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La importancia del centro histórico y su patrimonio

Fabricio Valdivieso

ElFaro.net / Publicado el 20 de Marzo de 2017

El centro histórico es prácticamente un sitio arqueológico-histórico, sobre todo el área de la actual Plaza Libertad, pues en ese lugar es donde inicia la historia de la ciudad, y porque no decirlo, de los salvadoreños. Se trata de un importante cuadro en el actual emporio el cual fue trazado hace más de cuatro siglos. Afectivamente, ese cuadro ha sido el corazón de la urbe en donde hubo toda suerte de actividades como parte de la vida urbana: lo social, lo político, lo religiosos, el comercio y la armada han hecho uso de este espacio. La cultura incluso puede entenderse al observar el día a día citadino desde la plaza. Si viésemos el centro histórico como un recurso cultural invaluable para el desarrollo educativo, turístico y social, tomaríamos su plaza principal como el principio de un discurso sobre la historia de la nación: su colonia y la república. Y es porque aquí, en esta plaza, lo bueno y lo malo ha encontrado su puesto a lo largo del tiempo.

San Salvador, siglo XIX. Vista de la Plaza Mayor (hoy Plaza Libertad), desde el portal de la Iglesia Parroquial (hoy Iglesia del Rosario), en un grabado de Don Francisco Cisneros, impreso por M. Dupressoir. En primer plano la antigua fuente, y al fondo el volcán de San Salvador.
 
San Salvador, siglo XIX. Vista de la Plaza Mayor (hoy Plaza Libertad), desde el portal de la Iglesia Parroquial (hoy Iglesia del Rosario), en un grabado de Don Francisco Cisneros, impreso por M. Dupressoir. En primer plano la antigua fuente, y al fondo el volcán de San Salvador.

La ciudad, ya en el período de la República, expone distintos escenarios. En el caso de San Salvador, la urbe cambia constantemente, aunque su nuevo entorno se ajusta a la misma plantilla que le dio origen, al menos en su cuadro central y periferia. Las calles, en su principio de tierra apisonada y hierba, son ocasionalmente reemplazadas por piedra. En su origen estas calles se ajustaban al paso de carretas y caballos. Luego, a partir de 1915, se introducen automóviles al tiempo en que se adecuan nuevos sistemas de drenajes y desagües en la década de 1920. Por corto tiempo a principios del siglo XX, estas calles y avenidas son esporádicamente cortadas por los rieles del tranvía, y finalmente, en 1925, son pavimentadas. Siguiendo la vieja traza urbana, sobre el peatón moderno se alza el tendido eléctrico, postes y semáforos. Ahora bien, su entorno edificado se acomoda a los viejos solares, algunos quizás remontan al siglo XVI, mientras otros, la mayoría por seguro, modificados al paso del tiempo, sobre todo durante el siglo XIX y XX.

Muchos de estos antiguos solares han sido cortados por nuevas calles o caminos, otros han sido disminuidos o agrandados en donde se adaptaría un nuevo local, ya sea negocio, institución o residencia. No obstante, en este país las ciudades han sido constantemente afectadas por fenómenos naturales, incluyendo incendios y terremotos, siendo éstos los principales detonantes en su transformación física. Por lo anterior, muchos inmuebles históricos han desaparecido dando lugar a nuevos edificios. De hecho, el aspecto arquitectónico de la ciudad parece destinarse a un lapso reducido de tiempo, quizás no mayor de sesenta años. De este modo, la metrópolis salvadoreña en el contexto de la arqueología histórica se expone como un laboratorio ensayo-error en la búsqueda de construcciones adecuadas en respuesta a los fenómenos naturales. Durante los últimos siglos la construcción con gruesos ladrillos de adobe, o livianas paredes de bahareque o madera fueron opciones históricas en respuesta a los terremotos. Luego lo serían la introducción de lámina troquelada, la variación en el tamaño y grosor de la teja, luego la introducción de lámina y duralita como elementos livianos para techos y vigas más delgadas en la construcción doméstica. Finalmente las edificaciones macizas con cemento y hierro darían lugar a la reinvención definitiva del paisaje urbano.

