El Faro http://elfaro.net Periodismo independiente y audaz de El Salvador y Centroamerica con noticias, reportajes, investigac es Copyright 2018, El Faro Thu, 21 Jun 2018 13:53:41 +0100 El Faro Treinta segundos de fútbol en el semáforo http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029294.jpg https://elfaro.net/es/201806/ef_tv/22103/Treinta-segundos-de-fútbol-en-el-semáforo.htm José Alfredo Cáceres, de 17 años, viaja casi a diario desde Sonsonate a San Salvador, balón en mano, para ganarse la vida en los semáforos de la colonia Escalón. Su habilidad con la pelota le garantiza mejores ingresos que en su anterior trabajo como ayudante de albañil. “El fútbol es un medio de trabajo y lo que gano me sirve para mis estudios”, dice. Dicen que las comparaciones son odiosas, y he aquí una especialmente cruel: José Alfredo tendría que trabajar 49 años para igualar lo que Cristiano Ronaldo gana en un solo día.

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EF TV Thu, 21 Jun 2018 11:29:00 +0100 https://elfaro.net/es/201806/ef_tv/22103/Treinta-segundos-de-fútbol-en-el-semáforo.htm
La FIFA se para firme contra los gritos homofóbicos de la afición mexicana Pablo Melián (AFP) / El Faro http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029293.jpg https://elfaro.net/es/201806/internacionales/22102/La-FIFA-se-para-firme-contra-los-gritos-homofóbicos-de-la-afición-mexicana.htm Gritar ‘Puto’ al arquero contrario cuando saca de puerta –como habitualmente se hace en los estadios mexicanos– podría salir esta vez muy caro a los aficionados y a la propia selección. La polémica viene desde Brasil 2014, pero es en este Mundial en el que parece que la FIFA se ha propuesto erradicar esa expresión homofóbica. La amenaza de ser expulsado del torneo pesa sobre cada hincha mexicano pero, lo nuevo, si los aficionados repiten masivamente el comportamiento, incluso se podrían retirar puntos en la clasificación a México. Moscú, RUSIA. Sumidos en una larga y dulce resaca, México y los cerca de 40 000 hinchas que le acompañan en Moscú se han visto contrariados por el último capítulo del polémico grito de su hinchada que ya ha provocado en el pasado sanciones de la FIFA por homofobia.

Un día después del triunfo del domingo ante Alemania (1-0) en el Luzhnikí, la FIFA abrió un expediente disciplinario contra la Federación Mexicana de Fútbol (Femexfut), después de que varios medios de comunicación recogieran que los hinchas del Tri volvieron a usar en sus cánticos la palabra ‘Puto’ (término despectivo contra los homosexuales) durante el partido.

“Lo hicimos miles de personas a la vez, por eso no nos echaron. Para nosotros es divertido, es algo muy mexicano. Pero bueno, nos han amenazado con quitarnos puntos y hay otras formas de animar. Ya se están inventando otros cánticos”, explicaban este miércoles desde Moscú dos aficionados, Gustavo Castañeda y Diana Sandoval, presentes en el estadio el día de la victoria ante Alemania, cuya luna de miel incluyó el domingo histórico.

Aficionados de México festejan la histórica victoria ante la selección de Alemania en el monumento a la Independencia, en la Ciudad de México. Foto César Vicuña (Xinhua).
 
Aficionados de México festejan la histórica victoria ante la selección de Alemania en el monumento a la Independencia, en la Ciudad de México. Foto César Vicuña (Xinhua).

Según el procedimiento establecido por la organizadora del Mundial para este tipo de casos, si los aficionados repiten estos comportamientos incluso se podría retirar puntos en la clasificación a México.

Además, el año pasado se activó un nuevo protocolo. En caso de que el árbitro se percate de una actitud discriminatoria podrá detener el juego y pedir al público que deje de hacerlo. En caso de no cumplirlo, se suspenderá de forma parcial para dar otra advertencia y si continúa se suspenderá definitivamente el duelo.

Silencio oficial

La FIFA no ofreció detalles pero, según varios medios de comunicación, esos cantos se tratarían de insultos hacia el portero germano Manuel Neuer cada vez que tocaba el balón, al que la afición mexicana le gritaba su polémico cántico.

