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Vamos: el partido joven que huele a viejo

Nelson Rauda Zablah

En contra de lo que dice la Constitución y la Ley de Partidos Políticos, Vamos tiene a pastores afiliados en su organización política. Pero no solo eso: aunque se promociona como un partido nuevo, repite mañas de partido viejo. Por ejemplo, Josué Alvarado movilizó a sus empleados para participar en las elecciones internas del partido y colocó a sus familiares en puestos clave. La postura antiaborto o antimatrimonio igualitario lo iguala al resto de partidos; y sus ideas de cortar relaciones con Cuba o Venezuela lo ubican en la derecha. 

ElFaro.net / Publicado el 2 de Febrero de 2019

El pastor Nelson Osorio predicaba el domingo 30 de septiembre en la iglesia Fraternidad Cristiana Intercontinental (FCI) de San Salvador. Osorio eligió para su sermón de este día una simpática historia del libro de Jueces, en la Biblia, que relata una elección: los árboles querían elegir a un rey. La historia cuenta que entre los candidatos estaba la higuera, la vid y el olivo. Pero todos ellos se negaron a ser reyes. Finalmente, los árboles se abocan a un candidato menos noble: la zarza.  Pese a que la zarza les advirtió que sería un gobernante opresivo e inflexible, la zarza fue electa rey.

Con su elección de mensaje, Osorio une las dos ramas que componen esta historia: política y religión. Osorio predica en un local pequeño en la colonia Miramonte, a la par del grupo Samix. Hay unas cincuenta sillas, un modesto grupo de alabanza con un guitarrista que es cantante, un bajista y un baterista. Es una iglesia familiar: Osorio se toma unos minutos del sermón para mencionar a algunos miembros que se excusaron de asistir al servicio este domingo.

Además de ser pastor, el ingeniero Nelson Antonio Osorio Marquina trabaja como director comercial de la empresa Río Grande y  es miembro fundador del partido Vamos, del que fue su primer secretario nacional de acción gremial.

Río Grande, el partido Vamos y la iglesia FCI tienen en común a un hombre en su génesis: Josué Alvarado Flores. El pastor Osorio ejemplifica cómo Alvarado ha construido un partido a su imagen y semejanza, a partir de su familia, sus empleados y su fundación.

Vamos es un partido nuevo —fundado en 2016— que se dice sin pasado. También es un partido que tiene varios pastores entre sus filas, en abierto desafío a la Constitución y a la ley de Partidos Políticos. Es un partido en el que familiares y empleados de Josué Alvarado ocupan puestos clave y que ha movilizado a sus empleados de Río Grande en su camino para poder competir el 3 de febrero.

Las perspectivas más optimistas sitúan a Vamos con posibilidades de conseguir el 1 % de los votos. En  las elecciones presidenciales de 2014, dos partidos pequeños –PSP y FPS– consiguieron, en conjunto, 0.77 % de toda la votación, es decir, 11,314 votos. Los partidos reciben $5.27 por cada voto a su favor. Si Vamos emulara lo que dos partidos pequeños consiguieron hace cinco años, conseguiría $59,624.78 de la deuda política. Esa cantidad no serviría ni para cubrir los costos de publicidad en que incurrió entre octubre y diciembre de 2018, unos 138,800 dólares según las estimaciones de la organización Acción Ciudadana. Vamos es, por mucho, el partido que menos invirtió en su campaña.

Josué Alvarado, candidato presidencial del partido Vamos, durante el debate presidencial, realizado en la Universidad Nacional, en diciembre de 2018. 
 
Josué Alvarado, candidato presidencial del partido Vamos, durante el debate presidencial, realizado en la Universidad Nacional, en diciembre de 2018. 

Todo parece indicar que su participación en la presidencial de 2019 será anecdótica. Una de las acciones más recordadas es haber mostrado un juguete de Buzz Lightyear en el debate presidencial de Universidad de El Salvador. Alvarado es un candidato que intentó ser un outsider, y aprovechar el descontento de la mayoría de la población que no quiere que los partidos de la guerra fría – Arena y el FMLN–  sigan gobernando El Salvador. Sin embargo, en la carrera presidencial de El Salvador en 2019, el puesto del outsider ya estaba ocupado por el favorito de las encuestas, un hombre 20 años menor que Alvarado: Nayib Bukele, el exalcalde de San Salvador.

