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Las razones del amotinamiento de las niñas del hogar seguro

Gabriel Woltke y Martín Rodríguez Pellecer | Nómada

Las niñas no se amotinaron porque no les gustara el sabor de la comida. Esta crónica, publicada originalmente en Nómada, relata las razones detrás del amotinamiento y la muerte de 36 niñas del albergue gubernamental Hogar Seguro. Detrás de la tragedia se agolpan vejaciones en contra de menores que el Estado guatemalteco nunca atendió.

ElFaro.net / Publicado el 10 de Marzo de 2017

Dos familiares se abrazan afuera del Hogar Seguro el 8 de marzo de 2017. Foto de Nómada: Carlos Sebastián

Dos familiares se abrazan afuera del Hogar Seguro el 8 de marzo de 2017. Foto de Nómada: Carlos Sebastián

Los adolescentes estaban sancionados por extorsión. Las niñas tenían objetos punzocortantes escondidos en el pelo. Agotamos el diálogo con las niñas. No podíamos aceptar un informe que dice que ese lugar es un gallinero en donde se tortura a los niños. Considero que la causa del amotinamiento, porque no les gusta la comida, no era válida. No hubo negligencia. No voy a presentar mi renuncia como Secretario de Bienestar Social. El Presidente ordenó anoche a la policía que encontrara y regresara a los 60 adolescentes fugados. El problema es que los jueces mezclan a los niños que han cometido delitos con niños abandonados por sus familias. Pedimos al Ministerio Público que investigue pero no responsabilizamos directamente a nadie. El Presidente no vino a participar en la conferencia porque está atendiendo asuntos urgentes de la nación. Se termina esta conferencia de prensa.

Así explicó el Gobierno de Guatemala a sus ciudadanos qué había ocurrido la mañana del 8 de marzo de 2017 cuando unas niñas y adolescentes se amotinaron en la casa hogar gubernamental en la que vivían. Las niñas se amotinaron y prendieron fuego a unos colchones en unas habitaciones para que las dejaran salir. No las dejaron salir y murieron calcinadas. En ese momento eran 19 las que murieron. Ahora son 36.

El Hogar Seguro Virgen de la Asunción queda en una colina a 6 kilómetros del inicio de la Carretera a El Salvador, una de las zonas residenciales más exclusivas de la Ciudad de Guatemala. Está en el municipio de San José Pinula, rodeado por bosques y barrancos que han servido de escondite para más de 100 niños y adolescentes que escaparon durante el último año de lo que debería ser su casa pero consideran su cárcel.

Las niñas no se amotinaron porque no les gustara el sabor de la comida.

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Son las 11 de la mañana de ese miércoles. El Hogar Seguro está rodeado de llanto. De madres, padres y abuelas que llegan a preguntar si sus niños están con vida.

¿Por qué delito están allí esos niños y niñas y adolescentes? Algunos fueron reclutados por las pandillas para el robo, la extorsión o el asesinato. Otros cometieron la insolencia de pertenecer a una familia que los abandonó a la calle, a un padre que les pegaba hasta que un vecino llamó a la policía. A una red que las prostituía siendo niñas. A unos padres que no supieron qué hacer cuando vieron que su hijo tenía capacidades especiales. Otros nacieron allí, hijos de adolescentes violadas por sus compañeros o sus maestros o los trabajadores de la Secretaría de Bienestar Social del Gobierno de la República de Guatemala. Todos juntos suman más de 800 bebés, niños y adolescentes viviendo en un lugar con capacidad para 500.

Una señora sube con los ojos llorosos. Le preguntamos si busca a un hijo y nos dice que no, que es una vecina. Que ayer subió cuando escuchó que había problemas, que vio como las niñas tiraban piedras a sus maestros y a los policías mientras gritaban:

–Viólennos aquí, delante de todos. Vengan a violarnos pues, si eso quieren otra vez.

La señora sigue con los ojos llorosos.

–Ésta fue una rebelión de niñas. Cualquiera que viva aquí cerca sabe que esto es un infierno.

El infierno no es una metáfora.

“Ustedes no salen de aquí hasta que me hagan sexo oral”, ordenó el maestro Edgar Rolando Diéguez Ispache a los estudiantes de 12 y 13 años de edad, cuando éstos pretendían salir del salón en el que recibían los cursos de quinto y sexto primaria. Ninguno logró salir ni evitar el abuso sexual. Las violaciones ocurrieron en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, según la Fiscalía de Santa Catarina Pinula del Ministerio Público (MP), y fueron contadas en un reportaje de Plaza Pública en octubre de 2016, hace cuatro meses.