 Catedral de San Salvador en ruinas (hoy en predio de la iglesia El Rosario), luego del terremoto de 1873. Grabado publicado en Londres en 1876, por
 
 Catedral de San Salvador en ruinas (hoy en predio de la iglesia El Rosario), luego del terremoto de 1873. Grabado publicado en Londres en 1876, por "Sporting Adventures in the Pacific" de W.R. Kennedy. 

Luego de la destrucción causada por algún evento natural, la reconstrucción también ofrece una ventaja para exponer en el ambiente el poder económico y político de la nación.Esto puede percibirse en el San Salvador construido luego de los terremotos de 1854, 1873, 1917, 1965 y 1986.Bien o mal, San Salvador no ha sido el mismo luego de estos siniestros. Sin embargo, el restablecimiento físico de la ciudad juega un nuevo rol en la historia, en el cual la política y la economía son las principales piezas. De estos dos poderes penderá el destino de los viejos edificios, la edificación de nuevos inmuebles, o el diseño de nuevos centros de comercio y gobierno. O en última instancia, tras la ruina de un terremoto se opta por trasladar la ciudad a un lugar más seguro tal se dio en 1854 con el surgimiento de Santa Tecla. En la mayoría de casos la política opta por erigir nuevamente la ciudad. Para la autoridad, las nuevas edificaciones tendrán un potente efecto en la imaginación del público y en el ego social en base a la economía emergente liderada por sus gobernantes. Lo anterior reivindica el poder político dentro de un ambiente de progreso percibido en la infraestructura urbana. Lo mismo es percibido de manera individual dentro del manejo de ciertas instancias, como lo es la reconstrucción física de las iglesias y el agrandamiento de sus templos. No obstante, en la transformación urbana también influye el crecimiento demográfico, el aumento del comercio y el incremento y diversificación de las instituciones públicas y privadas. También se suma la demanda pública por adoptar nuevas tendencias urbanísticas en línea con la tecnología, el transporte y los cambios en el mundo moderno.

Con el tiempo, los actuales edificios históricos o sus solares han cambiado de propietarios, y sus espacios han tenido diferentes funciones. El Salvador, a mediados del siglo XX experimenta la introducción intensiva de nueva tecnología constructiva de acuerdo a las demandas actuales, incluyendo la instalación de electricidad, servicio de tuberías y aire acondicionado, sistemas de incendio, nuevas pinturas y decoraciones, división de salones, adaptación de ascensores, sanitarios y otras intervenciones las cuales han transformado la figura original de algunos edificios. En otros casos, los espacios en donde yacían ciertos inmuebles históricos han sido totalmente convertidos en centros comerciales, cines o incluso estacionamientos, o abandonados como predios baldíos. En estos contextos el estudio arqueológico implica el reconocimiento de la ambientación y distribución original del antiguo inmueble dentro del contexto moderno. De este modo, el estudio arqueológico en los suelos del centro de San Salvador se torna un juego de dimensiones entre lo que debió ser y lo que es ahora.

Para la arqueología la historia de una ciudad no puede ser entendida a plenitud sin antes conocer sus cimientos. Los arqueólogos urbanos suelen concentrar sus observaciones en los centros históricos, siendo éstos los espacios de origen de las urbes modernas. Muchas ciudades salvadoreña actuales pueden todavía conservar el trazo original de la ciudad de antaño en su casco histórico, pero con la carencia de muchos de los antiguos edificios desaparecidos al paso del tiempo. No obstante, algunos solares actuales en los cascos históricos de este país tienen bajo el suelo restos de antiguas edificaciones. Es por esto que los centros históricos pueden tornarse en el sitio arqueológico por excelencia para el arqueólogo del pasado reciente.

Imágenes de la porcelana extraída del subsuelo del Coro Nacional (siglo XVIII y XIX) durante las excavaciones en el año 2003 dirigidas por Fabricio Valdivieso. Fotografías del autor.
 
