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Mel Zelaya: “Había un plan para asesinarme”

Carlos Dada / Fotos Víctor Peña

El expresidente hondureño Mel Zelaya presentará la próxima semana una denuncia judicial contra la “conspiración internacional” que terminó con su gobierno hace diez años, el 28 de junio de 2009. En medio de una profunda crisis política, social y económica, Zelaya sigue siendo la figura opositora más importante al régimen del presidente Juan Orlando Hernández. Para describir qué motivó que su gobierno acabara con un golpe de Estado, Zelaya dirige su mirada al presente hondureño: “Juan Orlando Hernández está muy bien con el Estado burgués y muy mal con el pueblo. Pues yo estaba al revés”, dice.

ElFaro.net / Publicado el 7 de Julio de 2019

Si de algo nadie puede acusar a Manuel Zelaya Rosales es de detenerse a descansar. Durante estos diez años transcurridos desde el golpe de Estado, ha fundado un partido político, recorrido a pie varias veces su país, organizado varias campañas electorales, mitines, marchas, protestas y hoy es el símbolo de la oposición al presidente Juan Orlando Hernández. Habla con diversos sectores, brinda entrevistas, busca nuevas vías para llegar al poder. Conspira, siempre conspira. Para envidia de muchos políticos hondureños, incluyendo al presidente, marcha tranquilo por las calles acompañado por miles de seguidores o se sienta en una silla en pleno parque central a que le lustren los zapatos mientras contingentes de soldados y policías se hacen presentes en los alrededores de cualquier lugar al que anuncie que va, por temor a lo que este hombre puede provocar.

Tal parece que el único día en que este hombre se durmió fue durante las primeras horas del 28 de junio de 2009 y que por eso, a las cinco de la mañana, un grupo de las fuerzas especiales del ejército lo sacó en pijamas a Costa Rica. Así terminó su presidencia. Recientemente, para conmemorar el décimo aniversario del golpe, Zelaya presentó un pequeño libro titulado el Golpe 28 J, que anunció como sus memorias de aquel evento. No lo es. En él cuenta que, en una reunión pocos días después del golpe, la Secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, le dijo: “Una lección debemos sacar de este momento: Todos los presidentes deben dormir con una buena pijama”.

 “Mel”, como lo llaman sus seguidores, ya no es aquel líder que arrastró a cuatrocientas mil personas al aeropuerto de Toncontín cuando amenazó con volver, días después del golpe, y que las hizo gritar eufóricas cuando su avión penetró el espacio aéreo, dio una vuelta y se fue.

En diez años, la gente parece haberse cansado más que él. Pero si Zelaya ha perdido apoyo, el rechazo al presidente Juan Orlando Hernández es abrumador. Y eso juega a su favor. Ahora encabeza la oposición política a un presidente que se reeligió no solo inconstitucionalmente sino a través de un fraude contra una alianza política forjada entre Zelaya y Salvador Nasralla, un popular animador de televisión convertido en candidato. A pesar de las denuncias de organismos internacionales sobre irregularidades en la elección, Estados Unidos avaló el fraude, lo que multiplicó las protestas en la calle. El gobierno de Hernández, de alguna manera, reivindica a Zelaya. Después del golpe Honduras se convirtió en el país más peligroso del mundo para los defensores ambientales; se ha multiplicado el narcotráfico y también la presencia de las fuerzas armadas y policiales en todo el país y la represión ha sido cuestionada por todos los organismos internacionales de Derechos Humanos. Ha aumentado la violencia y el hermano del presidente enfrenta un juicio en Nueva York acusado de narcotráfico. El país atraviesa una profunda crisis política, social y económica. El presidente Hernández, parecen coincidir todos los sectores, vive sus horas más débiles. Zelaya lo sabe. Pero también sabe que, entre esa diversidad de grupos opositores al gobernante, no todos creen que Zelaya o su partido serían el mejor sustituto.

