Imprimir

Hugo Barrera, dirigente de ARENA y exministro de Seguridad

“La Mano Dura y la Súper Mano Dura fueron pura paja”

Cuando el veterano dirigente arenero Hugo Barrera fue ministro de Seguridad (1994-1999), las pandillas eran una preocupación “totalmente secundaria”. Hoy representan el principal problema de seguridad, situación que a juicio de Barrera es la consecuencia de las políticas públicas erradas que se pusieron en práctica tras los Acuerdos de Paz. Tampoco cree que la tregua sea la solución.

ElFaro.net / Publicado el 20 de Agosto de 2012

La presente entrevista forma parte de un deliberado afán por conocer las distintas posiciones políticas ante la tregua entre las pandillas Mara Salvatrucha-13 y Barrio 18. Por el FMLN entrevistamos al diputado Benito Lara, su voz más visible en el área de la seguridad pública desde hace al menos un par de años. Sin embargo, encontrar a alguien en Arena que pudiera hablar sobre el tema en representación del partido no resultó tan sencillo. Al final, el director de Información de Arena, Ernesto Muyshondt, dijo que Hugo Barrera podía hablar en nombre del partido. La entrevista se solicitó a mediados de julio pero, primero porque Barrera estaba fuera del país, y después por las vacaciones agostinas, la plática no se pudo concretar hasta el 10 de agosto.

El veterano Hugo Barrera habla aquí, pues, en nombre de Arena.

Sobre la tregua no hace afirmaciones que puedan ser catalogadas como fuera del guion: no le ve futuro, cuestiona los resultados y responsabiliza al gobierno de todo lo que suceda. Lo más llamativo de sus respuestas quizá sea que, al igual que el FMLN, el partido de derechas tampoco descarta de cuajo una hipotética negociación formal con las pandillas.

Más sorprendente resulta el repaso que Barrera hace de lo que se hizo mal o se dejó de hacer tras los Acuerdos de Paz en cuanto a políticas de seguridad pública. Sin miramientos, arremete contra los planes Mano Dura y Súper Mano Dura, auténticos estandartes de los expresidentes Francisco Flores y Antonio Saca, respectivamente. Los llama “pura paja” y dice de ellos que su manejo “fue más propagandístico que otra cosa”.

¿La tregua es una oportunidad o una amenaza?
Pienso que este arreglo de los pandilleros para no matarse entre ellos ni va a producir buenos resultados para el país, ni va a durar mucho; yo creo que hay otras maneras de resolver la situación de violencia. Por supuesto que no se trata simplemente de reprimir, sino de dar oportunidades de reinserción en la sociedad. Pero algo así no puede ser una imposición que nos hagan las bandas de delincuentes, sino algo consensuado por todos los actores sociales.

¿Cómo cree que hemos llegado a esta tregua?
La tregua es la consecuencia de que el gobierno no ha logrado resolver el problema de inseguridad, y se han inventado esta cosa, que tampoco servirá de mucho. ¿Qué está sucediendo con las familias salvadoreñas de los barrios más complicados de Soyapango, Ilopango o Apopa? Ahí no ha habido cambios: las extorsiones continúan, las violaciones continúan, los asesinatos se han cambiado por desapariciones… el drama sigue.

Infiero que usted no cree en las peticiones de perdón ni en el diálogo que piden los pandilleros.
No podemos construir sobre los discursos de personas que están al margen de la ley y que han perdido sus derechos como ciudadanos. Los criminales no pueden ser quienes propongan las soluciones al problema criminal. Tenemos que apoyarnos en la ley, en las autoridades y en las instituciones, y no en ese tipo de estructuras. E insisto en que aquí no se trata solo de reprimir; tiene que haber represión, pero racional, y siempre hay que buscar mecanismos que permitan a esta gente reinsertarse.

