La cárcel que también silencia a sus vecinos

 
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La de San Miguel es una de las numerosas cárceles salvadoreñas ubicadas dentro de una ciudad. Está en pleno centro, sobre la 8.ª calle Poniente, apenas a ocho cuadras de la catedral. En el marco de las Medidas Extraordinarias implementadas en el año 2016, el Estado salvadoreño fortaleció los controles para evitar que los internos realicen o reciban llamadas telefónicas en los centros penales. En San Miguel –también en otras ciudades– eso se ha traducido en una ‘Zona cero’ de nueve cuadras en las que no hay señal telefónica ni de internet. Desde hace un año, los celulares en esa zona se inutilizan por completo, con el inconveniente de que es un área de gran actividad económica, donde hay restaurantes, hoteles, un colegio, clínicas y demás negocios. A veces, cuesta congeniar el interés general con los intereses y las libertades individuales.

Dato adicional: la de San Miguel es una de las cárceles más hacinadas del país; en febrero de 2018 albergaba a casi 1,300 internos, en un recinto construido para 180 personas.

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