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“Carne nunca comemos. ¡Es carísima!”

Francisco sueña con llevar a sus hijos a conocer un barco, al puerto de Acajutla. Pero ese viaje, a 45 minutos en vehículo, le complicaría las cuentas en su hogar, que se mantiene con lo que él gana en las cortas de café y caña de azúcar, un promedio de $116 mensuales. A diferencia de un trabajador de la ciudad, el acceso a la tierra en en el campo compensan con frutas y hojas para variar la dieta de los pobres. 

ElFaro.net / Publicado el 10 de Julio de 2016

Francisco Arévalo tiene 49 años y trabaja en las cortas de café y de caña de azúcar de noviembre a abril. Gana el salario mínimo -$58 líquido cada catorcena- con el que deben sobrevivir su esposa, sus cinco hijos y el tío de su esposa, un anciano de 90 años. Durante el resto del año, cultiva su propia milpa para que los alimentos no falten en el hogar, aprovecha los árboles frutales del terreno donde vive y los pollos que cría para que pongan huevos. Sueña con tener un mejor salario, porque le permitiría cumplir los sueños de sus hijos de acabar bachillerato y de algún día trabajar en un barco. Para los trabajadores en el campo, el Consejo del Salario Mínimo discute un aumento escalonado en tres años, cuya diferencia con el salario mínimo actual es de apenas $20. De $129 que es actualmente, el salario incrementaría a $135.45 al mes, el segundo año a $142.22 y el tercer año a $149.39.

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Soy Francisco y tengo 49 años. Trabajo en las cortas de café y gano $58 a la catorcena. Con este salario mantengo a 7 personas. Uso $35 para la alimentación de mi familia y los $23 restantes los ocupo para pagar los recibos de agua y de luz. No compramos maíz ni frijoles, porque tenemos milpa. En promedio compramos  arroz, azúcar y aceite.  Vivimos en lipidia porque lo que compro no alcanza para la catorcena. Hacemos milagros. Sobrevivimos, pero a pausas.

Yo trabajo de noviembre a abril en las cortas de café y de caña de azúcar. El resto del año gracias a Dios que a mí me da la oportunidad de cultivar maíz y frijol en mi milpa. Cuando no hay disponibilidad en los bolsillos nos mantenemos de eso. Trato de complementar con lo más básico. 

Cuando viene otra vez la época que me dan trabajo, estoy endeudado, porque cuando no hay cortas hago un crédito para sacar la cosecha de mi milpa y le digo a los de las tiendas: ¿cree que le puedo pagar cuando me den trabajo? Vivo de eso. Sirve para la comida. 

La milpa  me permite cosechar 18 quintales de maíz y 8 quintales de frijol. Casi todo va para el consumo. Queda margen mínimo y sirve para pagar los gastos. Gastamos en abono $172 al año y con ese dinero compramos 4 sacos de sulfato y 4 de fórmula. El veneno para el maíz cuesta $35 y el del frijol $17.50. En las semillas no gastamos, porque el gobierno las regala. La cosecha tratamos de recogerla con mi esposa y con mis hijos. (También) pedimos ayuda a 5 personas y en dos días les pagamos $50 para que nos lleven los sacos a la casa.  Guardamos el maíz y los frijoles en unos silos. 

Como nosotros cultivamos en nuestra milpa de mayo o junio, la cosecha la sacamos hasta noviembre. Sacamos una sola cosecha de maíz. Es entre 18 y 20 quintales. De frijol saco un promedio de 8 quintales. Eso me tiene que servir para todo el año. Algunas veces no nos ajusta hasta que salga la otra cosecha, pero otras veces nos queda un mínimo. De agosto a octubre, por lo general, ya no tenemos frijoles y maíz. Cuando eso llega le pido a la señora de la tienda que me permita pagarle hasta cuando ya esté la cosecha.

Cuando sacamos la cosecha, vendo parte del producto para poder cubrir esos gastos. El precio depende de la época. De nada sirve producir bastante, si el precio no nos es rentable. Como está ahorita, cuesta $80 el saco de frijol. A ese precio lo vendo. Ha habido veces que sacamos la cosecha y está a $40 el saco. Está por mitad. Tenemos que doblegar la cantidad para poder cubrir los costos. Nos obliga a vender lo que nos ajusta para la comida para poder cubrir ese costo. Son $172 al año lo que debemos pagar y fue lo que usamos para comprar abono, veneno y para transportar el maíz y los frijoles del terreno donde lo cultivamos hasta la casa. Obligadamente la cosecha se paga sola. Si no vendiéramos, nos ajustara para el periodo, pero se vende para poder pagar el crédito.

