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Mi obra aún no ha empezado

Francia nombró el pasado enero Caballero de las Artes y las Letras al director salvadoreño de teatro Roberto Salomón. Durante la ceremonia de entrega, Salomón recorrió su historia personal y artística, reivindicó el encuentro entre culturas y tradiciones teatrales como fuente de riqueza, y defendió el teatro como "el arma más poderosa para llegar a lo más profundo del ser humano".

Roberto Salomón

 
 

El director salvadoreño de teatro Roberto Salomón lee su discurso de aceptación tras recibir las insignias de Caballero de las Artes y Letras de la República de Francia, de manos del Embajador de Francia en El Salvador, David Izzo. La ceremonia se celebró en el Teatro Luis Poma el jueves 26 de enero de 2017. En escena le acompañan los actores y actrices Naara Salomón, Juan Barrera, Boris Barraza, Regina Cañas, Karen Castillo, Alejandra Nolasco y Fernando Rodríguez.

Roberto Salomón lee su discurso como Caballero de las Artes y Letras de Francia. Le acompañan Regina Cañas, Boris Barraza, Naara Salomón, Juan Barrera, Alejandra Nolasco, Fernando Rodríguez y Karen Castillo. Foto René Figueroa.

 

[Esta es la transcripción íntegra del discurso de aceptación de Roberto Salomón tras recibir las insignias de Caballero de las Artes y Letras de la República de Francia, de manos del Embajador David Izzo. El texto pronunciado por Roberto Salomón aparece en negrita. El resto, sea discurso, citas de Albert Camus o diálogos, fueron recitados o interpretados por un total de siete actores y actrices en el escenario del teatro Luis Poma.]

La ministre de la Culture française, Madame Audrey Azoulay me nomme Chevalier des Arts et des Lettres de la Republique française, insignes que me remet aujourd’hui Monsieur l’ambassadeur de France, David Izzo. Distinction que je recois avec joie et un immense respect. Si vous le permettez, je vais passer à l espagnol.

La ministro de Cultura de Francia, Señora Audrey Azoulay, ha tenido a bien nombrarme Caballero de las Artes y Letras de la República francesa, distinción que recibo impresionado y con serenidad de manos del Excmo. Sr. Embajador de Francia, David Izzo.

Muchas de las intervenciones cortas que escucharán en boca de los actores provienen de textos del filósofo francés del absurdismo, Albert Camus.

El absurdismo consiste en reconocer que la naturaleza es totalmente indiferente hacia el individuo.

Sin embargo, frente a esta indiferencia, y frente a esta derrota inevitable, el individuo tiene que entrar en acción.

Si no tenemos un destino marcado, todos los seres humanos tenemos la libertad de trazar nuestro propio camino.

En 1981, durante la guerra civil en El Salvador, con mi esposa Naara, nuestra hija Arielle, y nuestro hijo por nacer, Mateo, nos vimos forzados a salir del país. Aterrizamos en la parte franco-parlante de Suiza, en Ginebra, de donde Naara es originaria. Tuvimos la suerte de poder educar a nuestros hijos en excelentes condiciones y a la vez seguir ejerciendo nuestras profesiones de actores, directores y profesores de teatro. Yo llegaba con mi bagaje cultural de salvadoreño educado en Estados Unidos. Mucho español e inglés, poco francés.

Choque cultural garantizado.

“La coincidencia no le pertenece a nadie.”

“Puede que lo que hacemos no traiga siempre la felicidad, pero si no hacemos nada, no habrá felicidad.”

“Me decían que eran necesarios unos muertos para llegar a un mundo donde no se mataría.”

“He comprendido que hay dos verdades, una de las cuales jamás debe ser dicha.”

“No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo.”

“Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo.”

“De repente, sentí una necesidad de lo imposible.”

Fue en Ginebra que mi inmersión en la cultura francesa fue completa. Suiza es un país extraño: mientras Zürich tiene la mirada fija sobre Berlín, Ginebra vive al ritmo de Francia. Y sin embargo, conviven en Suiza federal cuatro culturas, cuatro formas distintas de concebir el mundo, cuatro idiomas, cuatro idiosincrasias. Allí fue que me di cuenta que las diferencias culturales son mucho más profundas que cambiar idioma, costumbres, modales, vestir, comer y paradigmas. Estas diferencias están inscritas en la estructura misma de una concepción de las formas de comunicación.

