Publicidad

Artistas reciben tres promesas presidenciales con el Premio Nacional de Cultura

Con una medalla de oro, un pergamino y tres promesas presidenciales, el Estado salvadoreño coronó ayer la prolífica trayectoria teatral de Roberto Salomón como actor, director y gestor cultural. Fue además, el primer careo del presidente Salvador Sánchez Cerén con la comunidad artística después de haber asumido el cargo.

María Luz Nóchez

 
 

Este martes 4 de noviembre, el director de teatro Roberto Salomón recibió de manos del presidente el Premio Nacional de Cultura. Además de cumplir con su deber de entregar el galardón, esta era la primera vez que Salvador Sánchez Cerén se enfrentaba a parte de la comunidad artística desde la campaña electoral, y la aprovechó para reiterar los compromisos con este sector.

El presidente Sánchez Cerén y Roberto Salomón posan con el pergamino que lo inviste como Premio Nacional de Cultura 2014.
 
El presidente Sánchez Cerén y Roberto Salomón posan con el pergamino que lo inviste como Premio Nacional de Cultura 2014.

En su discurso, el mandatario se lanzó con tres promesas: La primera, conseguir la aprobación de la Ley de Arte y Cultura, anteproyecto que está en la Asamblea Legislativa desde noviembre 2012, necesaria, según dijo, para dar reconocimiento y lugar a los artistas en El Salvador. El documento en estudio es el formulado por la Secretaría de Cultura de la Secretaría del FMLN, la Secretaría de Cultura de la Secretaría de la Presidencia de Mauricio Funes desistió de presentar su propuesta, aunque pagó una consultoría por hacerla. De hecho, la mañana de ese martes, un grupo de intelectuales y artistas se plantaron frente al Hotel Hilton para pedir la pronta aprobación de la ley a los miembros de la Comisión de cultura y educación de la Asamblea, quienes se habían dado cita en este lugar para discutirla.

La segunda promesa fue la creación de un Sistema de protección social para artistas, reivindicando así “la figura y el trabajo que muchos artistas salvadoreños realizan en total desamparo”. La meta, dijo, y con esto cerraba su tanda de promesas, es la creación del Ministerio de Cultura, moción que ya fue aprobada en Consejo de ministros y que daría autonomía, desde 2015, a la actual Secretaría de cultura. Sobre la elevación de la institución a ministerio hay preocupación entre el gremio, ya que les preocupa que no tenga los fondos suficientes para su funcionamiento y que el cambio se reduzca a cambiar solo de nombre.

Por su parte, el secretario de cultura Ramón Rivas dijo que la institución que él dirige haría realidad el sueño de Salomón de hacer que el teatro sea de todos y para todos, y que para ello se impulsarían políticas públicas que tendrían repercusión en las casas de la cultura y en la formación en artes. Salomón ha sido enfático en distintas ocasiones al decir que la educación artística es fundamental para una sociedad y no necesariamente para formar artistas, sino personas que sepan apreciar el arte. Y así lo repitió la tarde del martes 4 de noviembre: “No podemos seguir concibiendo la educación artística como una materia opcional del currículo. [...] La enseñanza artística no pretende formar artistas, pero sí forjar ciudadanos que, en cualquier profesión que desempeñen, sean más creativos, imaginativos, inteligentes, sensibles, éticos y solidarios”.

Roberto Salomón se convirtió ayer en el primer hombre en ser reconocido en la rama de teatro con el máximo galardón que el Estado entrega a un artista. El premio, que consiste en un aporte económico de 5 mil dólares, será donado por el artista a emergentes compañías de teatro como capital semilla para su desarrollo. Este "paladín de las artes escénicas", como lo calificó el presidente de la república, ha procurado carcajadas, reflexiones, lágrimas y críticas en distintos escenarios de El Salvador, América y Europa.

Durante 15 minutos, el homenajeado repartió agradecimientos entre los que hicieron posible que una vida dedicada al teatro rindiera los frutos por los que estaba siendo premiado, desde Walter Béneke, a quien atribuye como portador de la gallardía para enfrentar a su padre y quien lo apadrinó para echar a andar la escuela de teatro en el Bachillerato en artes, hasta Ricardo y Fernando Poma, quienes desde 2003 le confiaron la dirección artística del Teatro Luis Poma. No dejó, sin embargo, de poner los puntos sobre las íes respecto al estado de las cosas para los artistas y su formación: “En los últimos 40 años, el arte se ha ido democratizando en nuestro país. Hoy por hoy, cualquier persona puede permitirse soñar con ser artista y probar suerte en este oficio tan noble e ingrato que hemos escogido. [...] Noble, pues somos nosotros los capaces de representar los sueños, anhelos, miedos y aspiraciones de nuestros semejantes; ingrato, porque la precariedad es el precio que nos hace pagar la sociedad por tener el empleo más bello del mundo”.

Por tercer año consecutivo, en la ceremonia se presentó una retrospectiva en video de la vida y obra del galarnodano, así como la impresión de un cuadernillo que resume grosso modo la historia del artista. A este acto le seguirá un concierto de la Orquesta Sinfónica de El Salvador en el Teatro Nacional en honor al laureado. Estas actividades son herencia de la gestión anterior y que ha decidido mantenerse. Se dispuso, en cambio, revertir el insólito decreto ejecutivo que el año pasado modificó el reglamento del premio para que el fallo de quién lo recibiría viniera del presidente de turno.


Publicidad
Publicidad

 CERRAR
Publicidad