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Las manos de los de abajo

Carlos Barrera

Las manos oscuras de un vendedor de carbón. La mano mutilada de la mujer que cortaba cocos. Las manos ataviadas de metal de una vendedora de baratijas. Todas estas son manos obreras. Manos de personas que, salvo una excepción, ganan menos de $300 al mes. Son todas manos de personas sin profesión, pero con oficio. Son todas personas que esencialmente sobreviven con eso que el lector ve: las manos.

Las manos son parte de la iconografía clásica del trabajo. Todas estas fotografías fueron tomadas en el Centro Histórico capitalino, por donde cada día transitan más de 2 millones de personas, la rotunda mayoría perteneciente a la clase obrera de El Salvador. En la jerga capitalina, cuando alguien viaja de los barrios de clase media o alta de San Salvador hacia el Centro, es común decir: "bajar al Centro". Algunas de estas personas nunca hubieran permitido que se les fotografiara el rostro para publicarlo en un periódico: uno es policía, y por razones obvias oculta su nombre y su cara en un país donde agentes como él han sido objetivo de las pandillas durante años. Otras de estas personas son vendedores, pero habitan en un El Salvador donde cualquier descuido puede tener consecuencias fatales. El soldado preguntó: "¿Y esto para qué es? Lo haría, pero si no sale mi cara".

Arrugas, piel requemada, manchas, cicatrices: así se ven las manos trabajadoras de quienes ganan lo mínimo por su trabajo. El salario mínimo salvadoreño para el sector Comercio y Servicio es de $304.17 y, en el área de maquila y textil, $299.30. Es decir, las personas con salarios mínimos de El Salvador ganan en promedio $10 al día. Pero hay otros que ganan menos, los que pocas veces aparecen en las estadísticas; los que ganan si venden, y si no, no. A excepción del policía, todos en la serie fotográfica ganan menos del mínimo por una labor que no eligieron, pero que por falta de acceso a educación les tocó realizar. La Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples indica que son 8.5 los años de escolaridad promedio de la población económicamente activa. O sea, la secundaria como promedio.

 

 

 

ElFaro.net / Publicado el 9 de Marzo de 2020

Las manos de una vendedora de elotes asados y café. Gloria Hernández tiene 53 años de edad. Cuando tenía 35 se cortó el dedo con un machete al intentar pelar un coco en su antiguo negocio de venta de agua de coco. Gloria no tuvo la oportunidad de ir a la escuela, vive en cuarto que alquila en el Barrio San Esteban, en el Centro capitalino. De la venta que realiza en un mes, la ganancia que le queda es de unos $175. Con eso se costea todos sus gastos, pero admite que casi siempre le toca pedir dinero prestado para poder terminar el mes.
 
Las manos de una vendedora de elotes asados y café. Gloria Hernández tiene 53 años de edad. Cuando tenía 35 se cortó el dedo con un machete al intentar pelar un coco en su antiguo negocio de venta de agua de coco. Gloria no tuvo la oportunidad de ir a la escuela, vive en cuarto que alquila en el Barrio San Esteban, en el Centro capitalino. De la venta que realiza en un mes, la ganancia que le queda es de unos $175. Con eso se costea todos sus gastos, pero admite que casi siempre le toca pedir dinero prestado para poder terminar el mes.

 

 

 

Manos de un policía. Este agente de la Policía Nacional Civil de 28 años gana un salario de $424 mensuales. Tiene dos hijos y su pareja trabaja de mantener la casa y cuidar a los hijos.
 
Manos de un policía. Este agente de la Policía Nacional Civil de 28 años gana un salario de $424 mensuales. Tiene dos hijos y su pareja trabaja de mantener la casa y cuidar a los hijos. "Imagine ganar este salario por arriesgar su vida e incluso la de nuestras familias. La mayoría de agentes cuando ya va a terminar el mes andamos viendo quién nos presta por lo menos para los pasajes del bus", dice.

 

 

 

Manos de vendedora de panes con pollo. Ana Beltrán tiene 57 años de edad, estudió hasta el séptimo grado de educación básica y vive en Soyapango. Su último empleo formal fue en una maquila. Actualmente su esposo se encuentra sin trabajo y subsisten de la venta de panes con pollo que le deja cerca de $200.
 
Manos de vendedora de panes con pollo. Ana Beltrán tiene 57 años de edad, estudió hasta el séptimo grado de educación básica y vive en Soyapango. Su último empleo formal fue en una maquila. Actualmente su esposo se encuentra sin trabajo y subsisten de la venta de panes con pollo que le deja cerca de $200.

 

 

 

Manos de vendedor de plátanos. Josué López tiene 27 años, estudió hasta noveno grado y ahora tiene tres hijos. Josué vive en Apopa, en la casa de sus suegros, y antes se dedicaba a ser bultero en La Tiendona. Un bultero carga bultos en un mercado, descarga y carga camiones de mercadería. De la venta de plátanos gana un promedio de $250. De eso, utiliza $25 para pagar un pequeño espacio en una bodega para guardar el producto todos los días, el resto es para mantener a su pareja y a sus tres hijos.
 
Manos de vendedor de plátanos. Josué López tiene 27 años, estudió hasta noveno grado y ahora tiene tres hijos. Josué vive en Apopa, en la casa de sus suegros, y antes se dedicaba a ser bultero en La Tiendona. Un bultero carga bultos en un mercado, descarga y carga camiones de mercadería. De la venta de plátanos gana un promedio de $250. De eso, utiliza $25 para pagar un pequeño espacio en una bodega para guardar el producto todos los días, el resto es para mantener a su pareja y a sus tres hijos.