Algunos analistas y escribientes dicen que estamos ante una tregua-trampa, y que la intención oculta de las pandillas es mutar hacia un crimen organizado más profesional.
La posibilidad existe, pero si ocurriera, sería una responsabilidad del gobierno y de las autoridades de Seguridad Pública, no de los pandilleros. Los frenos al crimen organizado son la ley y la autoridad.

Usted fue ministro de Seguridad entre 1994 y 1999. ¿Qué tan agudo era el problema de las maras entonces?
Totalmente secundario. Ya había grupos e indicios de lo que sucedería después, incluso recuerdo que mantuvimos reuniones con algunas comunidades que comenzaban a ser afectadas, pero las maras entonces no tenían nada que ver con lo que tenemos ahora.

¿Qué hicimos mal como país para que evolucionaran al gigantesco problema delincuencial y de convivencia social que tenemos hoy?
Es cierto que hoy en día unos 20 mil pandilleros, o los que sean, mantienen victimizados a millones de salvadoreños. ¿Cómo llegamos a esto? Pues no tengo la respuesta. Lo que sí le garantizo es que durante mi gestión el fenómeno estaba controlado; sobre lo que pasó después de 1999 no puedo responder, pero indudablemente algo no se hizo bien.

¿La arquitectura jurídica que se levantó tras los Acuerdos de Paz era demasiado garantista para una sociedad traumada?
Durante la negociación de los Acuerdos de Paz se llegaron a algunos consensos que eran de malas propuestas y pésimas aceptaciones. El ejemplo más claro es la completa desarticulación de los cuerpos de seguridad existentes, que fue algo que salió del hígado de la guerrilla, sin valorar las consecuencias. Los cuerpos de seguridad en todo caso se debían de haber depurado, como la Fuerza Armada, pero nunca suprimido, porque con ellos se fue toda su experiencia. La Corte Suprema también tiene su cuota de responsabilidad, por no haber querido depurar a tanto juez pícaro y corrupto. Claro que hay jueces honorables, pero, ¿qué puede hacer un juez honorable cuando a las 2 de la mañana un marero le llama para amenazar de muerte a su hija si no pone libre a alguien a quien juzgará al día siguiente?

¿Algo más que a su juicio se hizo mal?
Pues ya que me pregunta, ¿cómo se les ocurrió crear una Policía Nacional Civil con cuota del 20% de exguerrilleros, otro 20% de exmilitares y el 60% de civiles? Todos sabíamos que ese 60% lo ocuparon casi en su totalidad los comandos urbanos, gente de la guerrilla. Eso fue como condenar a muerte a la Policía Nacional Civil antes incluso de su fundación. Todos esos elementos claro que contribuyeron a que la cosa no se pueda controlar.

Su partido, Arena, asignó cárceles enteras a las dos principales pandillas, y con ello se crearon y fortalecieron liderazgos.
Se hizo para evitar que se mataran entre ellos, pero, vistos los resultados, la realidad del caso es que sí pudo haberse manejado de otra manera.

¿Qué me dice de la Mano Dura y la Súper Mano Dura?
Esos planes fueron pura paja.

¿No vinieron a agravar la situación?
Sí, posiblemente, porque no se hizo lo necesario, ¿verdad? Dos años antes de que saliera del poder el presidente Saca, yo le presenté mi Plan Nacional de Recuperación de la Seguridad Ciudadana, y la actitud de él fue solo ojear el documento y decirme: mire, lléveselo al ministro de Seguridad. Y se lo llevé, pero tampoco pasó nada.

¿Fue un error apostar al manodurismo?
Yo creo que una cosa es la propaganda y otra cosa bien distinta son las acciones concretas. Las políticas de seguridad pública no tienen que ser de mano dura, sino de inteligencia, de raciocinio, de buena voluntad, de querer resolver este problema que afecta a la sociedad salvadoreña…

¿Faltó todo eso en los planes Mano Dura y Súper Mano Dura?
Claro que sí, claro que faltó… El manejo fue más propagandístico que otra cosa.