Alimentación

Blanca Estepas, de 48 años, es la esposa de Francisco. Más que una esposa cumple el rol de administradora del dinero que su esposo obtiene de la corta de café y de caña de azúcar. Solo ella sabe cómo $35 pueden ajustar para que una familia de 7 miembros coma durante una catorcena, y para gastar en otros productos necesarios para el hogar. Solo ella sabe cómo con $23 restantes se logra salir con los gastos de agua y luz, entre otros.  

Me llamo  Blanca Estepas y tengo 48 años. Mi esposo se llama Francisco y cuando puede trabaja y cuando no puede, no. Al mes me da $35, que tengo que ver que alcance para la comida y $23 para otros gastos. Con los $35 compro 10 libras azúcar, 10 libras de arroz y dos botellas y media de aceite (750 ml). Compro un paquete de macarrones que incluye 4 bolsitas. Cuando podemos, vamos a la tienda y cuando no, no vamos. 

Compro 5 libras de sal y una libra de consomé que vale $1.25. Compro dos fardos que traen tres pelotas de jabón, una bolsa que trae 12 bolsitas de lejía y una bolsa de Rinso (detergente) de 2.5 libras. Compro tres coras ($0.75) de cal. 

Compramos una cora de fósforos al mes. Cuando alguien sale de acá, mando a traer una cora de fósforos. Compramos una cajetila al mes. Cocino con leña. Para no malgastar y ahorrar los fósforos, mantenemos siempre algún tizón encendido.

Para todo cocinamos con leña. Teníamos subsidio, pero la cocina se nos arruinó. No tenemos refrigeradora. La luz la usamos para una radio chiquita que tengo, los focos y la televisión.

Con los $23, pagamos el agua y la luz. A veces nos quedamos cortos de algún lado, por cubrir los gastos de otro. Nos sale $4 de agua y de luz a veces $5. El resto lo usamos para otros gastos como ir a moler masa al molino, comprar leña y concentrado para los pollos. Para comprar alguna pastilla para el dolor de cabeza, solo que uno vaya de casualidad o a veces a alguien le toca el corazón Dios y ahí trae una pastillita. Si no toca ir a la tienda a pedir al crédito.

Consumimos 5 pantes de leña en el año y cada pante vale $15. El pante se conforma por cuatro varas. Aprovechamos la época de recolección de leña que se da entre enero y marzo. A veces ajusta hasta finales de año, para diciembre. Cuesta $15 la mano de obra y el transporte de la leña hasta la casa. En total son $75. Se trata de remediar con lo mismo que obtenemos acá.

Guardo dinero para la masa. Gasto $5 a la quincena en el molino. El maíz se cultiva acá. De la masa que muelo en un día sale un rimero de treinta tortillas grandes. Voy todos los días. Trato de gastar una cora diaria en el molino pero cuando está cerrado uno de los molinos, me toca ir al otro que cobra $0.40.

Para variar la comida, tenemos cuatro gallinas. Cada una pone 15 huevos al mes. 50 huevos los comemos y dejamos 10 huevos para que nazcan pollitos. Gastamos $3.50 en el concentrado de los pollos y les damos un mes. De ahí les damos maíz y si en enero nacieron, ya en mayo los comemos. Comemos un pollito al mes.

Incluimos frutas. Tenemos árboles en nuestro terreno. Hay un árbol de naranja, un palo de aguacate, de mangos, de marañones japoneses, limones y de nísperos. Tenemos matas de plátanos y en la época comemos flores de izote. Eso complementa nuestra alimentación y hace que varíe nuestra dieta.

La mata de plátanos da una vez al año. Depende de la época que siembre así produce. Algunas veces los vendemos los plátanos. Si uno considera que es más importante la moneda en un momento, lo vendemos. 

Carne nunca comemos. ¡Es carísimo! No hay para ello. En el caso de la leche es casualidad que mandemos a comprar, al mes, dos botellas de leche de vaca. La leche la mezclamos con el café para que abunde. La botellita cuesta dos coras y es de 700 ml. Es igual que la medida de la botella de aceite. 

