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“Nunca he sido el poeta que escribe en función de lo terrible del mundo”

¿Para qué sirve la poesía? Muchos la conciben como un conjunto de rimas para enamorar o enamorarse. Élmer Menjívar no; él cree que la poesía es una herramienta para sincerarse, para desnudar la intimidad, para plantearse el erotismo como reclamo de libertad. Pero advierte, eso sí, que esas emociones, aunque incluyan dejos de ficción, son las únicas que nadie puede comprobar.

ElFaro.net / Publicado el 18 de Junio de 2017

 Élmer Menjívar, periodista y poeta.
 
Élmer Menjívar, periodista y poeta.

Élmer Menjívar se siente poeta de nuevo. 14 años después de la publicación de su primer libro, reaparece en la escena literaria con los Poemas que no enamoran, una colección de poemas y otros textos que habla de amar con miedo, pero libre, desnudando la intimidad. Junto a su libro se presentó también como un hombre homosexual, aunque él cree que lo suyo no es activismo ni la literatura gay, sino amor al arte y la poesía como vehículos para usar el erotismo como bandera.

Ponerse la etiqueta de poeta se lo ha permitido su regreso al mundo editorial, aunque, confiesa, no siempre se ha sentido cómodo con ella. Desde la publicación de su primer libro, en 2003, Menjívar dejó en segundo plano la literatura para dedicarse al periodismo, la gestión cultural y las relaciones públicas. "Yo dejé de escribir compulsivamente como lo hacía cuando empecé a trabajar como periodista, y lo llegué a asumir como un cansancio técnico", dice. Ahora se ha vuelto a poner el sombrero para defender la poesía en la que cree, la que es "una forma de pelea, pero una mucho más particular, mucho más estética".

Para alguien que se toma la poesía muy en serio, es difícil comprender por qué hasta tener en pruebas de imprenta un libro no se consideraba un poeta. Y es que además de alejarse de la literatura para militar en otras de sus pasiones, siempre le ha parecido que la concepción de que quien escribe poesía lo hace por el simple motivo de conquistar habla de una sociedad que no comprende la poesía: "Claro que me gusta que la gente sepa que escribo y que es una de mis gracias con las que me enfrento al mundo y a la escena romántica y a lo que querrás, pero me la tomo en serio. Y a veces me da miedo precisamente por la concepción pueril que la gente tiene de la poesía, de: 'Ahhh, escribe poemas, qué sweet sos'".

Menjívar se vale de la inutilidad de la belleza planteada por Artistóteles para trasladarla a sus versos, que recorren los hechos no comprobables de la intimidad. Es por eso que considera que la poesía tiene dejos de ficción, ya que transmite emociones que él sintió o no, pero el lector sí, es una de las razones por las que "nadie puede decir que los hechos emocionales de la poesía son mentira".

Desde hace dos años, fundó junto a un grupo de amigos el Colectivo Normal, una plataforma cuyo activismo se ha focalizado en la búsqueda de que sea normal expresar las diferencias, para promover el desarrollo político y cultural, y conseguir equidad, inclusión e igualdad ante la ley para la comunidad LGBTI. Por entregado que esté a la causa, sin embargo, su poesía no es gay ni una apología en defensa de los derechos de la comunidad. Prefiere separar su lucha de lo que produce y aprovechar los reflectores que atrae para dirigir la discusión hacia el tema que defiende: legitimar la igualdad de derechos para el sector que representa: "Yo creo que uno trabaja mejor en lo que cree. Creo que en el arte tenés que ser honesto y uno reacciona, por lo menos en la poesía, más fuerte ante los hechos emocionales. Escribo por reacción, pero no porque mi consigna sea mantenerme denunciando constantemente algo, y no porque me niegue, es porque no me nace. Siento que no es honesto porque no soy yo, no me siento cómodo".

Menjívar concedió esta entrevista en donde se explora el erotismo como reclamo de libertad, la raíz de su sabático poético y sus razones para no etiquetar su poesía como gay: "Vos no comprás un libro de poemas porque querrás saber la vida de Élmer Menjívar, para eso platicá conmigo, y a ver si te cuento".