 Zelaya nos recibe en la sede de su partido, Libertad y Refundación. A la entrada hay un relieve en yeso, en el que él figura junto a Chávez, Lula, Cristina Kirchner, Evo Morales, Daniel Ortega, Lugo y Correa, rodeados de campesinos y obreros que sostienen una manta en la que se lee NO AL GOLPE. En los extremos, soldados golpean a una mujer al lado del cuerpo ensangrentado de un hombre. A estas alturas es una pieza de museo, testigo de tiempos mejores para la izquierda latinoamericana. Él mismo diseñó la obra. Acaba de volver de San Pedro Sula, la capital industrial del país, donde asistió a una reunión con la Cámara de Comercio. Está distendido y de buen humor. No lleva su icónico sombrero Stenson ni sus botas olanchanas, pero mantiene su vestir monocromático en blanco y negro que alternaba en campaña con algún rojo, el color de su partido. 

El libro,
 
El libro, "Golpe 28J", está basado en la denuncia del expresidente Zelaya hace sobre los hechos que rodearon el golpe de Estado que el recibió en junio de 2009. Manuel Zelaya presentó su libro el jueves 27 de junio, en el auditorio de la Universidad Pedagógica de Tegucigalpa, Honduras. El expresidente hace un recuento después de diez alos del golpe de Estado, que ha tenido a Honduras en una profunda crisis política. Foto: Víctor Peña.

 

El libro sobre el golpe que usted ha presentado no es un libro. Es una denuncia.
¿Cómo que no es un libro?

Es decir, no son sus memorias ni su versión política del golpe. Es una denuncia. En la primera página dirige el escrito al fiscal general y al vocero de la Maccih. Y termina con la exigencia a ambos de investigar los hechos denunciados. ¿Ya presentó esta denuncia?
No. La vamos a presentar el 18 de julio. Ahorita están en receso y vuelven hasta el 18. Pero no vamos a presentar solo eso sino más de 300 anexos que no están en ese libro.

Mientras tenemos acceso a esos anexos acláreme un par de cosas: habla usted de un intento de magnicidio…
Sí. Había un plan para matarme. Allí cito una conversación con el general Romero Vázquez Velázquez, que me llamó a Nicaragua para decirme que le habían solicitado matarme.

Según la denuncia de Zelaya, Vázquez le habría dicho que “El Estado Mayor tuvo que votar dos veces, la primera vez nos propusieron liquidarlo pero todos nos negamos, entonces nos plantearon que un Comando de paramilitares que ya tenían organizado sería el encargado, por lo cual se volvió a votar y todos los integrantes del Estado Mayor decidimos mandarlo a Costa Rica”. No se menciona en ningún lado quién solicitó el asesinato del presidente.

Yo hablé con el general y él niega que haya existido tal solicitud o que él le haya dicho eso a usted. Pero ese no es el punto. El general admite que tenía información de que algunos empresarios querían matarlo pero no me quiso dar ningún nombre. ¿Usted sabe quién quería matarlo?
Hay muchas pruebas. Mire, un mes antes de que me sacaran, un señor llamado Andrés Pavón (presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Honduras) presentó una denuncia en la fiscalía por información de que los militares planificaban mi asesinato. Además el general Romeo Vázquez me confesó directamente que le propusieron matarme. Él lo menciona en su libro. Pavón es hoy embajador en Cuba.

En las memorias del general Vázquez, llamadas Ambiciones Peligrosas, él revela haber recibido de inteligencia militar una grabación, enviada por anónimos, en la que unas personas aseguraban haber contratado ya a unos sicarios para asesinar al presidente Zelaya. Recientemente, en una entrevista, me dijo que los conspiradores eran empresarios hondureños y los sicarios colombianos, pero que nunca pudo confirmar esta información.

¿Pero sabe usted quiénes ordenaron su asesinato? 
Sé quiénes estaban en contra mía. Es decir, los autores intelectuales que planificaron mi derrocamiento y magnicidio. Tenemos la lista de empresarios. Después del golpe los denunciamos ante la Corte Penal Internacional.

