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Por un voto, Arcatao ya no es efemelenista

Víctor Peña

Nuevas Ideas ganó por un voto al FMLN la Alcaldía que el partido de izquierda no perdía desde 1994, en el municipio de Arcatao, al norte del departamento de Chalatenango. Con 819 votos, ganó NI. Pero no solo el FMLN perdió en Arcatao. En este pueblo hay un cantón que históricamente votó por Arena, pero que nunca logró otorgar un triunfo a la derecha, cuyo mayor logro se reflejó en las elecciones de 2009, con 457 votos. En las últimas elecciones, el cantón Teosinte dio 343 votos a Nuevas Ideas en sus dos Juntas Receptoras de Votos, y Arena consiguió únicamente 18. Arcatao siempre fue rojo en las urnas, logrando triunfos holgados de hasta 400 votos. Este pasado febrero, el 63.6% de su padrón electoral salió a disputar una elección reñida en la que un arcataense de los 2,687 registrados para votar definió el triunfo de un nuevo partido político. Una excombatiente molesta con el pasado de su partido; una exguerrillera que denuncia las injusticias de la izquierda; un campesino convencido por una nueva campaña; y un hombre de derecha y víctima del conflicto armado retratan la situación de un pueblo que dejó de creer en la bandera que tanto tiempo ondeó. Quizá la mejor estampa para describir lo que significa este cambio es la de Giovani. Es un hombre que decora su casa con fotos de sus hermanos exguerrilleros, que perdió a cuatro de ellos en la guerra, que en las presidenciales de 2019 votó por Bukele, pero que asegura que no  apoyó a Nuevas Ideas en las municipales de Arcatao, aunque no dice por quién votó, aunque tiene dudas. Un voto, una duda, eso es todo lo que se necesitó para cambiar lo que nunca cambió en 27 años.

ElFaro.net / Publicado el 18 de Marzo de 2021

Junto a Nueva Trinidad y San José Las Flores, Arcatao es el último de los poblados del norte de Chalatenango, que fueron el corazón de la guerrilla salvadoreña durante el conflicto armado entre 1980 y 1992. Es un asentamiento de cinco calles, a 111 kilómetros de San Salvador, conformado por ocho cantones, envueltos por cerros y montañas que comparten frontera con el departamento de Lempira, Honduras. Electoralmente, fue bastión histórico desde 1994, cuando el FMLN compitió por primera vez en elección popular como partido político, después de la firma de los Acuerdos de Paz del 16 de enero de 1992. El FMLN gobernó Arcatao durante los últimos 27 años. El 28 de febrero de 2021, Arcatao participó en elecciones para diputados y alcaldes con un padrón de 2,687 personas, del que participó el 63.6%. Por un voto de diferencia, 819 personas eligieron a Nuevas Ideas para dirigir la alcaldía los próximos tres años. El nuevo alcalde será Milton Monge, un rostro viejo de la política, que gobernó durante cuatro periodos con la bandera del FMLN.
 
Junto a Nueva Trinidad y San José Las Flores, Arcatao es el último de los poblados del norte de Chalatenango, que fueron el corazón de la guerrilla salvadoreña durante el conflicto armado entre 1980 y 1992. Es un asentamiento de cinco calles, a 111 kilómetros de San Salvador, conformado por ocho cantones, envueltos por cerros y montañas que comparten frontera con el departamento de Lempira, Honduras. Electoralmente, fue bastión histórico desde 1994, cuando el FMLN compitió por primera vez en elección popular como partido político, después de la firma de los Acuerdos de Paz del 16 de enero de 1992. El FMLN gobernó Arcatao durante los últimos 27 años. El 28 de febrero de 2021, Arcatao participó en elecciones para diputados y alcaldes con un padrón de 2,687 personas, del que participó el 63.6%. Por un voto de diferencia, 819 personas eligieron a Nuevas Ideas para dirigir la alcaldía los próximos tres años. El nuevo alcalde será Milton Monge, un rostro viejo de la política, que gobernó durante cuatro periodos con la bandera del FMLN.

 

 

La imagen del FMLN se destiñe en los alrededores de Arcatao. Esta valla sobre la entrada del municipio de Nueva Trinidad, donde Nuevas Ideas también ganó las elecciones municipales por seis votos, parece una metáfora del desgaste que la izquierda ha tenido desde que perdieron las elecciones presidenciales en 2019. En la valla aparecen los entonces candidatos a la presidencia y vicepresidencia Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén, que ganaron las presidenciales de 2009, cuando el FMLN ocupó el Ejecutivo por primera vez en su historia y Arcatao era territorio efemelenista. 
 
