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Cómo Jimmy encontró el negocio de la impunidad en Jerusalén

Jody Garcia y Javier Estrada Tobar

En mayo de 2018, dos días después de Estados Unidos trasladara su Embajada en Israel a Jerusalén, el Gobierno de Jimmy Morales hizo exactamente lo mismo. Un grupo de pastores evangélicos pro Israel y cercanos a la Casa Blanca adjudica ese logro a una inspiración divina. Esta investigación de Nómada revela los entresijos detrás de la decisión y los vínculos entre Estados Unidos y la cruzada anti-Cicig de Morales.

ElFaro.net / Publicado el 14 de Agosto de 2019

Jimmy Morales, al centro, corta la cinta en la inauguración de la embajada guatemalteca en Jerusalén. Está flanqueado por Netanyahu, las esposas de ambos, la canciller Jovel y el ministro de Defensa, Ralda. Foto de Gobierno de Guatemala
 
Jimmy Morales, al centro, corta la cinta en la inauguración de la embajada guatemalteca en Jerusalén. Está flanqueado por Netanyahu, las esposas de ambos, la canciller Jovel y el ministro de Defensa, Ralda. Foto de Gobierno de Guatemala

Un lunes 5 de marzo de 2018, la audiencia del poderosísimo lobby estadounidense-israelí AIPAC recibió con una ovación de pie a uno de sus oradores principales. Era un personaje poco común en esas ligas. Un presidente que nunca había sido invitado a inaugurar ninguna conferencia internacional. Jimmy Morales, el impopular presidente guatemalteco, llegó para confirmar que trasladaría su embajada de Tel Aviv a Jerusalén.

– Trabajamos conjuntamente con los Estados Unidos de América en la lucha contra la corrupción, lucha que hemos apoyado con un incremento sustancial al presupuesto de las instituciones de justicia en nuestro país y también con el total respeto de las instituciones (…) Nos une fuertemente con Estados Unidos la necesidad de mantener gobiernos democráticos en toda América y el mundo. Los Estados Unidos de Norteamérica, Israel y Guatemala tenemos prioridades y valores similares: la lucha contra el terrorismo, el compromiso con la seguridad fronteriza, la prevención de la migración irregular, la lucha contra el tráfico ilegal de drogas y armas y la protección de los derechos humanos.

Con una sonrisa cerrada y satisfecha, anunció que dos días después de Estados Unidos, Guatemala trasladaría su Embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. El anuncio levantó otra ovación entre los presentes.

Pero Jimmy Morales no está acostumbrado a recibir aplausos internacionales. Tenía un gobierno paralizado, acusado de financiamiento electoral ilícito en su campaña, rátings de aprobación de menos de 20% y una colección de criminales alrededor suyo que incluían a un asesor prófugo acusado de masacres, un diputado preso acusado de asesinar periodistas y otro diputado acusado de asesinar a su propio padre. ¿Qué hacía un político así, de un pequeño país centroamericano, provocando una ovación en un  centro de poder importante en Washington? Esto tiene una historia muy particular.

En sus horas más aciagas de soledad internacional, Jimmy Morales recurrió a un bachiller.

En junio de 2017 nombró a Manuel Espina como embajador de Guatemala en Washington. Entre los diplomáticos de carrera, el nombramiento de Espina fue sorprendente porque solo tiene el título de Bachiller en Ciencias y Letras. Y en la universidad solo constan sus estudios hasta el cuarto semestre en licenciaturas de Administración de Empresas y de Ciencias Políticas. Su experiencia en la diplomacia era nula. Era hijo de un exvicepresidente de los años 90 acusado de corrupto y en julio de 2019 se hizo público que la CICIG, la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, encontró que una cuenta que compartía con su papá fue recipiendaria de sobornos.

Pero no es lo importante para esta historia. A pesar de su falta de experiencia, las relaciones con líderes evangélicos que heredó de su padre en Washington serían clave para cultivar una relación cercana con políticos conservadores y jefes de diversas instituciones del Estado. En Estados Unidos, también estrechó relaciones con miembros del Partido Republicano, como el ex senador y ex Fiscal General, Jeff Sessions, con quien se reunió en el 2013.

