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Testigo Noé, el marero memorioso

Carlos Martínez

El ex líder de la Mara Salvatrucha-13 fue el principal testigo contra más de 400 pandilleros. Terminó de abrir una explosiva caja de pandora en la que aparecen mencionados dirigentes de los principales partidos políticos buscando acuerdos mafiosos con las pandillas. Entre ellos, el arenero Norman Quijano, para quien el fiscal general pidió este 27 de enero un antejuicio legislativo para retirarle su inmunidad como diputado. 

ElFaro.net / Publicado el 27 de Enero de 2020

Todos en aquel juzgado sabíamos con claridad quién era el hombre que se escondía detrás del biombo y que hablaba con voz distorsionada de ardilla. Algunos habíamos conversado con él, conocíamos su voz real, sus inclinaciones al hablar –que no desaparecen detrás de esa voz de caricatura–, su nombre completo y su taka pandillera. Pero en este artículo no se revelará su identidad.

“Noé” es el nombre que la Fiscalía le asignó a ese hombre para proteger una identidad de sobra conocida entre los pandilleros a los que acusó, entre los abogados que los defiendieron y entre los pocos periodistas que asistimos con alguna periodicidad al tribunal. Fue el arma secreta de la Fiscalía –o la única arma, según la defensa– contra 426 personas vinculadas a la que fuera su propia pandilla, la Mara Salvatrucha-13.

Detrás del biombo de madera, Noé testificó durante 14 días, en octubre de 2019, sentado sobre una silla negra de plástico y acompañado nada más de un micrófono conectado a un aparato que distorsiona su voz. No le estaba permitido tener más que un vaso de agua y se le prohibió acompañarse de notas o documentos de cualquier tipo. Tampoco dispuso de un lapicero o de una libreta y mientras duró el proceso solo tuvo contacto con sus custodios fuera de la sala. El juez incluso prohibió que los fiscales se acercaran a él. La idea era que Noé hablara exclusivamente desde la memoria y que sus palabras estuvieran basadas estrictamente en lo que vio y conoció cuando fue miembro de la MS-13.

Imagen captada de una de las pantallas desde la que asistieron al juicio, de manera virtual, algunos de los acusados en la Operación Cuscatlán recluidos en Izalco. De los 426 imputados, más del 90% asistió al juicio de manera remota. Foto de El Faro: Carlos Martínez 
 
Imagen captada de una de las pantallas desde la que asistieron al juicio, de manera virtual, algunos de los acusados en la Operación Cuscatlán recluidos en Izalco. De los 426 imputados, más del 90% asistió al juicio de manera remota. Foto de El Faro: Carlos Martínez 

Durante jornadas extenuantes, Noé fue recordando con precisión milimétrica la estructura de su pandilla, departamento por departamento, municipio por municipio, recordando colonias, cantones, caseríos. Describió narices y ojos y bocas de centenares de pandilleros, recordó apodos, fechas, conversaciones y reuniones con sorprendente –con sospechosa– claridad.

Podemos decir que Noé fue un miembro de muy alto rango dentro de la Mara Salvatrucha 13, que formó parte de la Ranfla Nacional de esa pandilla, es decir, del máximo organismo de autoridad nacional, aunque no fuera una de las figuras principales. Podemos decir que estuvo recluido en el penal de máxima seguridad de Zacatecoluca y que durante La Tregua fue parte de los líderes pandilleros que fueron trasladados al penal de Ciudad Barrios. Que salió libre en el año 2013 y que desde que fue excarcelado representó a su pandilla ante los mediadores de La Tregua, ante las otras pandillas y ante algunos políticos que intentaron conseguir el favor electoral de la MS-13.

Podemos decir que durante 2015 y buena parte de 2016 la Fiscalía escuchó en secreto sus conversaciones telefónicas –cuyas grabaciones obtuvo posteriormente El Faro– y que ellas lo muestran como el representante de La Ranfla Nacional ante el resto de su pandilla. Sostenía reuniones telefónicas frecuentes con otros líderes de la MS-13 en libertad y con los palabreros recluidos en las cárceles de Ciudad Barrios, Chalatenango e Izalco. Lideró una cruenta depuración interna de su organización, luego de que el indómito jefe del poderoso programa Fulton, conocido como Chory, se amotinara contra los hombres fuertes de la Mara e intentara crear una revuelta interna en la pandilla. Chory, junto a dos miembros de su programa, fue asesinado por múltiples puñaladas en el penal de Izalco el 6 de enero de 2016. Podemos decir que Noé conoció y organizó operaciones para establecer contactos y rutas para el tráfico de drogas desde Guatemala hacia El Salvador. Que era visto por otros miembros de la MS-13 a lo largo y ancho del país como un líder al que valía la pena temer.

