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Los vendedores de basura

Carlos Barrera

Según la última Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples realizada por la DIGESTYC en el año 2018, en el área urbana de El Salvador, de cada 100 personas, 58 laboran en el sector formal y 42 en el informal. Entre las categorias de los que trabajan en el sector informal están los "Trabajadores por cuenta propia", aquellos que no tienen seguro social y que al retirase no tendrán pensión. Son los que se rebuscan, los que hacen de todo. Esa gente a la que el poeta salvadoreño Roque Dalton se refería como  "los vendelotodo" en su célebre Poema de Amor. 

En el Centro Histórico de la capital, en una de las cuadras de la 8° Avenida Sur, atrás de la iglesia El Rosario, unos vendelotodo se ganan la vida. Llegan, en su mayoría, de colonias populares del Área Metropolitana. Acumulan lo que recolectan de la basura que otros tiran. Son esas personas que revisan los desperdicios de los canastos metálicos de las zonas de clase media y alta de la capital. Luego, venden lo que rescatan. Algunos formaron parte del sector formal en algún momento de su vida, pero por circunstancias como la edad le apostaron a vender la basura de otros en esa cuadra de la capital. Ahí se pueden encontrar juguetes rotos, aparatos eléctricos inservibles, baterías de celulares estropeados. Todo lo que allí se vende fue recolectado de la basura. Los compradores son, usualmente, otros comerciantes informales que buscan piezas para reparar artículos electrónicos o juguetes para sus hijos o que simplemente llegan sin buscar nada concreto, sino más bien a ver qué trajeron los recolectores de entre la basura de esta ciudad. 

ElFaro.net / Publicado el 22 de Enero de 2020

El puesto de los vendelotodo está sobre la acera en la 8° Avenida Sur, atrás de la iglesia El Rosario. Ellos permanecen ahí desde las 8:00 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde.
 
El puesto de los vendelotodo está sobre la acera en la 8° Avenida Sur, atrás de la iglesia El Rosario. Ellos permanecen ahí desde las 8:00 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde.

 

 

Tomás Martínez, de 62 años de edad, vive en San Salvador y vende en la 8° Avenida Sur. Estudió hasta sexto grado y dice que, además, por su edad se le dificulta conseguir un empleo en el sector formal. La mayor parte de su vida la dedicó a ser taxista y desde hace tres años va de colonia en colonia recolectando de la basura para vender.
 
Tomás Martínez, de 62 años de edad, vive en San Salvador y vende en la 8° Avenida Sur. Estudió hasta sexto grado y dice que, además, por su edad se le dificulta conseguir un empleo en el sector formal. La mayor parte de su vida la dedicó a ser taxista y desde hace tres años va de colonia en colonia recolectando de la basura para vender.

 

 

Entre la mercancía de Tomás, el objeto con más valor era un teléfono celular descompuesto. Según él, el aparato sirve a los que reparan dispositivos móviles en el Centro de San Salvador.
 
Entre la mercancía de Tomás, el objeto con más valor era un teléfono celular descompuesto. Según él, el aparato sirve a los que reparan dispositivos móviles en el Centro de San Salvador.

 

 

José Alas tiene 40 años de edad y vive en Soyapango. Estudió bachillerato general y su último trabajo fue de repartidor de bebidas en un camión. Desde hace dos años se dedica a la venta informal en la calle. Lleva esos mismos dos años buscando trabajo en el sector formal.
 
José Alas tiene 40 años de edad y vive en Soyapango. Estudió bachillerato general y su último trabajo fue de repartidor de bebidas en un camión. Desde hace dos años se dedica a la venta informal en la calle. Lleva esos mismos dos años buscando trabajo en el sector formal. "Mejor me voy a dedicar a esto, porque ya no pasé el polígrafo en ninguna entrevista", dice. Algunas empresas hacen polígrafo a quienes aspiran a un empleo. Suelen preguntar si algún pariente del aspirante es pandillero o ha estado en la cárcel o si conoce a pandilleros. La mayor parte de los habitantes de colonias bajo el dominio de pandillas tienen algún tipo de relación con los pandilleros, aunque no se relacionen de ninguna manera en actividades criminales. La pandilla es parte del ADN de muchas comunidades. 