El reportaje narra el terror. El mismo maestro ordenaba a alumnas y alumnos caminar desnudos frente a sus compañeros en el salón de clase. Uno de los albañiles, José Roberto Arias Pérez, violó a una niña con retraso mental. Un supuesto trabajador, descrito en una de las 28 denuncias a la Secretaría de Bienestar Social como Joseph, obligaba a las niñas a tener relaciones sexuales con él y las sacaba del hogar.

Diéguez Ispache está en juicio. Arias Pérez fue condenado a 8 años de prisión. Joseph probablemente todavía trabaja en el Hogar Seguro.

El Hogar Seguro en el que tuvieron que morir 19, 36 niñas para que Guatemala le pusiera atención.

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En las afueras de este refugio gubernamental sigue el llanto de los familiares y los vecinos.

Socorro tiene los ojos rojos y la piel blanca. No dejaba de llorar sobre el teléfono. Tenía una hija.

–Ayer me dijeron que ya hoy la visita iba a ser normal y cuando venía en el bus escucho que las quemaron.

Se recuesta sobre una patrulla mientras sigue llorando.

Cuando llegó Socorro, los bomberos estaban sacando los cuerpos, pero tres horas después nadie le daba razón de su hija.

Cada cierto tiempo salía un trabajador social con un papel para tomar los datos de quienes buscaban a sus niños. Leía los nombres y ellos respondían con un suspiro. En el mejor de los casos llevaba consigo una foto para mayor calma. Un padre borracho, casi al punto de tambalearse decía:

–¿Por qué se llama “seguro” esto, vos? ¿Puta, no pueden cuidar ni a mi patojo?

Aquello era un retrato de familiares muy pobres y de familias disfuncionales. A casi un metro del barranco dos niños de año y medio jugaban, mientras sus papás, que no tendrían más de 18 años, hablaban del partido del Barcelona. Uno de los bebés se cayó y se golpeó la cabeza contra un carro, empezó a llorar. Sus papás lo vieron y siguieron hablando. El otro niño, con sus pasitos tambaleantes, lo abrazó y lo ayudó a pararse.

–¿Ahora para qué putas vienen?, gritaba una señora con la voz rota mientras la magistrada María Eugenia Morales entra al Hogar.

–Ahora para qué, si ya se quemaron, secunda otra señora.

Al menos la magistrada llegó. En las afueras del Hogar Seguro se había esparcido el rumor que el presidente Jimmy Morales llegaría. No lo hizo.

En vez de eso se anunció una conferencia en el salón de banderas del Palacio Nacional.

El cambio de ambiente era abismal. Se pararon frente a las cámaras Anabella Morfín, Procuradora General de la Nación; Carlos Rodas, Secretario de Bienestar Social; Julio Aguilar, vocero de la PNC; Víctor Godoy, comisionado de Derechos Humanos; y el vocero de la presidencia, Heinz Heinmann.

Los siguientes 40 minutos fueron surreales.

Los adolescentes estaban sancionados por extorsión. Las niñas tenían objetos punzocortantes escondidos en el pelo. Agotamos el diálogo con las niñas. No podíamos aceptar un informe que dice que ese lugar es un gallinero en donde se tortura a los niños. Considero que la causa del amotinamiento, porque no les gusta la comida, no era válida. No hubo negligencia. No voy a presentar mi renuncia como Secretario de Bienestar Social. El Presidente ordenó anoche a la policía que encontrara y regresara a los 60 adolescentes fugados. El problema es que los jueces mezclan a los niños que han cometido delitos con niños abandonados por sus familias. Pedimos al Ministerio Público que investigue pero no responsabilizamos directamente a nadie. El Presidente no vino a participar en la conferencia porque está atendiendo asuntos urgentes de la nación. Se termina esta conferencia de prensa.

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Nunca se le ha permitido a la prensa entrar al Hogar Seguro, ni siquiera luego de la tragedia.

Las únicas fotografías de lo sucedido ayer son de un fotoperiodista que ingresó adentro de una ambulancia. Podría ser una fotografía de crímenes de lesa humanidad. En blanco y negro podría confundirse con Auschwitz. Los cuerpos de niñas y jóvenes, llenos de ceniza, apilados unos sobre otros, dejando ver todavía algunos detalles de sus pijamas.

Doce horas después de lo ocurrido, en la Plaza de la Constitución mujeres prendían 770 velas por cada una de las mujeres que mueren al año. Mientras se encendían, 3 niñas más morían en el hospital a causa de las quemaduras en el hogar seguro. Guatemala, entera, está en llamas.

*La versión original de este artículo fue publicada por primera vez en Nómada.