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El Salvador pierde temporalmente su museo de Arte

María Luz Nóchez Jaime Quintanilla

A tres meses de que se cancelara todo tipo de actividades y sin respuesta gubernamental que dé certezas para una reapertura económica, el Museo de Arte de El Salvador dio un paso adelante y anunció el cierre temporal de sus instalaciones. Por ahora, en la planilla del museo han quedado solo un equipo de tres personas para darle mantenimiento a las obras que están ahí guardadas.

ElFaro.net / Publicado el 12 de Junio de 2020

Exposición Goya-Dalí, del capricho al disparate en el Museo de Arte (MARTE) de San Salvador. Foto Élmer Menjívar
 
Exposición Goya-Dalí, del capricho al disparate en el Museo de Arte (MARTE) de San Salvador. Foto Élmer Menjívar

El lugar que durante 17 años vio desfilar a las grandes figuras de las artes plásticas mundial y nacional, y le permitió a incipientes artistas nacionales exhibir su obra y venderla, ha decidido cerrar sus puertas por lo que queda de 2020. Si bien las autoridades han anunciado que creará una plataforma digital que permitirá mantenerse en contacto con sus públicos, se pierde el acceso físico a una de las colecciones de pintura y escultura más importantes del país.

Luego de tres meses de que se suspendieran actividades de todo tipo como medida de prevención para la propagación del nuevo coronavirus, las autoridades del museo tomaron la decisión de cerrar las instalaciones temporalmente y despedir al 95 % de su personal para priorizar sus costos de inversión en la protección de las 457 obras (pinturas y esculturas) que resguardan. 18 trabajadores firmaron un mutuo acuerdo para rescindir contrato. La notificación cayó como sorpresa: fueron informados un día antes de que se les cancelara su empleo.

“En vista de que la parte pública no iba a ser una tabla de salvación y de que iban para abajo, bien rápido, la cantidad que íbamos a poder ingresar este año de las donaciones que normalmente recibimos, teníamos que ver la forma de irnos al mínimo y enfocarnos en proteger el patrimonio”, dice la nueva directora del museo, Eugenia Lindo, que releva en el cargo desde marzo al pintor Roberto Galicia, quien por 17 años fue el director Ejecutivo del museo. Lindo tiene una licenciatura en Artes de la American University y un máster en Psicología de la Educación. Ha trabajado como psicóloga clínica, consultora educativa, y como coordinadora de proyectos de teatro social.

La suspensión indefinida empezó el 19 de marzo, fecha en la que se cerraron las puertas al público. El anuncio del cierre temporal se da a conocer casi tres meses después, luego de que las fuentes de ingreso que sostenían el museo disminuyeran considerablemente como efecto de la crisis sanitaria por causa de la covid-19. La mayoría de este dinero se divide entre la aportación de distintos mecenas y la renta generada por los eventos y el alquiler de espacios.

Otro factor que influyó en la medida, explica Lindo, es el retraso de parte de las autoridades para definir una fecha de reapertura, así como de la falta de claridad respecto a las fases en que esto sucederá. En las propuestas de reapertura gradual, tanto la de la Asamblea Legislativa como la del Gobierno, las actividades del museo son parte de la fase cuatro de reactivación económica, junto con las demás expresiones culturales, lo cual sucedería en agosto de este año. Esto, sin embargo, podría extenderse, dado que todavía no existe un acuerdo entre el Legislativo y el Ejecutivo para aprobar una ley que regule las siguientes fases de la emergencia sanitaria.  

La situación del Marte no es ajena a la que se han planteado otros museos alrededor del mundo; sin embargo, sí es la primera institución cultural de carácter privado que anuncia el cierre de sus instalaciones de manera temporal como consecuencia de la covid-19. “La parte que creo que nadie toma en cuenta es que para cumplir con medidas necesarias en términos sanitarios, para no contribuir al contagio, tenés que hacer una inversión masiva en material, recurso humano; no es una cuestión tan sencilla como que voy a poner alcohol gel en la entrada”, agrega.

Sin embargo, para la directora es importante que el cierre de las instalaciones no se interprete como un cierre definitivo. Si bien no se podrá tener la experiencia física de ir al museo, explicó que se hará una inversión importante para montar una plataforma digital que le permita al público entrar en contacto con las piezas que el museo resguarda. Esto va más allá de habilitar un recorrido virtual o colgar fotografías de las obras en redes sociales. Además, las instalaciones entrarán en un proceso de reestructuración que, en palabras de Lindo, supone un concepto de museo que va más allá del cubo blanco con pinturas colgadas en las paredes.