Podemos decir además que cuando se empeña consigue hablar con una exagerada amabilidad y con una dicción cuidada; que es desconfiado y huraño y que su apariencia no cumplía con los cánones y estereotipos del marero perfecto. Podemos decir que fue capturado en 2016 y que su captura fue celebrada con gran fanfarria por las autoridades policiales y fiscales de aquel entonces. Que fue capturado en Santa Tecla y que su arresto no fue notificado formalmente hasta varios días después. Que al pensarlo desaparecido, sus compañeros de pandilla temieron que grupos parapoliciales lo habían asesinado y se alistaron para cobrarle caro al gobierno, y que en esa vendetta contaban –al menos de palabra– con el respaldo de las otras dos pandillas. Podemos decir que era un cristiano evangélico y un estudioso de la Biblia.

Y poco más.

La ley en la que se basa la figura del testigo protegido impide, bajo pena de cárcel, develar la identidad del declarante, aunque, insisto, todo mundo la conozca.

* * *

Aunque el tribunal que juzga a esos 426 pandilleros podría tener un nombre más cinematográfico, como “tribunal antimafia”, por los poderes con los que está dotado, lleva a cuestas el olvidable “Tribunal Especializado de Sentencia A de San Salvador”. Y es probable que no haya nada menos cinematográfico que un juicio salvadoreño.

No hay glamour, ni jurados civiles, ni elocuentes abogados con discursos que nos dejen al borde de las lágrimas, ni fiscales repeinados y flemáticos de mirada fría. Lo único que calza con los estándares es el solemne salón: amplio, amaderado, con un estrado rodeado por una pequeña barda, tras el cual se acomodaron los tres fiscales que llevaron el caso y los seis o siete defensores más avezados. Y presidiéndolo todo estaba el juez Godofredo Salazar Torres, paciente y didáctico, como un profesor de adolescentes:

“Cuando me inviten a un chiste yo también me voy a reír”, reprendió a los defensores, que se carcajearon con los tropiezos de una fiscal.

“¿Está en descanso, licenciado, o está tomando nota?”, a un defensor que había sucumbido al aburrimiento y dormía como un bebé.

“Fiscalía, organice mejor su interrogatorio”, a la fiscal, que había naufragado en sus propias preguntas.

Los defensores son punto y aparte: al inicio del juicio eran 90 defensores, entre públicos y privados. Al final quedaban solo 60. La mayoría iba enfundada en unos trajes modestos y casi siempre más grandes, con unos atachés que vieron mejores días y unos libros de derecho que jamás los vi consultar. Como en un salón de colegio, los abogados más atentos y participativos se sientan adelante, en el estrado, listos para gritar “¡objeción!” ante la menor ligereza y blandir papeles lo más cerca posible del juez. El resto, soportó cada jornada sentado en las sillas destinadas para el público, como si la cosa no fuera con ellos, participando del juicio tanto como sus asientos, cabeceando del sueño, cuchicheando, revisando sus teléfonos.

El 22 de junio, el gobierno trasladó desde el penal de Izalco hasta el de máxima seguridad, en Zacatecoluca, a 40 pandilleros de la MS-13 acusados de ser los responsables del repunte de homicidios en ese mes. El ministro de Justicia, Mauricio Ramírez Landaverde, dijo que estos reos estaban detrás de los asesinatos de pandilleros disidentes integrantes de la incipiente facción MS-503. La cruzada antipandillas del Estado está lejos de lograr la disminución de las cifras de violencia, y ha provocado el repunte de las denuncias por violaciones humanas en contra de los reos pandilleros; pero también en las calles, donde la población civil queda en medio del los
 
El 22 de junio, el gobierno trasladó desde el penal de Izalco hasta el de máxima seguridad, en Zacatecoluca, a 40 pandilleros de la MS-13 acusados de ser los responsables del repunte de homicidios en ese mes. El ministro de Justicia, Mauricio Ramírez Landaverde, dijo que estos reos estaban detrás de los asesinatos de pandilleros disidentes integrantes de la incipiente facción MS-503. La cruzada antipandillas del Estado está lejos de lograr la disminución de las cifras de violencia, y ha provocado el repunte de las denuncias por violaciones humanas en contra de los reos pandilleros; pero también en las calles, donde la población civil queda en medio del los "enfrentamientos" entre policías y pandilleros. Foto: Víctor Peña.

Uno conoció a su cliente cuando el juicio estaba ya a la mitad. El pandillero al que representaba jamás había escuchado de él. Tuvo que presentarse ante su defendido en público e invocar a sus hermanas para que aquel le creyera que, efectivamente, él era la persona encargada de pelear por su inocencia. Un abogado llevaba 30 casos –“algo me ha llevado putas”, confesó entre pasillos–,  otros sólo defienden siete, otros tres. Son una grey enfundada en trajes de utilería, intentando en vano  verse elegantes. Algunos consiguieron destacar llevando unos mocasines cafés con ribetes azules o un saco verde, como de músico de trío. Se aburrían como ostras, esperando que apareciera alguna alusión a su cliente para tomar alguna nota. Se las ingenian para sonar solemnes a la hora de dirigirse al juez, desde el básico “señor juez”, pasando por “su señoría”, hasta el premiable “su digna autoridad”.  