Cuando hacemos sopa, solo le ponemos mora. Si es de verdura, las compramos. Compramos tomates y güisquiles. En la catorcena compro un dólar de tomates y uno de güisquiles. Cuando pasa el del camión da 10 o 15 tomates por el dólar y cuando está muy barato dan 30 por el dólar.  Hacemos el esfuerzo por sembrar tomates y chiles dulces para el consumo, porque ya eso me lo ahorro yo.

Como el agua solo nos cae cada quince días, toca comprar cinco barrilada de agua. 

Cuando llueve trato de recoger agua. En el verano lo que hago es que la agüita de la ropa que voy a tender la recojo en un guacal para que la agüita clara la pueda ocupar para hacer limpieza o para restregar ropa. Guardo el agua con jabón para lavar más ropa y para ir restregando lo demás. 

Francisco Arévalo saca una silla para sentarse un momento afuera de su casa en el municipio de San Isidro, Izalco. Foto : Fred Ramos
 
Francisco Arévalo saca una silla para sentarse un momento afuera de su casa en el municipio de San Isidro, Izalco. Foto : Fred Ramos

Los estudios de los hijos

Francisco dice que los $58 de cada quincena le deben alcanzar para que sus hijos vayan a la escuela y para gastos que necesitan en sus tareas. Aparta de los $23 que le da a su esposa algunas monedas para darles al menos una cora ($0.25) a sus hijos. No siempre logra hacerlo, pero trata de ahorrar y sueña con que al menos uno de sus hijos pueda algún día acabar el bachillerato y salir de la pobreza.

De este salario aporto para que mis hijos estudien. Es cierto que el gobierno nos da la ayuda con zapatos, uniformes y libretas, pero los útiles no alcanzan hasta el final del año. En la escuela nunca ha venido el vaso de leche. Llega la alimentación, pero solo mandan arroz. Siempre tenemos que complementar. Mis hijos me dicen: "papá necesitamos tal cosa". Me toca darles dinero, aunque con este salario no siempre puedo.

Tengo dos hijos que dejaron de estudiar. Sacaron hasta noveno grado, porque para el bachillerato ya no pude.

El año pasado me avoqué al alcalde y le pregunté si a través de ellos me podían ayudar para que mi hijo salga adelante. Le pedí ayuda para que mi hijo sacara el bachillerato. Me dijo el alcalde que el gobierno no les permite eso. El gobierno dice que está para ayudar y para sacarnos de la pobreza, pero no da la oportunidad a que jóvenes de escasos recursos salgan de la pobreza. La ayuda solo llega a la ciudad. ¿Pero de qué manera me ayuda el gobierno? El uniforme, los zapatos y un par de libretas, pero para llegar al bachillerato…

La escuela de la comunidad que tenemos cerca de la casa solo tiene hasta sexto grado. Para cursar séptimo, octavo y noveno hay que caminar hacia otro cantón que queda a diez minutos de la casa. Tengo cinco hijos. Noé tiene 9 años y va a primer grado, Carlos, 11 y va a tercero, Moisés, 15 y ya va a noveno. Alexis tiene 17 y hoy comenzó a trabajar en las cortas. Elsy tiene 20.

El año pasado mandé a Alexis al bachillerato solamente a él. Mi hija mayor ya no fue. Se quedó hasta noveno grado porque realmente no alcanza el dinero. Necesitamos en promedio $3 diarios incluyendo un tiempo de comida para que bajen del cantón hasta San Isidro (Sonsonate) a estudiar bachillerato. Si le sumo que son 30 días de clases… Son $15 a la semana y $30 en la catorcena. Necesito mejores ingresos. 

Cuando los jóvenes llegan al instituto, los profesores los reprimen y les dicen "bueno, a vos hasta primer grado te enseñaron allá arriba". A veces me he peleado con los profesores. El gobierno dice que hay que sacar a los jóvenes de la pobreza, pero... ¿de qué manera si no les dan las herramientas? 

Mi hijo estudiaba técnico en informática. Era bien difícil. Algunas veces venía él y me decía: “fíjese que para mañana me han pedido que llevemos una cierta cantidad de fondos, porque vamos a comprar algún implemento que me han pedido", O me decía: "tengo que  sacar copias del ciber”.  Una vez cedimos $8… en el día. Por eso, él no todos los días llevaba para gastos, porque a veces en un solo día consumía lo de la semana. Él tenía que bajar a la escuela y sin comer nada. 