Quisiera comenzar por una de tus afirmaciones de la noche en la que presentaste tu libro. ¿Por qué hasta hace poco no te sentías cómodo llamándote poeta?
Para mí, poeta siempre fue asumir un compromiso que no sabía si estaba a la altura de asumir, partiendo del referente de los poetas que he admirado, que he seguido, que son mi escuela, de los que no me sentía digno de comparación al usar la palabra. Eso por un lado. Y, por otro, por la facilidad con la que la gente ocupa la palabra poeta o el desdén con el que a veces se usa. La poca seriedad con la que se aborda. Eran varias cosas. Y me llegué a sentir cómodo hasta que creí que estaba en la disposición de asumir el compromiso literario, artístico, a la hora de trabajar la poesía como creo que debe trabajarse. Sobre todo técnicamente, porque eso para mí era un gran reto.

¿Cómo debe de trabajarse la poesía?
Creo que la poesía es una forma de pelea, pero una mucho más particular, mucho más estética y que persigue, a veces, evadir esa realidad y, otras veces, mostrar otra manera de enfrentarlo. La poesía para mí es mucha técnica. Es 10 % inspiración de una idea que te viene, que la podés escribir, pero esa idea se transforma muchísimo. Las primeras versiones que escribí distan mucho de los poemas que están publicados. Algunos dirán que eran mejores, que lo primero que te sale es lo que hay que dejar y que es intocable y es sagrado. Yo no creo eso, creo que la poesía es técnica y trabajo. Es saber, conocer, estudiar, entender lo que uno está queriendo decir y entenderlo técnicamente también.

En tu caso, entonces, lo que sucedió es que de entre todo lo que tenías que hacer a diario, sentarte a escribir poemas era lo último en tu lista.
Había muchas cosas. Yo dejé de escribir compulsivamente como lo hacía cuando empecé a trabajar como periodista, y lo llegué a asumir como un cansancio técnico. Es decir, cuando estás todo el rato escribiendo, razonando para escribir, en el tiempo libre lo que menos hacés es escribir, así sea poesía. Porque es tu trabajo, asumís el acto mecánico de escribir pero también el ejercicio intelectual de escribir, que se parecen mucho. Me cansaba mucho mentalmente. No quería dedicar mi tiempo libre a seguir escribiendo. Era una serie de escrúpulos. En la medida que vas metiéndote en la realidad a través del periodismo, me resultaba un poco banal la escritura de poesía. En el sentido de que te das cuenta de un montón de situaciones gravísimas, y yo nunca he sido el poeta que escribe en función de lo terrible del mundo, de la denuncia. Incluso, en mi época más comprometida socialmente en cuanto a la literatura, nunca me fui por la denuncia así cruda. Siempre me fui por la denuncia íntima, a veces del erotismo como reclamo de libertad. Más que la represión económica, social o violenta, era la represión íntima, que me parece tan violenta como otras, pero con menos consecuencias noticiosas.

Decías que te parecía un poco banal escribir poemas desde la realidad que te presentaba el periodismo. Entonces, ¿para qué sirve lo que escribís?
Yo creo que no sirve para nada. La belleza, ya lo decía Aristóteles, es bella porque es inútil, porque si fuera útil ya tiene un sentido. La gente tiene razón cuando habla de la utilidad emocional de descarga, del placer de olvidarte de lo feo que hay en la humanidad, pero la poesía, en sí misma, no tiene una utilidad práctica. Era una destreza que uno mismo desarrolla por el placer de escribir, de producir poesía, de producir belleza, no porque eso solucionara un problema de nadie. Creo que fue crecimiento personal de ir entendiendo la realidad personal también de otra manera, sin los prejuicios que uno mismo se impone de la seriedad con la que nos solemos tomar los periodistas, con esa gravedad y esa contundencia trágica de vivir en un país como este, en donde ser periodista es ser el superhéroe amargado al que todo le parece terrible y feo, y solo queda pasar peleándose con el mundo.

