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Los artistas y las radios libran una batalla por la música

¿Se imagina que un cliente le ponga el precio a su trabajo y no al revés? Cuando los artistas quisieron cobrar a las radios lo que por ley les corresponde, la respuesta fue una reforma a la ley que favorece a las radios. Aunque El Salvador está suscrito a un convenio internacional según el cual los artistas pueden establecer la tarifa de su música, la decisión por ahora está a merced de los empresarios de radio y televisión.  

ElFaro.net / Publicado el 9 de Marzo de 2017

Las radios nunca pagaron por La maldita, la canción abanderada en una revolución músical liderada por Adrenalina, el grupo de rock salvadoreño más importante de la década de los 90. “Nosotros, no te voy a mentir, vivimos una época de oro, a la banda nunca le faltaban contratos. Pero pagaban por tu trabajo, no por la obra”, explica Carlos Galicia, intérprete e integrante de Adrenalina.

20 años después de su lanzamiento, la banda escuchó por primera vez que recibirían dinero por todas las veces que La maldita había sonado en la radio, pero solo entre 2012 y 2014. En abril 2016, la banda recibió 375 dólares por 288 reproducciones en 2 años. Es decir, un equivalente a 95 centavos por cada vez que se programó en las radios; un total de 19 centavos para cada uno de los cinco integrantes. Una retribución más bien simbólica. Una migaja para una canción que abanderó en 1996 una revolución en la que Adrenalina entró con fuerza en las radios, un entorno por naturaleza hostil para la música nacional.

Con Ni un pelo de inocente, el disco que los consagraría en la escena musical salvadoreña, Adrenalina creó una nueva audiencia que pedía sus canciones a las radios, cuando lo normal era que el público de los grupos nacionales solo apareciera en los conciertos Salva Rock o en los bares culturales, como la desaparecida Luna, Casa y Arte. La revolución de “Ojos azul como cielo, boca roja como infierno, caprichosa y pecadora, siempre en la movida…” de La maldita se tomó el dial a la fuerza, en una combinación de sonidos tradicionales de cumbia con lo pesado del rock. Su popularidad escaló tanto que llegó a estar en la lista de Raizónica, un programa que se transmitía los domingos en el extinto MTV, dedicado a programar videos de grupos alternativos de Latinoamérica. Aquel disco es considerado por los expertos como el mejor disco en la historia de El Salvador, pero a 20 años de aquella gesta, resulta curioso que los Adrenos jamás cobraron un centavo por todas las veces que sonó en la radio La Maldita, o alguna de las otras 16 canciones de aquel disco.

Que la banda haya crecido en popularidad pero no en ingresos se debe a que las radios no cumplen con lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual. Desde 1993, el estado salvadoreño da potestad a las entidades de gestión colectivas que velan por las regalías que bandas como Adrenalina deberían de recibir para que "determinen la remuneración exigida por la utilización de su repertorio" a todos los que utilicen la música como parte importante de su negocio: desde las empresas que se lucran de ella, como las radios, hasta las que la utilizan como complemento a sus actividades: restaurantes, supermercados, salones de belleza, entre otros.

Previo a hacer la primera entrega de regalías el 26 de abril del año pasado, la entidad de gestión colectiva Aries (Artistas intérpretes y ejecutantes de El Salvador) convocó el 8 de diciembre 2015 a los artistas, intérpretes o ejecutantes que hubieran participado en la grabación de 65 canciones de 25 grupos distintos, entre los que figuraban Frigüey, Redd, Los Hermanos Flores y Shaka y Dres. La invitación era a afiliarse para que una vez inscritos como socios pudieran recibir las regalías. Solo cuatro atendieron el llamado. Además de Adrenalina se sumaron Edición Limitada, Ultravioleta, Dj Emsy y Los Tachos. Desde entonces a la fecha, solo hay 58 músicos inscritos.

Recibir un pago por hacer música que no viniera de las presentaciones en vivo resultaba inverosímil para los artistas salvadoreños, pero ante la posibilidad de recibir una remuneración económica por su trabajo, inscribirse a una entidad de gestión colectiva era un experimento en donde no tenían nada que perder. 

Adrenalina no es el único ni será el último grupo nacional al que las radios no le retribuirán lo justo por el uso de su música en el dial. El 14 de septiembre 2016, cinco meses después de que cinco bandas recibieran por primera vez un pago por hacer música, los empresarios radiales ya tenían armado un documento con 14 reformas a la ley vigente, en las que señalan un impacto económico negativo para las empresas por incrementar los costos de operación. Las radios, acostumbradas a pagar poco o nada por hacer uso del repertorio de música internacional, virtieron su propuesta de cómo deberían de pactarse las tarifas. La iniciativa fue apadrinada por el diputado Rodolfo Parker, del PDC, quien habla de abusos en el cobro. En un país violento como El Salvador, en donde uno de los medios principales de intimidación de las pandillas es la extorsión, el diputado firmó un documento en donde a bandas como Adrenalina, que reciben 95 centavos por tocada, se les pone al mismo nivel que a los delincuentes: “Como una suerte de ‘extorsión’, exigen el cobro de todo lo que deciden vender al precio que deciden vender”.