– En efecto, entre las prioridades principales del embajador Espina desde que el presidente Morales le declaró guerra a la CICIG y la lucha contra la corrupción en agosto de 2017, estuvo debilitar el apoyo bipartidista a la Comisión, recuerda Adriana Beltrán, del Washington Office on Latin America (WOLA) y una de las conocedoras de la política parlamentaria estadounidense.

Un staffer del Senado recordó la sorpresa que se llevó en 2018 cuando en una cena, el embajador guatemalteco Espina había logrado la presencia de cinco senadores para hablar con el presidente de Guatemala.

Mientras en Washington el embajador Espina cabildeaba contra la CICIG, en la Ciudad de Guatemala el presidente Jimmy Morales hacia los propios esfuerzos para expulsarla del país. Y así, entre junio de 2017 y agosto de 2018, la política guatemalteca se jugó en ambas ciudades, con una estrategia singular que incluiría a la Casa Blanca de Donald Trump, la Oficina de la Fe de la Casa Blanca, y su interés porque más países reconozcan a Jerusalén, capital en disputa con los palestinos, como el centro político y religioso de Israel.

Así, los guatemaltecos amanecieron el domingo 24 de diciembre de 2017, en vísperas de Noche Buena, con un inusual video de Jimmy Morales, que anunció el traslado de la Embajada de Guatemala en Israel de la ciudad de Tel Aviv a Jerusalén.

El resto de países del mundo que tienen relaciones diplomáticas con Israel han mantenido sus embajadas en Tel Aviv, pues la ONU aprobó desde 1948 que los territorios de Tierra Santa son tanto de Israel como Palestina, que debían convivir en dos Estados vecinos, y que Jerusalén fuera una ciudad internacional en la que pudieran vivir (y visitar sus lugares santos) tanto israelíes como palestinos.

En enero del 2018, Mario Bramnick y otros líderes evangélicos vinculados con la Casa Blanca visitaron Guatemala para honrar al presidente Jimmy Morales por la decisión que había tomaron un mes atrás de trasladar la embajada de Guatemala a Jerusalén.
 
En enero del 2018, Mario Bramnick y otros líderes evangélicos vinculados con la Casa Blanca visitaron Guatemala para honrar al presidente Jimmy Morales por la decisión que había tomaron un mes atrás de trasladar la embajada de Guatemala a Jerusalén.

La diplomacia de la religión evangélica 

Este anuncio tuvo una antesala religiosa y una llamada telefónica. Los líderes religiosos estadounidenses que conversaron con Jimmy Morales para que decidiera el cambio de embajada son mucho más que defensores de la libertad de credo. Son cristianos sionistas, que consideran que la anexión de los territorios palestinos a Israel es un requisito para la segunda venida del mesías, Jesucristo.

Mario Bramnick, presidente de la Coalición Latina por Israel (LCI, en inglés), dio una entrevista al Columbia Journalism Investigations (CJI).

“Esa noche yo pude ver cómo en los Estados Unidos, el Señor está usando a la iglesia en un rol muy importante”, recordó. El pastor se refería al “testimonio” que escuchó, de primera mano, sobre cómo el presidente Morales tomó la decisión, a última hora, de trasladar la sede diplomática después de una conversación telefónica con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en diciembre.

Según dijo Bramnick a CJI, Jimmy Morales había coordinado una llamada con Netanyahu y le pidió a una pastora local que le sirviera de traductora del inglés. El presidente, explicó, había decidido de antemano rechazar la solicitud de Netanyahu para mover la sede y así se lo había comunicado al todo su equipo de gobierno que se encontraba en la sala.

“La llamada viene y se corta, viene y se corta”, dijo Bramnick y que mientras esperaban, la pastora leyó unas citas bíblicas con él y le dijo al presidente: “si Dios te puso en esta oficina es para cambiar la historia de Guatemala”. Al final de la llamada, según Bramnick, Jimmy Morales había cambiado de opinión y había decidido mover la embajada y convertirse en el segundo país en hacerlo, después de Estados Unidos.

Pero la motivación de Jimmy Morales no fue únicamente religiosa, como se verá más adelante.

Un grupo de 70 líderes judíos y evangélicos conservadores organizó otra misión para visitar el país centroamericano el 25 de enero de 2018, solo un mes después del anuncio de Jimmy Morales.

