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El tiangue: plata o trueque

Víctor Peña

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El tiangue es el centro de negocios para ganaderos y agricultores. Es una feria itinerante en distintos municipios y una práctica histórica en El Salvador desde finales del siglo XIX, y que abona a la economía local a través de la compra y venta de ganado con dinero en efectivo, regulado por el Código Municipal, que establece un impuesto de entre $2 y $3 por cabeza de ganado o caballo vendido, dependiendo de la municipalidad. En la actualidad, pequeños productores aprovechan este espacio para ofrecer sus gallinas, cerdos, chumpipes y hasta perros. Otros venden herramientas de trabajo y algunos instalan sus puestos de comida para ofrecer a esa multitud de compradores y vendedores que negocian el día entero bajo una premisa: solo vale el efectivo o el trueque. Este es un negocio que no acepta tarjetas de crédito, de débito ni cheques. En medio del tiangue, preguntar por el Bitcoin, cuya ley de circulación entrará en vigor a partir del 7 de septiembre de 2021, no tiene caso. Aquí se hace negocios con dinero en mano. Algunos de los que comercian en el tiangue han sido agricultores toda la vida, muchos no saben leer ni escribir. Entre esa población, el Bitcoin es impopular. Agustín Rivas, habitante de San Rafael Cedros y experimentado ganadero de 55 años, asegura que ese ha sido el peor error del Gobierno actual, y que esa es una moneda que no funcionará con la gente del campo. Estas opiniones coinciden con la más reciente encuesta de la Universidad Francisco Gavidia, publicada el 7 de junio de 2021. Los datos reflejan que seis de cada diez personas rechazan la nueva ley, el 60% dice no tener con una cuenta bancaria; un 68% dice no tener tarjetas; un 44% opina que la economía puede empeorar y un 56% cree que esta ley únicamente beneficia a los empresarios. En una economía en ruta a digitalizarse, el tiangue de San Rafael Cedros es todo lo opuesto a ese destino.

ElFaro.net / Publicado el 8 de Agosto de 2021

Todos los sábados, desde las 6 de la mañana, ganaderos, agricultores y pequeños comerciantes llegan al mercado municipal de San Rafael Cedros, en el departamento de Cuscatlán, para vender sus cerdos, ganado, gallinas, perros, chivos, cabras e incluso caballos de alta escuela. Unos vienen en camiones cargados de animales; otros, en transporte público y algunos a pie.
 
Todos los sábados, desde las 6 de la mañana, ganaderos, agricultores y pequeños comerciantes llegan al mercado municipal de San Rafael Cedros, en el departamento de Cuscatlán, para vender sus cerdos, ganado, gallinas, perros, chivos, cabras e incluso caballos de alta escuela. Unos vienen en camiones cargados de animales; otros, en transporte público y algunos a pie.

 

 

 

José Cornejo, de 30 años, muestra el dinero con el que hará negocios esta jornada. Él es habitante de San Rafael Cedros y cada sábado llega desde las 4:30 de la mañana para buscar la mejor oferta para comprar y vender cerdos. “Aquí es billete sobre billete. Eso del Bitcoin alterará este negocio porque es complicado adaptarse a esa moneda”, dice José, y asegura que gana alrededor de $100 tras una jornada de negocios en el tiangue.
 
José Cornejo, de 30 años, muestra el dinero con el que hará negocios esta jornada. Él es habitante de San Rafael Cedros y cada sábado llega desde las 4:30 de la mañana para buscar la mejor oferta para comprar y vender cerdos. “Aquí es billete sobre billete. Eso del Bitcoin alterará este negocio porque es complicado adaptarse a esa moneda”, dice José, y asegura que gana alrededor de $100 tras una jornada de negocios en el tiangue.

 

 

 

En el tiangue hay lugares asignados para las distintas clases de animales. En la sección de caballos, pequeños grupos se reúnen y se pasean de un lado a otro para negociar a sus bestias; otros montan y corren sobre una base de cemento, para probar su fuerza; unos solo se postran frente a una pared hasta lograr un cliente. En medio del ruido de los galopes, el relincho y los latigazos, un hombre bailaba con su caballo peruano, valorado en $3,500.
 