Mientras todo esto ocurre, la pretensión de las autoridades del museo es crear alianzas y nuevos proyectos junto a otros centros culturales que le permitan entrar en contacto con otros públicos y otros expresiones culturales. Hasta ahora, ha sucedido muy poco.

Un oasis para el arte en El Salvador

En El Salvador, el arte no es prioridad. Más allá de un presupuesto insuficiente para el Ministerio de Cultura, esto afirmación tiene base en la facilidad con la que se han extinto los museos y galerías. Aunque hay una promesa de retorno, el cierre de las instalaciones del Marte generará un vacío para la cultura y el arte de este país. Con la suspensión de las visitas, se agotan las posibilidades de ver arte salvadoreño y regional en exhibición.

Este museo representa un oasis en un país en donde todas las iniciativas gubernamentales están cerradas desde mucho antes de la pandemia. La Sala Nacional de Exposiciones “Salarrué”, por ejemplo, está cerrada desde 2016, cuando en abril se canceló una exposición -que los artistas denunciaron como censura- a causa de lo que las autoridades describieron como una filtración de humedad en el techo que necesitaba ser reparada. La sala fue abierta brevemente en noviembre 2019 para dar espacio a una exposición en honor a Rubén Martínez, Premio Nacional de Cultura.

Con el cierre de la Sala Nacional, casa de la Colección Nacional de Pintura y Escultura, el Marte era el único espacio en donde todavía podían apreciarse algunas de las piezas de esta colección exhibidas en calidad de préstamo. La aclamada iniciativa de la Pinacoteca Nacional, inaugurada en 2013, fue clausurada apenas 22 meses más tarde. Queda, como último resquicio, el Museo Forma, que exhibe la colección de la pintora Julia Díaz, que también estuvo en riesgo de cerrar en 2017.

La colección del Marte es una de las cinco colecciones más importantes que existen en el país, según escribió el curador Jorge Palomo en 2017, con ocasión de la posible clausura del Museo Forma. En este texto lamentaba que el cierre de los museos fuera algo que pasara inadvertido para la población en general. Lo cierto es que, si bien la cantidad de visitantes del museo ha crecido con el paso de los años, según datos de la institución, el día más exitoso en cuanto a número de visitantes, ocurría en la Noche Blanca, una iniciativa de distintos centros culturales ubicados en la Zona Rosa, que llevó a cabo en abril del año pasado su cuarta edición.

El 22 de mayo 2003, el Marte abrió sus puertas al público concebido como un espacio para exhibir lo mejor de las artes plásticas salvadoreñas y exposiciones internacionales. Así, por ejemplo, como acto inaugural tuvo en exhibición los primeros dos años dos exposiciones conformadas, principalmente, por las obras de la colección permanente del museo, Puntos Cardinales y Julia Díaz, como muestra del arte nacional; y la Suite Vollard de Picasso, considerada la obra de grabado más importante de la historia, y la exposición de pintura latinoamericana.

En las paredes del Marte han sido exhibidos grandes artistas internacionales, como Rembrandt (2005), Henri Cartier-Bresson (2006), Marc Chagall y Joan Miró (2008), Salvador Dalí (2007, 2011 y 2014), Andy Warhol, Roy Fox Lichtenstein, Jean Michel Basquiat y Egon Schiele (2015), entre otros. Así mismo, ha sido la casa para exposiciones individuales y colectivas de artistas importantes para la historia del arte salvadoreña y representantes del arte contemporáneo, como Valero Lecha, Carlos Cañas, César Menéndez, Camilo Minero, Rosa Mena Valenzuela, Titi Escalante, Licry Bicard, Negra Álvarez, José Mejía Vides, Toño Salazar, Mauricio Linares Aguilar, Sonia Melara, Walterio Iraheta, Mayra Barraza, Carmen Elena Trigueros, Luis Cornejo, Víctor Hugo Rivas, por mencionar a algunos.

Con el afán de llegar hacia nuevos públicos, el Marte instauró un programa de visitas guiadas para que estudiantes de escuelas públicas y privadas pudieran visitar durante el año, como parte de sus actividades curriculares. Según datos de 2018, el 70 % de los estudiantes eran del sector público, pero solo un 38 % de las escuelas estaban ubicadas en zonas rurales. Estas visitas programadas eran para muchos, además, su oportunidad para conocer la capital.

Así mismo, con el afán de atraer nuevos públicos, el Marte se convirtió en la casa de iniciativas como Contempo, que llevó el diseño de muebles y superficies a la sala del museo; Kaleidoscopio, la pasarela que retaba a los diseñadores de moda salvadoreños; y el Festival de Ilustración Salvadoreño y Terrícola. También sirvió de escenario para la música académica con el programa Lunes Musicales y el concierto anual Marte bajo las estrellas. Su programa instalaciones permitió, incluso, lo inconcebible en un museo de su tipo: que los visitantes tocaran una de sus piezas de arte.