En esa Misión estaba  la Coalición Latina por Israel (LCI), que envió a 3 líderes, todos cercanos o afines a Trump, para reunirse y cenar con el presidente guatemalteco.

Los líderes religiosos se conectaron con el gobierno de Jimmy Morales a través de la familia Garcés, de origen cubano-americano, que migró a Guatemala para hacer negocios y participar en la política, coincidieron fuentes diplomáticas y políticas consultadas por Nómada. Los actores clave son los hermanos José Garcés, de la agrupación Armonicemos Guatemala, y Gloria Garcés, directora de medios y divulgación de FuenteLatina.com, cuya fundadora y CEO, Leah Soibel, es parte del Junta Asesora de Medios de la Coalición Latina por Israel (LCI).

Gloria Garcés es una cabildera (lobista) que trabaja como enlace entre políticos, diplomáticos y activistas fundamentalistas pro-Israel. Y José Garcés, desde Guatemala, conectó a los grupos evangélicos más conservadores estadounidenses con los los políticos y empresarios anti-CICIG. Una prueba de eso es una fotografía de miembros de la misión de cristianos de Estados Unidos con la canciller Sandra Jovel, flanqueada por José Garcés.

Ellos coordinaron la cena y las reuniones entre Jimmy Morales y los religiosos; ambos fueron fundamentales para movilizar a los líderes evangélicos en Guatemala para apoyar el traslado de la embajada a Jerusalén, según la Coalición Latina por Israel.

Por eso, en febrero de 2018, el presidente estadounidense le dedicó unos minutos a Jimmy Morales, en medio del Desayuno Nacional de Oración en Estados Unidos, para agradecer su apoyo al mudar su embajada a Jerusalén.

Ambos sonrieron y se estrecharon las manos. Un estrechón de manos del que Jimmy Morales podría capitalizar después.

Los planes empezaron a concretarse el 4 marzo de 2018, cuando Jimmy Morales y su equipo se reunieron con Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, en Washington. En medio de ambos estuvo Gloria Garcés, la cabildera.

En esa fecha el presidente Morales también fue un invitado especial otra vez en la reunión anual de AIPAC, donde anunció la fecha precisa para el cambio de la sede diplomática: el 16 de mayo de 2018, dos días después de que Estados Unidos trasladara su embajada.

La noticia hizo que los asistentes aplaudieran y se levantaran de sus lugares, y que Nikki Haley, entonces embajadora de Estados Unidos ante la Organización de las Naciones Unidas, dijera en su discurso en la conferencia de AIPAC: “Dios bendiga a Guatemala” y despertara una nueva ovación del público.

La simpatía de Nikki Haley por Jimmy Morales era alta. Tres días antes de que ambos coincidieran en la conferencia de AIPAC, la ex embajadora visitó Guatemala y dijo que la CICIG “no debería politizarse” ni aparecer en la prensa todos los días, sino trabajar en silencio como lo hace el FBI. Esto fue un batacazo para la CICIG, respaldada por Estados Unidos a pie juntillas desde 2008. La CICIG, a pesar de toda la propaganda en su contra, tiene el respaldo del 70% de los guatemaltecos, según la última encuesta de Prensa Libre en 2019.

Meses después, Halley tuvo otra atención con el presidente guatemalteco. En la Asamblea General de la ONU, se reunió con él. 

De vuelta en Guatemala, Jimmy Morales y Manuel Espina lo habían logrado. Estados Unidos  se colocó en una posición neutral entre la Comisión y el Gobierno. Con Todd Robinson (y Barack Obama) el apoyo de la embajada había sido audaz y público; con la llegada del embajador Luis Arreaga (y Donald Trump), ese país ahora respaldaba la lucha contra la corrupción bajo la idea de una CICIG “reformada”.

Las gestiones de Espina en este proceso fueron clave entre el 22 al 28 de abril, cuando viajó a Tel Aviv, Israel, a una “reunión de trabajo comercial para sostener encuentros con empresarios de ese país”, que según los documentos de la Cancillería, manifestaron su interés en la agenda bilateral comercial entre ambos países. Una promesa que después de un año ha quedado en eso, promesa.

