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“Es mejor perder y recomponer la izquierda que hacer una alianza con Bukele”

Nelson Rauda Zablah Arysbell Arismendi

El FMLN perdió su rumbo y debe recomponerse, dice Pablo Benítez, una de las voces jóvenes más visibles de la izquierda salvadoreña. Para él, recomponer al FMLN pasa por revisar el proyecto político, encontrar nuevos liderazgos, trabajar a largo plazo. De cara a las elecciones presidenciales, dice que para el FMLN es mejor perder que apostar a una alianza "con fuerzas que no coinciden con un ideario de izquierda".

ElFaro.net / Publicado el 27 de Septiembre de 2018

Pablo Benítez es poeta, ensayista e investigador asociado del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad de El Salvador. No pertenece a la estructura del FMLN. No es un dirigente de sus juventudes. No tiene cargos visibles en el partido o el Gobierno. Apenas una posición intermedia en la Secretaría de Comunicaciones de la presidencia de la República. Pero se ha convertido en los últimos años en uno de sus operadores más efectivos y en una de las voces jóvenes más visibles de la izquierda efemelenista.

Insiste, lo aclara una y otra vez: no es orgánico del partido. Dice que él aporta mejor desde afuera que desde adentro. Y sin embargo, en el FMLN escuchan su voz. Fue asesor de Gerson Martínez, acompañó la precampaña del exministro, y tras las primarias que este perdió ha recalado en el equipo de construcción del programa de gobierno 2019-2024 con el que competirá Hugo Martínez. Acompañó también a Roberto Lorenzana, secretario de Comunicaciones de la presidencia y dirigente histórico del Frente, a una sesión de los Diálogos Culturales de Invierno, una actividad cultural organizada por el FMLN. En aquel evento, Lorenzana hizo una especie de confesión de la difícil situación en que el FMLN entra a la carrera presidencial . El secretario dijo allí que era “casi imposible” remontar la ventaja que les llevan Nayib Bukele y Carlos Calleja.

Benítez no lo niega. En esta entrevista que dio a El Faro Radio el pasado martes 25 de septiembre analiza la situación del FMLN tras la debacle electoral del 4 de marzo y habla de “parteaguas”. Dice que el Frente debería de sacar lecciones para reconvertirse en una nueva izquierda que recupere sus raíces pero se abra a las nuevas tendencias. Acepta que el Frente tiene “una gran deuda de autocrítica” con su gestión de gobierno y que el “exceso de pragmatismo”, como la cercanía con GANA en la Asamblea, les ha pasado factura.

Parece comprender a quienes reclaman al partido “no haberse comportado como un partido de izquierda”. Dice que el gran reto es recuperar su confianza de cara a las elecciones de 2019. Y ya propone un rumbo en caso de derrota: recomponer la izquierda en vez de ser pragmáticos una vez más y buscar una alianza con Bukele. Benítez, un joven intelectual de izquierda que dice no representar a nadie pero cuyas opiniones mueven agua en las corrientes internas del Frente, cree que Bukele “aportó muy poco” al proyecto de transformación social que busca el FMLN.

Después de los resultados del 4 de marzo, el FMLN tomó algunas medidas para contrarrestar la caída de los votos: por ejemplo, colocó al vicepresidente Óscar Ortiz al mando de todo el gabinete; puso en marcha el plan 10 para cubrir algunas demandas de sectores abandonados; a Hugo Martínez a competir en contienda interna con Gerson Martínez, que había sido ungido por la cúpula... ¿Estas decisiones le han funcionado al partido para recuperar la confianza de la ciudadanía de cara a la nueva cita electoral?