Hace más de 20 años, tras una reforma educativa, El Salvador dejó de ofrecer formación artística formal. Ahora una reforma impulsada por las radios y apadrinada por los diputados del FMLN, PDC, GANA, PCN y Arena evitará que sean los artistas formados de manera empírica o en el exterior quienes fijen el precio de su trabajo. La reforma a la Ley de Propiedad Intelectual fue aprobada el 15 de febrero en la Asamblea. En síntesis, esta ley niega a los artistas el derecho internacional de fijar el precio por su trabajo, en beneficio de las radios que programan su música. La reforma establece que las tarifas deberán ser fijadas a partir de una negociación entre todos los interesados: radiodifusores, autores, intérpretes; y que se da por autorizada la reproducción de una canción, cuando los titulares soliciten a las radios y canales de televisión que la difunda. Esto anula también el pago que deben de hacer, según tratados internacionales, por hacer uso de esa canción.

La comisión de Economía conformó un equipo técnico con asesores de las bancadas legislativas, representantes de las radiodifusoras, las entidades de gestión colectiva, artistas y funcionarios de la Dirección de Propiedad intelectual del Centro Nacional de Registros. Una vez los técnicos entregaron una propuesta, entre el 10 de enero y el 14 de febrero, los diputados iniciaron el proceso de aprobación.

En el seno de la comisión nacieron nuevas propuestas, entre ellas que las radios pagaran con tiempo aire a las entidades de gestión colectiva en razón de canje en lugar de dinero, y que se eximiera del cobro a las micro y pequeñas empresas. En la sesión del 7 de febrero, los diputados Zoila Quijada y Calixto Mejía del FMLN, explicaron que exigir el pago podía golpear las finanzas de estos empresarios e, incluso, llevarlos a la quiebra. El diputado de Gana, Francis Zablah, se sumó a las voces de preocupación y previno a sus colegas de lo delicado del tema: "Hay que tener en cuenta que estamos legislando algo para lo que el país no está preparado. No podemos llegar de repente a cobrarle a una señora que escucha la radio mientras está echando las pupusas", argumentó.

Karla Hernández, de Arena, se encargó de recordarle a la comisión que por más loable que fuera su intención, no podían obviar lo establecido en convenios internacionales y retó a sus compañeros efemelenistas: "Aquí se está hablando de defender a los micro y pequeños empresarios, y creo que está bien, pero nadie le está dando el valor que se merece al trabajo de los artistas salvadoreños, y yo sé que el FMLN que ha estado muy cerca de ellos en los últimos años sabe a lo que me refiero".

Dicho eso, el promotor principal de la reforma, Rodolfo Parker, admitió que no podían pasar por encima de lo establecido en la Convención de Roma y todos acordaron que se establecieran tarifas preferenciales a los micro y pequeños empresarios. Tanto las entidades de gestión colectiva como los músicos toman como absurda esa medida. Tarifas preferenciales aplicadas a otro tipo de servicios implicaría que estos mismos empresarios pudieran hacer efectivos cierto porcentaje de descuento por el racionamiento de agua potable y energía eléctrica.

Antes de la reforma, basadas en el Convenio de Roma (que protege a los artistas e intérpretes), la entidades de gestión colectiva podían cobrar hasta el 3 % sobre los ingresos mensuales por la venta de publicidad de los radiodifusores, a manera de pago por el uso de las canciones en el dial. De hecho, en países como Panamá y República Dominicana las tarifas están establecidas de la misma manera. Una vez que entren en vigencia las modificaciones a la ley, sin embargo, "no se podrán imponer tarifas o precios teniendo como parámetros los ingresos o utilidades brutas de ningún usuario". Las tarifas de entidades homólogas en otros países, agrega, solo servirán de referencia y "siempre deberá ser tomando en consideración el contexto económico de cada país respecto al nuestro". La naturaleza de las empresas será esencial para que estas reciban un "trato preferencial" en cuanto al pago de tarifas.

En El Salvador existen tres entidades de gestión colectiva: Sacim (Salvadoreños autores, compositores e intérpretes musicales), Asap (Asociación Salvadoreña de Productores de Fonogramas y Afines) y Aries (Artistas intérpretes o ejecutantes de El Salvador), fundadas en 1980, 2008 y 2011, respectivamente. Sacim representa a los autores, es decir, a quien escribe la canción; mientras que Asap y Aries velan por los derechos conexos de los artistas, es decir, los de los músicos que tocan los instrumentos y sirven de voz para componer la canción.