Imágenes de la porcelana extraída del subsuelo del Coro Nacional (siglo XVIII y XIX) durante las excavaciones en el año 2003 dirigidas por Fabricio Valdivieso. Fotografías del autor.

En definitiva, el centro de San Salvador en sí, puede ser visto como un verdadero parque histórico, tal lo hacen otros centros históricos en el mundo, en donde se camina entre museos y galerías de diferentes temáticas, algunos administrados por instituciones públicas, otros surgidos de iniciativas privadas. Sus calles, edificios y plazas son un libro abierto para el peatón. O más bien un documento de historia en el ambiente colmado de diversos capítulos y temas. Dentro de una planificación adecuada para la protección y desarrollo del centro histórico, cada edificio contaría una historia. Toda esquina del centro aporta algo, el predio donde hubo un edificio, la huella de los terremotos y otros desastres (incendios, inundaciones), la arquitectura originada por la bonanza económica derivada del café, el paso de la guerra y la pugna política, hechos históricos como el asesinato de un presidente (Araujo) en una de las plazas, la represión y levantamientos, el entierro de un santo (Romero), la historia del comercio, el mercado, el transporte (los tranvías), el folclore y la tradición, leyendas urbanas o mitos de la cultura popular, los hallazgos arqueológicos prehispánicos, y mucho más. Todo aquel ambiente fortalecido con cedularios, ventanas arqueológicas, ojos históricos, banners e ilustraciones de antaño, y nueva tecnología como el scanner de información mediante el uso de teléfonos inteligentes o tabletas, y otros. Las viviendas antiguas, en mármol grabado narrarían la reseña de las familias que le habitaron un día, haciendo de sus calles un verdadero paseo por la historia de su gente.

La explotación de la cultura y el uso adecuado del patrimonio es un elemento importante de cambio en la vida del actual centro, dando un valor agregado a la nueva tecnología urbana actualmente en proceso, atrayendo comercio, mayor interés educativo, turismo y nueva inversión en la zona, incluyendo la promoción de la gastronomía y las artes, y el rescate y fortalecimiento de la identidad cultural y cívica apegada a una historia propia. Pero para ello se requiere del fomento de actividades relacionadas con estos aspectos del patrimonio y la cultura. Lo anterior incluye mercadeo y publicidad, capacitación de guías, mantenimiento, organización o establecimiento de organizaciones y comités de desarrollo y vigilancia, la creación de un sello de identidad para el área, suvenir relativos a la zona, brochures, mapas, y generar con ello un polo de atracción vinculado a los restaurantes, tiendas, mercados locales y al mismo transporte conectado por circuitos incluso afines con otros centros históricos y otros lugares atractivos del país. Un centro de información es importante, y el control sanitario, así como la seguridad. La cultura, la historia y el patrimonio se convierten así en un botón de desarrollo económico y social.

El centro de San Salvador, a mi parecer tiene el mayor potencial turístico, educativo y cultural del país, el cual sincroniza con cualquier nuevo plan de renovación e implementación de nueva tecnología urbana. Así es el futuro.

El terremoto del 16 de abril de 1854, por el viajero polaco-francés Arnold Boscowitz.
 
El terremoto del 16 de abril de 1854, por el viajero polaco-francés Arnold Boscowitz.

*Fabricio Valdivieso es Arqueólogo y posee maestría en estudios interdisciplinarios (MA) por parte de la Universidad de British Columbia, Canadá, con especialización en el desarrollo económico y social en base al patrimonio cultural. A su vez, ha obtenido cursos especializados en Estados Unidos y Japón con relación a su campo, habiendo dirigido más de una veintena de proyectos arqueológicos y culturales. En los últimos años ha publicado en destacadas revistas internacionales en países como México y España. Dirigió el Departamento de Arqueología de CONCULTURA entre los años 2002 y 2008, y actualmente se desempeña como consultor privado y miembro experto de ICAHM-ICOMOS para Latinoamérica.