El partido de los empleados de Josué Alvarado

Entender qué es Vamos es entender a Josué Alvarado Flores, (La Unión, 1956). Se trata de un empresario que vende la historia del sueño americano: un salvadoreño pobre que emigró a Estados Unidos donde consiguió el éxito económico y social, antes de regresar a su país como un ganador altruista.

“Con una cajita en mano llena de productos latinos me fui de puerta en puerta”, dice la reseña biográfica que Alvarado despliega en su página de Facebook. Ese emprendimiento devino en Río Grande Food Products, Incorporated, una compañía fundada en Maryland, en 1986. En El Salvador, Río Grande S.A. de C.V. se constituyó el 27 de octubre de 1992. Para 2002, la empresa ya había superado el millón de dólares en activos. En 2015, los activos de la empresa eran de seis millones de dólares.

Alvarado es fundador de una compañía millonaria. De hecho, en la carrera por la presidencia de 2019, hay tres empresarios de compañías millonarias. Carlos Calleja, de Arena, fue vicepresidente de Calleja S.A. de C.V., la empresa madre de la cadena Súper Selectos, con más de 300 millones de dólares en activos. Nayib Bukele, de Gana, dirigió algunas empresas millonarias de su familia, como la distribuidora de vehículos Yamaha o la empresa de publicidad Obermet, que en 2012 reportaron ingresos por más de 13 millones de dólares.

“He logrado generar más de ocho mil empleos”, dice Alvarado. Según registros públicos, el candidato también tiene participación en otra empresa millonaria: Grupo Los Olivos S.A. de C.V. que para 2015 tenía activos de 2.1 millones de dólares. Además, Alvarado también tiene vínculos con otra empresa: Tierra Fértil S.A. de C.V.

Sobre esa base financiera es que Alvarado ha logrado construir un partido político. Alvarado dice que ha financiado toda su campaña con recursos propios, a excepción de una donación de sus empleados. Pero ese no es el único aporte que ellos le han dado en su camino a las urnas. El Faro tuvo acceso a correos electrónicos en los que el encargado de la nómina de recursos humanos de Río Grande coordina la asistencia de los empleados de la compañía a un evento de Vamos.

El 27 de julio de 2018, a las 2:52 de la tarde, Rafael Rodríguez, envió un correo con el siguiente asunto: “Grupos para transporte para evento Vamos”. En el correo escribió:

”Buenas tardes compañeros.

Adjunto listados, donde están distribuidos los departamentos. Para a que horas tienen que estar en las instalaciones de Rio Grande (sic).

Cualquier consulta estoy a sus servicios. Buen día”.

Pasaron 36 minutos y Rodríguez envió otro correo replicando a su primer mensaje. El asunto decía “RE: Grupos para transporte para Evento Vamos”. Ese nuevo correo decía “a continuación detallo la dirección: prolongación Alameda Juan Pablo II entre boulevard Constitución y 75 av. norte 1101 San Salvador”. Adjunto hay un croquis en el que está resaltada la Iglesia Cristiana Conquistadores. 

Ese segundo mensaje con la dirección estaba dirigido a 80 direcciones de correo. 54 corresponden a nombres de personas pero 26 están registrados con nombres de departamentos de la empresa. “Área de destuce; Área de Doypack; Área de Empaque; Área de Frutas; Encargado de Bodega Fría; Encargado de Bodega Seca; Electromecánicos; Marketing Digital…”

El 29 de julio de 2018, dos días después de esos correos, Vamos realizó la elección interna en la que el candidato a la vicepresidencia, Roberto Rivera Ocampo, fue electo. Rivera Ocampo es un consultor en políticas públicas con un currículum construido para ser funcionario: tiene varias maestrías universitarias en Madrid, La Sorbona, de Francia, Costa Rica y Guatemala. Su primer intento fue como candidato independiente a diputado en La Libertad, en la elección de 2018, pero desistió antes de recoger las 10 mil firmas que necesitaba.

La iglesia cristiana Conquistadores fue el centro de votación de San Salvador, hubo otros dos centros de votación: uno en Ahuachapán y otro en San Miguel.