La tregua cumplió ya cinco meses. ¿Qué tanto tiempo ha ocupado en la agenda de Arena?
El problema de la inseguridad nos afecta a todos, y como partido político tenemos desde antes de la tregua una posición muy definida. Pero quiero que quede claro que la responsabilidad mayor en esto es del gobierno y del presidente de la República, no de uno u otro partido.

¿Pero ocupa la tregua mucho tiempo en las reuniones de la dirigencia de Arena?
El tema se ha tocado en varias oportunidades. Es más, hace más de un año se le presentó al señor presidente de la República un plan integral orientado a resolver este asunto. Por otra parte, yo también elaboré el plan que presenté al presidente Saca y ahora se lo ofrecí al presidente Funes, pero ni siquiera me ha invitado a exponérselo. Eso fue hace como un año y medio, y cuando se refirió a mi propuesta dijo que yo estaba proponiendo negociar con las maras. ¡Por Dios, y es lo que están haciendo ellos ahorita! Yo nunca propondría semejante cosa, porque no creo que sea el camino.

Desde afuera, parece que el tema no es prioridad para ninguno de los partidos más representativos.
Como partido nos tomamos mucho tiempo para elaborar un plan integral y presentárselo al señor presidente; tampoco vamos a estar insistiendo. Mejor trabajar para recuperar el Ejecutivo, y desde ahí resolverlo.

En los últimos meses parece que la agenda de los políticos la absorben el pleito en la Corte Suprema y la elección de sus candidatos presidenciales.
Esas cosas también son muy importantes.

El ministro Munguía Payés ha dicho que pidió de forma expresa a los partidos no politizar el tema de la tregua.
Por esa petición es por lo que nosotros públicamente casi no tocamos el tema, aunque eso no sirva de nada. ¿Estamos salvando a alguien la vida por no hablarlo? Pero repito: aquí no se trata de lo que hacemos los partidos de oposición, sino de lo que hacen las personas que están en el Ejecutivo. Es su responsabilidad. Nosotros ya nos cansamos de estar dando recomendaciones para resolver el problema de la inseguridad.

La figura de monseñor Colindres parece ser un freno para que desde algunos influyentes sectores de derecha se critique la tregua…
Yo a monseñor Colindres lo admiro, lo aprecio y creo que es un hombre valiosísimo, y espero que lo que está haciendo dé resultados positivos para la sociedad salvadoreña. Estoy seguro de que ha entrado con las mejores intenciones, pero sí creo que debería de hacer acopio de las otras ideas que han surgido. A nosotros, como Arena, no nos ha pedido que le expliquemos cuáles son nuestras propuestas, y a lo mejor de algo sirven. Tal vez lo que ha faltado de su parte es comunicarse con las personas que en algún momento tuvimos algo que ver con el tema de la seguridad pública.

¿Hay diferentes visiones sobre la tregua al interior del partido?
El pensamiento que une a todos los areneros es que no se ha hecho todo lo necesario para que esto se resuelva.

El gobierno ha manejado este proceso desde el inicio con un sospechoso distanciamiento y hermetismo. ¿Comparte esta afirmación?
Yo no creo, bajo ningún concepto, que dos personas particulares (monseñor Fabio Colindres y el exdiputado Raúl Mijango) puedan haber hecho todo lo que han hecho sin el aval del gobierno. ¡Imposible! Los traslados de los cabecillas no se hacen sin el aval.

¿Los salvadoreños sabemos toda la verdad sobre el proceso?
No, sigue habiendo una nebulosa grande y oscura. Ni siquiera sabemos con claridad por qué inició esto.

Gobierno y pandillas niegan que se trate de una negociación. ¿Usted qué opina?
Que estas cosas no se dan automáticamente. Tiene que haber habido un mecanismo previo en el que se establecieron ciertas condiciones para el inicio de la tregua, como el traslado de los reos desde el penal de Zacatecoluca. ¿Nos quieren hacer creer que los arquitectos de todo esto son un sacerdote -por mucho respeto que se merezca y por muy buena intención que tenga- y otro señor?

