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Entrevista con los creadores de La Advertencia

"Lo que se logró no se cuestiona: la posibilidad de tocar a los intocables"

Carlos Martínez

Ricardo Giraldo y Miguel Pulido son los creadores de la serie podcast La Advertencia, cuyo narrador es el actor, productor y director mexicano Diego Luna. Durante un año, un equipo multidiciplinario le fue dando forma a la historia reciente de Guatemala, a las batallas ganadas por la sociedad civil y también a las perdidas ante los poderes tradicionales y corruptos. Ambos repiten que esta serie documental busca servir de inspiración y mostrar que los intocables pueden ser alcanzados por la justicia. 

ElFaro.net / Publicado el 22 de Octubre de 2020

Un músico y un abogado. Dicho así, sin matices, no pareciera que esa juntura vaya a dar un vástago parejo, o un cuento apasionante, un relato complejo, lleno de callejones invitantes, de historia hecha verbo, de sentimientos, de grandes batallas ganadas, de rabiosas derrotas. En otras palabras, si uno solo presenta a Ricardo Giraldo y a Miguel Pulido según sus profesiones, sería difícil adivinar que son los padres –algunos de los padres– de la serie documental podcast “La Advertencia”, que narra la historia reciente de Guatemala y su lucha por exorcizar los demonios de la muerte, la impunidad y la corrupción que aquel país lleva muy dentro de su alma.

Ricardo Giraldo es compositor musical, graduado en el Conservatorio Real de La Haya y Miguel Pulido es abogado por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Pero esos son los formalismos. A ambos les gusta atravesar la palabra “herejes” en sus propias historias. Ricardo tiene una larga trayectoria vinculado al cine, fue director de Cinema23 y de los Premios Fénix, que celebraban el cine en Iberoamérica y fue también director de Ambulante, un festival de documentales que exhibe su cartelera en varios países de Latinoamérica. Actualmente es el director de podcast de la productora La Corriente del Golfo, fundada por los actores mexicanos Diego Luna Y Gael García Bernal.

Miguel Pulido se ha especializado en derechos humanos y tiene en su haber todo tipo de emprendimientos dirigidos a fortalecer a la ciudadanía frente al poder, es un columnista habitual en los principales espacios informativos en México y es el director de Creatura, promotora de pensamiento crítico, una casa consultora especializada, dice en su propia reseña laboral, en el “cambio social”.

Hace un año, Miguel creyó que la historia de Guatemala –tan Latinoamericana, tan hija de sus horrores, de sus muertos penando, de su dictador de bigotito y sonrisa burlona, de sus cámaras empresariales rapaces, de sus indígenas despreciados en un bucle histórico, de su esperanza despilfarrada– merecía ser conocida y contada. Así que le bailó la idea a Diego Luna y éste decidió entrarle con todo y su socio, Gael García (que hace de productor ejecutivo para la serie). Miguel y su equipo se encargarían de la investigación.

Ahí comenzaron los problemas para Ricardo y su equipo.

Los guionistas tuvieron que hacer calzar más de medio siglo de historia en siete capítulos de menos de media hora cada uno. Horas y horas de entrevistas, de material de archivo y de eventos sinuosos sobre la mesa. Un material pesado y elástico al que tomó un año dar forma. No es una historia sencilla, porque es real; el protagonista es un personaje colectivo que gana y pierde frente a antagonistas encarnados en poderes asombrosos, que a veces tienen rostros y a veces no.

La Advertencia –cuyos capítulos se pueden escuchar en El Faro– consigue avanzar a zancadas en la historia, sin enredarse los pies. Sus creadores esperan que sea un espejo en el que Latinoamérica pueda verse a sí misma y encontrar inspiración.

Ricardo Giraldo y Miguel Pulido. Foto: Cortesía.
 
Ricardo Giraldo y Miguel Pulido. Foto: Cortesía.

Este es el primer podcast de La Corriente del Golfo. Las primeras veces suelen parecer una declaración de intenciones, un intento de autodefinición. ¿Cuál es el manifiesto alrededor de esta primera vez? 