Creo que primero hay que plantear que lo que está ocurriendo en el país le está ocurriendo al FMLN, a la izquierda en general y al sistema político salvadoreño. No es algo coyuntural. Es un cambio bastante profundo, sustancial. Algunos historiadores como Roberto Turcios dicen que es un cambio de época, una coyuntura crucial. Esa es la frase que usa Roberto para marcar el momento que vivimos. No es sencillo para ningún partido político. Menos para el FMLN, que ha tenido dos periodos de gobierno que lo han desgastado como fuerza política; y que además tiene una situación muy compleja políticamente con todas las fuerzas que han entrado en juego para 2019. No es nada fácil remontar esa situación de descontento generalizado; por un lado, y también de desaprobación en cuanto a muchas de las posibilidades que abrió el FMLN como gobierno y como partido desde que se firmaron los Acuerdos de Paz hasta hoy. Creo que en un par de meses le va a ser casi imposible a un partido político revertir toda esa avalancha de factores y de sucesos. Yo diría que no, obviamente, que no ha salido todavía de esa situación problemática.

¿Crees que todavía puede repuntar el FMLN?

Depende de qué estemos preguntándonos: si nos preguntamos por la intención de voto, pues no lo sé. Hay poco tiempo. Creo que hay que hacer un análisis bien concienzudo, no solo de las encuestas. Las encuestas miden en cierto sentido una temperatura de opinión pública, pero no miden la profundidad del mapa electoral. Creo que hay poco tiempo, pero probablemente todavía tenga algún espacio el FMLN de subir. La situación es difícil, totalmente difícil.

El partido pasó de ganar dos periodos presidenciales, controlar la mayoría simple en la Asamblea a la realidad actual. Que en una década se llegue a esta situación debe ser, seguramente, por algunos errores cometidos.

Sí.

¿Cuáles serían esos errores?

Creo que es necesario un balance profundo y un balance coyuntural. El FMLN levantó unas expectativas altísimas después de que fue un movimiento revolucionario, después de que firmó la Paz en el 92; y pasaron luego un par de décadas para que llegara al Ejecutivo; y llevó, además, a una figura pública reconocida, que también levantó esperanza. Toda esa situación exigía un modo de hacer política y un modo de ejercer desde el Ejecutivo, que era un reto bastante difícil de cumplir. Creo que a la vista de los resultados, hubo bastantes cosas que cambiaron. Hay una situación muy diferente en El Salvador después de estos dos gobiernos, pero definitivamente el FMLN es un partido que envejeció, que ya no se movió con la agilidad que necesitaba para estar a la altura de los tiempos, para estar a la altura del cierre de la posguerra. En primer lugar, eso definitivamente le pasó una factura. Luego, obviamente, se cometieron errores en el ejercicio de la política pública, de la gestión pública. Decir que un gobierno no va a cometer errores, o que no va a tomar algunas decisiones que pudieran haberlo llevado a espacios sin salida, pues, es absurdo. Creo que sí hay errores que se cometieron y ahora están pasando factura.

Nos has dicho que al FMLN le va a hacer casi imposible, en un par de meses, revertir esta desilusión que se ha generado después de las grandes expectativas que produjo. Entonces, ¿a qué juega el FMLN en febrero de 2019? ¿De qué tiene posibilidades?

Creo que el FMLN sigue siendo una fuerza política muy importante. Es decir, aún si asumiéramos que queda en un tercer lugar, sigue siendo una fuerza que tiene poder de decisión en el esquema político actual. Quedarse fuera de las elecciones por una situación compleja, difícil, cuesta arriba, pues no sería muy inteligente. Participar en elecciones es lo que tiene que hacer el FMLN en el corto plazo. Pero de fondo, para superar esta crisis mucho mayor que implica este cierre de época, hay que hacer una recomposición mucho más profunda. Y, además, es una recomposición que le compete a toda la izquierda. Debemos empezar a pensar más allá del FMLN, porque en El Salvador tendemos a reducir la izquierda al FMLN.

¿O sea, una opción de izquierda que no sea el FMLN?

No. Digo, hay que hacer una recomposición de izquierda que incluya al FMLN y que modifique el modo en el que se hace política en este país de una manera más radical, más profunda. También hay un fetiche con los partidos políticos. ¿Por qué tiene que haber otro partido político aparte del FMLN si queremos hacer una recomposición de la izquierda? Las otras fuerzas de izquierda vivas que están en la sociedad también tienen algo que decir y algo que hacer. El FMLN en ese sentido tiene que ser muy humilde y tiene que empezar a aceptar que no es la única izquierda que existe en El Salvador; y que tampoco estamos en el siglo 19, donde el partido era la vanguardia del pueblo organizado, verdad. Ahora entendemos de otro modo los procesos políticos; y el FMLN tiene que hacer una reflexión bien de fondo para rearticular la izquierda, para incorporarse a esa nueva izquierda.