Y en el arte, ya ni hablar.

La tradición teatral francesa favorece la primacía del texto y preconiza el equilibrio entre la razón y la pasión. Mi propia formación teatral en Nueva York en los años 60 se había desenvuelto en el universo del Method acting, el “Método”, una visión particular del teatro de influencia rusa que le da gran importancia a la búsqueda de la memoria emotiva y de la improvisación. De la emoción que el actor puede inyectar a su personaje.

El teatro francés con el que me encontré en Europa era todo lo contrario. Más cartesiano, más intelectual que el teatro al que estaba acostumbrado, percibí al comienzo este teatro como tieso, anticuado.

Poco a poco, fui aprendiendo a apreciar el hecho de darle mayor importancia a la palabra que a la emoción. Tuve que aprender nuevas formas de abordar el teatro en el que el texto cobraba dimensiones insospechadas.

Y la suerte siempre me ha permitido encontrar en los actores con quiénes trabajo las herramientas para poder hacer la síntesis entre visiones aparentemente contrarias. Hoy, el teatro que profeso es uno en que todos los elementos citados tienen igual importancia.

Quizás, también, con la ayuda de la edad, uno se vuelve más cuerdo.

“Siempre he creído que si bien el hombre esperanzado en la condición humana es un loco, el que desespera de los acontecimientos es un cobarde.”

***

Comencé a hacer teatro en esta misma sala a los 16 años. Durante la revolución cultural mundial que siguió las revueltas estudiantiles de 1968, los jóvenes exigimos un teatro del cuerpo, de la imagen y del gesto. En aquel tiempo de las flores pensábamos que las situaciones y las emociones importaban más que el texto. Aparecieron extraordinarios eventos en que cuerpo y voz tomaron preeminencia sobre texto. Pero todo movimiento cultural es como el péndulo que oscila yendo de un extremo al otro. En estilo, cuando encuentra el equilibrio entra razón y pasión, ese punto recibe el apelativo de “clásico”. Cuando el péndulo volvió de su rechazo del texto, los movimientos teatrales, enriquecidos por los logros en imagen y gesto, redescubrieron el texto.

No puedo seguir sin recordar a mi padre, Jorge Salomón, quien fuera decorado aquí en El Salvador con la Legion d’Honneur a principios de los años 70; y a mi madre, Yvonne Joseph, patriota francesa hasta la médula, quien pasado mañana cumplirá 100 años y cuyo mayor gusto es siempre el de cantar La Marsellesa. Mi padre emigró a El Salvador en 1928, mi madre justo antes de la 2ª Guerra Mundial, en 1939.

Mi padre era un huérfano de guerra de la 1ª Guerra Mundial. Siempre hizo sus sumas y restas en alemán y multiplicó y dividió en francés. Eso, debido a que, cuando tenía diez años, la región de Francia que lo vio nacer, había pasado luego de 48 años de dominación alemana a formar nuevamente parte de Francia.

Ambos nacieron en familias judías de Alsacia y Lorena que siempre recordaban que fue la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789 la que los convirtió en seres humanos completos.

“En este momento, lanzan bombas en los tranvías. Puede que mi madre esté en un tranvía. Si eso es justicia, prefiero a mi madre.”

“Lo que se aprende en los peores momentos es que en el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio.”

Crecí como hijo de judíos-franceses emigrados en un medio ambiente católico apostólico y romano, recibiendo una educación anglo-sajona en una escuela americana. Soy un salvadoreño, producto de todas esas culturas que están a mi alcance, pozos de experiencia y sabiduría de donde puedo sacar las energías necesarias a la creación artística.

He tenido el privilegio de dirigir más de 70 obras , entre ellas obras de grandes autores franceses: Molière, Rousseau, Jules Renard, Giraudoux, Samuel Beckett, Eugene Ionesco, Romain Gary, y contemporáneos tales Denise Bonal, Loleh Bellon. Esta temporada iniciaremos la Temporada 2017 con “Arte”, de una francesa: Yasmina Reza. Por supuesto, tengo un preferido: Albert Camus, por su postura filosófica y política profundamente humanista y altamente atrevida y por su talento de plantearla tan claramente.

Sigo convencido de que el teatro es el arma más poderosa para llegar a lo más profundo del ser humano. Sobre todo en esta era de comunicación masiva y de los avances espeluznantes de la técnica.