Ricardo: Esto nace de una conversación donde Miguel le cuenta una buena parte de la historia de Guatemala a Diego Luna y él se queda maravillado diciendo: no tenía idea de la mayoría de cosas que estaban pasando aquí y que tienen muchos ingredientes que nos atañan a todos los países latinoamericanos. En La Corriente del Golfo queremos contar historias que apelen a nuestro interés, a cosas que queremos compartir, a las cosas que nos mueven y preocupan, pero sobre todo, cuando se involucran los dos fundadores de esta compañía (Diego Luna y Gael García Bernal) es porque a ellos les tocó de forma más cercana algunos de los temas que se exploran en las producciones. Llevamos un año trabajando con Miguel y su equipo, tratando de sacar la esencia de toda esa historia que va por más de 60 años. No es una historia fácil.

Miguel, cuando le propusiste la idea a Diego Luna, ¿qué esperabas?
Lo que yo le planteé a Diego es si él veía el potencial de contar lo que estaba sucediendo en Guatemala en algún formato que tuviera dos propósitos: alcanzar públicos más amplios de aquellos que ha logrado alcanzar la investigación académica y la prensa de investigación, que han hecho un trabajo extraordinario, pero que han tenido alcances limitados. Y la segunda era si él estaba dispuesto a embarcarse en esa aventura, de encontrar la manera de ser un poquito herejes y utilizar algunos recursos de la investigación, otros del periodismo, otros de la literatura, otros de la industria del entretenimiento y revolverlos, sin tener muy claro qué es lo que estaba proponiendo. Quien mastica la idea de forma genial, con el olfato que tiene para aterrizar las cosas, es Diego y es él quien dice que esto se puede convertir en una serie documental en podcast. Ese planteamiento es de él. Da la casualidad de que el proyecto que yo encabezo tiene un brazo de podcast, que se llama Antifaz. Diego dice que había que tener seriedad en la investigación, contacto con los protagonistas, vínculos con los actores que estuvieron ahí, pero luego simplificación del lenguaje, contacto con las emociones, destapar la dimensión sensorial de quien escucha. Quien tiene la habilidad de conectar esos planteamientos es Diego, y a Ricardo y a mí, como cabezas de equipos, lo que nos toca es traducir esos planteamientos en acciones concretas y así nos embarcamos en esa aventura.

Ricardo, ¿compartiste la idea de que el mejor formato era el podcast? Lo pregunto porque venís del mundo del cine, y esta era una historia súper visual: una etnia maya, un dictador, un juicio, la plaza pública enardecida… ¿no te costó encajar la idea de que se iba a prescindir de la imagen?
Compartí mucho el formato. Una de las cosas que me ayudó a eso es que he tenido muchos sombreros a lo largo de mi vida: yo me formé como compositor de música clásica contemporánea, a la par de diseñador gráfico. De los muchos trabajos que he hecho es hacer todo el diseño de la museografía del Museo de la Memoria y Tolerancia en México, que una de las áreas que tiene es la de otros genocidios y ahí estaba el de Guatemala. Ahí trabajamos una exposición gráfica, permanente, editando los videos. Conocía la historia, entendía bien lo que significaba el título oficial de genocidio, que ya es un término que mucha gente utiliza a la ligera, pero oficialmente sólo hay cuatro o cinco genocidios reconocidos en el mundo. Haber visto ese material audiovisual también significaba la posibilidad de que era fácil llegarte a distraer, aunque no sé si esa es la palabra, con la imagen. El sonido apela a enfocarte, como que todo lo que hay alrededor desaparece y te tienes que enfocar en la carnita. No quiere decir que este camino al que llegamos era el que teníamos totalmente trazado al principio. Es muy parecido, pero el material también nos fue llevando a diferentes lugares. Pensamos que iban a ser diez episodios y dibujamos el trazo para dividirlo, y, aunque suene banal, pero hay una parte en la que necesitas crear tensión en los personajes, crear arcos y entender dónde podemos poner un poco de crisis en ciertos momentos y cómo podemos alivianar la información y cómo volvemos a crear un tema que parezca que va hacia algún lado y cómo aparecen los antagonistas… era como manejar un poco esos dos universos, que tiene que ver con el plano de la investigación seria, pura y dura y cómo masticarla para que fuera más fácil de digerir. El sonido te ayuda a apelar a una serie de cosas a las que no estamos tan acostumbrados a conectar. Nuestro oído es una cosa tan refinada y elaborada que en cuanto lo activas tu cuerpo solo empieza a reaccionar y a meterse y a imaginar…

