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La silenciosa despedida para seis víctimas sin identidad

El lunes 11 de diciembre, la comunidad del cantón La Joya enterró las osamentas de seis niños masacradas el 11 de diciembre de 1981, en el contexto del operativo militar que devino en las masacres de El Mozote y caseríos aledaños. El Estado les quitó la vida, y 36 años después de la masacre, ahora también les ha arrebatado la identidad al ser incapaz de individualizar sus restos.

La Joya despidió a los niños, de manera "digna", con actos religiosos, degustación de tamales y un entierro en una fosa común. Esto último, por una orden explícta de la Fiscalía General de la República, que entregó las osamentas en calidad de depósito. Ni la Fiscalía ni el Instituto de Medicinal Legal, el Estado, no ha logrado identificar a los seis niños, y esperan continuar con las investigaciones a futuro, cuando hayan mejores recursos tecnólogicos para lograr ese fin. El deterioro de los huesos no permitió la identificación de ninguna de las seis víctimas, pero los habitantes de La Joya creen que esos huesos pertenecieron a José Aníbar Martínez, de ocho años; Ana Marta Vigil, de nueve; Cecilia Maradiaga, de cinco; y una hija de Gregoria Maradiaga Martínez llamada "Máxima". Las identidades de la quinta y la sexta osamenta, dicen los habitantes de La Joya, podrían ser Cristina Martínez Romero, ejecutada a los 26 años, en el caserío Los Martínez; o bien el bebé en gestación de Gregoria Maradiaga y Vidal López; o bien alguno de los siete hijos de Eustaquio Chavarría y Reinelda López. Mientras el Estado sigue intentando descifrar el acertijo con tecnología, los habitantes de La Joya solo necesitan que Medicina Legal indique en cuál de las tras fosas fueron exhumadas las osamentas para resolver el enigma. 

El ritual se celebró en la intimidad de una comunidad que 36 años después sigue pidiendo justicia, desde un terreno remoto de la zona rural del departamento de Morazán. La vela de las víctimas inició en la noche del sábado nueve, después de la visita del presidente Salvador Sánchez Cerén al caserío El Mozote, con motivo del 36 aniversario de conmemoración a todas las víctimas de la masacre. Sánchez Cerén, que tuvo a esos niños a un costado del púlpito desde donde se dirigió a la nación, no tuvo palabras para pedir justicia ni por ellos ni por nadie.

ElFaro.net / Publicado el 27 de Diciembre de 2017