Sigo creyendo que existe en el teatro una relación ancestral, atávica, que hace que un actor bajo un foco contándole una historia a un público inmerso en la oscuridad pueda llegar mas allá -en términos de verdadera comunicación- que toda la tecnología habida y por haber.

“El esfuerzo mismo para llegar a la cima basta para llenar un corazón de hombre.”

Y ¿qué puede llenar el corazón del hombre?: la búsqueda de la belleza, la búsqueda de las verdades que se mantienen a través de los siglos. Molière aparece siempre como una de esas luces en las tinieblas, listo a sacrificar todo lo adquirido para decir el mundo tal como lo ve.

Tartufo fue escrito en 1669, durante el absolutismo de Luis XIV, período de represión absoluta: Dorina, sirvienta en casa de Orgón es la que reacciona ante el fanatismo religioso en que ha caído la casa. Informa al cuñado del dueño, Cleante.

DORINA:
El amo se ha vuelto un bruto desde el día
Que por el tal Tartufo le ha dado la manía!
Lo ama con toda el alma, cien veces más que a toda su familia.
Hermano, le dice; de sus secretos, Tartufo es único confidente,
y de todos sus actos el director prudente.
Estoy segura de que con ninguna amante gastaría más ternura.
¡Que el mejor sitio en la mesa le den, que le brinden el mejor bocado!
Luego, lo mira engullir como seis.
¡Es su héroe, su todo! lo nombra a cada paso,
Le parece un milagro cualquier cosa que hace,
Cree que son oráculos las tonteras que dice.
Por fin, el tal Tartufo se cree con derechos de juzgarnos a todos;
Con ojos furibundos viene a echarnos sermones,
Arrancándonos joyas, adornos y listones;
la vez pasada hizo trizas, furioso,
un pañuelo que encontró en un libro piadoso
diciendo que mezclábamos, en sacrilegio atroz,
los adornos del diablo con las cosas de Dios.

CLEANTE:
Conozco ese sermón!
Todo el que no piense como ellos es tonto útil.
Todos debemos ser ciegos de la misma manera,
y hereje es el que no sufre su ceguera.
Esos discursos ya me tienen sin cuidado.
Yo sé lo que digo, y el Cielo ve mi corazón.
No seremos esclavos serviles de su engaño.
Falsos devotos, falsos intelectuales,
falsos políticos, y falsos valientes
son todos fanfarrones de la misma calaña.
Como el honor no se ve exteriormente
y cada cual se lo tiene escondido,
parecen más valientes los que hacen mayor ruido.
Los sinceros piadosos, los buenos de verdad
no son los que hacen muecas en tanta cantidad.
¿Es posible que no hagan distinción
entre la hipocresía y la devoción?
¿Quieren medir con la misma vara, la máscara y la cara?
¿Mezclar el artificio con la sinceridad,
confundir apariencia con verdad,
estimar más al muñeco que a la persona,
vacilar entre la falsa moneda y la buena?
Los hombres jamás están en el justo equilibrio;
lo razonable les parece limitante,
rebasan el vaso y las mejores cosas echan a perder
por exagerarlas hasta más no poder.

DORINA:
Dafne y el pobre diablo de su marido
Han de ser los que hablan de nosotros.
Es siempre la peor gente sin pizca de decencia,
La primera en hablar de la ajena existencia.
Del rumor más ligero, con gozo diabólico hacen un gran escándalo;
Presentan la noticia según su paladar,
Haciendo recaer en otros la censura que ellos mismos merecen.
Sí, ella condena la vida de esta casa.
Vaya un ejemplo muy digno y excelente!
No he de negar que hoy viva austeramente,
Pero lo que le dio tan grave, tamaña austeridad, — fue la edad.
Cuando ella podía conquistar homenajes,
bien que aprovechaba sus encantos y sus trajes,
pero cuando se ha visto declinar mustia y vieja,
renuncia dignamente al mundo que la deja,
y disfraza las ruinas de aquella juventud
con el pomposo velo de una excelsa virtud.
Las antiguas coquetas se desquitan así;
les duele verse puestas de lado por ahí,
y en su inquietud sombría las pobres insensatas,
no hallan otro recurso que volverse beatas.
Condenan todo, entonces, con gran severidad,
sin tener para nadie ni perdón ni piedad,
pues no pueden sufrir que otra goce
el placer que arrebata en la vida la edad a la mujer.

