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Una escuela de esgrima en San Pedro Masahuat

Marvin Recinos (AFP)

Con desteñidas máscaras, guantes rotos y floretes oxidados, un grupo de jóvenes de San Pedro Masahuat (La Paz) integran una escuela rural de esgrima que, además de ganar medallas, está sirviendo para apartar a jóvenes de la violencia social que vive el país. Esto frena la violencia, con toda seguridad frena la violencia”, dice Ernesto Ramírez Valladares, un exatleta y empleado público de 59 años, de los cuales 35 dedicó a la esgrima, disciplina en la que acumuló medallas en florete, espada y sable.

Este profesional de la espada piensa que el Estado salvadoreño, en lugar de “formar y emplear” a tantos policías y soldados, mejor debería preparar a maestros para trabajar con los niños en deportes. “Necesitamos maestros deportivos comprometidos con sus comunidades”, dice.

Otrora campeón centroamericano de florete individual y subcampeón de espada en juegos deportivos centroamericanos en los noventa, la consigna de Ramírez es ayudar a formar atletas porque “la esgrima es como una hermandad”.

Al constatar que ninguna entidad ayudaba a los jóvenes con programas deportivos, decidió fundar el 31 de mayo de 2009 la escuela al aire libre con niños. Casi diez años después, y sorteando obstáculos, presenta un palmarés de unas 300 medallas en distintas competencias.

Ramírez llega cada tarde a San Pedro Masahuat, tras cumplir su jornada laboral en una oficina pública de San Salvador, para entrenar a jóvenes de familias pobres y compartir su experiencia como atleta y expresidente de la Federación Salvadoreña de Esgrima. El maestro de esgrima “ha logrado transformar la forma de pensar y actuar de los niños, adolescentes y jóvenes de la escuela, alejándolos de toda forma de vida negativa y nociva”, dice Ana Ramírez, madre de dos de los atletas que entrena Ramírez.

ElFaro.net / Publicado el 16 de Marzo de 2019