Hablas de esta transformación como algo a futuro. Como que tendrían que pasar muchísimas cosas antes de que el partido lo asuma y comience realmente a hacer autocrítica, cosa que hasta ahora no hemos visto. ¿Realmente crees que el partido actual puede dar esta transformación? ¿O será necesario cambiar completamente a la dirigencia del FMLN?

Esa será una decisión que tendrá que tomar la militancia y la dirección del FMLN. Creo que sí será necesario recomponer todo el partido. Incluso repensar el modelo de partido. Repensar todos los modos en los que se organiza el partido y pensar los liderazgos del partido. No tengo duda de que hay que poner al frente gente que tenga un pensamiento fresco, gente más joven. Ese es un proceso que el partido deberá hacer en el tiempo que lo estipule y que lo acuerde.

¿No crees que después del 4 de marzo pudo haber una autocrítica real, asumir responsabilidades que le permitieran por lo menos tratar de minimizar la situación que tiene ahora?

Sí, creo que hay una gran deuda de autocrítica en el FMLN. Eso habría facilitado mucho un despegue, un repunte hoy a las puertas de las elecciones. Pero no se hizo. Creo que el FMLN ha sido muy tímido para autocriticarse, ha sido demasiado conservador en estos años, y eso definitivamente le está pasando factura.

¿Y qué pasa con la nueva generación del FMLN? ¿Dónde está esa nueva generación que tú también estás demandando para una discusión y un debate dentro del partido?

No solo hay una nueva generación, hay gente identificable, liderazgos que ya están trabajando dentro del FMLN. También en la dirección misma hay un debate fuerte. De pronto hay un poco de injusticia con eso. Se habla de 'la cúpula' del FMLN, de la dirección del FMLN como si fuera una cosa un tanto estrambótica, pero no. Ahí hay mucho debate interno. Hay gente que de verdad está insistiendo, luchando porque haya un proceso de recomposición del partido que lo lleve a mejorar y a adaptarse a estos tiempos. Yo insistiría en que el FMLN debe entender que las vanguardias, hoy por hoy, y eso es lo que está pasando en toda América Latina, no están encabezadas por los partidos políticos. Ni siquiera mínimamente están conducidas por los partidos políticos. Los partidos políticos forman parte de la vanguardia, pero es una vanguardia mucho más plural, mucho más abierta.

No me imagino una reacción muy positiva en el Frente a varias cosas que decís. Después de las elecciones del 4 de marzo se le preguntó a Norma Guevara, Lorena Peña o Medardo González si pensaban en renunciar, y dijeron que no. Lo que has dicho es que el FMLN tiene que renovarse y rejuvenecer. Casi estás diciendo: hay gente en el Frente que ya se tiene que jubilar.

Ja, ja. Para mí ha sido menos problemático de lo que uno se imagina. Es decir, estos debates ocurren dentro del FMLN y hay bastante interlocución al respecto. Otra cosa es que lo que se plantee sea una ruptura violenta. Tampoco creo que el FMLN deba despedazarse por dentro para hacer ese cambio. No hay que sacar a patadas a Medardo, a Norma Guevara de la dirección para hacer las cosas.

¿Pero hay que sacarlos?

Hay que hacer una recomposición del partido que implique un proceso en el que el partido salga ganando. Es decir, tampoco abogo, y eso lo digo claramente porque mi espíritu de izquierda tampoco me tira hacia otra cosa, porque se despedace el FMLN. Eso no sería sano para el país tampoco.

¿Y la elección de Hugo Martínez como candidato debe verse como renovación?

