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El último adiós al poeta del Puro guanaco

El poeta Salvador Juárez, autor de Puro Guanaco y reconocido dentro y fuera del país por rescatar el habla popular en su obra, falleció el 28 de julio a los 73 años. Deja un legado de 12 libros publicados. La familia espera lanzar de manera póstuma las obras inéditas en las que trabajaba el poeta. 

 
 

Tampoco hay cementerios más tristes que el de mi pueblo.
En él yacen esos muertos,
ignorados,
a pesar de que aún sufren su congoja,
la último pesadilla!..
Salvador Juárez, En mi pueblo natal.

Al poeta Salvador Juárez lo enterraron lejos de su querida Apopa. Lo enterraron con un pequeño homenaje dedicado a su nombre, que hubiera seguido por horas si no fuera por la premura del cementerio. Lo enterraron con pétalos de rosas blancas y amarillas, lágrimas de sus hijas y silencio de su esposa. Lo enterraron entre sus poesías.

Horas antes, bajo la mirada de un Cristo impávido ante la muerte, el cuerpo de Juárez estuvo rodeado de coronas de flores blancas. Escuchó cómo sus compas y otros escritores mentaban su memoria entre recuerdos que hacían reír y callar. A un costado del féretro, un retrato con sus lentes y su libro más famoso, Puro guanaco, hacían guardia a los reconocimientos que a lo largo de su prolífica carrera poética cosechó, entre ellos primeros lugares en juegos florales de poesía en Quezaltenango y San Salvador, reconocimientos como hijo meritísimo de la Alcaldía de Apopa, por su trayectoria en la Universidad de El Salvador (UES), por su participación en congresos y recitales poéticos de diferentes instituciones educativas.

Salvador Juárez nació el 9 de marzo de 1946 en Apopa y murió el 28 de julio de 2019 en San Salvador, mientras en el municipio que lo vio nacer hablaban de él. En el centro escolar Vicente Acosta, en Apopa, se le rendía un homenaje a su trayectoria literaria. El escritor y académico José Luis Escamilla, que recordó al poeta en el evento, resaltó su carácter comprometido “que se antepuso a las adversidades de la tentación de los vicios, el egoísmo elitista y las mieles que ofrece la vida cómoda”.

“A diferencia de la poesía tradicional, que guarda silencio frente a ese mundo degradado, y se pondera la figura de un yo lírico, ilustrado y elitista; surge el hablante lírico en la poesía de Salvador Juárez que se enfrenta a esa sociedad que reproduce la injusticia, la indiferencia y la corrupción”, señaló el también catedrático del Departamento de Letras de la UES.

Y así eran los versos de Juárez. Versos que se robó de los salvadoreños para clavarlos en sus poemas, como en Puro Guanaco:

Hoy me dijeron que la puesía nuestra es pura mierda, 
que no hay tales puetas en este país rascuache 
que más parece un arrimado a la humanidá que otra cosa. 
Y me lo dijeron así como para llevarme de encuentro.
Hasta le rechinaban los dientes
al fulano que entonces hablaba con sus ojos, diciéndome:
"Vaya, vos, defendete, decí algo, apostá tu alma 
y verás si no tevas derechito al infierno...

“Esta habla nuestra es producto de un pueblo imaginativo, de una conciencia maravillosamente ingeniosa”, afirmaba el poeta. Por eso, al leer sus libros se necesitaría la guía de un diccionario de salvadoreñismos antes que uno de la Real Academia Española.

Fue una muerte repentina, afirmaron sus familiares durante el entierro. Chamba, como le llamaban en su círculo cercano, le estaba ganando la batalla al cáncer de pulmón, pero es una enfermedad traicionera. Debilita. Al final fue una neumonía la que le quitó la vida.

Un perfil del poeta Salvador Juárez fue colocado por la familia durante los actos fúnebres. Foto de Jaime Quintanilla. 
 