La imagen del FMLN se destiñe en los alrededores de Arcatao. Esta valla sobre la entrada del municipio de Nueva Trinidad, donde Nuevas Ideas también ganó las elecciones municipales por seis votos, parece una metáfora del desgaste que la izquierda ha tenido desde que perdieron las elecciones presidenciales en 2019. En la valla aparecen los entonces candidatos a la presidencia y vicepresidencia Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén, que ganaron las presidenciales de 2009, cuando el FMLN ocupó el Ejecutivo por primera vez en su historia y Arcatao era territorio efemelenista. 

 

 

Natividad Dubón de Bonilla, sale a la puerta de su vivienda para observar hacia la calle principal del pueblo, como lo hace todas las tardes. Natividad no recuerda su edad, pero asegura no haber perdido la memoria sobre sus principios ideológicos de izquierda. Natividad no fue el voto que dio la Alcaldía a Nuevas Ideas. Ella sigue siendo seguidora del FMLN. Previo al triunfo de Nuevas Ideas, la hazaña más grande la había hecho Arena, que en las elecciones de 2009 obtuvo 457 votos de un total de 1,217. En esta elección la derecha solo obtuvo 39 votos, de un total de 1,709.
 
Natividad Dubón de Bonilla, sale a la puerta de su vivienda para observar hacia la calle principal del pueblo, como lo hace todas las tardes. Natividad no recuerda su edad, pero asegura no haber perdido la memoria sobre sus principios ideológicos de izquierda. Natividad no fue el voto que dio la Alcaldía a Nuevas Ideas. Ella sigue siendo seguidora del FMLN. Previo al triunfo de Nuevas Ideas, la hazaña más grande la había hecho Arena, que en las elecciones de 2009 obtuvo 457 votos de un total de 1,217. En esta elección la derecha solo obtuvo 39 votos, de un total de 1,709.

 

 

Edit Nemecia Dubónes mejor conocida en el pueblo como Morena, su seudónimo durante la guerra, cuando daba apoyo como enfermera en hospitales de la guerrilla. Ahora es fiel seguidora del presidente Nayib Bukele, porque asegura que él cumple lo que la izquierda prometió.  Morena tiene 51 años y es maestra de profesión. Es hija de María Chichilco, exdiputada del FMLN, exviceministra de Gobernación en el gobierno de Mauricio Funes y actual ministra de Desarrollo Local en la administración Bukele. “Yo, el amor por esa bandera celeste lo llevo aquí (se toca el corazón con su mano derecha), pero mientras haya respuestas para el más necesitado”, dice Morena. “Si yo pudiera, me sacara la sangre para no ser tu pariente Dubón”, le dijo una familiar cuando supo que ella había elegido apoyar a Nuevas Ideas. Ahora normaliza ese tipo de parlamentos que se han vuelto comunes entre los pobladores. Morena ya no cree en la bandera del FMLN. Su hermana mayor, Carmen Aída Dubón (Cecy), fue asesinada por el Batallón Atlacatl en 1987, en el municipio de Las Vueltas, Chalatenango. “Hace 34 años, el 8 de marzo mataron a mi hermana, la primer hija de mi mamá. Este triunfo (de Nuevas Ideas) se lo dedico a ella, porque fueron los ideales por los que luchamos”, dice. Asegura que la desencantó la falta de libertades dentro del FMLN y el beneficio que obtuvo únicamente la cúpula cuando la guerra terminó. Cuando se le pregunta por su madre, responde de inmediato: “Mi mamá no tiene nada de eso, no fue desmovilizada. A ella no le dieron ningún pedazo de tierra, gracias a Dios”, sentencia. Para ella, esta coyuntura no es una pérdida de ideología, sino una lección de la población por las promesas que no ocurrieron. “Si ellos (Nuevas Ideas) no cumplen, o voto por otro partido o ya no voto por nadie o me voy para otro partido”, dice.
 