Las pandillas piden ahora una mesa negociadora con el Estado. ¿Arena se opondría a un escenario así?
Nuestra Constitución establece que las personas que están condenadas pierden sus derechos de ciudadanos. ¿Cómo un Estado va a negociar con personas que tienen suspendidos sus derechos constitucionales?

No pretendo comparar ambos fenómenos, pero a finales de los ochenta los guerrilleros eran criminales para el Estado, y se negoció. ¿No puede ser contraproducente cerrar por completo esa vía?
Sí, puede ser contraproducente, pero lo que teníamos en El Salvador en los ochenta era un problema de carácter político, que terminó convertido en una guerra civil. En aquella ocasión sí hubo que sentarse para llegar a un acuerdo. Pero aquellas pláticas con la guerrilla no fueron algo secreto, en términos generales eran del conocimiento de la población. ¿Por qué ahora se está manejando de manera oculta?

Suena a paradoja que, en teoría, nadie del gobierno se haya sentado con los pandilleros, pero sí lo haya hecho el secretario general de la OEA.
Claro que es una paradoja. Bueno, a mí del señor secretario de la OEA no me extraña nada, pero soy del pensamiento de que al toro hay que agarrarlo por los cuernos. Si el gobierno está seguro de que este proceso es para solucionar el problema de inseguridad, no debería ocultarse detrás de los facilitadores.

¿La sociedad salvadoreña está preparada para aceptar la posibilidad de una negociación con pandilleros? Por años nos vendieron que eran monstruos…
Lógicamente, no parece lo mejor idea sentarse a negociar con personas encarceladas, pero en El Salvador no hay quien no quisiera que esta situación se solucione…

¿Qué gobierno va a atreverse a negociar con pandilleros si la opinión pública está en contra?
Eso se puede resolver, aunque habría que evitar que se lastimen los sentimientos del sector de la sociedad que ha sido agredido por esta gente. Hay que trabajar por la reinserción de los pandilleros, pero siempre teniendo en cuenta los sentimientos de una persona a la que siete pandilleros le violaron a su hija, y la niña quedó embarazada, por ejemplo.

Las cifras oficiales dicen que los homicidios han bajado de 14 diarios a seis, un descenso abrupto y sin precedentes. ¿Cómo se explica tanto escepticismo?
La gente no son plátanos ni guineos. ¿Cómo alguien puede decir que estamos muy bien porque solo mataron a seis? ¡Por Dios! Eso no se tiene que manejar de esa manera.

Pero los seis muertos de ahora ocupan más espacio en los diarios que los 14 de antes…
Más los desaparecidos, no los olvide. Mire, yo lo que creo es que la solución al problema de la violencia tiene que ser integral, que involucre a la Policía, a la Fiscalía, a los jueces y a los demás actores. Y todo eso está contemplado en nuestros planes.

El presidente Funes anunció que promovería un acuerdo nacional por la seguridad y el empleo, e invitó a los partidos hace más de cuatro meses. ¿Qué ha sabido Arena de esa iniciativa?
Nada, no ha habido más reuniones.

¿Cree que el proceso que se inició el 8 de marzo podría consolidarse en algo más permanente o tiene fecha de caducidad?
Ojalá me equivoque, pero yo insisto en que no va a servir de mucho, porque no se puede confiar la solución del problema al mismo generador del problema. El plan, si es que existe algún plan, no está concebido para resolver esta problemática, y creo que todo esto está pasando por la falta de capacidad de las autoridades.

Si la tregua se abortara y regresáramos a los 14 asesinatos diarios, ¿qué nos quedaría por ensayar?
Esa respuesta es fácil: que Arena gane en 2014 y regrese al Ejecutivo para resolver el problema.