Para elegir a Rivera, el padrón de Vamos era de 920 militantes, según datos que el partido dio a la organización Acción Ciudadana. Votaron 550 personas, casi la mitad de ellos (243) en San Salvador. Al igual que en el caso de Alvarado, la de Rivera fue candidatura única.

El Faro cuestionó a Alvarado y Rivera por la legitimidad de una elección en la que votaron empleados de Río Grande. “Tú me estás cuestionando sobre la legitimidad de un hecho que yo te lo puedo explicar. Ahora, yo te puedo cuestionar a ti sobre la legitimidad de cómo obtuviste eso y podríamos ir un poco más allá”, dijo Rivera antes de contestar que, quienes llegaron de Río Grande, tienen derecho a hacerlo, porque están afiliados al partido.

La Ley de partidos políticos dice que nadie puede ser obligado a constituir, afiliarse o permanecer en un partido. Óscar Campos, coordinador de Transparencia y Anticorrupción de Iniciativa Social para la Democracia (ISD), cree que el hecho de que empleados voten en el partido de su jefe puede influir en el derecho a una libre participación en política y constituir un vicio en la voluntad. “Quedar supeditado a que tu jefe va compitiendo por una candidatura, que no hay otro candidato en el partido y que te obliguen a que podás asistir, ser correligionario en ese partido, y que podás votar a favor de equis candidatura sí podría estar vulnerando ese derecho de libre elección que deben de tener los miembros de los partidos”, dijo Campos. “A priori podemos verlo como una situación que no es correcta, que no debería de ser ética, si hablamos del derecho de libre elección que reconoce la Constitución”, añadió.

Consultado por el conflicto que puede existir entre un patrono (que es  fundador de un partido político) y sus empleados (que pueden sentirse obligados a acudir a un evento partidario, aún si no sienten simpatías por ese partido), Rivera responde: "Nadie estuvo obligado a ir a votar. Nadie estuvo obligado a ir ese día. La cantidad de gente que trabaja en Río Grande o en Tierra Fértil... o sea son grandes, son bastantes personas".

El candidato presidencial Alvarado aseguró que no tenía ningún conocimiento sobre el envío de esos correos. “Ha sido totalmente voluntario. Desconozco lo que tú me estás diciendo”, dijo. “Nosotros realmente tenemos un grupo considerable de empleados, y el momento de la elección del vicepresidente, no estuvo esa multitud para pensar que ellos pueden haberse traído a toda la elección”, agregó.

El partido de los pastores

Decir que Josué Alvarado será presidente de El Salvador es una posibilidad muy remota. Pero aún así, Alvarado entraría al cargo con su cabeza en una guillotina. Dos semanas antes de la elección, la Sala de lo Constitucional, admitió una demanda de inconstitucionalidad contra la candidatura de Alvarado, porque un ciudadano reclamó que el aspirante a la presidencia es pastor. En su comunicado de admisión, la Sala advirtió que, si determina la inconstitucionalidad, sería el candidato a vicepresidente quien debería asumir el mando del país.

El 17 de enero, un día después de la notificación de la Sala, Alvarado y Rivera ofrecieron una conferencia de prensa. “Esta es una lucha entre el bien y el mal— leyó Alvarado de un comunicado— Sabemos que el bien siempre triunfa, porque los hijos de Dios que no negamos nuestra fe (…) siempre vamos a tener la protección de nuestro creador”, dijo el candidato. En la conferencia para defenderse de las acusaciones de ser pastor, un impedimento constitucional a su candidatura, Alvarado habló como pastor.

Quizá fue un déjà vu. Alvarado fue pastor de una iglesia en Maryland, hace 33 años, según admitió en esa conferencia, y dijo que desde entonces no había tenido ninguna otra vinculación con una iglesia. Sin embargo, una publicación de Focos lo ubicó predicando en dos eventos de iglesias evangélicas en 2015 y 2016.  

Alvarado, además, es fundador de la Fraternidad Cristiana Intercontinental, una asociación de iglesias a la que pertenece la sede en San Salvador en la que el pastor Osorio contó la historia de las elecciones de los árboles. Su vinculación con la FCI es el principal argumento de la demanda que la Sala de lo Constitucional examina. El candidato presidencial dijo que se había desvinculado de la asociación el 12 de junio de 2018. No obstante, El Faro confirmó, en enero de 2019, que el nombre de Alvarado aún aparece como representante legal de la FCI, en el registro público de asociaciones que lleva el ministerio de Gobernación.