Fuiste parte del equipo de guion, Ricardo. Entiendo que el proceso tardó un año desde el planteamiento inicial. ¿Me contás un poco de la forma en la que desentrañaron ese guion? Meter la historia reciente de Guatemala en solo 7 episodios es una osadía.
Miguel tenía muy claro cuáles eran las fases en la historia, entonces eso nos ayudó a decir: ok, vamos a estar limitados en un formato, que es el podcast, y luego por el tiempo. Pensamos que si hacíamos capítulos de una hora era exigir demasiado, por la cantidad de información, pero si nos íbamos a 20 o 30 minutos era una posibilidad de soltarle información a la gente y que la pueda procesar. ¿Dónde está ese punto de arranque? Decidimos que era Jacobo Árbenz y la United Fruit Company, por los resonadores que esto tiene en el resto de países de la región. Pensamos que sería una gran ventaja para conectarnos con otros públicos, volver más universal la historia. Una vez que tuvimos definido por temas y habíamos decidido que no podíamos pasarnos de 10 episodios de máximo 30 minutos teníamos la cancha dibujada. Era un esfuerzo brutal y pasamos por muchas sesiones; poníamos unas enormes cartulinas y empezamos a jugar con la forma. Yo estaba muy clavado con esto de la composición musical contemporánea: dónde está la sección áurea, dónde viene el clímax, cómo llegamos hasta un punto. Pensamos que ese podcast debía salir en la toma de posesión de Gianmmatei, y que él fuera la conexión del presente con el pasado… pero el tiempo pasó y nos dimos cuenta que no era muy necesario. Fue un proceso rico, hubo muchas cosas que dejamos fuera, nos dolió, no sabes cómo es llegar a la hora de cortar cosas.

Miguel, sabemos cómo termina la historia: después de tantas energías, de tantos esfuerzos, de tanta valentía, los malos ganan. ¿Consideraron que la serie termina con un mensaje de desesperanza?
A ver, nada le iba a hacer justicia a la historia. El podcast busca imaginar qué vemos hacia el futuro. Lo que se logró no se cuestiona: la posibilidad de tocar a los intocables. Hay que reconocer que los intereses de los poderosos a los que nos enfrentamos no eran ni pequeños ni frágiles, sus intereses eran inmensos y suficientemente estructurados. En lo que estamos en este momento es en una disputa sobre el futuro y para disputar ese futuro creo que este podcast tiene una dimensión de inspiración: recordemos lo que se hizo bien y se acaba de hacer bien hace poco, no es una invocación al pasado de siglos atrás, aquellas cosas románticas de la gloria prehispánica, sino de una gloria contemporánea, en la que esta misma sociedad cuando tuvo valor, estructura y organización logró, y esa dimensión de inspiración para lograr un futuro mejor solo se puede alcanzar si se es honesto y la honestidad del podcast es decir: la correlación de fuerzas no nos favorece y esa honestidad política e intelectual hay que asumirla en estas circunstancias. La única manera de inspirarse en el pasado para construir el futuro es reconocerlo, aprender de él.