CLEANTE:
No soy ningún doctor profundo
ni pretendo encerrar todo el saber del mundo,
Pero sé, por toda ciencia, entre lo falso y lo cierto medir la diferencia.
Y así como no hay nada en el mundo tan noble y tan sincero
como el santo fervor de un celo verdadero,
no hay nada más odioso que el exhibicionismo de un celo mentiroso;
Esa gente de alma interesada y fría hace de la piedad oficio y mercancía,
Sabe poner el acuerdo armonioso entre todos sus vicios y su celo piadoso.
Son seres impulsivos, vengativos;
En su saña feroz encubren sus rencores con la causa de Dios
Son tanto más peligrosos en su persecución, pues sus armas inspiran veneración.
Están timados, y por un falso brillo, deslumbrados.

¿Entonces qué hacemos?

[Incendios, de Wajdi Mouawad.]

¿Qué hacemos? ¿Nos quedamos con los brazos cruzados? ¿Y lo negamos todo? ¿Y nos decimos que todo esto son historias entre salvajes y que no nos debe importar? ¡Nos quedamos con nuestros libros y con nuestros alfabetos, con todo eso que sí es hermoso, que si es bello, que si es extraordinario e interesante!

Estamos en una encrucijada. No hay valores que nos guíen, así que sólo valen los pequeños golpes del destino. Lo que sabemos y lo que sentimos. Lo que está bien y lo que está mal. Pero algo les digo: no queremos guerra y estamos obligadas a hacerla. No queremos tristeza y nos ahogamos en ella. Queremos hacerles sentir a los hombres lo que sentimos para que comprendan, para que cambien, para que se transformen. Pero ese juego de imbéciles se nutre de la bestialidad y del dolor que ciega. Hay hombres que no pueden ser convencidos. Hay hombres que ya no pueden ser persuadidos de nada.

Yo sería la primera, yo tomaría las granadas, tomaría la dinamita, las bombas y todo lo que pudiera hacer el mayor daño, y me haría explotar con una satisfacción que no se pueden imaginar. ¡Lo haría, lo juro, porque mi odio es grande, muy grande, ¿entienden? Pero hice una promesa, una promesa: aprender a leer, a escribir y a hablar para salir de la miseria, escapar del odio. Y voy a mantener esa promesa. Cueste lo que cueste. No odiar a nadie, jamás, con la cabeza en las estrellas, siempre.

***

Soy parte, como Wajdi Mouawad, de la francofonía, es decir parte de aquellos que, mientras eran forjados por otras culturas seguían bañados de cultura francesa.

Alguien me dijo una vez que mi acento francés es el “típico acento de aquellos de origen francés cuyo idioma materno ya no es la lengua de Voltaire”. El francés, gracias a los filósofos del siglo XVIII se convirtió en el idioma de libertad, base para todas las gestas de independencia de América en el siglo XIX.

Me gusta la idea que una cultura tan rica y variada no tenga fronteras geográficas. En estos años en que las guerras creadas por intereses económicos han dado lugar a la enorme crisis de migración que vemos, hay que destacar el caso de Wajdi Mouawad. Escribe en francés; es uno de los dramaturgos actuales de mayor importancia. Nacido en Líbano, la familia cristiana tuvo que emigrar a Francia donde, al no encontrar la tierra de asilo que esperaba, se muda a Quebec, Canadá.

Son estos mestizajes culturales los que crean riqueza.

“Hay que amar la vida antes de amar su sentido. Sí, pues cuando desaparece el amor por la vida, no hay sentido que consuele.”

“No ser amado es una desventura. La verdadera desgracia es no saber amar.”

“Todo mundo miente. Lo que hace falta es saber mentir bien.”

***

Roby ha vivido 30 años en la parte francesa de Suiza, donde ha montado obras de muchos dramaturgos francófonos como el muy actual, Daniel Vouillamoz.

[El beneficio de la duda. De Daniel Vouillamoz (Suiza, 1998)]

A: Yo, todo lo que hago, lo hago únicamente para ser feliz.

B: Te amo.

C: Yo también.

B: Pensás que...

C: ¿Qué?

B: ¿Que nos amaremos mucho tiempo?

