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Premio Nacional de Cultura será entregado a un defensor del patrimonio arqueológico

María Luz Nóchez

En un país en donde la protección al patrimonio ha generado desinterés en el Ejecutivo y el Legislativo, este 2018 el Premio Nacional de Cultura, máximo galardón que entrega el Estado, será para un defensor del patrimonio arqueólogico salvadoreño. Federico Paredes, arqueólogo, descubrió la tradición maya Cabezas de Jaguar. 

ElFaro.net / Publicado el 16 de Octubre de 2018

En un año en el que el papel del Estado en la protección del patrimonio ha sido cuestionado por la destrucción del sitio arquelógico Tacuscalco a manos de una empresa constructora, la presidencia de Salvador Sánchez Cerén ha decidido homenajear a Federico Paredes, el arqueólogo que descubrió una tradición maya en el occidente del país. Paredes, además, acuerpó las denuncias contra la destrucción de Tacuscalco e intentó explicar a los diputados de la Asamblea Legislativa la importancia de ese sitio arqueológico, donde él ubicó dos monumentos relacionados a la tradición Cabezas de Jaguar.  

Federico Paredes, arqueólogo ganador del Premio Nacional de Cultura 2018. Foto: cortesía Ministerio de Cultura.
 
Federico Paredes, arqueólogo ganador del Premio Nacional de Cultura 2018. Foto: cortesía Ministerio de Cultura.

El Ministerio de Cultura anunció este 15 de octubre que el Premio Nacional de Cultura será otorgado al arqueólogo, que luego de haber entregado un estudio arqueológico a las autoridades, denunció el hurto de uno de los monumentos de la tradición escultórica “Cabeza de Jaguar” en marzo de 2015. Se trataba de una escultura precolombina de unos 227 kilogramos de peso (500 libras) que fue hurtada de una finca en el volcán de Santa Ana. El monumento era parte de una serie de 52 piezas en piedra con motivos zoomorfos, descubiertas por Paredes y presentadas en 2014 en un estudio a la Secretaría de Cultura para que se les protegiera, que fueran registradas como bien cultural de El Salvador, y con la solicitud expresa de que se actualizara con ellas la Lista roja de bienes culturales de la Interpol.

Graduado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, con un doctorado en la Universidad de Pennsylvania y un posdoctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue precisamente el trabajo con el registro de las Cabezas de Jaguar lo que impulsó su elección.

El jurado de la edición número 30 del Premio resolvió que  “sus investigaciones no solo están a la altura de la comunidad científica global, sino que también ha puesto sus trabajos en diálogo con ella”. Además, reconocen que la precisión del registro de las Cabezas de Jaguar ha hecho un aporte significativo al desarrollo cultural salvadoreño sobre las comunidades originarias del período Preclásico en el occidente de El Salvador.

El jurado estuvo integrado por los historiadores Elsa Teodora Ramos y Alfredo Ramírez, el biólogo Francisco Serrano, y por Sajid Herrera y Gustavo Milán, exdirectores nacionales de Investigación y Patrimonio Cultural de la institución, respectivamente, 

Paredes fue seleccionado de entre cuatro postulaciones que llegaron ante la convocatoria lanzada por la institución el 24 de mayo dedicada a la Investigación del Patrimonio Cultural y Natural. Esta es la primera vez en los últimos 20 años que las candidaturas no superan la decena y en donde las especialidades de los postulados tampoco se repitieron. Además de él, fueron nominados el curador Jorge Palomo, la antropóloga Vilma Henríquez y el músico José Gómez.

Una pista para entender a los mayas 

La civilización maya habitó Mesoamérica, desde México hasta Honduras, donde se instaló hace aproximadamente 3,000 años. Las piezas registradas por el investigador datan de una época correspondiente al período formativo maya (900 a.C - 250 a.C) y están repartidas entre los departamentos de Ahuachapán, Santa Ana y Sonsonate, una zona tradicionalmente entendida como embriónica de la cultura maya.

Se trata de una tradición escultórica que representa rostros estilizados de felinos y otros seres del reino animal, fusionados con rostros humanos. “Su importancia para entender el surgimiento de la cultura maya es incalculable, y sin embargo conocemos muy poco todavía de sus creadores”, ha explicado el arqueólogo sobre estas piezas. Esculturas como estas son de distribución limitada en el país, no hay registros de figuras como estas fuera de la zona occidental, y de su tipo se han encontrado en sitios como Izapa (México) y Kaminaljuyú (Guatemala). Aunque hay similitudes en sus rasgos, estas cuentan con un estilo muy distinguido y cánones propios de creación.

La investigación de Paredes también arrojó evidencia de que estas fueron utilizadas como "estrategias localistas de legitimación de poder". Es decir que los gobernantes se arrogaban la adquisición de poderes sobrenaturales, asociados a la lluvia y al inframundo, para sustentar su acceso al poder político frente a una población que se dedicaba, en su mayoría, al cultivo de la tierra.

Detalles técnicos del monumento #47 de la Tradición Cabezas de Jaguar. / De la investigación del arqueólogo Federico Paredes.
 
Detalles técnicos del monumento #47 de la Tradición Cabezas de Jaguar. / De la investigación del arqueólogo Federico Paredes.

El arqueólogo también ha tenido un papel importante de vocería respecto a la destrucción del sitio arqueológico Tacuscalco en Nahulingo, Sonsonate. En medio de la discusión legislativa en una comisión que investigaba el caso, se presentó ante los diputados para explicarles que ese mismo lugar donde la constructora insistía que no había vestigios arqueológicos es donde él encontró los monumentos 50 y 51.

Desde el hurto del monumento 52 en Santa Ana, ha habido un especial énfasis en difundir información sobre esta tradición escultórica. En 2016 se instaló una exposición en el Museo Nacional de Antropología y en 2017 y 2018 se han inaugurado vías en San Salvador con réplicas de las esculturas inventariadas por Paredes.

El jurado también incluyó en el acta que lamentaban que se hubieran postulado apenas a cuatro profesionales para esta edición. Gustavo Milán explica que es probable que haya habido un problema con la difusión y que tanto él como los demás miembros del jurado están convencidos de que hay muchos investigadores de patrimonio cultural, arqueológico y natural que hubieran sido buenos candidatos también para optar por el galardón.

El Premio Nacional de Cultura se entrega anualmente por la presidencia a una persona o institución destacada en el área seleccionada cada año a discreción por el titular de Cultura. En su gestión, Silvia Elena Regalado ha incluido disciplinas que no habían sido premiadas anteriormente: música popular (2016), fotografía documental (2017) e investigación de patrimonio (2018).