Bueno, Hugo ha formado parte de organismos de dirección y ha ejercido una carrera política desde, prácticamente, los Acuerdos de Paz. Un poco antes de los acuerdos para acá. Es decir, yo no lo vería como un liderazgo nuevo, joven. Creo que es parte de una última generación del FMLN, una de las más recientes generaciones del FMLN, rozando los acuerdos de Paz, pero definitivamente él está dentro del esquema que vemos ahora en el FMLN. No es un liderazgo novedoso, por decirlo así. Claro, si lo evaluamos como perfil, él ha ejercido cargos, ha tenido un comportamiento político que tampoco es el típico de los liderazgos más tradicionales, más duros del FMLN.

¿Ves a Hugo Martínez en la última generación de este FMLN que tiene que irse recomponiendo? Supongo que en esa misma categoría entraría el vicepresidente.

Oscar Ortiz, claro.

Para aterrizarlo, para que la gente se imagine rostros: ¿quién puede renovar al FMLN? Se nos ocurren nombres como Anabel Belloso, Cristina Cornejo. ¿O hay otros líderes que no estamos viendo y que pueden liderar esa renovación?

Definitivamente son mujeres muy capaces las que has mencionado y creo que sí podrían ellas encabezar un proceso como el que estamos diciendo. Ellas y otros liderazgos dentro del FMLN.

¿Vos?

Bueno, yo no formo parte oficialmente de ningún organismo del FMLN. Yo colaboro muy de cerca, pero no formo parte de los organismos.

¿Formando parte no podrías ayudar a esa renovación que estás demandando?

No sé, no lo veo en el plazo inmediato.

Esa es la clásica respuesta de diputado...

Ja, ja, ja. No. Yo creo que mi papel está más fuera del FMLN. Creo que Anabel, Cristina y una serie de liderazgos más de esa generación podrían encabezar el proceso. Pero sí considero que el resultado no será el que quiere la izquierda si el FMLN no se abre a dejar de ser un partido del siglo 19; y a convertirse en un movimiento de izquierda, un movimiento popular, una fuerza viva como la que estamos viendo en Chile con Revolución Democrática, como lo que estamos viendo en otros países.

¿Y eso qué significa en la práctica? Cuando decís que es un partido del siglo 19 suena muy académico. ¿Nos podrías aterrizar eso? ¿Qué tendría que hacer el FMLN para ser un movimiento vanguardista?

En primer lugar, creo que todo el sistema de partidos en El Salvador es un sistema del siglo 19. Son partidos muy jerárquicos, con estructuras casi fosilizadas, con dirigencias que se mantienen mucho tiempo y con poco dinamismo en cuanto a su ideario, en cuanto a su relación con la gente, con los movimientos sociales y con la izquierda amplia. Es decir, el FMLN debería pasar de ser un partido tan jerárquico, tan lento para moverse, y tan encerrado en sí mismo, para abrirse a la universidad pública, a los movimientos sociales, a las demandas de la gente, y operar un cambio de estructura que le ayude a estar de la mano con todo ese amplio movimiento de la sociedad organizada.

¿Entonces qué significa una figura como Hugo Martínez para los próximos años, dado que proviene de la dirección del partido y no está dentro de un ala renovadora?

De ninguna manera estoy demeritando la figura de Hugo Martínez. Creo que la militancia y el partido decidieron colocarlo como candidato porque es un perfil que cumple todas las características, las capacidades y las condiciones para hacerlo. Además, creo que es de las generaciones que se incorpora al FMLN justo en el borde de los Acuerdos de paz, y que tiene una práctica política y un modo de ejercer la política que tampoco es el mismo que los liderazgos mayores. Ahora, para el cambio del que estamos hablando, para la transición que debe vivir el FMLN y para la transformación que debe operar en el sistema político, sí creo que se necesita abrir el FMLN y dar espacios a gente todavía más joven que Hugo Martínez.

¿Y cómo se puede hacer eso en los próximos meses? Según tu perspectiva, estamos concluyendo que no hay vuelta atrás a los resultados del 4 de marzo ni a las encuestas respecto a lo que viene en 2019.

