aprendiendo a sortear una Arena movediza

Arena debe promover internamente la libre expresión que tanto predica, no apagarla. Han pasado casi seis meses desde la llegada de Interiano a la cima del partido y Arena no ha cambiado.
ElFaro.net / Publicado el 15 de Febrero de 2017

Cuando Mauricio Interiano, el más joven y novato entre los tres candidatos que buscaban el puesto, fue electo presidente del Coena el 29 de agosto del año pasado, lo hizo con un discurso renovador e inclusivo que prometía ser la solución para un partido con claras dificultades de identidad. Estaba claro, en ese momento, que Arena necesitaba un giro drástico que le permitiera convertirse en una oposición astuta y con capacidad de aprovechar de manera pragmática, pero también política, las oportunidades que el gobierno tan frecuentemente les proveía; oportunidades que hasta el momento habían sido desperdiciadas debido a la tendencia de los voceros del partido a usar sus megáfonos y redes sociales para criticar sin proponer.

Interiano prometió, también, liberar al partido de las cadenas de las élites que estaban acostumbradas a utilizarlo como vehículo para priorizar sus propios intereses. En una entrevista con este periódico, el entonces candidato sentenció: “Arena debe ser independiente de pequeños grupos que estén queriendo influir en ella”.

Aunque las ideas y conceptos en los cuales el presidente del Coena basó su campaña parecían los correctos, sus detractores decían que Interiano no contaba con el carácter que el cargo exige. Fuentes cercanas al proceso electoral del partido aseguraban que Interiano se dejaba influir muy fácilmente y que se mostraba indeciso en momentos clave. En la misma entrevista, por ejemplo, Interiano afirmó que los donantes de su partido se deberían de sentir orgullosos de ser parte de un proyecto como Arena y dejó entrever que la transparencia sería un pilar de su gestión. Sin embargo, luego de dar esa respuesta titubeó y dijo que todo esto estaba bien siempre y cuando se respetara la privacidad del donante. Cuando el periodista le preguntó a qué privacidad se refería, Interiano intentó recomponerse diciendo que en este momento Arena tenía "que hacerlo todo de manera transparente”.

Han pasado casi seis meses desde la llegada de Interiano y, aunque el partido ha dado pasos esperanzadores, Arena no ha cambiado. El principal partido de derecha sigue siendo una oposición incapaz de contribuir a la construcción de soluciones que El Salvador tanto necesita. La oposición sigue plagada por el deseo de protagonismo de algunos de sus miembros, quienes buscan abonar a su propia imagen y no al desarrollo del país. Arena, en síntesis, sigue atrapada en un romance con una realidad inexistente en la cual los numerosos desaciertos del gobierno son victorias automáticas. Eso se traduce en decisiones erróneas, criticas con poco fundamento y en una falta de coherencia sistemática entre lo que el partido dice y lo que hace.

El error está en creer que los errores del gobierno son, automáticamente, puntos a favor para Arena. Los puntos a favor llegarán cuando el partido se muestre capaz, por sus propios medios, de crear soluciones reales para los salvadoreños.

Arena se ve muy mal, por ejemplo, al criticar los despilfarros del gobierno central días antes de votar a favor de la aprobación de un seguro privado para sus diputados que le costará millones de dólares a los contribuyentes; mientras el Seguro Social y los hospitales públicos carecen de los recursos para atender a sus pacientes de manera digna. La falta de coherencia entre las posturas del partido y sus acciones en la práctica abonan al disgusto de la población con la clase política. Si realmente no están de acuerdo con el despilfarro de fondos públicos, ¿por qué no votan en contra del seguro privado? Si no están de acuerdo con la estrategia del gobierno para combatir a las pandillas, ¿por qué no proponen una estrategia integral enfocada en la educación de las nuevas generaciones? ¿Cómo pueden criticar el fracaso de las medidas extraordinarias en los medios y en redes sociales, pero al final terminar votando a favor de mantener dichas medidas?

Es temprano para decir que el Coena de Mauricio Interiano ha fracasado en su esfuerzo por crear un partido más abierto, inclusivo y transparente, pero alerta que ya existan señales que apuntan a lo contrario. La nueva juventud del partido (JRN), por ejemplo, está encabezada por jóvenes cuyo compromiso más importante es con El Salvador. Si Arena y sus líderes están comprometidos a cambiar su partido, deben reconocer sus aciertos, que no son muchos, y construir con base en ellos. Es esencial que los valores democráticos de libertad de pensamiento y expresión que el partido tanto predica en sus ideales sean aplicados internamente. Las ideas frescas deben aplaudirse, no censurarse.

La oposición, de momento, sigue estancada; empatada según las encuestas con un partido de gobierno ineficaz y cerrado a las nuevas generaciones. El cambio real proviene de la convicción ineludible de ayudar a El Salvador a convertirse en un país seguro, próspero, o por lo menos lo suficientemente estable como para poder evitar que sus ciudadanos huyan, crucen fronteras, por miedo o hambre todos los días. No es un buen momento para titubear; lo que el país necesita son certezas.

 

*Héctor Silva Hernández es estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Massachusetts.