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Las salvadoreñas fueron las verdaderas pioneras del voto femenino en Latinoamérica

Héctor Lindo

La lucha por el derecho al voto se libró en El Salvador en 1921, a cien años de la declaración de Independencia. El clamor provino de todos los niveles, desde señoras de la élite en el occidente del país hasta las vendedoras del mercado; todas volcaron su entusiasmo hacia el unionismo, el antimperialismo y la facultad de las mujeres para votar.

ElFaro.net / Publicado el 26 de Junio de 2020

Por décadas se ha difundido en los libros de historia que fue Ecuador, en 1929, el primer país latinoamericano en donde las mujeres obtuvieron el derecho al sufragio. A esto se suma la afirmación de que las salvadoreñas no pudieron votar sino hasta 1950. El hallazgo del documento que se presenta a continuación nos obliga a revisar lo que creíamos saber. La lectura revela que las verdaderas pioneras del voto femenino en Latinoamérica fueron las salvadoreñas.

Las mujeres de El Salvador ganaron el derecho a votar gracias a una lucha ardua, sostenida y políticamente astuta. En 1921, la conmemoración del centenario de la Independencia produjo una coyuntura política que mujeres organizadas aprovecharon para aumentar su participación en la vida política del país.

Una caricatura de la época sugiere la visión patriarcal de que el voto femenino emasculaba a los hombres. Fuente: Diario del Salvador, 3 de septiembre de 1921, p. 2
 
Una caricatura de la época sugiere la visión patriarcal de que el voto femenino emasculaba a los hombres. Fuente: Diario del Salvador, 3 de septiembre de 1921, p. 2

La proximidad del centenario llegó a países centroamericanos inseguros sobre el futuro de su soberanía. Desde finales del siglo XIX, Estados Unidos estaba construyendo un imperio en el Caribe. Cuba, Puerto Rico y Panamá recibían órdenes traducidas del inglés. Además, desde 1912 el gobierno de Nicaragua era poco más que un títere del gran poder del norte. El imperio se estaba instalando en el istmo. La vulnerabilidad ante el poderío estadounidense provocó sentimientos antimperialistas y renovó el sueño de la unión de Centroamérica. Los cinco países unidos tendrían más posibilidades de resistir con éxito las ambiciones del imperio.

Las mujeres participaron con entusiasmo y liderazgo en los movimientos antimperialistas y unionistas. Al mismo tiempo, algunas seguían de cerca los movimientos sufragistas en Inglaterra y Estados Unidos. Ya en 1911, un artículo que apareció en el periódico Vox Populi titulado Habla una señorita abogaba por la participación de la mujer en la solución de los grandes problemas sociales y políticos de la región diciendo que “Puede la mujer centroamericana terciar de algún modo en la persecución del gran ideal que se ventila en la actualidad, como es el de la Unión Centroamericana.”

En los 10 años siguientes aumentaron el número, la intensidad y el alcance de las organizaciones de mujeres a todo nivel social. En 1920, agrupaciones como la Sociedad de Mujeres Trabajadoras Costureras ofrecían un apoyo entusiasta al unionismo. Ese mismo año, señoras de la élite de Ahuachapán escribieron a los diputados de la Asamblea Nacional urgiéndoles para que apoyaran la unión de Centroamérica. El año siguiente, doña Victoria Magaña de Fortín, la famosa feminista que desde principios de siglo promovía su causa en la prensa santaneca, asumió la presidencia del Comité Femenino Unionista en una reunión a la que asistieron sesenta señoras y señoritas. Las vendedoras de los mercados eran ardientes unionistas. La identificación de las mujeres con la causa del unionismo era tal que La Prensa se refería a ellas como “las gentiles musas de la Federación Centroamericana”.

Ellas elaboraron un discurso que vinculaba el destino de la mujer con el de la patria grande. Una de las activistas más prominentes, Prudencia Ayala, concluyó una de sus conferencias diciendo: “¡Viva el triunfo del patriotismo femenino! ¡Viva la gloriosa unión de nuestra amada patria Centro América! ¡Vivan los gobernantes que cumplen con su deber de realizar la causa!

De hecho, el antimperialismo y el unionismo fueron las causas que animaron la primera etapa de la vida política de Prudencia Ayala. Primero como escritora, publicando artículos unionistas y antimperialistas en el Diario de Occidente a partir de 1913. Luego como valiente organizadora dispuesta a arriesgar su libertad, como lo hizo en 1919, cuando terminó en prisión en Guatemala por sus actividades en el movimiento unionista que buscaba derrotar al presidente Estrada Cabrera.

La caída del dictador guatemalteco en 1920 y la llegada al poder de los campeones del unionismo hicieron posible el Pacto de Unión que firmaron El Salvador, Guatemala, Honduras y Costa Rica en enero de 1921.  Este importante acontecimiento abrió oportunidades para mujeres como Ayala. El Pacto requería la discusión de una nueva constitución federal donde se podrían redefinir los derechos de la mujer. Estaba claro. Había llegado el momento de redoblar esfuerzos. Activistas como Prudencia Ayala pronunciaban conferencias sobre el tema del unionismo. El público aplaudía con entusiasmo sus presentaciones en el Teatro Principal. El Partido Unionista decidió organizar una convención en Santa Ana para discutir el futuro de la federación que contemplaba el Pacto. Una de las delegadas fue Ayala, quien alzó su voz para presentar la moción de incluir el sufragio femenino en la Constitución que se iba a escribir.