Edit Nemecia Dubónes mejor conocida en el pueblo como Morena, su seudónimo durante la guerra, cuando daba apoyo como enfermera en hospitales de la guerrilla. Ahora es fiel seguidora del presidente Nayib Bukele, porque asegura que él cumple lo que la izquierda prometió.  Morena tiene 51 años y es maestra de profesión. Es hija de María Chichilco, exdiputada del FMLN, exviceministra de Gobernación en el gobierno de Mauricio Funes y actual ministra de Desarrollo Local en la administración Bukele. “Yo, el amor por esa bandera celeste lo llevo aquí (se toca el corazón con su mano derecha), pero mientras haya respuestas para el más necesitado”, dice Morena. “Si yo pudiera, me sacara la sangre para no ser tu pariente Dubón”, le dijo una familiar cuando supo que ella había elegido apoyar a Nuevas Ideas. Ahora normaliza ese tipo de parlamentos que se han vuelto comunes entre los pobladores. Morena ya no cree en la bandera del FMLN. Su hermana mayor, Carmen Aída Dubón (Cecy), fue asesinada por el Batallón Atlacatl en 1987, en el municipio de Las Vueltas, Chalatenango. “Hace 34 años, el 8 de marzo mataron a mi hermana, la primer hija de mi mamá. Este triunfo (de Nuevas Ideas) se lo dedico a ella, porque fueron los ideales por los que luchamos”, dice. Asegura que la desencantó la falta de libertades dentro del FMLN y el beneficio que obtuvo únicamente la cúpula cuando la guerra terminó. Cuando se le pregunta por su madre, responde de inmediato: “Mi mamá no tiene nada de eso, no fue desmovilizada. A ella no le dieron ningún pedazo de tierra, gracias a Dios”, sentencia. Para ella, esta coyuntura no es una pérdida de ideología, sino una lección de la población por las promesas que no ocurrieron. “Si ellos (Nuevas Ideas) no cumplen, o voto por otro partido o ya no voto por nadie o me voy para otro partido”, dice.

 

 

En el billar de Arcatao, cuatro hombres conversan de política mientras juegan una partida de bola ocho. Es el único lugar abierto a las 8 de la noche en este pueblo, que duerme con sus calles vacías. “Los que hablan del partido dejaron solo al muchacho del FMLN”, dice uno. “De candidato a candidato, pudo haber ganado el del Frente, pero los de Arena escogieron a Nuevas Ideas”, responde otro. “Dejémonos de pajas, la gente no volteó a ver a candidatos, todos se fueron por esa N, en todos los canales salía a cada rato”, sentencia otro que se identificó como habitante del municipio de Nueva Trinidad.
 
En el billar de Arcatao, cuatro hombres conversan de política mientras juegan una partida de bola ocho. Es el único lugar abierto a las 8 de la noche en este pueblo, que duerme con sus calles vacías. “Los que hablan del partido dejaron solo al muchacho del FMLN”, dice uno. “De candidato a candidato, pudo haber ganado el del Frente, pero los de Arena escogieron a Nuevas Ideas”, responde otro. “Dejémonos de pajas, la gente no volteó a ver a candidatos, todos se fueron por esa N, en todos los canales salía a cada rato”, sentencia otro que se identificó como habitante del municipio de Nueva Trinidad.

 

 

Mardo Santos García, de 49 años, se autodefine de derecha. “Yo siempre he sido de derecha. Todo el tiempo he sido arenero”, asegura. Es habitante del cantón Teosinte, donde el Tribunal Supremo Electoral estableció un centro de votación con dos Juntas Receptoras de Votos. Este era bastión histórico de Arena, pero esta vez el partido tricolor solo obtuvo 18 votos y Nuevas Ideas se quedó con 343 de los 819 votos con los que ganó la elección. García es de derecha porque se declara víctima de la guerrilla, que lo desplazaba a él y a su familia y que también desapareció a algunos de sus amigos en este cantón. Cuando buscaba unas vacas que se le escaparon cerca de la zona conocida como El Portillo, García encontró una granada, la tomó y le estalló de frente. Perdió su brazo izquierdo, dos dedos de su mano derecha, el ojo izquierdo y sus piernas están llenas de cicatrices provocadas por las esquirlas. Ese episodio también se lo atribuye a la guerrilla, porque ellos dominaban ese territorio, asegura. Subsiste de una venta de gas propano, un molino y una pequeña tienda. “Yo voté por Nuevas Ideas para alcalde porque ya conocía al candidato. Además ya había sido alcalde. Por mí, Nayib Bukele no merece un diputado en la Asamblea. Yo no simpatizo con él porque cree que es el jefe; es muy prepotente”, asegura.
 