 

 

Las piezas más preciadas de José son un motor eléctrico y dos sistemas de sonido que consiguió en una chatarrera. ofrece ambos aparatos por $15.
 
Las piezas más preciadas de José son un motor eléctrico y dos sistemas de sonido que consiguió en una chatarrera. ofrece ambos aparatos por $15. "Con dificultad los voy a lograr vender", dice José.

 

 

Rafael Fuentes, de 54 años, nunca tuvo un trabajo formal. Estudió hasta el séptimo grado de educación básica y desde que tiene memoria se dedica a la venta informal.
 
Rafael Fuentes, de 54 años, nunca tuvo un trabajo formal. Estudió hasta el séptimo grado de educación básica y desde que tiene memoria se dedica a la venta informal. "Para mí, siempre fue dificil encontrar empleo, por eso toda mi vida me he dedicado a vender de todo. Hoy estoy en mi peor época. Vendo lo que encuentro", dice.

 

 

Entre la mercancía de Rafael Fuentes no había un objeto que pareciera funcionar. Todos eran juguetes viejos y aparatos que no encendían.
 
Entre la mercancía de Rafael Fuentes no había un objeto que pareciera funcionar. Todos eran juguetes viejos y aparatos que no encendían. "Usted no me va a creer, pero hay días en los que vendo hasta $10", dice mientras hurga basura de los sacos rotos donde acumula lo que recoge.

 

  

Ernesto Paz, de 29 años, es técnico electricista. Trabajó por unos años, pero lo despidieron. Ahora se dedica a vender piezas de relojes viejos y teléfonos celulares descompuestos.
 
Ernesto Paz, de 29 años, es técnico electricista. Trabajó por unos años, pero lo despidieron. Ahora se dedica a vender piezas de relojes viejos y teléfonos celulares descompuestos.

 

 

 
"Esto lo compra la gente que repara rejoles. Es mercancía que se vende mucho", dice Ernesto Paz.

 

 

Walberto Escalante tiene 45 años de edad y desde hace tres años es un vendelotodo.
 
Walberto Escalante tiene 45 años de edad y desde hace tres años es un vendelotodo. "En algún momento estudié ingeniería industrial en la UES, pero ya no pude pagar y tenía que trabajar para ayudar a mi familia. Aquí hay días en los que vendo $15 o $20. Se pone bueno", dice.

 

 

Entre su mercancía, Walberto Escalante tiene diez ejemplares de la Constitución de la República que un amigo suyo iba a desechar. Su precio es de $0.50 cada una.
 
Entre su mercancía, Walberto Escalante tiene diez ejemplares de la Constitución de la República que un amigo suyo iba a desechar. Su precio es de $0.50 cada una.

 

Nelson Molina vivó 14 años en Sacramento, California. En el año 2013 fue arrestado y deportado por conducir en estado de ebriedad. Cuando llegó a El Salvador consiguió trabajó en un call center.. Hace un año fue despedido.
 
Nelson Molina vivó 14 años en Sacramento, California. En el año 2013 fue arrestado y deportado por conducir en estado de ebriedad. Cuando llegó a El Salvador consiguió trabajó en un call center.. Hace un año fue despedido. "Ya no pude encontrar otro trabajo. Ahora ni modo, me toca vender aquí. Es complicado, pero logro sacar un poco de dinero", dice.

 

 

Nelson Molina recolecta cosas de sus familiares y amigos. A veces, compra pequeños objetos que según él podrá vender a buen precio. El precio del recipiente de la imagen, con todos los artefactos, es de $2. La cámara digital no funciona. Hay juguetes rotos y hasta un aromatizante para baño.
 
Nelson Molina recolecta cosas de sus familiares y amigos. A veces, compra pequeños objetos que según él podrá vender a buen precio. El precio del recipiente de la imagen, con todos los artefactos, es de $2. La cámara digital no funciona. Hay juguetes rotos y hasta un aromatizante para baño.