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Disección de la Paes: el examen que reprobamos año tras año

Andrea Burgos

La Prueba de Aprendizaje y Aptitudes para Egresados de Educación Media (Paes) se ha consolidado, tras 21 años de existir, como la vara que mide cómo salen los estudiantes salvadoreños de colegios y escuelas. El panorama que pinta esa herramienta es desalentador. La única consistencia en la Paes a lo largo del tiempo ha sido la reiterada reprobación a nivel nacional. Si esa prueba es uno de los indicadores oficiales con los que se evalúa al sistema educativo, presenta a ese sistema como un mal estudiante, uno que constantemente deja casi todas las materias. En esta entrega, a través de gráficos, ponemos bajo lupa este examen a lo largo de los años. 

ElFaro.net / Publicado el 14 de Enero de 2019

 

El diseño, la metodología de evaluación y los intereses a los que responde la implementación de la Paes han cambiado a través de las distintas administraciones desde su introducción en 1997. Estos cambios dificultan la comparación histórica de los resultados y ponen en duda la transparencia de su finalidad. Agustín Fernández, director técnico de la Paes desde 1997 hasta 2013, sostiene que la intención original de la prueba era evaluar al sistema escolar, no a los alumnos. A partir de este diagnóstico debían construirse políticas educativas. Según él, esto no ha sucedido, por lo que la Paes no está cumpliendo su objetivo inicial.

Por el contrario, el Ministerio de Educación (Mined) establece que la Paes evalúa los logros de todos los egresados de educación media general y la propone como un indicador de la calidad del sistema educativo salvadoreño.

Según una publicación de la Secretaría de Participación, Transparencia y Anticorrupción, antes de 2005, la Paes evaluaba los conocimientos de los estudiantes, no si sabían aplicarlos. Algo parecido a pedir a un estudiante mencionar tres obras de Salarrué, pero no analizar el contenido de esas obras. Este quiebre de enfoque establece otra barrera de comparación de los primeros siete años de aplicación con el resto.

Informes de resultados Paes señalan que desde 2005 hasta 2008, las autoridades del Mined decidieron alterar la nota de todos los estudiantes, sumándole 1.3 puntos, para alterar también la nota global. Esta curva inflaba los resultados de una prueba que el mismo Mined valora como indicador de la calidad del sistema educativo. Según Fernández, que es una especie de padre de la Paes, la exministra y el exviceministro de la época, Darlyn Meza y José Guzmán, justificaron ese incremento en las notas para obtener ayuda económica. “[Ellos] le dicen al jefe de informática de la UCA que hay que aplicar una curva, porque no se está llegando al objetivo del plan 2021, y si no hemos llegado el Banco Mundial no afloja plata”. 

Pauline Martin, directora de la Maestría en Política y Evaluación Educativa de la Universidad José Simeón Cañas, sostiene que los resultados Paes suelen utilizarse para crear condiciones de mercado en los centros escolares y que esa práctica va en detrimento de los que salen peor evaluados. “La idea es: si en mi escuela pública, que está en iguales condiciones que las otras escuelas, mis estudiantes sacan mejores notas Paes, quiere decir que más personas me van a buscar y van a querer estudiar aquí”, afirma Martin.

Fernández señala que la prueba ignora las diferencias territoriales e institucionales que las escuelas enfrentan. “La Paes es una prueba excluyente. No tiene un enfoque de inclusión, porque trata de homogeneizar a los estudiantes”. Según él, la comparación entre centros educativos urbanos o privados y otros rurales es injusta. Parafraseando al experto: se ha convertido en una vara de medir a todos, cuando no todos han tenido las mismas condiciones. 

Otro problema señalado por los expertos es que el Mined no tiene una metodología para atender las deficiencias mostradas por la Paes. La única razón por la cual la prueba es transversal en el tiempo es porque es una obligación de ley. Ningún plan explica, por ejemplo, qué se hará con esa sede virtual Edúcame de Metapán, cuyos estudiantes sacaron en 2017 un promedio de 2.2, la peor evaluada de ese año. La prueba es una herramienta diseñada para corregir errores en el futuro, pero sigue siendo utilizada para diagnosticar un muy opaco presente. Aún así, la Paes es lo más parecido en el consenso público a un diagnóstico anual de los estudiantes que está produciendo nuestro sistema de educación.


Más de dos décadas de aplazar

La gráfica hace un recorrido histórico de la nota global obtenida a nivel nacional desde el primer año de aplicación. Las diferencias corresponden en gran medida a los cambios técnicos que componen el diagnóstico. Además, se excluyó el período 2002 - 2004. Según Fernández, en esos años se pretendió cambiar de enfoque, y evaluar competencias en lugar de contenidos. Eso derivó en una escala distinta del 0 al 10, y arrojó un resultado denominado como “intermedio bajo” para esos años. Se sustituyeron números por categorías.