¿En qué momento te ponés ya el sombrero de poeta?
Uno no es poeta todo el tiempo, y el que se puede poner el sombrero y andar con la camisa diciéndolo es porque tiene libros de poesía. Pero yo me siento poeta cuando termino un poema, cuando estoy convencido de que en ese poema hay poesía. Está en un texto, en un párrafo periodístico, en una prosa, en una novela; pero no siempre está presente la poesía. Y suena súper vanidoso, pero cuando yo creo que lo que escribo no lo escribí yo, porque me gusta, es cuando estoy convencido de que es bueno. Me suena un poco cursi decir que cada poema es un hijo y que por eso hay que quererlo, no es cierto. La experiencia paternal no es lo mío, pero creo que no, que a veces son hijos malcriados si se quiere y uno tiene que despreciarlos, abortarlos o comérselos, porque tienen que ser perfectos, que es lo que todos deberíamos poder hacer con nuestros hijos si no fuera ilegal, jajaja.

Mencionabas antes que, contrario a tus primeros poemas, la temática que abordan los Poemas que no enamoran es más bien de índole privada. ¿Por qué lo íntimo debe ventilarse en público?
Yo llegué a la conclusión de que las experiencias íntimas nunca son del todo íntimas, y nunca dejan de ser hechos sociales, pero nuestras experiencias íntimas se condicionan por el mundo en el que vivís. Desde la intimidad física hasta la intimidad emocional. Vos no tenés sexo en público. Un hombre no puede llevar de la mano a otro hombre o darle un beso, la sociedad tampoco te lo permite. Y también un hombre y una mujer no pueden hacer ciertas cosas, tienen que retirarse a un espacio, y eso está condicionado socialmente. Y no solo eso: expresar ideas, expresar cierto tipo de emociones... Hay muchos condicionantes. La forma en que nos queremos, odiamos, nos enamoramos, tiene mucho que ver con los condicionantes. Hay algo que estoy desarrollando desde hace tiempo, y es que la experiencia del amor está condicionada por tu contexto. Imaginate qué significa para un salvadoreño amar sin el miedo de que maten a la persona que amás, qué significa amar sin el miedo a que te maten mañana. Es decir, que tu acto de amor no se interrumpa por la violencia en la que vivimos. Es decir, vivir sin esas angustias te hace amar en paz o con más paz. Creo que esos actos aparentemente íntimos sí tienen mucho que ver con lo que está pasando a nuestro alrededor. Y a veces manifestar esos miedos o manifestar la imposibilidad de querer o de negarse a querer por el temor a perder es algo que condiciona mucho más de lo que estamos dispuestos a reconocer.

¿Dirías entonces que tu poesía sirve como válvula de escape para que la gente sepa cómo es amar sin miedos?
Mi poesía ama con miedos. Poemas que no enamoran es eso. Creo que una práctica muy común entre los poetas que escribimos libros es que no son poemas sueltos que se unen aleatoriamente, es que uno crea un personaje, que es el poeta que escribe esos libros. Aunque sea uno mismo, no es del todo uno. El poeta que está escribiendo ese libro adquiere una voz y transmite una experiencia muy específica, como un personaje de una novela, como el narrador de un cuento, que narra cosas que son hechos emocionales. Eso es algo que también creo, que la poesía es la única ficción que no es mentira, porque los hechos emocionales son incomprobables; vos no podés verificar que la emoción que expresa ese verso es cierta o es mentira. Es imposible. Puede ser ficción, pero si para alguien es realidad, para alguien que lo lee es su verdad, eso que siente no lo vas a negar, es verdad aunque el poeta se lo haya inventado. La literatura en general es así. La literatura que habla de la vida; la vida es la intimidad, lo que se piensa, lo que se siente, eso no lo podés verificar. Y la poesía hace eso. Nadie puede decir que los hechos emocionales de la poesía son mentira.