Sacim y Asap otorgan licencias para que en la radio, la televisión, los supermercados y restaurantes, entre otros, suenen las canciones desde The Beatles hasta Katy Perry, y artistas nacionales como Lito Barrientos, Oscar Alejandro, Chente Sibrián, Adrenalina y Los Tachos. Es de ahí de donde provienen los fondos que se reparten entre autores e intérpretes. A finales de 2009, Sacim llegó a un acuerdo con algunas radios. Por 50 mil dólares al año, las radios y televisoras afiliadas a Asder tenían derecho a hacer uso del repertorio musical internacional. Es decir, que cada una de las 125 radios agremiadas y los 12 canales de televisión, por tan solo 47 dólares al mes, podía programar y difundir desde el último éxito musical hasta las clásicas que han traspasado generaciones. Asap no estaba de acuerdo con eso.

“Un artista, cuando crea una canción, tiene la expectativa de que la gente la conozca, pero también tiene la expectativa de que si la gente la usa y obtiene un beneficio de sus canciones, le reconozcan algo”, defiende Pablo Buitrago, representante legal de la Asociación que representa a las firmas Sony Music, Universal y Sony Music. Amparados en la Convención de Roma, Asap estableció que la tarifa a pagar equivalía al 3 % de los ingresos por venta de publicidad, que podía estar sometido a descuentos según el porcentaje de tiempo de emisión de música.

Aunque Mirna Castañeda, presidenta de Sacim, reconoce que no es una tarifa justa, “a veces es mejor, en lugar de tener un buen pleito, tener un buen trato”. Llegar a esa tarifa por otorgar la licencia tomó una serie de negociaciones en las que se privilegió el bolsillo de los empresarios radiales.

En 2015, cuando Asap se acercó a las radios para cobrarles, los empresarios se negaron a pagar. Al menos sujetos a las condiciones que los representantes de los productores establecían. Según el cálculo, las radios tenían que pagar una tarifa de 270 dólares por trimestre, es decir, 1,080 dólares al año por tener a su disposición, casi por completo, el repertorio musical del mundo.

Las radios no estaban de acuerdo. Les parecía que 1,080 dólares por derechos conexos era una exageración. Asap, ante la negativa, interpuso una queja ante la Superintendencia General de Electricidad y Comunicaciones (Siget), el 3 de mayo de 2016, para que revocara la concesión de frecuencias a 18 radiodifusoras y a 10 canales de televisión por no contar con la licencia que los autorizaba a reproducir la música de las productoras que representaban. El 10 de agosto de 2016, la jueza segundo de lo civil y mercantil de San Salvador ordenó la suspensión de la reproducción de las canciones producidas por Sony, Warner y Universal en la radio ABC por 15 días. Una medida cautelar similar le fue notificada el 7 de octubre a Maya Visión.

La sanción contra dos radios puso nerviosos a los demás empresarios y durante los 15 días que duró la prohibición de programar a artistas como Beyoncé, Coldplay y Adele, optaron por hacer sonar música nacional. Maya Visión, por ejemplo, una radio reconocida por sus programas de opinión, entrevista y noticias, destina solo 20 % a la reproducción de música. Cancelar en concepto de ese “mínimo” porcentaje alrededor de 2 mil dólares al año no les parecía justo. “Mientras duró la medida cautelar optamos por buscar y programar música que no fuera parte del repertorio de ellos, y ahora ponemos música cubana y de artistas nacionales”, explica el director René Mauricio Mejía. La banda Tepehuani, Los Torogoces de Morazán y los ganadores del Premio Nacional de Cultura 2016, Yolocamba I Ta, empezaron a sonar con mayor frecuencia en esta emisora.

En palabras de Mejía, no era un asunto de no querer reconocer los derechos conexos, sino más bien económico. “El pago por derechos conexos no puede ser superior al pago de derechos de autor. Con base en eso hicimos una propuesta basada en lo que pagamos a Sacim (Salvadoreños, autores, compositores e intérpretes musicales)”. La justificación pone por encima el papel del autor, sin quien, según los representantes de las radios, los músicos no tendrían material para grabar una canción. La reforma reafirmó esa pretensión y dejó establecido en el artículo 100 D, numeral 7, que "en materia económica, las tarifas, convenios o acuerdos suscritos por el pago de derechos conexos, no podrán ser mayores a los establecidos por los autores sobre las mismas obras".

Los músicos salvadoreños, en su mayoría, tienen un trabajo fuera del escenario. Ricardo Alberto Santos, bajista de Cartas a Felice, es jefe de presupuesto en La Constancia. 
 