Una despedida amarga

La pandemia de covid-19 vino con un cierre de casi toda la actividad económica. En El Salvador, el sector cultural perdió casi toda posibilidad de tener ingresos debido a la cuarentena decretada por el Gobierno desde hace más de 85 días. Las salas de cine, teatros, museos, conciertos y presentaciones culturales, que viven de la asistencia de su público, quedaron vacías debido a las restricciones de movilidad y de aglomeración.

Paralizar la economía ocasiona que miles de empresas dejen de recibir ingresos, por lo que los patronos deben recortar gastos para mantener las operaciones la mayor cantidad de tiempo posible. Esto, por lo general, se traduce en despidos. El Salvador no reporta estadísticas periódicas de mercado laboral. El desempleo se mide una vez al año a través de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM). Las estadísticas que muestran de forma aproximada el mercado laboral formal son los cotizantes al Seguro Social (ISSS) y al sistema privado de pensiones (las AFP) a través de la Superintendencia del Sistema Financiero (SSF). El ISSS solo tiene datos actualizados hasta febrero de este año, mientras que la SSF tiene actualizaciones hasta abril.

Según la medición de la SSF, en febrero, un mes antes de que iniciara la cuarentena, 740,924 personas cotizaban en las AFP. Para abril, luego de casi dos meses de un paro parcial de la economía, se reportó 695,355 empleados, una reducción de ‭45,569‬.

El Marte no escapó de esta realidad que afecta al mundo y que plantea una recuperación lenta. El 8 de junio, Eugenia Lindo convocó para el día siguiente a los empleados a una reunión en las instalaciones del museo. El motivo fue para firmar un mutuo acuerdo para cancelar los contratos de 18 empleados, algunos con 15 años de servicio, debido a la falta de ingresos.

Al día siguiente, el 9 de junio, la presidenta de la Junta Directiva, Alexandra Lytton Regalado, Lindo y un abogado recibieron a los empleados para explicarles que “el museo iba a cerrar por el momento y que estaban cancelados los contratos” a causa de la reducción de fondos y de los planes de reestructuración. Además, se les comunicó que la falta de ingresos los limitaba económicamente y que por ello se les iba a entregar una bonificación del 50 % de lo que les corresponde como indemnización. De este 50 % se les entregó la mitad y se le dijo que esperaban entregarles el resto en julio. Así lo confirmaron a El Faro cuatro de los empleados afectados que prefirieron el anonimato, y que están conscientes de que no es lo que les corresponde.

El Faro preguntó a Lindo sobre esta decisión de entregar solo el 50 % de la indemnización como bono, pero aseguró que se trataba de un aspecto personal de los empleados y que ella pese a ser la directora no podía responder en nombre del museo. En la misma sintonía, los empleados dijeron que era un acuerdo con los patronos y que se les consultara a ellos.

Horas más tarde, la directora remitió un comunicado de parte de la Junta Directiva en donde aseguran que “ante la falta de un plan de reactivación económica que incluya al sector cultural, hemos tenido que tomar decisiones difíciles para asegurar que el museo siga cumpliendo con su misión y función social de proteger, conservar, y visibilizar el patrimonio cultural salvadoreño. Conscientes todos de la realidad que estamos viviendo, el museo ha llegado a un mutuo acuerdo con nuestros colaboradores para cerrar nuestras puertas por un período prudencial”.

Los fondos con los que quedó el Marte serán dedicados para preservar una de las colecciones de arte salvadoreño más importantes.

Violeta Renderos fue la única de las exempleadas que decidió dar reacciones abiertamente. Ella trabajó por 15 años en el Marte y era la directora de Programas Educativos. Reconoce que esto es un efecto de la cuarentena y del cierre de espacios culturales debido a la pandemia de covid-19, y que, a pesar de ello, la institución les pagó puntualmente cada quincena hasta mayo.

Renderos dijo que las autoridades del museo les comunicaron que no tienen fecha de cuándo van a reabrir el recinto y que no les podían dar falsas expectativas de que cuando volvieran las operaciones del Marte recuperarían sus empleos.

“Dijeron que no nos querían dar falsas expectativas de cuándo se va a reabrir. No sabemos si va a reabrir con nuevo personal o si nos van a llamar, porque esa fue una de las preguntas que hicieron los compañeros”, agregó. Por ahora, en la planilla del museo han quedado solo un equipo de tres personas para darle mantenimiento a las obras que están ahí.