El día de la presentación, cuando alguien preguntó si existía un componente político en tu poesía, explicabas esto de amar sin miedos como un acto político. Sin embargo, tus Poemas que no enamoran transitan más por las emociones que por el activismo. Ahora que te reconocés como poeta, ¿pretendés sentar con tus letras una postura sobre la defensa de los derechos de la comunidad LGBTI?

Yo no creo en el arte como activismo. Creo que los artistas pueden ser activistas no desde su obra, sino aprovechando la atención que como personas provocan. Hay quien lo hace porque es la manera de su obra, y hay obra que a mí no me gusta cuando es deliberadamente activista. Yo no hago una obra activista. En todo caso, llego al activismo tratando de poner al servicio por una causa la atención que como periodista, escritor o actor cultural he recibido. Mi compromiso es seguir llamando la atención con mi obra, aunque no sea sobre la causa a la que estoy tratando de ayudar personalmente. Separo las dimensiones. Y para mí contar es un acto moral, porque uno elige qué contar, y dentro de todo lo que podés contar, puede ser muy egoísta contar algo que solo te afecte a vos y que solo entendás vos. Creo que el compromiso es escoger lo que querés hacerle sentir a la gente y que eso le ayude a la gente a entender algo. Y en el caso, si yo amo a un hombre lo expreso así, no voy a fingir. Si los protagonistas de mi historia son dos hombres, dos mujeres o un hombre y una mujer, expresarlo así para mí es importante, es ser honesto con lo que estoy escribiendo, y ahí se cuela por coincidencia el activismo. No es mi bandera. Hay quienes me lo han reclamado y me dicen que en mi poesía es bien difícil descifrar a quién le estoy hablando o con quién estoy estableciendo relaciones. Pero vos no comprás un libro de poemas porque querrás saber la vida de Élmer Menjívar, para eso platicá conmigo, y a ver si te cuento. Pero no es a través de mis libros donde vas a enterarte de mi vida.

De acuerdo, pero tomar postura desde tu poesía en el tema de la diversidad sexual y su situación en El Salvador igual podría servir para la causa. ¿Por qué preferís ocupar el reflector solo por la atención que recibís y no desde tu obra?
Creo que hay distintos tipos de autores o de creadores. Yo creo en que uno trabaja mejor en lo que cree. Creo que en el arte tenés que ser honesto y uno reacciona, por lo menos en la poesía, más fuerte ante los hechos emocionales. Sí he escrito cosas por indignación en otro tipo de poemas, y reacciono con indignación ante hechos de homofobia, tanto la cotidiana como la atroz que hemos visto en los últimos años. Y ante la pobreza y ante la violencia. Escribo por reacción, pero no porque mi consigna sea mantenerme denunciando constantemente algo, y no porque me niegue, es porque no me nace. Y cuando me he forzado, porque ya lo he hecho, siento que no es honesto porque no soy yo, no me siento cómodo. A lo mejor sea falta de madurez y en algún momento termine haciéndolo, pero en principio creo que hago suficientes cosas fuera de mi obra literaria que me manifiestan como activista o como un ser humano que reclama derechos iguales a los de los demás seres humanos. No considero que eso defina o no la obra. Y ese es un reclamo que mucha gente me hace, pero yo prefiero hablar de esto. Porque te aseguro que probablemente es mucha más gente la que me escucha hablar que la que lee mis libros. 