Otra variable importante ocurrió en el año 2009. Fue el primer año en el que se dejó de aplicar la curva estadística que subía el promedio por 1.3 puntos de la nota obtenida por cada alumno. La gráfica muestra de forma paralela el cálculo que hace el Mined para esos años si no se hubiera aplicado esa curva.

 

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Las matemáticas por el suelo

A lo largo de los últimos 10 años, los promedios nacionales de cada asignatura evaluada por la Paes no han logrado superar el 6. Las únicas excepciones en esta década la registraron ciencias sociales en 2015, con un puntaje de 6.17 y en 2018 con 6.25. La gráfica muestra cómo las materias de humanidades han sido las que levantan el promedio global, en contraposición de las ciencias exactas.

A pesar de que el ranking para cada año cambia en las primeras tres posiciones, matemáticas como la asignatura con el promedio más bajo es una constante. De hecho, el primer registro de que superó el 5 es también del año pasado, con 5.22. Ya en 2014, el ministro de Educación, Carlos Canjura, expresaba que la poca planta docente a nivel nacional capacitada en ciencias y matemática tiene consecuencias inmediatas, como su pobre desempeño en la Paes.

 

Escuela por escuela: las mejores y peores notas Paes

La gráfica muestra el puntaje que cada centro escolar obtuvo para cada año desde 1997. Para el año 2017 se pueden identificar los centros escolares privados con una cruz y los públicos con un círculo. Están distribuidos por departamento y agrupados por color según el nivel alcanzado. El nivel de logro básico son todas aquellas escuelas y colegios que tuvieron un promedio entre 0 y 3.75 en la Paes; el nivel intermedio, entre 3.76 y 7.50; y el nivel avanzado, entre 7.51 y 10. Este fue un canon usado por el Mined durante algunos años. 

Fernández indica que esta es una escala hecha a la medida, para poder decir que la Paes evalúa competencias, pero que en realidad no corresponde al estándar científico que esto exige. Según él explica, si la prueba evaluara competencias, se tomarían en cuenta componentes de valores y actitudes, y los resultados serían cualitativos, no números. Además, se debería cambiar el currículum y enseñar por competencias, para ser congruente entre lo enseñado y lo evaluado. “Ese es uno de los problemas graves que tiene la Paes, y es por eso que los resultados no mejoran y no van a mejorar a menos que disminuya la dificultad de la prueba”.

Esta distribución nos permite ver la brecha dentro de un mismo departamento, como en el año 2015 en La Libertad, donde encontramos al segundo lugar a nivel nacional, con un puntaje de 8.59, y también al último, con un promedio de 2.01. La gráfica permite seguir la pista a algunos centros educativos que, sin figurar en los primeros lugares, han escalado y superado la barrera de aprobación, como lo hizo el centro educativo “Las Vueltas”, de Chalatenango, en 2016.

 

 

 

 


Maestros: un problema de calidad, no de cantidad

En la mayoría de casos, las malas calificaciones en la Paes no responden estrictamente a que hagan falta docentes, sino a otros factores relacionados a la calidad, como el calendario escolar, la malla curricular, los recursos disponibles para los maestros y estudiantes, entre otros. La mayoría de centros escolares, públicos y privados que reprobaron la Paes en 2017 contaban con una planta docente capaz de atender a una cantidad de alumnos aceptable según los cánones internacionales. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) establece que lo máximo deseable es que un profesor lidie con 40 alumnos.

Cada uno de los círculos representa un centro educativo con bachillerato en 2017, y su tamaño aumenta o disminuye según el total de estudiantes matriculados ese año. A medida que avanzamos horizontalmente hacia la derecha, aumenta el promedio Paes, donde 8.76 fue la nota más alta.

Los centros educativos también se ubican en un ranking vertical: entre más sube, más alumnos debe atender cada profesor contratado; un docente para cada diez, veinte, treinta estudiantes.

Encontramos que los colegios y escuelas con mejores condiciones están ubicados en el cuadrante inferior derecho: sus promedios Paes superan la barrera de aprobado y sus docentes están menos saturados, con menos de 40 estudiantes para cada profesor. Caso contrario sucede con las esferas ubicadas en la esquina superior izquierda de la gráfica. Ahí, por ejemplo, el Centro Escolar Javier Francisco Menéndez, con una nota promedio Paes de 3.39, una matrícula inicial de 798 alumnos y solo 10 maestros registrados: alrededor de 80 estudiantes por cada docente.

Sin embargo, contrario a un diagnóstico que es vox populi cuando se habla de educación, la tendencia no está allí. En realidad son pocos los centros educativos que reprobaron la Paes y cuentan con una limitada planta docente. La gran mayoría está por debajo del límite que sugiere la Unesco, hayan aprobado el examen o no. Esta inclinación confirma que los esfuerzos por mejorar el sistema educativo parecen apuntar con urgenca hacia necesidades de calidad, no de cantidad.