C: Quizás. Quien sabe.

B: Quisiera que nos amemos mucho tiempo.

C: Yo también.

A: Quisiera ser feliz, quisiera que todos fueran felices, quisiera que todo marchara bien. Y eso me preocupa.

B: Cuando ya no me ames, ¿me lo dirás?

C: Hoy por hoy, te amo.

B: Sí. Pero ¿cuándo ya no me ames?

C: ¿Quién dice que ya no te amaré?

B: Un día se deja de amar, así es.

A: De que sirve buscar a ser feliz si te jodés la vida haciéndolo?

B: Si no lo digo yo primero, ¿me lo dirías? O seguirías diciendo “yo también”, “yo también”.

C: No sé. Pienso que te lo diría.

A: ¿De qué sirve ser feliz?

B: Pienso que no me lo dirás.

C: Pues no te lo diré.

A: Yo… pienso que… No sé…

C: ¿Sí?

A: No sé… Me parece que… Ya no es permitido tener una opinión. Ya no es permitido tener una opinión.

B: ¿Por qué?

A: Te lo pregunto a ti.

B: ¿Y por qué me preguntás eso, a mí?

A: Porque nunca estamos de acuerdo; es para conocer tu criterio.

B: No es verdad.

A: ¿El qué no es verdad?

B: Que nunca estamos de acuerdo.

A: Nunca estamos de acuerdo.

B: No es cierto.

A: Nunca.

C: No es cierto. A veces están de acuerdo.

A: ¿De veras? ¿Cuándo?

C: Y yo qué sé. A veces.

A: Okey, en ese caso decime: ¿es permitido hoy día tener una opinión? Yo pienso que no. Tú, ¿qué pensás?

B: No sé. Pero, tenés razón, habría que discutirlo.

C: Tiene razón.

A: Nunca estás de acuerdo conmigo; y eso me incomoda. Somos amigas, ¿sí o no?

B: Yes.

A: Yes.

B: ¿Viste? Estamos de acuerdo.

C: Yes.

B: Y tú, ¿por qué pensás siempre lo mismo que yo?

C: Yo no pienso siempre lo mismo que tú.

B: Siempre estás de acuerdo con lo que digo.

C: ¿Siempre estoy de acuerdo con lo que digo?- ¿con lo que decís?

B: Además, repetís.

C: ¿Repito? Yo no repito.

A: Repite.

B: Nunca emitís un juicio- personal.

C: No es verdad. A menudo, pienso lo mismo que pensás tú, solo que tú lo dices antes de que yo pueda decirlo, de modo que…

B: De acuerdo. Dale.

C: ¿Cómo?

B: Dale. Pensá primero, vamos a ver si pensamos igual…¿Y?

C: ¿Adónde querés llegar con esto?...Es cierto. No tengo criterio.
Además, no pienso.

B: Cabal.

C: Ya, dejá de joderme con tus pendejadas.

B: ¡Por favor!

C: ¿Qué significa “un juicio-personal”? ¿Qué? ¡Contestá! ¿Ya te aburriste de estar conmigo? ¿Querés pelearte por temas que nos apasionan? ¡De acuerdo! Hay cosas que no soporto…

B: ¿Por ejemplo?

C: Dejame hablar.

B: Dale.

C: Quiero decirte algo. ¿Me vas a dejar hablar, sí o no?

B: Hablá.

C: Leemos las mismas revistas, vemos las mismas películas, comemos las mismas pizzas, ¿cómo voy a pensar distinto?

B: ¿Eso es todo?

C: Me da gusto estar a tu lado, eso es todo. Me gusta pensar lo mismo. Me gusta no sentirme solo. Me gusta pensar como piensan los demás. Así que dejá ya de joderme la paciencia.

B: Ya viste.

C: ¿Qué?

B: Decís que siempre estás de acuerdo conmigo porque digo lo que pensás antes de que lo digás tú. Pero acabás de comprobar que no pensamos igual. Yo no estoy de acuerdo con lo que decís. De modo que si lo hacés por pereza o por debilidad de carácter, que sé yo. Si es por complacerme, dejame decirte que no me causa ninguna gracia. Me irrita.

C: No veo el interés en pensar diferente solo porque sí.

B: Amistad exige sinceridad, no fingimiento.

C: Pero si yo no pienso nada, no me interesa pensar. Me gusta hablar por hablar. Me gusta el sonido de la voz humana.