Falta un último paso. Digamos que la campaña empieza el 3 de octubre y los meses previos al día de la elección son cruciales, porque todo lo que los candidatos hagan, juega. Y el modo en que se desenvuelve la campaña, juega también. Creo que este nivel de intención de voto que se refleja en las encuestas no es un nivel de voto realista. No coincide con el universo de votantes, no coincide con los votos duros, especialmente el voto duro de Arena que el 4 de marzo demostró que está sólido. Y antes de eso también: en la elección con Nayib Bukele y Edwin Zamora también el voto duro de Arena estuvo sólido. Y me parece un poco pretencioso decir que ese voto duro se ha esfumado del 4 de marzo para acá. El día de la elección presidencial probablemente ese voto duro estará ahí. Si uno hace esas cuentas, no es posible que haya un gane fácil en primera vuelta.

Para nadie.

Para nadie. Creo que hace falta ver el desarrollo de la campaña para ver exactamente cómo se va a comportar el electorado. Y también hace falta ver cómo los candidatos se posicionan en la campaña. Eso puede ser muy negativo, o puede ayudar a repuntar y a reconfigurar un escenario de segunda vuelta. No estoy diciendo que no haya vuelta atrás, creo todo lo contrario. Creo que hay que leer con mucho cuidado las encuestas y que hay que ver exactamente lo que está pasando.

¿Qué hubiese pasado si el Frente hubiera elegido a Gerson Martínez? ¿Creerías que Gerson hubiese entrado en ese grupo dispuesto a renovar el partido?

La verdad, no lo sé. Es un escenario que ya no vamos a ver. Es difícil imaginarse que habría pasado. Pero insisto en que la situación del FMLN es mucho más de fondo… Quizá he estado hablando en dos dimensiones: una primera es donde ubico una gran dificultad para la izquierda en general, en El Salvador, por esta crisis profunda, más de largo plazo. Y otro plano es la elección inmediata de 2019. En ese caso, creo que la situación para Gerson no sería tampoco sencilla. También estaría ante un reto bien complicado, y creo que él haría valer lo que toda la vida ha dicho: es decir, él siempre ha estado de acuerdo en abrir el partido, en que el partido tengo un dinamismo mucho mayor con la gente. Pero no sé si sería suficiente como para cambiar la situación.

Hay sectores de la sociedad, analistas, que dicen que la decisión de expulsar al ahora candidato de Gana, Nayib Bukele, fue un error para el partido. ¿Tú opinas lo mismo?

No, creo que es una situación más compleja. Habría que preguntarse primero qué habría pasado si Nayib Bukele no hubiera entrado al FMLN, para luego pensar qué habría pasado si no lo hubiesen expulsado. Creo que Nayib tenía clarísima su ruta desde que comenzó su vida política. Él no estaba pensando ni en el FMLN ni en otro caso ni en otro proyecto político. Él estaba pensando en su ruta hacia la presidencia de la República, lo cual le ha hecho muy bien. En su estrategia comunicacional ha cumplido los plazos que debía cumplir y por eso está en ese nivel de aceptación de la opinión pública. Pero creo que habría sido más sano para el FMLN pensar muy bien si quería proyectos electorales, proyectos altamente comunicacionales, o quería profundizar el proyecto de transformación social en El Salvador, al aliarse con este tipo de proyectos un poco más individualistas.

Lo que dices me recuerda a lo que dijo Roberto Lorenzana en unos diálogos culturales de invierno, en los que tú también estuviste. Lorenzana decía que ya sabían de dónde venía Nayib Bukele: que venía de una familia oligárquica, de intereses… ¿Crees que fue un error del FMLN haber dejado entrar a Nayib Bukele?

Lo que estoy diciendo es que el FMLN, antes de pensar en las elecciones, debería pensar más en el proyecto de transformación social. Y en quiénes aportan más al proyecto de transformación social. Y tal como ocurrieron las cosas, creo que Bukele aportó muy poco. O nada, prácticamente.

Un estudiante de la UES me decía esta semana que ante una victoria probable de Arena en 2019, preferían votar por Nayib Bukele. Que para ellos es una forma de que no se pierda completamente el proyecto del FMLN. Bukele está quitando votos que tradicionalmente eran del Frente.