En el tiangue hay lugares asignados para las distintas clases de animales. En la sección de caballos, pequeños grupos se reúnen y se pasean de un lado a otro para negociar a sus bestias; otros montan y corren sobre una base de cemento, para probar su fuerza; unos solo se postran frente a una pared hasta lograr un cliente. En medio del ruido de los galopes, el relincho y los latigazos, un hombre bailaba con su caballo peruano, valorado en $3,500.

 

 

 

Máveric Sánchez, de 15 años, habitante del municipio de Tonacatepeque, llegó desde las 7:00 de la mañana para vender a sus cachorros. Cuatro perritos de dos meses y medio, que él asegura son una mezcla de Pitbull con French. Hasta las 9:00 de la mañana había vendido uno a $10. Máveric conoce el negocio. Desde pequeño acompañaba a su padre a vender y comprar ganado al tiangue de San Rafael Cedros. “Hoy vengo solo a vender, pero si alguien me da una gallina le doy un perrito, pero que sea india”, asegura Máveric con su canasta en las manos.
 
Máveric Sánchez, de 15 años, habitante del municipio de Tonacatepeque, llegó desde las 7:00 de la mañana para vender a sus cachorros. Cuatro perritos de dos meses y medio, que él asegura son una mezcla de Pitbull con French. Hasta las 9:00 de la mañana había vendido uno a $10. Máveric conoce el negocio. Desde pequeño acompañaba a su padre a vender y comprar ganado al tiangue de San Rafael Cedros. “Hoy vengo solo a vender, pero si alguien me da una gallina le doy un perrito, pero que sea india”, asegura Máveric con su canasta en las manos.

 

 

 

Un comerciante traslada una camada de cerdos que compró en el tiangue. Pagó $20 por cada uno, y tratará de ganar unos $5 por cabeza, al revenderlos en otros tiangues que se realizan a lo largo de la semana en los municipios de El Tránsito y Nueva Guadalupe, en el departamento de San Miguel; Aguilares, en el departamento de San Salvador; Ilobasco, departamento de Cabañas; y Santiago Nonualco, departamento de La Paz.
 
Un comerciante traslada una camada de cerdos que compró en el tiangue. Pagó $20 por cada uno, y tratará de ganar unos $5 por cabeza, al revenderlos en otros tiangues que se realizan a lo largo de la semana en los municipios de El Tránsito y Nueva Guadalupe, en el departamento de San Miguel; Aguilares, en el departamento de San Salvador; Ilobasco, departamento de Cabañas; y Santiago Nonualco, departamento de La Paz.

 

 

 

Como en San Rafael Cedros, hay otros tiangues que se realizan en diferentes municipios durante toda la semana.  Sus asistentes discuten sobre herramientas de trabajo, maquinaria, razas de animales, alimentos, fertilizantes y cultivos. Es una gala donde los ganaderos lucen sus mejores botas, sombreros y sus camisas vaqueras extravagantes, y donde también los pequeños comercios de comida en los alrededores obtienen sus ganancias. 
 
Como en San Rafael Cedros, hay otros tiangues que se realizan en diferentes municipios durante toda la semana.  Sus asistentes discuten sobre herramientas de trabajo, maquinaria, razas de animales, alimentos, fertilizantes y cultivos. Es una gala donde los ganaderos lucen sus mejores botas, sombreros y sus camisas vaqueras extravagantes, y donde también los pequeños comercios de comida en los alrededores obtienen sus ganancias. 

 

 

 

Teófilo García, de 60 años, ha vendido por más de 18 años en el tiangue. Cada sábado viaja en el transporte público con sus gallinas miniatura al hombro, por las que pide entre $10 y $15. Llega desde el municipio de San Martín. Teófilo asegura que ya ha hecho trueque cuando no logra vender sus aves. “Yo ya he cambiado gallinas por cabros, patos por chumpipes, y una vez cambié un chumpipe por un perico”, dice.
 
