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No solo los incendios destruyen

Roberto Galicia

 
 

La reciente destrucción del Museo Nacional de Río, uno de los más antiguos de Brasil, a causa de un incendio, ha conmocionado al mundo y ha puesto al descubierto la poca atención que los gobiernos prestan a la conservación del patrimonio cultural de nuestros países. La información sobre la riqueza de sus colecciones que hemos conocido después del siniestro nos han impactado y no nos explicamos como un país tan próspero no asigne a sus instituciones más emblemáticas los recursos necesarios. Esa realidad justifica las protestas que se han dado y ha puesto en evidencia que recursos existen, solo que se utilizan en otros menesteres que tienen que ver más con los caprichos y ocurrencias de los funcionarios de turno que con acciones que se deben emprender para salvaguardar, como es nuestro caso, lo poco que nos queda, pero que no por eso deja de ser importante.

En el caso de Brasil y de acuerdo con lo expresado a la prensa por el profesor Renato Rodríguez Cabral Rato, del sector del Geología y Paleontología, hay una pequeña esperanza ante el desastre sufrido. Afirma el distinguido profesor: “Sí, perdimos muchas piezas, pero fueron estudiadas y los análisis están publicados en artículos y libros”. Esas investigaciones realizadas a lo largo del tiempo es lo único que garantiza que no todo esté perdido. Aunque nunca más se podrán ver todas las valiosas colecciones que fueron destruidas por el fuego y la negligencia. Y nosotros, ¿cuánto hemos investigado y qué es lo que estamos haciendo por conservar nuestro patrimonio?

Luego del desastre, como es lo usual, han empezado a echarse la culpa los funcionarios y las instituciones tratando cada quien de no asumir las responsabilidades que les corresponden. De seguro crearán una comisión que al final no aportará nada y, mientras eso sucede nosotros, los salvadoreños, debemos vernos en ese espejo.

Espejo que en fecha reciente reflejó el caso de Tacuscalco, sitio que por ahora sobrevive pero que continúa amenazando por la ignorancia y la ambición.

Así las cosas, espero que lo acontecido en Brasil nos haga reflexionar y pensar que lo sucedido en el país amigo es algo que puede pasarnos a nosotros especialmente cuando recordamos las condiciones en las que se encuentran el Archivo Nacional y el Museo de Historia Natural, para poner solo dos ejemplos, a los cuales debemos de sumar muchas de nuestras iglesias, museos, bibliotecas y sitios arqueológicos. En estos últimos, aparte de vestigios, hay mucha información que no ha sido debidamente investigada y la cual, si no lo hacemos, la podemos perder. Al perderla, también nos quedaríamos sin la posibilidad de conocer más sobre nosotros mismos, sobre nuestro pasado, ese que muchos desprecian porque lo ignoran.

De nada sirve una Ley de Cultura, una Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural y del Ministerio si lo primero que hacen algunos es manosean las leyes y negarle la autoridad que tiene la nueva institución, aparte de no asignarle los recursos necesarios.

Roberto Galicia, pintor salvadoreño, ejerce como director del Museo de Arte de El Salvador (MARTE) desde 2003. Fue presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (1995-1999).
 
Roberto Galicia, pintor salvadoreño, ejerce como director del Museo de Arte de El Salvador (MARTE) desde 2003. Fue presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (1995-1999).

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