El 12 de junio, la ministra de Cultura, Suecy Callejas, se reunió con varios representantes del sector cultural de El Salvador para presentarles un diagnóstico de la afectación que la crisis por la pandemia de covid-19 había tenido en el país y comenzar a armar un plan de reactivación del sector para cuando el Ministerio de Salud lo considere seguro. El Faro intentó obtener una reacción de la ministra Callejas para ahondar sobre los planes para apoyar el sector cultural y los museos, pero hasta el cierre de esta nota no hubo respuesta. 

Los efectos de la pandemia de covid-19 se han extendido por todos los museos del mundo. Según estimaciones de la Unesco y el Consejo Internacional de Museos (ICOM), casi el 90 % de los museos que hay en el mundo han cerrado sus puertas en algún momento durante la crisis del coronavirus y temen que un 13 % no puedan reabrir.

Consultado por El Faro, Carlos Henríquez Consalvi, director del Museo de la Palabra y la Imagen, confirmó que hasta el 12 de junio no habían tenido acercamiento de parte de Cultura para afrontar la crisis generada por la pandemia de coronavirus, “estamos a la espera de una decisión legislativo que nos permita abrir”, agregó.

Un golpe de oportunidad

Si bien que se cierre, así sea temporalmente, un espacio como el museo Marte reduce las opciones para los artistas de dar visibilidad a su obra, gestores culturales y creadores coinciden en que la noticia no es del todo negativa.

La gestora independiente Dalia Chévez, por ejemplo, cree que aunque “se piensa que los afectados directos son los artistas, también debería contarse al público. Si el museo es un lugar de encuentro, de reflexión, de cuestionamiento, más allá de un contenedor de objetos, deberíamos de sentir esa ausencia”. Más allá de esto, cree que la nueva “normalidad” producto de la covid-19 nos enfrenta al reto de “entender la virtualidad como espacio”. Para ello, explica, será importante que el Marte, como parte de su estrategia, oferte experiencias significativas.

Agrega que quienes han sido despedidos “deben reconocerse justamente como actores culturales”, ya que fueron parte importante del funcionamiento diario del museo. “Echar a andar procesos comunitarios y colaborativos, por fuera, viendo a quienes trabajan en los museos como empleados sustituibles e invisibles, es una contradicción”.

El artista multimedia y gestor cultural German Hernández, quien fuera colaborador del Marte entre 2011 y 2015, recibió con poco asombro la noticia del cierre temporal, ya que va en concordancia con lo que está ocurriendo con museos e instituciones culturales alrededor del mundo. “La maniobra del museo tenía que dar un giro desde hace mucho tiempo para ser un poco sostenible”, dice, razón por la que cree que esta es una oportunidad de cambiar las formas de pensar el arte y abrirse a alternativas contemporáneas y vanguardistas.

La idea de que un espacio como el Marte -o cualquier otro museo- sea autosostenible es imposible, según Claudia Cristiani, exdirectora de programación del museo. “Siempre necesitás más recursos, siempre son insuficientes, siempre va a necesitar subsidios. No es un modelo que funcione para ser autosostenible, es un modelo subsidiado”, explica, bajo la lógica de que mientras más presupuesto se obtiene por medio de las donaciones, se busca ejecutar mayor número de proyectos. Agrega que si bien este cierre responde a circunstancias excepcionales, como la pandemia, es una buena oportunidad para reestructurarse. “No me sentí tan afectada, porque me pareció que era aprovechar la oportunidad para hacer algo positivo. Durante todos estos años no ha habido un cambio de estrategia de ningún tipo, me parece que el resultado de esta reestructuración va a ser bueno”. Efectivamente, agrega, el cierre es algo negativo para los usuarios, pero a la larga será positivo para la institución y, por tanto, para quienes lo visitan.

En esta misma sintonía opina el artista visual Mauricio Linares Aguilar, quien cree fortalecer la plataforma virtual del museo es pertinente, más aún en las circunstancias actuales, porque más allá del acceso a Internet, la competencia de las expresiones artísticas es la industria del entretenimiento. Además, cree que el impedimento de acceso físico a las obras puede servir como aliciente a favor para el museo. “Es, como todos sabemos, una limitante que nos hará revalorar el contacto visual directo. La sensibilidad se nutre tanto de los contenidos como del tratamiento, del logro técnico de los artistas. Por mencionar un ejemplo, la rugosidad o suavidad de la textura de una escultura son percibidas de diferente manera al estar presenciándola directamente que al verla en una pantalla plana, aunque fuese de altísima definición”.