En octubre de 2015, la CPI concluyó que, a pesar de haber confirmado violaciones a los derechos humanos de los hondureños, cometidos por las fuerzas de seguridad y el gobierno interino de Roberto Micheletti tras el golpe, no encontró suficiente evidencia de crímenes contra la humanidad y por tanto no tenía jurisdicción. También investigó los crímenes contra campesinos en la región del Bajo Aguán y concluyó que a pesar de su gravedad no caen en el estatuto de Roma y por tanto no pueden ser llevados a juicio allí.

El prólogo de su denuncia dice que su derrocamiento se da por una conspiración transnacional dirigida por militares, políticos, empresarios… 
Y también religiosos. Y medios de comunicación.

Pero vamos a la parte transnacional. ¿Cuál es según usted el rol de Estados Unidos? Porque de hecho en la denuncia usted consigna que el embajador estadounidense en Tegucigalpa, Hugo Llorens, denuncia el golpe al Departamento de Estado, no lo apoya. De hecho advierte a sus jefes que el golpe es inconstitucional… 
La información que tenemos es que el golpe se planificó dentro del Comando Sur (Del Ejército de Estados Unidos). No en el Departamento de Estado. Eso obedece a una acción de las petroleras de Estados Unidos que son los protagonistas del financiamiento del golpe.

¿Por qué a las petroleras estadounidenses les interesaría un golpe en Honduras, que no es productor?
Por la llegada de Petróleos de Venezuela y Chávez.

El general Vázquez dice, para finales de junio de 2009, que usted tenía en contra a todo el sistema político, incluyendo buena parte de su propio partido, el Liberal; a los grandes empresarios hondureños; a las iglesias… que lo único que le quedaba como aliado era el Ejército y que su mayor error fue pelearse con ellos. ¿Por qué se peleó con el Ejército?
Ese es el estado burgués: religión, partidos políticos, iglesias… El Estado burgués. El Ejército hondureño obedece al Estado burgués. Mire por ejemplo lo que le pasa ahora a Juan Orlando Hernández: Está muy bien con el Estado burgués y muy mal con el pueblo. Pues yo estaba al revés.

El expresidnete de Honduras, Manuel Zelaya, durante entrevista ofrecida al periódico El Faro, en la sede de Libre, en la colonia Humuya, de la ciudad de Tegucigalpa, el 2 de julio de 2019. Manuel Zelaya hace un recuento después de diez alos del golpe de Estado, que ha tenido a Honduras en una profunda crisis política. Foto: Víctor Peña.
 
El expresidnete de Honduras, Manuel Zelaya, durante entrevista ofrecida al periódico El Faro, en la sede de Libre, en la colonia Humuya, de la ciudad de Tegucigalpa, el 2 de julio de 2019. Manuel Zelaya hace un recuento después de diez alos del golpe de Estado, que ha tenido a Honduras en una profunda crisis política. Foto: Víctor Peña.

Pero en términos estrictamente políticos, ¿cuál fue su error?
El error es de quienes tomaron las armas para botar un régimen democrático. El error de Estados Unidos es el de apoyar una dictadura (de JOH). Aquí no se puede gobernar si no es para el estado burgués.

¿Entonces qué sentido tiene su lucha?
Yo escogí ser hermano del hombre y esa es la lucha que le da sentido a mi vida. Yo escogí del lado de quién voy a actuar. Los pueblos seguimos avanzando.

Deme su lectura de la actual crisis en Honduras…
Es un error de Estados Unidos. Critica a Venezuela y a Nicaragua y aquí apoya a una dictadura. Trump ha cometido un error. Si quiere evitar la migración debe apoyar la democracia y el desarrollo. No una dictadura. Este no es un país independiente.

¿Pero cómo se relaciona esta crisis con el golpe de 2009? 
La historia no es lo que dice el génesis. No obedece a principios religiosos sino dialécticos. No se puede aislar el golpe de Estado de mis acciones como gobernante. En Honduras una élite conspiró para posesionarse del dinero, de los negocios del país. Y sigue gobernando a través de Juan Orlando Hernández. Hay un paraestado.