Los músicos salvadoreños, en su mayoría, tienen un trabajo fuera del escenario. Ricardo Alberto Santos, bajista de Cartas a Felice, es jefe de presupuesto en La Constancia. 

Ana María Lara, directora ejecutiva de Asder, niega estar en contra de reconocer los derechos de los artistas. Asder paga 50 mil dólares al año a Sacim por derechos de autor. Pero, al igual que Mejía, cree que las tarifas fijadas por Asap se alejan de la realidad salvadoreña. "No puedo pedirle a una radio local que cancele lo mismo que una nacional", justifica.

Lara cree que es un error que los artistas vean esta reforma como algo que los afecta. Al igual que Maya Visión, muchas de las radios agremiadas a la asociación que representa empezaron a usar, como precaución, cada vez menos las canciones de los artistas internacionales representados por Asap. Una de las medidas fue empezar a programar más música nacional. Es por ello que, a su juicio, "los que más salen beneficiados son los artistas nacionales".

En radio La Femenina, por ejemplo, dos canciones de artistas salvadoreños se colaron en el conteo anual de las 111 mejores de 2016: Ella, de Polifacetik; y Like a Soldier, de Sergio Artero; en las posiciones 31 y 67, respectivamente.

Polifacetik es una de las bandas inscritas en Aries y este mes de marzo recibirán 700 dólares por haber sonado 665 veces en radio el año pasado ($1.05 por cada emisión). El dinero, sin embargo, no proviene de estaciones de radio. Asap monitorea radio y televisión para identificar dónde están sonando artistas salvadoreños, pero ninguna, salvo Ágape, ha pagado lo que corresponde por derechos conexos. Las licencias por las que se obtuvo el dinero para pagar a músicos salvadoreños en 2016 fueron adquiridas por restaurantes y supermercados que hicieron sonar esas canciones. 

El Faro consultó a diez artistas y bandas afiliadas sobre las modificaciones que planteaba la reforma respecto al establecimiento de tarifas. Todos coincidieron en que así como fue aprobada, la ley ahora es un instrumento que resta valor a su trabajo creativo y que burocratizará la entrega de las regalías. Mientras que las radios señalan una paradoja por el beneficio que ellos otorgan a los músicos al difundir sus canciones, los artistas señalan que sobrevivir de la música en este país poco tiene que ver con sonar en las radios: "La reforma es una muy mala jugada. Mucho de la música nacional sobrevive por los toques en vivo y el trato de las bandas con el público", señala Natalia Alejandro, de Cantalejo.

Galicia dice que programar música nacional en radios ha sido más bien un acto de solidaridad: “Hay radios que apoyan, pero porque son tus cheros”, explica. Galicia aclara que estar en contra de la reforma recién aprobada no es sinónimo de entrar en conflicto con las radios, sino de que comprendan que “no debería de ser un favor. Seguimos siendo la cola del chucho, estás sujeto a la buena voluntad de que alguien te suene”.

Las canciones de músicos nacionales llegan a las radios gracias a la autogestión que realizan los artistas: comparten su material con los disc jockey de las distintas radios con el afán de que les guste y lo incluyan en la programación de sus turnos. Bajo las disposiciones de la reforma, sin embargo, ese acto consentido deja sin valor el reconocimiento por derechos de autor y conexos que exigen las entidades de gestión colectiva. "Se tendrá por autorizada la comunicación pública de la obra fonográfica o audiovisual cuando el titular de los derechos sea quien solicite a los organismos de radiodifusión su comunicación o difusión", reza el documento.

Afiliados como Frigüey, sin embargo, prefieren mantenerse al margen para no dañar las relaciones construidas con los medios durante 20 años de trayectoria. "Siempre voy a estar del lado de lo que me beneficie", dice Max Méndez, y reconoce que fue una grata sorpresa cuando se enteraron de que les iban a entregar 1 200 dólares por sonar en la radio. Su banda estaba entre las primeras 25 convocadas en 2015 para la primera repartición de regalías. No atendieron el llamado. No obstante, agrega, "no puedo obviar las relaciones establecidas con los medios, fundaciones y establecimientos que han confiado en nosotros".

La reforma que favorece a las radios en detrimento de los artistas es coherente con el documento de la Ley de Cultura aprobada hace seis meses en el parlamento. El 11 de agosto de 2016, en la revisión artículo por artículo, el diputado arenero Ricardo Velásquez Parker propuso que se cambiara la redacción del artículo 97 que dice que "Todas las estaciones de radio que ocupen el espacio radioeléctrico del país podrán programar música nacional en programación regular", para que en lugar de dejarlo como una posibilidad, se obligara a incluir la música nacional en un 25 % de la programación. Fue entonces cuando la diputada efemelenista Norma Guevara dijo que no era realista esa cuota porque no había suficiente música nacional y que las radios no iban a poder cubrirla.