 

 

 

Manos de vendedora de bisutería. Brenda Bernabel tiene 35 años de edad, estudió hasta el noveno grado y nunca ha tenido un trabajo formal, toda su vida se ha dedicado a la venta ambulante. Actualmente vende joyería de fantasía en el Centro Histórico. Es madre soltera de dos hijos. Con la venta alcanza los $150 mensuales. Con eso mantiene a su madre y a sus dos hijos.
 
Manos de vendedora de bisutería. Brenda Bernabel tiene 35 años de edad, estudió hasta el noveno grado y nunca ha tenido un trabajo formal, toda su vida se ha dedicado a la venta ambulante. Actualmente vende joyería de fantasía en el Centro Histórico. Es madre soltera de dos hijos. Con la venta alcanza los $150 mensuales. Con eso mantiene a su madre y a sus dos hijos.

 

 

 

Manos de un lustrador de zapatos. Carlos Rivera tiene 19 años de edad. Desde hace dos años se dedica a lustrar zapatos en el área del Parque Libertad. Al mes hace unos $250, con los cuales ayuda a sus padres. Actualmente estudia segundo año de bachillerato a distancia,
 
Manos de un lustrador de zapatos. Carlos Rivera tiene 19 años de edad. Desde hace dos años se dedica a lustrar zapatos en el área del Parque Libertad. Al mes hace unos $250, con los cuales ayuda a sus padres. Actualmente estudia segundo año de bachillerato a distancia, "A mí, me quedan como $50 después de ayudar a mis padres y pagar todos los servicios. Mi idea no es hacer esto toda mi vida, por eso sigo estudiando, espero un día poder ir a la universidad y estudiar una ingeniería", dice.

 

 

 

Manos de vendedor ambulante de medicamentos. Fidel Abarca tiene 50 años, siempre se ha dedicado a la venta ambulante de diferente tipo de mercadería. Estudió hasta séptimo grado y vive en Cuscatancingo. Fidel logra ganar cerca de $250 mensuales, con los cuales viven él y su esposa.
 
Manos de vendedor ambulante de medicamentos. Fidel Abarca tiene 50 años, siempre se ha dedicado a la venta ambulante de diferente tipo de mercadería. Estudió hasta séptimo grado y vive en Cuscatancingo. Fidel logra ganar cerca de $250 mensuales, con los cuales viven él y su esposa. "Hace años se me hacía complicado todo, porque mis hijos estaban pequeños. Ahora estoy tranquilo porque ellos ya venden también. Mis anillos son por plante, que uno debe andar presentable para los clientes", dice.

 

 

 

Manos de vendedora de ropa interior. Mirna Cornejo, 49 años de edad, vende ropa interior en el Centro Histórico. Es madre de dos hijos, uno de 23 años y otro que fue asesinado cuando tenía 26. Mirna viven en el municipio de Soyapango, estudió hasta el noveno grado y nunca ha tenido un trabajo formal. Su ganancia promedio son $150 mensuales.
 
Manos de vendedora de ropa interior. Mirna Cornejo, 49 años de edad, vende ropa interior en el Centro Histórico. Es madre de dos hijos, uno de 23 años y otro que fue asesinado cuando tenía 26. Mirna viven en el municipio de Soyapango, estudió hasta el noveno grado y nunca ha tenido un trabajo formal. Su ganancia promedio son $150 mensuales.

 

 

 

Manos de un músico ambulante. Geovanny Martínez tiene 22 años, es originario de San Miguel. Estudió hasta noveno grado y ahora toca la guitarra en los buses. En los días buenos, recolecta $5; y en los meses buenos, $200. Vive con unos amigos en Lourdes, Colón.
 
Manos de un músico ambulante. Geovanny Martínez tiene 22 años, es originario de San Miguel. Estudió hasta noveno grado y ahora toca la guitarra en los buses. En los días buenos, recolecta $5; y en los meses buenos, $200. Vive con unos amigos en Lourdes, Colón. "Estoy haciendo la prueba aquí en San Salvador. Por el momento me va bien. Mi objetivo es recolectar la mayor cantidad de dinero para irme para Estados Unidos", dice.

 

 

 

Manos de un soldado. Tiene 36 años, estudió hasta noveno grado, tiene tres hijos y su esposa se dedica a las labores de la casa. Pasa períodos de ocho días seguidos en servicio, trabaja 12 horas diarias en la calle y le dan cuatro días de licencia.Cuando ingresó al Ejército, en 2007, ganaba $160, ahora le pagan $220.
 
Manos de un soldado. Tiene 36 años, estudió hasta noveno grado, tiene tres hijos y su esposa se dedica a las labores de la casa. Pasa períodos de ocho días seguidos en servicio, trabaja 12 horas diarias en la calle y le dan cuatro días de licencia.Cuando ingresó al Ejército, en 2007, ganaba $160, ahora le pagan $220.

 

 

 

Manos de un vendedor de carbón. Jesús Molina tiene 60 años de edad, estudió hasta el noveno grado, vive en el Barrio Zurita, y desde hace más de 20 años se dedica a vender carbón en su bicicleta. Su ganancia mensual es de $150, vive solo y lo que gana le sirve para cubrir sus necesidades básicas.
 
Manos de un vendedor de carbón. Jesús Molina tiene 60 años de edad, estudió hasta el noveno grado, vive en el Barrio Zurita, y desde hace más de 20 años se dedica a vender carbón en su bicicleta. Su ganancia mensual es de $150, vive solo y lo que gana le sirve para cubrir sus necesidades básicas. "Aquí la vida es dura, yo no voy a tener una pensión, así que voy a vender carbón hasta que pueda", dice.