B: Tenés razón, habría que discutirlo.

C: ¿Viste?

B: ¿Qué?

C: No estuvimos de acuerdo.

B: Yes.

C: Tenés razón.

B:¿Qué?

A: Yo pienso que tener una opinión le permite a una estar
en armonía con uno mismo y mantenerse en salud.

Albert Camus es sin duda uno de los filósofos más importantes del siglo XX. En plena guerra fría tuvo la valentía de enfrentarse, con un profundo sentido humano, a los dos sistemas políticos en pugna. Laureado con el Premio Nobel de literatura, murió poco tiempo después en un accidente automovilístico.

Roby estuvo involucrado en dos montajes de Los Justos, una de las obras teatrales más importantes de Camus. La primera vez, dirigida por Antonio Malonda en 1972, la segunda, montada por él en Ginebra en 2010.

Hay una anécdota interesante del montaje en San Salvador. En 1972, la Universidad de El Salvador había sido intervenida por el ejército. Había soldados por toda la universidad. Los Justos, de Camus, debía presentarse en el Auditorium de Derecho esa noche. A horas de la tarde los actores se dieron cuenta que los soldados no se bajarían del escenario durante la función.

La obra comenzaba con Pedro Portillo en el papel de guardia de prisión que trae preso al joven que acaba de matar al Gran Duque, interpretado por Roberto Salomón. Estamos en Moscú en 1905.

El diálogo, según el autor:

Kalyayev: (Cuando el guardia va para cerrar la puerta de la celda) “¡Soy socialista revolucionario!” (El guardia le pega un culatazo, Kalyayev cae al suelo, el guardia se va).

En vista del peligro evidente que corrían, Pedro y Roby se pusieron de acuerdo con el director: el terrorista recibiría el culatazo antes de pronunciar “revolucionario”,
omitiendo así la palabra que podría desatar pasiones.

Llegó la hora de la función. La sala estaba llena de estudiantes. El ambiente era eléctrico.

Los actores estaban nerviosos. La obra comienzó. El guardia trajo al prisionero, lo empujó en la celda (gritos del público). Roberto iba a decir su texto, pero antes de que pudiera hablar, Pedro el guardia lo agarró a culatazos. No hay tal texto de Camus. El público tendrá que deducir la razón del encierro.

“Mi papel no es en modo alguno el de transformar el mundo ni al hombre, no tengo suficiente virtud ni talento para ello, pero quizá sea el de servir, desde mi sitio, a los valores sin los que un mundo, aún transformado, no vale la pena de ser vivido, sin los que un hombre, aunque nuevo, no es digno de ser respetado.”

***

El siguiente texto de “Los Justos” es una de las escenas más sorprendentes del teatro moderno. El joven terrorista, ahora preso, recibe la visita de la viuda del Gran Duque asesinado. Es una escena en la que Camus nos muestra que la humanidad, tema central de su obra, pertenece a todos y que todos somos parte de ella. Naara lo dirá en francés.

“La libertad es una cárcel mientras haya un solo hombre esclavizado en la tierra...”

NAARA SALOMÓN:

Je ne peux plus rester seule. Auparavant, si je souffrais, il pouvait voir ma souffrance. Souffrir était bon alors. Maintenant... Non, je ne pouvais plus être seule, me taire... Mais à qui parler? Les autres ne savent pas. Ils font mine d'être tristes. Ils le sont, une heure ou deux. Puis ils vont manger -et dormir. Dormir surtout... J'ai pensé que tu devais me ressembler. Tu ne dors pas, j'en suis sûre. Et à qui parler du crime, sinon au meurtrier? Tu dis ne te souvenir que d'un acte de justice. Tous les hommes prennent le même ton pour parler de la justice. Il disait: «Cela est juste!» et l'on devait se taire. Il se trompait peut-être, tu te trompes... Oui, tu souffres. Mais lui, tu l'as tué. Il est mort surpris. Une telle mort, ce n'est rien? Rien? Moi, je suis arrivée quelques secondes après. J'ai vu. J'ai mis sur une civière tout ce que je pouvais traîner. Que de sang! J'avais une robe blanche... Pourquoi me taire? Je dis la vérité. Sais-tu ce qu'il faisait deux heures avant de mourir? Il dormait. Dans un fauteuil, les pieds sur une chaise... comme toujours. Il dormait, et toi, tu l'attendais, dans le soir cruel... Aide-moi maintenant. Tu es jeune. Tu ne peux pas être mauvais. N'as-tu jamais pitié de toi même? Cela soulage. Moi, je n'ai plus de pitié que pour moi-même. J'ai mal. Il fallait me tuer avec lui au lieu de m'épargner. Je sais que ce n´est pas moi que tu as épargné mais les enfants qui étaient avec nous. Je le sais. Je ne les aime pas beaucoup. Ma nièce a un mauvais cœur. Elle refuse de porter elle-même ses aumônes aux pauvres. Elle a peur de les toucher. N'est-elle pas injuste? Elle est injuste. Lui du moins aimait les paysans. Il buvait avec eux. Et tu l'as tué. Certainement, tu es injuste aussi. La terre est déserte.