Durante una sesión, el tedio del proceso había hecho caer a uno de los defensores, que dormía a pierna suelta con la cabeza derrotada, colgando por sobre el respaldo de la silla. Uno de sus colegas, al ver su incipiente calvicie franciscana, no soportó la tentación y se entregó a la travesura de colorearle de negro la calva con un plumón.

En medio de un receso, uno de los letrados luchaba por impartirle justicia a la máquina expendedora de chucherías que está en la primera planta del edificio de juzgados. El aparato dejó atrapada una bolsa de papitas que el abogado ya había pagado y él lo maldecía en susurros. Cuando se dio cuenta de que todos los meneos eran inútiles, se decidió a echarle otra moneda y celebró cuando el artefacto tramposo le entregó dos bolsitas de frituras.

–¿No es un trabajo peligroso ese de defender pandilleros, abogado? – Le pregunto.

–Mire, la clave es ser honesto con ellos.

–O sea no prometerles que los va a sacar.

–Cabal. Si uno les miente, el pandillero se molesta.

–Como todo mundo, supongo.

–Pues sí. Por eso han matado a muchos, como a un abogado joven, ni 30 años tenía, que mataron ahí por la IVU.

–¿Al menos se cobra bien?

–Depende.

–¿Del delito?

–De que agarre una buena clica. Por ejemplo, los Acajutlas (Locos Salvatruchos) es buena. Tienen dinero. Pero si usted agarra a una de San Salvador, ¡no’mbre! Yo sólo mil estoy cobrando por cada uno (ese abogado tenía dos clientes). Pero si agarrás una buena clica y te condenan a uno, ya no te vuelven a buscar. A mí me condenaron a uno de Acajutlas y ya no me volvieron a llamar.

–¿Cómo cuanto se le cobra a una buena clica?

–5 mil, 10 mil… depende. Si uno sabe que tienen (dinero) así cobra.

Cuando se terminó de comer una bolsa de papitas, se metió la otra al bolsillo interno del saco y subió a toda prisa, sospechando que el juicio podría haber comenzado mientras hablábamos.

Aunque el proceso fue multitudinario, en la sala había solo ocho pandilleros presentes y unas cinco personas –pequeños empresarios en su mayoría– acusados de ser parte de la estructura de apoyo de la Mara Salvatrucha-13. El resto de acusados asistió a su propio juicio desde el sistema de video implementado para la mayoría de cárceles destinadas a pandillas: varios monitores, desde los cuales el juez puede ver a los acusados y ellos pueden verlo a él, escuchar el juicio e incluso pedir reuniones a solas con sus abogados.

* * *

Aunque el juicio comenzó el lunes 7 de octubre, la estrella del evento, Noé, no comenzó su testimonio sino hasta el día siguiente, oculto tras el biombo de madera, con su voz de pandillero oculta tras la de una ardilla de Disney, contando cosas que la escasa memoria nacional convirtió en escándalo vigente, pero sin mayor novedad, por ejemplo: que la MS-13 estuvo involucrada en La Tregua de 2012, donde el gobierno de Mauricio Funes negoció la reducción de homicidios a cambio de una serie de beneficios penitenciarios y de la promesa fatua de consolidar el diálogo con las pandillas; que para las elecciones presidenciales de 2014 tanto el FMLN como ARENA se reunieron con pandilleros para intentar obtener su respaldo en las urnas; que les pagaron; que la Mara Salvatrucha-13 se divide en clicas y programas, que cada cárcel tiene su propia ranfla y que por sobre todos gobierna, solitaria, poderosa e inapelable, la ranfla nacional.

Todas esas cosas eran sabidas, estaban publicadas e incluso incluidas en otros juicios, sin embargo, con alguna periodicidad aparecen nuevos pandilleros dispuestos a traicionar a sus estructuras, y sus confesiones y relatos vuelven a generar el mismo revuelo y los mismos escándalos.

Sin embargo, parece que lo dicho por Noé, el memorioso ex líder de la MS-13, fue la gota que colmó algún vaso: el fiscal general, Raúl Melara, anunció el lunes 27 de enero que abriría un proceso de antejuicio en contra del ex alcalde capitalino, ex candidato presidencial de ARENA y ex presidente de la Asamblea legislativa, Norman Quijano, que es sólo uno de los políticos cuyos acercamientos con pandillas fueron mencionados durante el juicio.

La memoria de Noé registró el nombre de muchos políticos y funcionarios más –de casi todos los partidos políticos del país– envueltos en inconfesables chanchuyos con el poder mafioso de las pandillas. Noé no ha sido el único ex pandillero en decirlo y en ofrecer detalles y pruebas al respecto. Está por verse de qué manera sus recuerdos terminan judicializándose y también de qué manera terminan incluidos en un ajedrez electoral de cara a las elecciones de 2021, una partida que parece haber comenzado ya.