Un perfil del poeta Salvador Juárez fue colocado por la familia durante los actos fúnebres. Foto de Jaime Quintanilla. 

Comenzó a escribir en la adolescencia y gracias a la influencia de su hermano, el poeta y periodista coetáneo de la Generación Comprometida, Hildebrando Juárez (1939-1984). Desde sus inicios en la poesía, Salvador siempre se preocupó por tener una visión comprometida y coherente. El escritor y académico Luis Alvarenga lo calificó como “un hombre de una marcada preocupación social” en el prólogo a la tercera edición del poemario Puro guanaco.

A pesar de su calidad literaria, que fue reconocida tanto dentro como fuera del país, Juárez nunca fue publicado por un sello de renombre. Siempre prefirió el trato más íntimo a su obra, y por eso el más difícil: la autopublicación. “Esto le deparaba la satisfacción de tener una vinculación más personal con sus lectores”, afirmó Alvarenga.

A Salvador Juárez se le puede definir como un poeta maldito chapado a la salvadoreña. Pulió su obra entre la calle, el alcohol, las drogas y la lucha comprometida. La mayoría de sus primeros poemas (publicó 12 libros) giran en torno a ese pasado intoxicado del que logró salir definitivamente en 2001. Según dijo en el entierro Óscar Armando Díaz, un amigo de juergas que posteriormente le ayudó en su periodo de recuperación, Juárez sufrió la gran goma moral y física de haber pasado cerca de 13 años de su vida en los más bajos fondos.

En sus últimos años, Juárez se dedicó a apoyar a la cooperativa Fedecaces en actividades editoriales y publicitarias. Donde, según el gerente corporativo, Héctor Córdova, también influyó con su pensamiento revolucionario e inconforme. Y no es fue para menos. Cerca de la mitad de los asistentes al sepelio del poeta eran cooperativistas. 

En su obra, Salvador Juárez retomó elementos satíricos y cotidianos que ya habían sido explorados por poetas de la Generación Comprometida, como Roque Dalton o José Roberto Cea. Lejos de presentar el mismo contenido en un nuevo empaque, Juárez desarrolló una voz propia para expresar el habla popular de forma poética. Esta visión es una de las características que lo distancian de ese grupo de poetas que lo precedieron.

Aun así, Juárez sufrió los embates de ser un poeta incómodo durante los 70 y 80. Estuvo activo en un movimiento artístico de Bloque Popular Revolucionario (BPR). Fue encarcelado, torturado y enviado al exilio. Durante la década de los 80 formó parte de algunos grupos literarios, siendo el más famoso Cinconegritos, en el que también estuvo la escritora Matilde Elena López.

En 2005, por iniciativa del Departamento de Letras de la UES, Salvador Juárez fue propuesto para el Premio Nacional de Cultura por su trayectoria literaria y promoción de la cultura. El galardón se lo terminó llevando Matilde Elena López.

Aparte de su poema Puro Guanaco, que es estudiado en la educación básica y superior, Juárez corre el peligro de convertirse en uno de esos autores “cuyas obras no pasan de ser uno o dos libros que recogen los planes de estudio, mientras el resto de su obra queda en ediciones príncipe para toda la eternidad”, como señala Alvarenga.

El investigador Rafael Lara-Martínez criticó que los gobiernos del FMLN no le dieron la difusión que merece a la obra de Salvador Juárez. “A muchas figuras consagradas les otorgaron puestos diplomáticos y estatales que alentaron su creatividad. Por desgracia, Juárez solo recibe ese aliento en la muerte”, escribió en su Facebook.

En toda su vida se dedicó a la poesía. Siempre que era invitado a recitales iba con gusto a leer sus poemas. De esta manera conectaba con sus lectores. Aun en sus últimos días, su amigo Rafael García Castro dijo que se reunían habitualmente para afinar esas obras inéditas que la familia de Juárez prometió publicar de manera póstuma.

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Roberto Valencia | Fred Ramos (fotos) | Mónica González (vídeo)

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