Entonces se plantea una cuestión... Si una idea no logra matar niños, ¿merece matar a un gran duque?

“Hay algo todavía más abyecto que ser un criminal: forzar al crimen a quien no ha nacido para serlo.”

***

Uno de los grandes choques literarios de mi vida fue descubrir el teatro del absurdo cuando estudiaba en la universidad. Beckett, Arrabal, Jodorowsky, pero sobre todo Ionesco fueron autores que me dieron fuerza para seguir adelante. Efectivamente, el teatro dicho “del absurdo” presenta una realidad post Holocausto y bomba nuclear que me parece más real que el llamado “realismo”. La crítica a la sociedad, los planteamientos filosóficos están presentados en forma tan lúdica que me enseñó a canalizar cierto cinismo que, de joven, me caracterizó.

La Cantante Calva, de Ionesco, estrenada en 1955 y que aún se presenta en París, en el mismo teatro en que fue estrenada, fue el primer montaje de Roby en la universidad y su primer montaje profesional en Nueva York. También se realizaron dos montajes memorables en San Salvador: en 1972 y en 1980:

SR. SMITH:
(Absorto en su periódico) Mira, aquí dice que Bobby Watson ha muerto.

SRA. SMITH:
¡Oh, Dios mío! ¡Pobre! ¿Cuándo ha muerto?

SR. SMITH:
¿Por qué pones esa cara de asombro? Lo sabías muy bien. Murió hace dos años. Recuerdas que asistimos a su entierro hace año y medio.

SRA. SMITH:
Claro está que lo recuerdo. Lo recordé en seguida, pero no comprendo por qué te has mostrado tan sorprendido al ver eso en el diario.

SR. SMITH:
Eso no estaba en el diario. Hace ya tres años que hablaron de su muerte. ¡Lo he recordado por asociación de ideas!

SRA. SMITH:
¡Qué lástima! Se conservaba tan bien.

SR. SMITH:
No representaba la edad que tenía. Pobre Bobby, llevaba cuatro años muerto y estaba todavía caliente.

SRA. SMITH:
La pobre Bobby.

SR. SMITH:
Querrás decir “el” pobre Bobby.

SRA. SMITH:
No, me refiero a su mujer. Se llama Bobby como él, Bobby Watson. Como tenían el mismo nombre no se les podía distinguir cuando se les veía juntos. Sólo después de la muerte de él se pudo saber con seguridad quién era el uno y quién la otra. Sin embargo, todavía hay personas que la confunden con el muerto y le dan el pésame a ella. ¿La conoces?

SR. SMITH:
Sólo la he visto una vez, en el entierro de Bobby.

SRA. SMITH:
Yo no la he visto nunca. ¿Es bella?

SR. SMITH:
Tiene facciones regulares, pero no se puede decir que sea bella. Es demasiado gorda. Sus facciones no son regulares, pero se puede decir que es muy bella. Es excesivamente pequeña y delgada. Es profesora de canto.

SRA. SMITH:
¿Y cuándo van a casarse los dos?

SR. SMITH:
La primavera próxima a más tardar.

SRA. SMITH:
Sin duda habrá que ir a su casamiento.

SR. SMITH:
Habrá que hacerles un regalo de bodas.

SRA. SMITH:
¿Por qué no les regalamos una de las siete bandejas de plata que nos regalaron cuando nos casamos y nunca nos han servido para nada?... Es triste para ella haberse quedado viuda tan joven.