Sí, es una realidad. Él ha generado esa situación. Hay una disputa mayor en el voto de izquierda, que en el voto de derecha. Y eso reafirma lo que decíamos antes: el día de la elección habrá que ver si el voto de derecha se mueve hacia otro lado, o se mantiene sólido con el proyecto de Arena, PDC y PCN. Tengo mis dudas de que ese voto se mueva. Hay una disputa mayor en la izquierda. Esto le da más ventaja a Arena.

Supongamos un escenario donde en primera vuelta Arena lleve la ventaja, Nayib Bukele quede en segundo lugar y sale el FMLN. ¿Tiene sentido una alianza?

Pues esa es una decisión que tendrá que tomar el comando de campaña, la militancia, la dirección del FMLN. Creo que es una cuestión de pragmatismo político. Si lo vemos desde un punto de vista mucho más ideológico, profundo y de largo plazo, pensando más allá de 2019, le apostaría más a una recomposición de la izquierda y del FMLN que a una tabla de salvación en segunda vuelta.

Bueno, si tenemos a un FMLN que en la Asamblea Legislativa ha tenido como aliado a un partido como Gana, eso es pragmatismo. Lo podríamos ver de la misma manera en 2019.

Y creo que ese exceso de pragmatismo es el que tiene al FMLN en una crisis de credibilidad. Si no hubiese tanto pragmatismo, si no se sobrevalorara la correlación legislativa y los votos en las elecciones periódicas que hay en este país, y se privilegiara el proyecto de transformación social, la credibilidad sería mayor. Es decir, hay una pérdida de credibilidad por esos excesos de pragmatismo; por esa frustración que le genera a la gente el no haber hecho los cambios de fondo, de raíz, o ni siquiera intentarlos, pues, porque sé que son muy difíciles. No ver un proyecto más sólido en ese sentido, y más tirado al pragmatismo de ganar o perder, es lo que ha generado esta crisis.

O sea, para vos y para la gente que piensa como vos, ¿el Frente tiene que hacerse un poquito más a la izquierda?

Sí, definitivamente. La gente lo que le reclama al FMLN es no haber hecho los cambios que le exigía: no haberse comportado como un partido de izquierda, sólidamente de izquierda. Parece que esas pérdidas de rumbo y esos excesos de pragmatismos son los que nos molestan.

¿Perder en 2019 significa una oportunidad para que el FMLN retome de nuevo su proyecto político?

Nunca se le apuesta a perder. Eso no se vale, pues. Pero se puede perder con dignidad, y se puede perder para recomponer...

Sí, pero a veces es bueno perder. Dicen que cuando uno pierde también gana, porque aprende.

Sí, pero se puede perder con dignidad. Y se puede perder para recomponer...

Ja,ja,ja. ¿Y esa es la apuesta? ¿Cómo se puede perder con dignidad?

No, no digo eso. Yo digo: no hay que apostarle a perder. Es decir, en primer lugar el objetivo no es perder, pero si se pierde hay que perder con dignidad. Y hay que perder para abrir otras oportunidades, otras puertas. El objetivo no puede ser perder.

Lorenzana lo decía, vos lo decís: es casi imposible.

No, yo no digo que sea casi imposible. Lo que yo decía casi imposible es recuperar toda la confianza y el proyecto en general de la izquierda en El Salvador. Eso es más difícil en un corto plazo, va a tomar más tiempo. Yo no veo imposible que las cosas se recompongan, por ejemplo, para un escenario de segunda vuelta. Creo que faltan meses cruciales, con la campaña electoral, que podrían hacer una recomposición del escenario de segunda vuelta. Ahora, eso dependerá mucho de la estrategia electoral del FMLN y que logre captar con la gente está exigiendo de ellos.

¿Una idea tuya de perder sin dignidad sería aliarse a Carlos Alemán, a Guillermo Gallegos, y a todo el entorno que rodea a Nayib Bukele?

Voy a aclarar esa parte: más que apostar a una salida pragmática, como una alianza con esas fuerzas que no coinciden con un ideario de izquierda, le apostara a una recomposición de la izquierda a largo plazo. Para decirlo sin tapujo: me parece mejor perder y recomponer la izquierda en El Salvador, a hacer una alianza con Bukele.