Los partidos políticos tienen prohibido, en la Constitución, afiliar a ministros de cualquier culto religioso. La ley de partidos políticos considera esa acción como una infracción grave. Además de su propio caso y Osorio, la actual esposa de Alvarado, Cristina Escoto, también es pastora y actual secretaria nacional de asuntos de la Mujer de Vamos, partido del que es fundadora.

Con Escoto, Alvarado también tiene en común su primera experiencia en política. Ambos compitieron para ser diputados de San Salvador, en 2015, con el Partido Demócrata Cristiano. Alvarado fue el segundo candidato más votado: obtuvo 12 mil votos; Escoto, con 5,074, fue la tercera. Solo estuvieron detrás del único diputado que sacó el PDC en esa elección: Rodolfo Parker. En la campaña de 2015, Escoto se promocionaba con sus “19 años de trayectoria como pastora” y en Youtube es posible encontrar videos de sus mensajes, uno de los más recientes en junio de 2017.

Rivera, el candidato a la vicepresidencia, dijo a El Faro que Vamos estaría dispuesto a corregir sus infracciones a la ley. “El ciudadano que identifique eso como tú podría ir y poner una demanda, tranquilamente. Eso no hay problema. Si es que cometimos un error, estamos dispuestos a enmendarlo”, dijo Rivera. Sin embargo, Alvarado defiende que Escoto está desafiliada de cualquier rol pastoral. “En el caso de la pastora Cristina Escoto, ella ha sido pastora antes de ser parte o secretaria dentro del partido. Ha delegado y entregado la iglesia, no está pastoreando”, dijo Alvarado.

Más difícil de explicar es el caso del pastor Osorio, quien se negó a dar declaraciones a El Faro en una visita a su iglesia o en llamadas a su oficina en Río Grande. Alvarado negó que Osorio estuviera afiliado al partido, aunque documentos que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) entregó a este periódico, gracias a la ley de información pública, lo ubican como uno de los fundadores del partido.

—En el caso del ingeniero Osorio no es parte en ningún área de la Constitución del partido— respondió Alvarado a El Faro.
—En la escritura de constitución sí está el pastor Nelson Osorio— replicó este periódico.
—¿De qué? ¿De Vamos?
—Sí
—Pues fijate que tendría que revisarlo porque no tengo conocimiento de eso.

El vínculo de Alvarado con las iglesias evangélicas es un asunto familiar. Su esposa es pastora, su padre fue pastor, y su hermano es pastor. Vamos también es un partido que integra a varios miembros de la familia de Alvarado. Por ejemplo, cuando empezó la campaña presidencial, la secretaria de Comunicaciones de Vamos, encargada de relaciones con la prensa, era Camila Hasbún Escoto, hija de Cristina Escoto. En la escritura de constitución del partido también están los otros dos hijos de la pastora: Leah Hasbún Escoto, inscrita como secretaria de asuntos internacionales, y Juan Carlos Hasbún Escoto, colaborador del área de comunicaciones de la campaña. Otros miembros de la familia de Alvarado en el partido son su hermana, Yaneth Carolina Alvarado Velásquez, y su cuñada, Marta Dilia Hernández de Alvarado.

El Faro preguntó a Alvarado si trasladaría su práctica de asignar puestos de confianza en su instituto político a un eventual gobierno. “Para nada. No, perdón. En el caso específico del partido, te voy a ser bien honesto, eh relación sanguínea no tenemos con las personas que me estás mencionando”, dijo en alusión a su esposa y los hijos de ella. “Los salvadoreños tienen que estar convencidos que nosotros vamos a ser transparentes y vamos a hacer las cosas en el orden de la ley, seleccionando a cada servidor público por sus capacidades, integridad,  principios y valores. Solo así podemos responderle a la nación de que no vamos a terminar siendo más de lo mismo”, dijo Alvarado. En su página web, Vamos ha habilitado un formulario para que cualquiera pueda a aplicar a un puesto en su eventual gobierno.

El nuevo partido de derecha

Si Vamos no es un partido de derecha, parece.