Cuando se reunió una Asamblea Constitucional en el Teatro Nacional de Tegucigalpa para redactar la Constitución Federal, no era posible soslayar el tema del sufragio. Las “musas de la Federación” habían sido un apoyo importante para el frágil proyecto de unión, el cual tenía grandes enemigos dentro y fuera de la región. La discusión del sufragio femenino despertó pasiones. Un reportaje en el Diario del Salvador describe cómo el público llenaba los corredores y las galerías del teatro para alentar a sus oradores favoritos. Había muchos que se oponían a la idea. El guatemalteco José Astúa Aguilar se opuso diciendo que las damas sufragistas “eran muy feas”, idea que atribuyó a “pensadores ingleses” para darle legitimidad. Su intervención recibió tantas críticas que tuvo que retractarse. Miguel Navarro, de Honduras, dijo que “Para las mujeres que fuman puro, ¡para esas, señores, será el voto! El derecho que pretendemos otorgar ahora a la mujer es ridículo y criminal”. Pero había otras intervenciones más ilustradas. Otro hondureño, Ricardo Alduvín, argumentó que “Por muy mal que desarrolle sus funciones políticas [la mujer] nunca lo hará tan mal como los hombres de Centroamérica. Que una mujer, por ladrona que sea, no podrá robar tanto como han robado nuestros Administradores de Rentas”. La barra en la galería recibió sus palabras con estruendosos aplausos y pidió que siguiera. “Habrá de seguro más nobleza política en cualquiera de nuestras mujeres que en un diputado que pide, para votar, instrucciones al presidente de la República o vende su voto a compañías extranjeras” continuó Alduvín. Para concluir señaló que había “Contemplado en Santa Ana, El Salvador, un formidable movimiento político unionista encabezado por un gran número de mujeres. Ellas tienen en las luchas políticas algo que casi siempre carecemos los hombres: patriotismo y serenidad”.

La Constitución Federal estuvo lista para el 15 de septiembre de 1921. Su aprobación representaba la forma más significativa de conmemorar el centenario de la Independencia. El artículo 29 de la nueva Carta Magna decía que “Podrán ejercer el derecho de sufragio las mujeres casadas o viudas mayores de 21 años, que sepan leer y escribir; las solteras mayores de 25 que acrediten haber recibido la instrucción primaria, y las que posean capital o renta en la cuantía que la Ley Electoral indique”.

Los gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras ratificaron la Constitución Federal de forma que por unos meses del año del centenario volvió a existir, aunque fuera de forma parcial, la República Federal. El siguiente paso después de ratificar la Constitución era elegir a las autoridades ejecutivas y legislativas del nuevo gobierno federal. En El Salvador se organizaron de forma apresurada unas elecciones que se llevaron a cabo a finales de octubre y principios de noviembre. En las semanas previas, los periódicos y las autoridades debatieron si ante la ausencia de una ley electoral federal podían votar las mujeres. Había una contradicción, pues, entre la nueva Constitución y la ley electoral salvadoreña. La duda se mantuvo hasta el último momento.

Los periódicos no cubrieron la votación, posiblemente porque el gobierno de Jorge Meléndez, que mantenía una fuerte censura de prensa, era hostil a los unionistas que incluían a los grupos más progresistas del país, pero las salvadoreñas votaron. En 1921, muchas mujeres en El Salvador se registraron como ciudadanas y acudieron a las urnas, ocho años antes que las ecuatorianas.

El siguiente documento revela lo que ocurrió en las elecciones. Se trata de un artículo firmado con el seudónimo de Floriano en un periódico que era parte de la propaganda política previa a las elecciones presidenciales de 1923. Lo publicaban los partidarios del Dr. Alfonso Quiñónez, uno de los candidatos. La presencia del artículo de Floriano en el material de campaña de Quiñónez refuerza su credibilidad. Los quiñonistas eran hostiles al unionismo y durante la campaña política atacaron físicamente a las mujeres organizadas. A finales de noviembre de ese año, la Liga Roja, las fuerzas de choque de la campaña de Quiñónez, atacó a golpes a un grupo de mujeres de Izalco que apoyaban la candidatura del otro candidato, Miguel Tomás Molina. Peor todavía fue el comportamiento de la Liga Roja unas semanas más tarde, cuando protagonizó la famosa masacre de Navidad en San Salvador. En esa ocasión atacó con armas blancas y de fuego la manifestación de mujeres a favor de Molina dejando en la calle a numerosos muertos y heridos. En este ambiente político, el artículo del quiñonista Floriano, abogando por el sufragio femenino, resultaba valiente y no podía inventar detalles de algo tan importante como la votación del año anterior. El contenido del escrito demuestra que las salvadoreñas fueron las verdaderas pioneras del voto femenino en Latinoamérica.

El 29 de Agosto era un órgano de difusión de la campaña presidencial del Dr. Alfonso Quiñónez Molina. Este documento apareció en su edición del 2 de diciembre de 1922, p. 2. 
 
El 29 de Agosto era un órgano de difusión de la campaña presidencial del Dr. Alfonso Quiñónez Molina. Este documento apareció en su edición del 2 de diciembre de 1922, p. 2.