El 16 de mayo de 2018 por fin se concretó la inauguración de la Embajada de Guatemala en Jerusalén. El presidente Jimmy Morales, su familia y una comitiva que sumó 44 diputados y funcionarios de su gobierno viajaron a Jerusalén. Nómada reveló que lo hicieron en un avión que pertenece a los magnates de casinos Sheldon y Miriam Adelson, dos de los principales donantes a las campañas políticas de Donald Trump y abanderados de la causa a favor de Israel, quienes también estuvieron en el evento. Gloria y José, y otros miembros de la familia Garcés, fueron parte de los invitados.

En los registros de viajes de la Cancillería de Guatemala (página 27), se detalla que cuando se inauguró la nueva sede de las embajadas de Estados Unidos y Guatemala en Israel, los funcionarios guatemaltecos lograron un acercamiento con Jared Kushner, yerno y asesor del presidente Donald Trump, con quien planificaban un evento de alto nivel para continuar promoviendo la agenda política y comercial entre ambos países.

El traslado de la embajada hizo que Jimmy Morales y su gobierno ganara tanta simpatía entre la comunidad judía que, en mayo de 2018, el embajador Espina viajó a Nueva York para recibir el premio Emet del Comité para la Precisión en Informes de Medio Oriente en América (CAMERA, por sus siglas en inglés), la más alta distinción entre las congregaciones judías por el apoyo a Israel. “El reconocimiento de Guatemala de la capital de Israel no fue la primera vez que el país ganó un lugar de honor en la historia y los corazones del pueblo judío”, dijo Masha Gabriel, directora de español de CAMERA.

El embajador de Drollinger se convierte en embajador guatemalteco

En otro capítulo esencial de esta historia, el 7 de junio de 2018 Mario Adolfo Búcaro Flores fue nombrado embajador de Guatemala en Israel por Jimmy Morales, dos meses después de que se concretara el traslado de la sede diplomática. Previo a ocupar ese cargo, Búcaro era asesor del Instituto de Previsión Militar (IPM). También fue socio del bufete de Juan Manuel Díaz Durán, diputado y ex presidente de la Liga de la Amistad Parlamentaria Guatemala-Israel, antes representante del bufete Mossack-Fonseca, el estudio de abogados  que estuvo al centro del caso Panama Papers, reconocido porque ayudó evadir las leyes tributarias locales y a ocultar empresas de papel para cometer ilícitos en decenas de países.

El embajador y líder evangélico Búcaro fue miembro de la Cadena Cristiana de Difusión, que en el 2012 lo nombró como director regional para América Latina; también fue director nacional de Operación Bendición en Guatemala, una entidad religiosa que trabaja en comunidades afectadas por la pobreza.

Búcaro también fue representante legal de Guatemala Próspera y desde allí dirigió la implementación de un programa de valores morales que se impartió en decenas de instituciones del Estado, como por ejemplo, la Policía Nacional Civil y el Organismo Judicial.

En agosto de 2015, Búcaro fue el anfitrión para la visita de Ralph Drollinger, presidente de Capital Ministries, a Guatemala. En la página 2 de una carta sobre su viaje al país, Drollinger lo apodó Súper Mario, porque le presentó a muchos personajes con influencia, entre ellos cuatro diputados del Congreso, aunque no citó nombres.

Boicot a la CICIG

En mayo de 2018, mes en el que Guatemala trasladó su embajada a Israel, ocurrió otro hito para el boicot a la CICIG y la lucha contra la corrupción y la impunidad. El partido republicano en el Senado suspendió el financiamiento a la Comisión, por US$6 millones, un 40% de su presupuesto.

Según lo publica en este especial CJI, en julio del 2018, la cadena de periódicos McClatchy publicó una historia en la que citó a una fuente estadounidense “con conocimiento directo de las conversaciones” sobre la CICIG en Washington DC. “La única razón por la que Estados Unidos hace esto [dejar de apoyar la labor de la CICIG] es porque está feliz de que Guatemala haya trasladado su embajada a Jerusalén. Sólo porque el presidente [Morales] está molesto de que la CICIG investigue a algunos de sus familiares toma la decisión [de mudar la embajada a Jerusalén] para destacarse ante el gobierno de Trump, y entonces la dice a Trump: ‘Ayúdeme con la CICIG’”.

La publicación no fue desmentida ni confirmada por la Casa Blanca y el Departamento de Estado estadounidense.