Pareciera que la ciudadanía, a lo largo del podcast se convierte en un protagonista invencible, como Arbenz, que parecía haber derrotado al monstruo de la United Fruit, o las víctimas que resistieron hasta sentar a Ríos Montt en el banquillo de los acusados, la gesta de Claudia Paz y Paz, o la valentía de la jueza Jazmín Barrios, el surgimiento de CICIG y la forma en que la ciudadanía se la apropió, la plaza llena bregando por echar del poder a los corruptos. Sin embargo, pareciera que el combustible de la ciudadanía es limitado y se agota pronto, mientras que el poder se las arregla para reorganizarse en torno a sus intereses.
Yo te diría que en política y en justicia social ninguna derrota es permanente y ninguna victoria es para siempre y de eso sí se hace cargo el podcast, porque los ciclos históricos se pueden simplificar de dos formas: los malos siempre ganan o la ciudadanía siempre tiene la capacidad de resolver la adversidad de su tiempo y creo que el podcast apunta a esta segunda interpretación: tenemos la capacidad de resolver la adversidad de nuestro tiempo y que debemos encontrar en nuestro pasado la inspiración para hacerlo, porque ya lo hemos hecho. Y la otra es que cuando la ciudadanía se organiza y se escucha a sí misma, la creatividad se convierte en un recurso, porque la dimensión técnica de innovación de la CICIG, más allá de la sofisticación de abogados internacionalistas, politólogos, constitucionalistas, más allá de eso, la innovación de la CICIG es una invitación a la creatividad política. La ciudadanía tiene que seguir hurgando en sí misma, viéndose a sí misma, revisándose a sí misma para encontrar las alternativas organizativas para salir del atolladero.

Ricardo: Quiero sumar algo. Es verdad, estamos apuntando a que esa imaginación de la ciudadanía puede más, pero también estamos apuntando a que no hay que olvidarnos que esos gueyes nunca descansan. Esa otra parte siempre está ahí, siempre está al acecho, nunca descansan. La ciudadanía se cansó de la plaza pública, empiezan a pasar cosas en el día a día que te desaniman, que pierdes un poco la esperanza, que dices ‘puta, hemos llegado hasta acá para ver a los mismos con otra piel’. Es necesario y súper importante no olvidarse de que somos más y entre más hay más imaginación. Pensamos que quizá los poderosos ya están vacunados contra todo, pero siempre hay una forma. Hay una mujer que lo dice de una forma muy linda en el último episodio: ‘la verdad es que los vi ahí sentados y me di cuenta que es posible verlos en el banquillo de los acusados’. Eso es poderoso.

Ustedes hacen un esfuerzo explícito por conectar los eventos de Guatemala con otros ocurridos en América Latina. En el caso de El Salvador las víctimas intentan que se haga justicia por la masacre del Mozote, mientras las fuerzas armadas se han insubordinado al poder civil. La serie nos advierte que en la historia de Guatemala parece caber la historia de América Latina.  Si ambos pudieran hacer un resumen breve de las lecciones que esperarían que La Advertencia deje ¿qué me dirían?
Miguel: te las digo desde mi propio proceso, y esto es algo que hemos platicado los dos: lo primero es que hay que cuestionar cuánto creemos que sabemos y entendemos de los procesos políticos e históricos con los que interactuamos. La segunda es que quiero insistir mucho en la inspiración: reconocer que la batalla por la transformación de nuestras sociedades va a tener primaveras e inviernos fríos, oscuros y atroces, pero que no están cerradas las puertas a nuevas primaveras y que esa dimensión de inspiración tanto en el pensamiento político como organizativo, como en la noción de justicia, es muy importante. Me gustaría que entendiéramos que la inspiración viene de la conexión de luchas, de que cuando los que venían por la disputa de la memoria se juntaron con los que venían por la lucha por el territorio y el reconocimiento de la justicia indígena, cuando hay una conexión, surgen alternativas poderosas. Y un tercero más práctico y muy concreto para los defensores de derechos humanos: el trabajo colaborativo en el sentido muy concreto y material… colegas que vienen de la música o el cine, como es el caso de Ricardo.  Ojalá los abogados podamos ser un poco más herejes y contar las historias en palabras sencillas.

Ricardo: Comparto todo. También hay algo que me parece importante: que ojalá esto pudiera contribuir a la constante reflexión y que esa reflexión tiene que ver con dónde y cómo vivimos, podernos sacudir incluso nuestros espacios personales, donde somos privilegiados… podernos mover de ahí y poder empatizar más con lo que está pasando a nuestro alrededor. “Los malos”, como dices, han logrado hacernos parecer que estas cosas son lejanas y no nos tocan a nosotros ni nos afecta, ni nos impacta. Me daría por bien servido si esto activa pequeños cuestionamientos y reflexiones que se puedan abrir con muchas otras cosas, que sea un revulsivo de fondo.