SR. SMITH:
Por suerte no han tenido hijos.

SRA. SMITH:
¡Sólo eso les faltaba! ¡Hijos! ¡Pobre mujer, qué habría hecho con ellos!

SR. SMITH:
Es todavía joven. Muy bien puede volver a casarse. El luto le sienta bien.

SRA. SMITH:
¿Pero quién cuidará de sus hijos? Sabes muy bien que tienen un muchacho y una muchacha. ¿Cómo se llaman?

SR. SMITH:
Bobby y Bobby, como sus padres. El tío de Bobby Watson, el viejo Bobby Watson, es rico y quiere al muchacho. Muy bien podría encargarse de la educación de Bobby.

SRA. SMITH:
Sería natural. Y la tía de Bobby Watson, la viuda de Bobby Watson, podría muy bien, a su vez, encargarse de la educación de Bobby Watson, la hija de Bobby Watson. Así la mamá de Bobby Watson, Bobby, podría volver a casarse. ¿Tiene a alguien en vista?

SR. SMITH:
Sí, a un primo de Bobby Watson.

SRA. SMITH:
¿Quién? ¿Bobby Watson?

SR. SMITH:
¿De qué Bobby Watson hablas?

SRA. SMITH:
De Bobby Watson, el hijo del viejo Bobby Watson el otro tío de Bobby Watson, el muerto.

SR. SMITH:
No, no es ése, es otro. Es Bobby Watson, el hijo de la vieja Bobby Watson, la tía de Bobby Watson, el muerto.

SRA. SMITH:
¿Te refieres a Bobby Watson el viajante de comercio?

SR. SMITH:
Todos los Bobby Watson son viajantes de comercio.

SRA. SMITH:
¡Qué oficio duro! Sin embargo, les va bien.

SR. SMITH:
Sí, cuando no hay competencia.

SRA. SMITH:
¿Y cuándo no hay competencia?

SR. SMITH:
Los martes, jueves y martes.

SRA. SMITH:
¿Tres días por semana? ¿Y qué hace Bobby Watson durante ese tiempo?

SR. SMITH:
Descansa, duerme.

SRA. SMITH:
¿Pero por qué no trabaja durante esos tres días si no hay competencia?

SR. SMITH:
No puedo saberlo todo. ¡No puedo responder a todas tus preguntas idiotas!

SRA. SMITH:
¡Todos los hombres son iguales! Están ahí todo el día, con el cigarrillo en la boca, o bien armando un escándalo y emborrachándose sin interrupción.

SR. SMITH:
¿Pero qué dirías si vieses a los hombres hacer como las mujeres, fumar todo el día, empolvarse, ponerse rouge en los labios, beber whisky?

SRA. SMITH:
Yo me río de todo eso. Pero si lo dices para molestarme, entonces...¡sabes bien que no me gustan las bromas de esa clase! ( le tira los calcetines que zurcía).

A veces me pregunto si el amor puede dejar de ser un monólogo.

***

Todo es filiación. Así como es en la vida, es en el arte: uno no existe sin sus padres, ni puede seguir existiendo sin sus hijos. Negar que un movimiento se nutre del que le precede y nutre al que le sigue es negar la filiación, es crear en un vacío. Es permanecer en el estado perenne de adolescencia sin acceder nunca al estado que todo artista busca: el de un adulto eternamente joven, sorprendido, capaz de asimilar lo que aun no conoce y abierto al mundo.

Y cómo dijo Albert Camus: Mi obra aún no ha empezado.


*Roberto Salomón es director, actor y maestro de teatro. Premio Nacional de Cultura en 2014 y miembro de la Academia Salvadoreña de la Lengua, alterna montajes en El Salvador, Suiza y Estados Unidos. Actualmente es el director artístico del Teatro Luis Poma.

El director salvadoreño de teatro Roberto Salomón, tras recibir las insignias de Caballero de las Artes y Letras de la República de Francia de manos del Embajador de Francia en El Salvador, David Izzo. La ceremonia se celebró en el Teatro Luis Poma el jueves 26 de enero de 2017.

Roberto Salomón, tras recibir las insignias de Caballero de las Artes y Letras de la República de Francia. La ceremonia se celebró en el Teatro Luis Poma el jueves 26 de enero de 2017. Foto René Figueroa.

 

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Ana María Nafría y Francisco Domínguez

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