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Significados que nos sorprenden

En esta nueva entrega de los Diálogos gramaticales, Ana María y Francisco ponen en discusión el uso de palabras y expresiones del castellano que cambian de significado en función del país o de la región en los que se utilizan. La plática arranca con el verbo "traer", pero aborda también otras palabras, como "ahorita", "colocho" o "sopapo".

ElFaro.net / Publicado el 31 de Julio de 2017

La lingüista Ana María Nafría y el lexicógrafo Francisco Domínguez conversan en uno de los jardines de La Casa de Las Academias. Foto: Fred Ramos
 
La lingüista Ana María Nafría y el lexicógrafo Francisco Domínguez conversan en uno de los jardines de La Casa de Las Academias. Foto: Fred Ramos

Francisco: Hoy no puedo quedarme a preparar este diálogo porque tengo que ir a traer a mi papá para llevarlo al médico.

Ana María: Y si quieres llevarlo al médico, ¿para qué lo vas a traer aquí?

F: No lo voy a traer aquí, lo voy a traer a su casa.

AM: ¿A mi casa?

F: No, a su casa de usted no, a la de él.

AM: Entonces, lo vas a ir a buscar.

F: No, no lo tengo que buscar porque ya sé dónde está. Lo que quiero es ir a dejarlo al médico, pero antes tengo que ir a traerlo.

AM:  ¡Cuántas vueltas! Sigo sin entender por qué primero vas a la casa de tu papá, lo subes a tu carro, lo traes para acá y, a continuación, lo llevas al médico. ¿Por qué no lo llevas directamente al médico?

F: Me está mareando usted.

AM: Estoy bromeando. Ya entendí que estás utilizando el verbo “traer” con el significado de “recoger a alguien”. Parecemos aquellos dos cómicos que hacían un diálogo a propósito del nombre de su perro llamado Quien:

Hola, ¿cómo se llama tu perro?
Quien.
Tu perro, que cómo se llama.
Se llama Quien.
—Ya te dije, pregunto por tu perro.
—Está bien, gracias…

F: Claro. Es que a veces se me olvida que usted es española y que hay frases o construcciones que solo un salvadoreño entiende, porque muchas palabras tienen significados diferentes según la región en la que se utilicen.

AM: Sí, y además, en ocasiones los significados de una misma palabra son opuestos; por ejemplo, en este caso, “traer”.

F: ¿Y habrá otras palabras, así como “traer”, que en regiones diferentes tengan significados opuestos?

AM: Por supuesto. Yo mencionaría “hoy” y “ahora”, y peor si es “ahorita”. Si en cierto país vecino le pides a un camarero un vaso de agua y te responde “ahorita se lo traigo”, ármate de paciencia porque ese “ahorita” puede significar un lapso de una hora, dos horas, una semana…

F: ¡Qué exagerada!

AM: Hablo por experiencia. Desde luego, no quiere decir “de inmediato”.

F: Pero ese no es ejemplo para lo que estamos hablando.

AM: Claro que no. Se trata de una anécdota, pero refleja una actitud cultural. Si en una región, “ahora” quiere decir “enseguida” o “en este momento”, en otras regiones es una respuesta cuyo significado es una incógnita para el que la recibe. Pero regresemos a tu pregunta sobre los significados opuestos. La palabra “animal” dicha a una persona, en El Salvador significa que esta es alguien “de comportamiento instintivo, ignorante y grosero”. Pero en otro país con el mismo idioma, la pueden usar para designar a una  “persona que destaca extraordinariamente por su saber, inteligencia o esfuerzo”.

F: Pues yo nunca había oído este último significado. Jamás se me habría ocurrido que llamar a alguien “animal” fuera una alabanza. No me veo yo gritándole a alguien “sos un animal”, sin que por ello mi vida corra peligro.

AM: Eso te pasa por no consultar el diccionario.

F: Volviendo a nuestro tema, también en la lengua se encuentra lo opuesto a este fenómeno lingüístico del que acabamos de hablar. Me refiero a dos palabras distintas en su forma, pero con idéntico significado: los sinónimos.

AM: No tan idéntico significado. Tienen aspectos diferentes; si no, habría desaparecido uno de los dos, por aquello de la economía del lenguaje de la que ya hablamos.

F: ¿Y qué pueden tener de diferente dos sinónimos? Supuestamente, designan lo mismo.

AM: Muy pocos tienen exactamente el mismo significado. La mayoría de ellos difieren en algún aspecto o en el contexto en el que puedan ser utilizados.

F: Entonces la sinonimia es siempre relativa.

AM: Casi siempre, porque no es lo mismo “rizado” que “colocho” ni “manco” que “cuto” (los subrayados son centroamericanismos) ni “golpe” que “sopapo” (el primero es general y el segundo es específico: “golpe que se da con la mano en la cara”), etc.

F: Mejor ya me voy a traer a mi papá, es decir, a buscarlo, a pasar por él, a recogerlo, a…


Sobre los autores

Hace 30 años, los caminos de Ana María Nafría y Francisco Domínguez se cruzaron gracias a las palabras. En 1986, él ingresó a la carrera de Filosofía de la Universidad Centroamericana (UCA) y recibió clases de Lingüística con ella. Su desempeño en la cátedra fue excepcional y Ana María decidió reclutarlo como instructor los cinco años siguientes y luego contratarlo como profesor. Desde entonces, mantienen un diálogo constante sobre los errores que encuentran en los textos que corrigen. Esta experiencia les dio la idea de escribir estos artículos.

Cuando a Ana María se le pregunta qué le gusta, ella responde: “Me entusiasma facilitar a mis estudiantes la comprensión de la estructura de la lengua española”. Ella estudió Filología Moderna en la Universidad de Salamanca y Filosofía Iberoamericana en la UCA, donde ha trabajado durante más de cuarenta años. Es miembro de número de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

A Francisco le gustan las novelas de Hesse y Kundera, el cine francés y la música barroca. Además de Filosofía, él estudió Lingüística en la Universidad Complutense y Lexicografía Hispánica en la Real Academia Española. Desde septiembre 2016 es becario de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

Ambos trabajan como profesores del área de lenguaje en universidades privadas. Ella en la UCA y él, desde hace diez años, en la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN). Por sus aulas han desfilado periodistas de El Faro y de otros medios del país.

El Faro presenta estos Diálogos gramaticales, una serie que se actualizará cada quince días.