Tenés el ejemplo de Ricardo Lindo. Sus circunstancias no fueron las tuyas, claro, pero con Injurias marcó un precedente importante en la literatura. En tu caso, ¿es porque no querés etiquetar tu obra como literatura gay?
No es por eso, yo creo que vendería más. Con Ricardo Lindo es un caso bien particular porque Ricardo Lindo publica con los 50 años cumplidos y tantos Injurias, que es la primera vez que él manifiesta tan contundentemente esa situación, y no abiertamente. Si a ese poemario no le ponés que es literatura contra la homofobia, no cualquiera lo descifra. Y a lo mejor Ricardo en sus demás libros lo había hecho, pero nunca fue un activista. Tuvo su conflicto y creo que no quería ser un activista. Publicó Injurias y no se volvió a meter en el tema. Cuando como colectivo lo invitamos a participar al conversatorio para reivindicar a un escritor homosexual dentro de la sociedad salvadoreña, de su generación sobre todo, atendió contentísimo. No sé si en un acto de retomar un deje de activismo porque sabía de qué venía el asunto, pero él decía que eso lo había superado. De hecho, parafraseaba a Edith Piaf y decía ya olvidé, ya perdoné, ya pasó... y vivía en paz, que era importante para él. Y a Ricardo en ese conversatorio le reclamaban que no fuera activista. Y él decía a quien se lo reclamaba: "Si vos querés hacerlo, hacelo, estás joven, hacete artista, creá obra y usala para eso". Eso es una decisión de cada quien.

¿Cuál dirías que es tu virtud como poeta?
Me tomo en serio la poesía. No me presumo poeta, no regalo mis poemas. Yo le escribo a gente, pero nunca le he entregado un poema al destinatario, porque no me gusta eso. Y me lo tomo en serio porque siento que la poesía no se regala. La poesía al final la escribís por alguien, pero no es para nadie y sería bien egoísta decir que voy a usar esto para conquistar, para conmoverte... Claro que me gusta que la gente sepa que escribo y que es una de mis gracias con las que me enfrento al mundo y a la escena romántica y a lo que querrás, pero me la tomo en serio. Y a veces me da miedo precisamente por la concepción pueril que la gente tiene de la poesía, de: "Ahhh, escribe poemas, qué sweet sos".

Creo que justamente eso es parte del desdén con el que mencionabas que la gente se toma el término de poeta.
De hecho, esto me recuerda una discusión que termina en una anécdota simpática. En el momento en el que yo quise defender al exmagistrado presidente del Tribunal Supremo Electoral (Julio Olivo) diciendo que aparte de todo lo que le achacaban por ineptitud, de repente alguien descubrió, como que era un Wikileaks, que es poeta y era un agravante. Entonces se volvió que además de inepto como funcionario, como gestor de unas elecciones como esas, además era poeta. Como dice Roque Dalton, "con el agravante de ser poeta"; le ponían esa etiqueta para burlarse más. Era el meme. Y yo decía: ¿por qué ese era el agravante? Independientemente de eso, él tiene sus virtudes y defectos, pero ha sido por eso, porque creo que estamos en una sociedad que no entiende qué es la poesía. Los poetas al final somos pasajeros y estamos sometidos al juicio de la sociedad, pero la poesía no la entiende, a pesar de que la ha sufrido fuertemente en figuras que son poemas en vida, Roque Dalton, Escobar Velado, el mismo Ricardo Lindo, que en un país tan pequeño como este, son nombres que resuenan mucho. Creo que con Roque Dalton pasa lo que sucede con El Quijote, que todo mundo sabe que es la gran obra, pero es mínimamente quien lo ha leído más allá del Poema de amor o el verso de "Hace frío sin ti, pero se vive".

Y vos, dentro de este grupo de poetas pasajeros, ¿te catalogarías como un icono o un soldado raso de la poesía?
Yo me siento que estoy empezando a escribir, y estoy consciente de que llamo más la atención, precisamente porque la que atraje más como periodista que como poeta. Hace más de diez años que no publico, y no es una dimensión que esté publicando constantemente. Alguna gente lo sabe y era muy curioso, porque al menos un tercio de la gente que estuvo en la presentación del Poma estuvo en 2005, un grupo de gente que ha estado ahí. Y eventualmente internet. Los blogs tienen de pronto más público del que uno cree. Las redes sociales y de la publicidad que te permiten las redes sociales también te mantiene vigente. Y de hace un año para acá he tratado de ser más literario a la hora de publicar.


 El cansancio técnico de escribir para informar desde el periodismo fue uno de los principales motivos por los que Menjívar dejó de lado la poesía.
 
El cansancio técnico de escribir para informar desde el periodismo fue uno de los principales motivos por los que Menjívar dejó de lado la poesía.