Había días en los que no le daba nada. Le decía: "mire hijo lleve su comida en esta almuercera, su mamá ya se la preparó llévela, porque no tiene oportunidad usted". Para bajar hasta allá, el pick up cobra $0.35 y había veces en que a él le tocaba irse a pie al Instituto. Caminaba media hora. Mi sueldo no me alcanza. 

El muchacho se deprime, y dice "mi papá no me da para ir a clases, no como bien, allá el profesor me exige y  a mí me da sueño". Todo eso siento yo que debería mejorar. 

Oportunidades de esparcimiento realmente no hay. 

Tengo dos hijos que son curiosos: Noé y Carlitos. Ellos tienen la curiosidad por ir a conocer cómo es un barco por dentro. Le digo: hijo es algo que no se lo puedo permitir. No tengo dinero. La ley no le permite a menos que el centro escolar le permita llevarlo. Me gustaría que a estos pequeños les dieran la oportunidad, porque aquí no conocen qué es un barco. Ni siquiera lo han visto de cerca y tampoco por dentro.

Yo le planteaba a los de una organización que vienen a ayudar a la escuela, ¿de qué manera me le da la oportunidad a mis hijos para que despierten esa mentalidad? No sabemos si en un futuro puedan tener una opción y puedan trabajar en una empresa de esas. 

Ellos tienen la curiosidad, pero si no se le permite y si el gobierno no les da esa oportunidad ni siquiera de ir a conocer… Mis hijos se han dado cuenta por la televisión de que cada año viene un barco. Es como una biblioteca. Ellos lo estuvieron viendo anteriormente y ellos me dijeron: ¿cree que podemos ir ahí?...

Sueño con llevar a mis hijos a conocer ese barco, que vean la biblioteca y vayan ellos a conocer cómo es un barco por dentro. Ellos me preguntan y cómo son. ¿Cómo es estar ahí adentro? ¿Cómo se siente ahí? ¿Pero quién me puede permitir eso? Mi salario no me lo permite.

Yo me siento corto de palabras con mis hijos en ese aspecto. ¿Qué les puedo decir yo? Rotundamente no. Aunque tengan la idea, aunque manejen en su mente cosas buenas, pero yo no se los puedo dar. Me gustaría hacer realidad ese sueño de mis hijos. 

La familia de Francisco vive en un cantón de Sonsonate que queda a 43.6 km del puerto Acajutla, es decir, 41 minutos en bus separan a sus hijos del mar y del buque Logos II que sueñan con conocer, un barco con biblioteca que atraca en Acajutla cada cierto tiempo. Debe tomar dos pick up y dos buses para llegar hasta el puerto solo para ver el mar: son $5 ida y regreso por persona. Pero su salario es un obstáculo lo suficientemente grande para que sea imposible dar ese pequeño salto.

Cuando las emergencias llegan

Blanca cuenta que no pueden llevar a sus hijos a pasear y que procuran que los niños no jueguen lejos. Aprovechan el terreno de la casa para el ocio.

Mis hijos no tienen posibilidades de recrearse ni tampoco tenemos posibilidades de llevarlos a pasear. Van de la escuela a la casa. Su recreación es ir a estudiar. Por acá hay una cancha de futbol, pero preferimos no dejarlos ir. Preferimos que jueguen acá en el espacio que hay en el terreno de la casa. 

Mis hijos comen churros de la tienda, pero es escaso. Mi esposo les da una cora diaria a los niños pequeños, ya de ahí ven si compran. El que va a noveno grado le da dos coras. Casi no les compramos ropa. Les compramos una vez al año sus dos camisitas y así pasan los niños.

En diciembre, vendemos un quintal de maíz de lo que cosechamos en la milpa. En esa época el precio anda por los $40. Con eso, obtenemos dinero para ir a algún almacén de ropa usada y esos son los estrenos de nuestros hijos. 

Cuatro días a la semana vamos en la tarde a una iglesia evangélica. Nos queda cerca. Mi esposo da diezmo. Si gana $58 le toca dar $5.80. 

Tenemos un celular en la casa. No recuerdo cuando fue que le pusimos saldo. Cuando le mandan a uno un mensaje de que van a suspender la línea, le vamos a poner una tarjeta de dos coras. Lo tenemos para emergencias como cuando mi esposo se accidentó una vez que estaba trabajando en la ciudad.

Francisco interviene y nos cuenta que hace tres años tuvo un accidente que lo dejó 12 meses incapacitado. Dice que gracias a la ayuda de hermanos y amigos logró aguantar ese periodo. 