Teófilo García, de 60 años, ha vendido por más de 18 años en el tiangue. Cada sábado viaja en el transporte público con sus gallinas miniatura al hombro, por las que pide entre $10 y $15. Llega desde el municipio de San Martín. Teófilo asegura que ya ha hecho trueque cuando no logra vender sus aves. “Yo ya he cambiado gallinas por cabros, patos por chumpipes, y una vez cambié un chumpipe por un perico”, dice.

 

 

 

el tiangue y sus animales abarrotan más de cinco cuadras en los alrededores del mercado. Sus dueños deben marcarlos con pintura spray o asegurarlos con lazos para que no se confundan cuando se mezclen con los de otro comerciante. Esos descuidos ya han ocasionado algunos encontronazos.
 
el tiangue y sus animales abarrotan más de cinco cuadras en los alrededores del mercado. Sus dueños deben marcarlos con pintura spray o asegurarlos con lazos para que no se confundan cuando se mezclen con los de otro comerciante. Esos descuidos ya han ocasionado algunos encontronazos.

 

 

 

La concentración semanal de agricultores, campesinos, comerciantes y ganaderos, también es de provecho para los que andan en la rebusca de ingresos. En medio de esa multitud, un vendedor ha instalado su venta de lazos, cumas, machetes, cebaderas, botas de hule y sombreros. Herramientas mínimas, pero de gran utilidad en las actividades diarias de la agricultura y la ganadería.
 
La concentración semanal de agricultores, campesinos, comerciantes y ganaderos, también es de provecho para los que andan en la rebusca de ingresos. En medio de esa multitud, un vendedor ha instalado su venta de lazos, cumas, machetes, cebaderas, botas de hule y sombreros. Herramientas mínimas, pero de gran utilidad en las actividades diarias de la agricultura y la ganadería.

 

 

 

Josué Castro, de 15 años  es un comerciante de ganado. Todos los sábados llega con su padre para vender y comprar. Josué es habitante de la zona rural del municipio de San Rafael Cedros y aprovecha el fin de semana para ganar unos $40, que le abastecen para sus gastos semanales en la escuela.
 
Josué Castro, de 15 años  es un comerciante de ganado. Todos los sábados llega con su padre para vender y comprar. Josué es habitante de la zona rural del municipio de San Rafael Cedros y aprovecha el fin de semana para ganar unos $40, que le abastecen para sus gastos semanales en la escuela.

 

 

 

“Entonces, ¿no querés? Ya te dije cuánto te doy”, decía Wílber (segundo de izquierda a derecha) y con dinero en mano, a un vendedor que paseaba a una cabra por todo el tiangue. “El otro te da $35”, le repetía. El vendedor le contestaba: “No, y sabés por qué no se los doy así, porque el otro día me bajó. Ponele $5 más, si querés”. Para Wílber, de 30 años,  no hubo trato esa mañana, y siguió buscando más ofertas, como lo hace cada sábado. Viaja desde el municipio de San Jorge, en San Miguel, y con un fajo de billetes en mano intenta ganarse la vida de tiangue en tiangue. Lo hace desde los 20 años. “La verdad es que yo no sé de ese bolado de Bitcoin y ni sé que decirle. No sabemos cómo lo vamos a usar”, comenta sobre el ingreso de una nueva moneda.
 
“Entonces, ¿no querés? Ya te dije cuánto te doy”, decía Wílber (segundo de izquierda a derecha) y con dinero en mano, a un vendedor que paseaba a una cabra por todo el tiangue. “El otro te da $35”, le repetía. El vendedor le contestaba: “No, y sabés por qué no se los doy así, porque el otro día me bajó. Ponele $5 más, si querés”. Para Wílber, de 30 años,  no hubo trato esa mañana, y siguió buscando más ofertas, como lo hace cada sábado. Viaja desde el municipio de San Jorge, en San Miguel, y con un fajo de billetes en mano intenta ganarse la vida de tiangue en tiangue. Lo hace desde los 20 años. “La verdad es que yo no sé de ese bolado de Bitcoin y ni sé que decirle. No sabemos cómo lo vamos a usar”, comenta sobre el ingreso de una nueva moneda.