¿Cómo cree usted que se rompe ese paraestado?
Con lucha. Y no es una lucha fácil. Requiere esfuerzo y sacrificio de los pueblos.

Cuando le dieron el golpe de Estado, los vientos regionales estaban mucho más a favor que ahora para usted: Chávez, Kirchner, Lula, Correa, Evo, Lugo, Martín Torrijos… 
Chávez comenzó en 1998. Encabeza una protesta, una demanda del pueblo frente al modeloneoliberal. El socialismo contra el liberalismo económico. Eliott Abrams (enviado especial del gobierno de Trump para Venezuela) lo acaba de decir: “No podemos dejar que el socialismo triunfe”. Estados Unidos, con Bush, establece la restauración conservadora de América Latina. Es la política del vecino incómodo. Ahora en nuestros países Estados Unidos capacita jueces y fiscales. Eso le hicieron a Lula. Esa contraofensiva es el fenómeno que estamos viendo pero son los estertores del poder del capitalismo criminal y asesino. Las derechas han recapturado poderes en América Latina. La derecha defiende un sistema en confrontación con el planeta y la humanidad. La visión de las élites es que ellos son el orden. Hemos regresado a los ochentas. Todos los estados que han querido así imponer el orden terminan en exterminios. Es el fenómeno de JOH.

Hace unos días, el senador estadounidense Bernie Sanders dijo que Honduras es un estado fallido. ¿Está usted de acuerdo con el señor Sanders? ¿Es Honduras hoy un estado fallido?
(Piensa diez segundos antes de responder)… Bernie Sanders propone un socialismo democrático y simpatizamos con él. Pero calificar a Honduras de estado fallido obedece a que el Estado ya no responde a los intereses del derecho que se destruyó con el golpe de Estado. Se han suprimido las diferencias entre pderes. Aquí hay una dictadura y en eso coincidimos. Para alguien como yo, que observa Honduras desde afuera, este parece ser uno de los momentos de mayor debilidad del gobierno de Juan Orlando Hernández… Es uno de esos momentos. En los días posteriores al fraude, si (Salvador) Nasralla no desmoviliza la calle, Juan Orlando Hernández se cae. Ahora esto: si la plataforma (por la Salud y la Educación) no desmoviliza, se cae. No puedo juzgar a la plataforma, porque su agenda era desmontar los decretos y lo han logrado.

El pasado 28 de junio, el décimo aniversario del golpe, todos esperábamos una masiva movilización de ustedes, incluyendo el gobierno que militarizó todo el país, y no hubo nada…
Nosotros planificamos una ofrenda floral en el aeropuerto y un concierto en la noche. Nada más. Lo demás fue un rumor que el mismo gobierno hizo crecer. Nada más. Pensaron que podían caer ese día.

¿Pero por qué no lo hicieron?
Porque ese es un error estratégico. No se bota a un gobierno con un anuncio.

¿Usted estaría dispuesto a pactar una alianza con Luis Zelaya, el líder del Partido Liberal?
No creo en el diálogo entre cúpulas. Creo, como en la Revolución Francesa, en convocar a lostres estados: el secular, el popular y el monárquico. En este caso la burguesía, el pueblo y el sector político. Esos tres sí pueden encontrar una salida civilizada. Si no solo queda la sublevación y la revolución. Las dictaduras no salen bien. Estados Unidos lo sabe bien.

¿Se puede apostar, en Honduras, a la salida de Juan Orlando Hernández sin la aprobación de Estados Unidos?
Sí. ¡Claro que sí! Pero la dictadura ha sido exitosa en dividir. Nuestros esfuerzos son boicoteados por la empresa privada. Ellos quieren menos impuestos y más paz, pero no quieren sacar a la dictadura porque le tienen miedo a un cambio constitucional. El pueblo mismo lo puede sacar con un paro nacional pero los sectores sociales están divididos por la dictadura. El gobierno se sostiene porque ha aplastado a los sectores sociales.