Un mes después, el 31 de agosto de 2018, Jimmy Morales dio el golpe definitivo a la CICIG. Guatemala regresó al clima de los años de las dictaduras cuando el Gobierno sacó una flotilla de jeeps artillados J8 a intimidar las sedes de la CICIG y de la embajada de Estados Unidos. Mientras, en el Palacio Nacional de la Cultura, el presidente, con el apoyo del ejército y la policía, anunciaba que no renovaría el mandato de la Comisión más allá del 3 de septiembre de 2019.

Estados Unidos, que antes respaldaba a la CICIG, tuvo una tibia respuesta. “Creemos que CICIG es un socio efectivo e importante para luchar contra la impunidad, mejorar la gobernanza y hacer que los corruptos rindan cuentas en Guatemala”, dijo la embajada estadounidense en un comunicado.

Así se reinstaló una alianza de la guerra interna guatemalteca en los años 80, cuando los republicanos estadounidenses, Israel y evangélicos legitimaron la estrategia militar de la dictadura. Esta vez, la estrategia fue para asegurar impunidad en casos de crímenes del pasado y delitos recientes.

En septiembre de 2018, Jimmy Morales impidió que regresara al país el colombiano Iván Velásquez, jefe de la CICIG, y por primera vez desde 1993, el Gobierno desconoció una sentencia de la Corte de Constitucionalidad, que ordenaba permitir su reingreso y el funcionamiento de la CICIG. Con esto acabó con tres décadas de Estado de Derecho. En enero de 2019, fue más allá. Le retiró la licencia de armas a los integrantes del equipo de seguridad de la CICIG y les dio 24 horas a todo el personal internacional para abandonar el país. La Corte de Constitucionalidad falló de nuevo que podían regresar, pero lo hicieron todos menos el comisionado Velásquez y 11 investigadores.

En las elecciones de junio y agosto de 2019, la Contraloría de Cuentas y el nuevo Ministerio Público, de la fiscal Consuelo Porras, aliados del Gobierno, impidieron la participación como candidata presidencial de la principal opositora, la exfiscal Thelma Aldana. Así, Jimmy Morales y sus aliados militares y empresariales se aseguraron que el siguiente presidente electo sería alguien anti-CICIG.

El 11 de agosto de 2019, Alejandro Giammattei, un ultraconservador, fue electo presidente en segunda vuelta, con la participación de votantes más baja desde que se firmó la paz en 1996. Giammattei, en la noche de su victoria, anunció que mantendrá la embajada guatemalteca ante Israel en Jerusalén.

Jimmy Morales, sus aliados guatemaltecos y Estados Unidos acabaron con el instrumento más exitoso de una era de lucha contra la impunidad en Guatemala, la CICIG. Y el gobierno de Donald Trump y sus allegados evangélicos consiguieron que un país centroamericano reconociera a Jerusalén como la capital de Israel.

*Gabriel Woltke colaboró para este reportaje.


Este reportaje hace parte del proyecto Trasnacionales de la Fe , una colaboración de 15 medios latinoamericanos, bajo el liderazgo de Columbia Journalism Investigations de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y los siguientes socios latinoamericanos: Agencia Pública (Brasil); El País (Uruguay); CIPER  (Chile); El Surtidor (Paraguay); La República (Perú); Armando.info (Venezuela); El  Tiempo (Colombia); La Voz de Guanacaste y Semanario Universidad (Costa Rica); El Faro (El  Salvador); Nómada (Guatemala); Contracorriente (Honduras); Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (México);  el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP); y Univisión (Estados Unidos). 
 
Este reportaje hace parte del proyecto Trasnacionales de la Fe , una colaboración de 15 medios latinoamericanos, bajo el liderazgo de Columbia Journalism Investigations de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y los siguientes socios latinoamericanos: Agencia Pública (Brasil); El País (Uruguay); CIPER  (Chile); El Surtidor (Paraguay); La República (Perú); Armando.info (Venezuela); El  Tiempo (Colombia); La Voz de Guanacaste y Semanario Universidad (Costa Rica); El Faro (El  Salvador); Nómada (Guatemala); Contracorriente (Honduras); Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (México);  el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP); y Univisión (Estados Unidos).