Yo andaba en San Salvador. Estaba pintando una pared y la escalera de ocho metros se resbaló. Quedé inconsciente. La Cruz Roja me llevó al hospital. Me fracturé la espalda. Me dejaron que comprar un corset que costó $250. El dueño de la casa donde estaba pintando lo pagó. Mi hermano, que no vive conmigo, me ayudó cuando no podía trabajar con gastos de comida y así fui solventando.

Tomó un año para que me recuperara. Puedo realizar actividades, pero que no hay que esforzarse mucho. Todavía me provoca dolor. Para diciembre de este año, voy para tres años de que me pasó. 

Para trasladarme de San Salvador a mi casa, pedimos un transporte al crédito. Tocó pagar $80. Mis familiares me ayudaron a pagarlo. Eso cobran los transportes por emergencias. Si quiero ir a Sonsonate, cobran $40 por llevarlo a uno.

Cuando nos enfermamos vamos a la unidad de salud que está aquí nomás, a cinco minutos. El martes y el miércoles mandan a un estudiante que está haciendo su año social. Le decimos que somos sus conejillos de indias, porque se está terminando de graduar con nosotros. Para emergencias, nos toca ir lejos. 

Mi hijo más pequeño hace un mes estaba saltando sobre unas bolsas de frijol y se cholló. Se quebró el brazo, esto de aquí –señala el antebrazo- se le quebró. Tuve que salir inmediatamente con él para el hospital, a pie, porque no tenía para el transporte.

Cuando no se tienen muchas monedas, uno tiene que ponerse a los hijos pequeños a la espalda y salir corriendo. Caminé media hora hasta San Isidro y ahí agarré un pick up hasta el desvío de Armenia. Ahí agarré un bus para Sonsonate y luego un microbus para el hospital. Me tocó pagar $2.20. Me tardé una hora en llegar.

Solo le pusimos un cartón maneado con un pañalito en el brazo al niño. Le dimos unas pastillas para que no le doliera. Llegamos a las 4 pm al hospital y nos atendieron al siguiente día hasta las 7 am. El brazo le quedó un poquito pando a mi hijo.  

Es un milagro que sobrevivamos.

Hace un año fui al doctor en Santa Ana. A mí me recomendó una dieta balanceada. Me dijo que comiera manzanas y un montón de lácteos. Yo le dije: “fíjese de que yo no tengo la oportunidad de eso”.  "¡Ah! -me dijo el doctor -,“y vos ¿cuánto ganás?” Gano $53 cuando trabajo y con ese dinero sobreviven siete personas, le dije. El doctor me dice: “¿Ah? -bien sorprendido-, "yo con una salidita a almorzar, $50 bien que los consumo”, me dijo.

Para ganar ingresos extras, tenemos un tunco. Come variado: come monte y le damos maíz. Lo compramos bebé en diciembre y lo tenemos durante casi un año. Si tuviéramos que comprar el maíz que come, su alimentación nos costaría $0.30 diarios, porque come dos libras de maíz al día. Le damos de lo que cosechamos en la milpa (a los 350 días ha gastado en él $105 en maíz). En diciembre, lo vendemos. Si está bien gordo nos dan $110 y en el peor de los caso nos dan por él $90.

Con lo que me pagan por el tunquito, cubre parte de los costos de producción de la cosecha, de los abonos y de los venemos que uno usa.

¿Qué haría con el aumento de $20?

Como papá, a mí gustaría mejorar la alimentación de mis hijos. Yo compraría lácteos y algunos cereales para los niños. El Corn Flakes me gustaría comprarlo para la dieta de los niños.  Si yo le daba una cora a uno de mis hijos, me gustaría poder darle un dólar diario para ir a la escuela. O al menos dos coras. Por cada uno de mis dos hijos pequeños gastaría $5 por semana, el doble. Me gustaría tener una comida en familia especial. Al tener un poco de ingresos podríamos tener un almuerzo inesperado, un convivio de familia o comprarles por lo menos ropa, que sí se hacía una vez al año, ya podría optar por una oportunidad más para ellos.

Pero para tener mejores opciones para mis hijos, no me alcanza ese aumento. Yo tendría que estar ganando $125 dólares catorcenal ($67 más de lo que gana actualmente) para tener mejores opciones. Si $35 gasto en comida y lo demás lo tengo para otros gastos, ¿qué oportunidades les puedo dar? Con $125 catorcenal puedo alimentar mejor a mis hijos y darle otro poquito de oportunidades.