Su jefe de campaña es Luis Membreño, un consultor en seguridad que buscó integrar la fórmula presidencial de Carlos Calleja, el candidato de la Alianza por un Nuevo País, una coalición de partidos de derecha. Membreño confirmó a El Faro que buscó esos acercamientos, pero no se concretaron. En la recta final de la campaña, Membreño asumió como vocero de Vamos en la presentación de varios aspectos de su plan de gobierno y en entrevistas con medios de comunicación.

Aunque se ha publicitado como de centro, durante la campaña ha buscado conectar con el sector más conservador de la sociedad salvadoreña. Uno de sus spot es de un feto que habla y pide un milagro. Tanto Alvarado como Rivera se han declarado abiertamente antiaborto, y contrarios al matrimonio entre personas del mismo sexo. En ese último punto, no son únicos: todas las fórmulas han coincidido en su posición, asumiendo que apoyar cualquiera de esas causas les drenaría votos. Pero la decisión de focalizar los temas conservadores no es casual. 

Uno de los principales asesores de Alvarado en la campaña es Moisés Fernández, un pastor español. Fernández ayudó a Alvarado a conectar con el diputado y pastor costarricense Gonzalo Ramírez, de acuerdo con la investigación de Focos. Tras la campaña de Vamos, que enfatizó la narrativa antiaborto, subyace una idea que casi convirtió en presidente a otro candidato de apellido Alvarado, en Costa Rica. Fabricio Alvarado empezó muy abajo en las encuestas, pero irrumpió con un discurso basado en los valores cristianos y la defensa de la familia tradicional, para llegar hasta la segunda vuelta. El repunte fue mediado por una decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que mandaba a Costa Rica a reconocer el matrimonio igualitario.

Josué Alvarado se acordó de ese caso modelo en su cierre de campaña, un pequeño mitin en San Miguel. "En Costa Rica las encuestas arrojaban datos de victoria para los partidos tradicionales, sin embargo al momento de votar, los costarricenses decidieron darse la oportunidad de un cambio votando por los candidatos de partidos nuevos, sin pasado", según un comunicado de Vamos. Lo cierto es que Carlos Alvarado repuntó inclusive en las encuestas en Costa Rica. Ese repunte nunca llegó para Vamos en El Salvador.

Las propuestas en política exterior de Vamos son otro guiño a la derecha. La fórmula ha prometido cortar relaciones diplomáticas con Cuba y Venezuela, algo que ni la derechista Alianza por un Nuevo País ha ofrecido. Vamos propuso trasladar la embajada salvadoreña en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, emulando los pasos del gobierno estadounidense de Donald Trump, o de la Guatemala de Jimmy Morales.  Inclusive en términos regionales, el vicepresidenciable Rivera Ocampo revivió el conflicto por isla Conejo, durante un debate de candidatos a la vicepresidencia. El islote es un territorio limítrofe entre Honduras y El Salvador y el uso electoral del tema ha sido común en recientes campañas electorales de ambos países.

Josué Alvarado también piensa igual que Arena en cuanto a la necesidad de investigar crímenes de guerra. "Meternos en ese terreno (de investigar crímenes de guerra) es abrir heridas", dijo Alvarado cuando asistió a la entrevista de El Faro Radio. Esta no es una idea disruptiva- Líderes de derecha y de izquierda han coincidido en cuanto a la inconveniencia de abrir estos casos, algo que la embajada estadounidense reveló en un cable del 2017. "Aquí tenemos dos bandos que han matado, han destruido. En este caso, yo vengo a que nos unamos a pacificar a este país porque de eso ya estamos hartos", dijo Alvarado en el programa de radio.

En su último mitin de campaña, Alvarado cerró con una nueva alusión bíblica. "Cuando comenzamos la campaña nadie nos conocía, éramos solamente dos locos idealistas que nadie tomaba en serio", dijo Alvarado. Ilustró que él y Roberto Rivera eran "como dos David que peleábamos contra tres Goliats. Pero hoy, podemos decir con mucho orgullo que El Señor ha venido haciendo su trabajo y estamos a las puertas de un milagro. El milagro de que Vamos llegue a segunda vuelta y que aspiremos a ganar la presidencia de la República”. Y en eso, Alvarado tiene toda la razón. Vamos necesitaría un milagro.