Mardo Santos García, de 49 años, se autodefine de derecha. “Yo siempre he sido de derecha. Todo el tiempo he sido arenero”, asegura. Es habitante del cantón Teosinte, donde el Tribunal Supremo Electoral estableció un centro de votación con dos Juntas Receptoras de Votos. Este era bastión histórico de Arena, pero esta vez el partido tricolor solo obtuvo 18 votos y Nuevas Ideas se quedó con 343 de los 819 votos con los que ganó la elección. García es de derecha porque se declara víctima de la guerrilla, que lo desplazaba a él y a su familia y que también desapareció a algunos de sus amigos en este cantón. Cuando buscaba unas vacas que se le escaparon cerca de la zona conocida como El Portillo, García encontró una granada, la tomó y le estalló de frente. Perdió su brazo izquierdo, dos dedos de su mano derecha, el ojo izquierdo y sus piernas están llenas de cicatrices provocadas por las esquirlas. Ese episodio también se lo atribuye a la guerrilla, porque ellos dominaban ese territorio, asegura. Subsiste de una venta de gas propano, un molino y una pequeña tienda. “Yo voté por Nuevas Ideas para alcalde porque ya conocía al candidato. Además ya había sido alcalde. Por mí, Nayib Bukele no merece un diputado en la Asamblea. Yo no simpatizo con él porque cree que es el jefe; es muy prepotente”, asegura.

 

 

La foto de la izquierda en la vivienda de Giovani Dubón registran un enfrentamiento en el lugar conocido como La Cañada. A la derecha, un retrato de sus dos hermanos que pelearon en la guerra. Uno de ellos murió durante un combate en un campamento de la guerrilla en 1987. Arcatao está lleno de reliquias del conflicto, las atesoran y resguardan también algunos excombatientes que han decidido apoyar a Nuevas Ideas.
 
La foto de la izquierda en la vivienda de Giovani Dubón registran un enfrentamiento en el lugar conocido como La Cañada. A la derecha, un retrato de sus dos hermanos que pelearon en la guerra. Uno de ellos murió durante un combate en un campamento de la guerrilla en 1987. Arcatao está lleno de reliquias del conflicto, las atesoran y resguardan también algunos excombatientes que han decidido apoyar a Nuevas Ideas.

 

 

Giovani dice que la ideología no se pierde por votar por Nuevas Ideas. Ya lo hizo en 2019, para las presidenciales, cuando eligió a Bukele. En las municipales, asegura, no votó por Nuevas Ideas, pero ya no puede decirse que es efemelenista. “A mí me dicen traidor, pero yo no soy político y nunca he tenido un cargo público”, explica. Giovani se unió a la guerrilla en 1979, cuando tenía 14 años. Perdió a cuatro de sus cinco hermanos en la guerra. Combatió en los territorios de Chalatenango y estuvo detenido en Honduras tras intentar introducir un camión con armas a El Salvador. En un pueblo tan pequeño como Arcatao, Giovani se enfrenta a los señalamientos de sus amigos y conocidos, que constantemente lo insultan. “Ellos (la cúpula) se olvidaron de la convicción y ahora a los votantes nos llaman traidores. Otra guerra ya no vamos a hacer, mejor castigamos con el voto, esa es la nueva revolución”, dice. Giovani muestra con entusiasmo su retrato de cuando combatía en 1984.
 
Giovani dice que la ideología no se pierde por votar por Nuevas Ideas. Ya lo hizo en 2019, para las presidenciales, cuando eligió a Bukele. En las municipales, asegura, no votó por Nuevas Ideas, pero ya no puede decirse que es efemelenista. “A mí me dicen traidor, pero yo no soy político y nunca he tenido un cargo público”, explica. Giovani se unió a la guerrilla en 1979, cuando tenía 14 años. Perdió a cuatro de sus cinco hermanos en la guerra. Combatió en los territorios de Chalatenango y estuvo detenido en Honduras tras intentar introducir un camión con armas a El Salvador. En un pueblo tan pequeño como Arcatao, Giovani se enfrenta a los señalamientos de sus amigos y conocidos, que constantemente lo insultan. “Ellos (la cúpula) se olvidaron de la convicción y ahora a los votantes nos llaman traidores. Otra guerra ya no vamos a hacer, mejor castigamos con el voto, esa es la nueva revolución”, dice. Giovani muestra con entusiasmo su retrato de cuando combatía en 1984.

 

 

Para Guadalupe Aguirre, de 37 años, las heridas siguen abiertas. Ella era una niña de cinco años cuando la guerrilla capturó a su hermano en 1988. Lo acusó de ayudar con comida a los militares, pese a que su padre y madre eran combatientes de esa misma guerrilla. Desde entonces, no se sabe nada de él, pero Aguirre sigue siendo efemelenista.
 
Para Guadalupe Aguirre, de 37 años, las heridas siguen abiertas. Ella era una niña de cinco años cuando la guerrilla capturó a su hermano en 1988. Lo acusó de ayudar con comida a los militares, pese a que su padre y madre eran combatientes de esa misma guerrilla. Desde entonces, no se sabe nada de él, pero Aguirre sigue siendo efemelenista. "Si yo cambio de partido, la lucha de mis padres fue en vano. A mí me da cólera cuando me acuerdo de la muerte de mi hermano y me dan ganas de cambiarme de partido", dice. A su hermano, Tino Aguirre, lo capturaron en el kiosko del parque, cuando estaba acostado escuchando su radio Sony. Este hecho del pasado ha provocado un distanciamiento con su hermano Osmín Aguirre, quien ahora es militante de Nuevas Ideas.

 

 

Tras nueve años en el cargo de alcalde, las bases del FMLN decidieron cambiar a José Alberto Avelar por Bladimir Orellana, de 29 años e hijo de excombatientes del FMLN.  Un personaje nuevo en la política, pero que no logró convencer a muchos de sus votantes históricos. Es normal ver pintas del candidato en las casas del municipio, como esta, ubicada en la avenida Silvio Franco.
 
Tras nueve años en el cargo de alcalde, las bases del FMLN decidieron cambiar a José Alberto Avelar por Bladimir Orellana, de 29 años e hijo de excombatientes del FMLN.  Un personaje nuevo en la política, pero que no logró convencer a muchos de sus votantes históricos. Es normal ver pintas del candidato en las casas del municipio, como esta, ubicada en la avenida Silvio Franco.

 

 

Guadalupe Orellana ahora tiene 79 años. Fue combatiente del FMLN en el conflicto armado, donde perdió a cinco hijos, a su esposa y a su madre. La rutina de Guadalupe es cuidar un potrero y vender pasto. Con eso sobrevive a diario. Él es consciente de cómo la izquierda ha perdido fuerza en esta zona, pero asegura que su voto nunca será por un partido distinto al FMLN. “El pobre puede quitar y poner gobernantes, pero solo si se organiza, pero aquí nos endulzan con cualquier cosa”, dice.
 
Guadalupe Orellana ahora tiene 79 años. Fue combatiente del FMLN en el conflicto armado, donde perdió a cinco hijos, a su esposa y a su madre. La rutina de Guadalupe es cuidar un potrero y vender pasto. Con eso sobrevive a diario. Él es consciente de cómo la izquierda ha perdido fuerza en esta zona, pero asegura que su voto nunca será por un partido distinto al FMLN. “El pobre puede quitar y poner gobernantes, pero solo si se organiza, pero aquí nos endulzan con cualquier cosa”, dice.

 

 

Neftalí López, de 60 años, regresa de trabajar su jornada como agricultor. Es habitante del cantón El Pepeto y ahora es un seguidor de Nuevas Ideas. Pasa frente a un mural alusivo a los mártires del conflicto, en la colonia Jesús Rojas, un asentamiento construido por el sacerdote Manolo Maqueira cuando finalizó el conflicto armado, para beneficiar a los excombatientes de la guerrilla. A diez metros de esta escena, una mujer habla de fraude. Es una excombatiente que repite lo que sin mayor sustento muchos dicen en el pueblo: Que compraron votos, que los soldados no dejaron pasar a los votantes del FMLN que venían del otro lado del río, que los jóvenes acompañaban a los adultos a votar a las urnas y marcaban por ellos. Esta mujer no quiso identificarse. Entre risas, dijo: “Ya se me olvidó mi nombre, por seguridad”.
 
Neftalí López, de 60 años, regresa de trabajar su jornada como agricultor. Es habitante del cantón El Pepeto y ahora es un seguidor de Nuevas Ideas. Pasa frente a un mural alusivo a los mártires del conflicto, en la colonia Jesús Rojas, un asentamiento construido por el sacerdote Manolo Maqueira cuando finalizó el conflicto armado, para beneficiar a los excombatientes de la guerrilla. A diez metros de esta escena, una mujer habla de fraude. Es una excombatiente que repite lo que sin mayor sustento muchos dicen en el pueblo: Que compraron votos, que los soldados no dejaron pasar a los votantes del FMLN que venían del otro lado del río, que los jóvenes acompañaban a los adultos a votar a las urnas y marcaban por ellos. Esta mujer no quiso identificarse. Entre risas, dijo: “Ya se me olvidó mi nombre, por seguridad”.