“Fue solo una vez, en el minuto 24 cuando sacó el portero, pero sí, mucha gente cantó lo de ‘Puto’”, precisa Castañeda.

Como hace un año en la Copa de las Confederaciones, la Femexfut ha pedido a los aficionados que eviten ese grito: “En Rusia evita que te retiren tu ‘Fan ID’ (carnet del hincha indispensable para entrar a los estadios). En los estadios... No grites ‘Puto’. No grites ni insultes a los jugadores, no utilices palabras altisonantes durante los partidos”.

A diferencia del domingo en Luzhniki, donde gritaron miles de personas, hace un año en la Confederaciones se registraron únicamente casos individuales y los observadores antidiscriminación de la FIFA los señalaron. Inmediatamente agentes de seguridad sacaron del estadio a los alborotadores, que no pudieron entrar a los siguientes partidos.

Con el Cielito lindo

La polémica contaminó la apacible concentración mexicana en las instalaciones del Dinamo de Moscú.

“Es buen momento para lanzar un mensaje; ya nos amonestaron ayer como mexicanos por el grito, y creo que es buen momento para invitar a la gente a que no lo haga, que nos apoye de una forma diferente”, señaló el centrocampista Marco Fabián en rueda de prensa.

“Hacer viajes tan largos para apoyarnos y que nos los dejen entrar sería una lástima... Apoyen de diferente manera, con el ‘Cielito lindo’ o el grito de ‘México al 100’”, añadió.

En los estadios mexicanos se escucha regularmente que los aficionados griten “Ehhh, ¡puto!” durante el saque de portería del arquero rival.

La FIFA inició su campaña contra este grito en el Mundial 2014, después de que los hinchas del Tri se lo dedicaran a Neymar cada vez que tocaba el balón, en el empate sin goles ante Brasil de la primera fase. Desde entonces, varias multas y advertencias no han acabado con esta costumbre y la polémica ha adquirido una dimensión internacional.

© Agence France-Presse

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Internacionales Thu, 21 Jun 2018 08:57:25 +0100 https://elfaro.net/es/201806/internacionales/22102/La-FIFA-se-para-firme-contra-los-gritos-homofóbicos-de-la-afición-mexicana.htm
Trump, hundido en críticas, dejará a los niños con sus padres migrantes en la misma cárcel El Faro / AFP http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000028113.jpg https://elfaro.net/es/201806/internacionales/22100/Trump-hundido-en-críticas-dejará-a-los-niños-con-sus-padres-migrantes-en-la-misma-cárcel.htm Las acciones de Trump en materia migratoria vuelven a caer en un confuso terreno de legalidad, por la manera en que proponen tratar a los niños que llegan junto a sus padres como indocumentados. En el día de los refugiados, la cruzada antiinmigrante de Trump sigue acumulando rechazo. Alianza Américas las llamó “práticas draconianas” por la severidad contra estas familias. Días después de rechazo internacional y fuertes críticas, el presidente estadounidense Donald Trump dio la orden para que ya no separen a más familias de inmigrantes; ahora, las dejarán juntas en la misma cárcel durante un tiempo que no precisó. Aún así, su administración todavía tiene un pie fuera de la legalidad y cada día surgen nuevos detalles sobre los más de 2,400 niños separados de sus padres.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó el miércoles un decreto para poner fin a la separación de las familias de inmigrantes en la frontera, cambiando una práctica que generó desprecio nacional e internacional.

El mandatario republicano recibió una avalancha de críticas por su política de "tolerancia cero" hacia la inmigración ilegal lanzada a principios de mayo, que propició que más de 2,400 niños hayan sido separados de sus padres migrantes, en su mayoría originarios de Centroamérica, de acuerdo a los datos de la Oficina de Protección de Aduanas y Fronteras.

Fotografías de niños en sitios parecidos a jaulas y audios en los que se escucha el llanto desesperado de pequeños retenidos en instalaciones fronterizas generaron una oleada de indignación y acusaciones de violación de los derechos humanos, así como de los tratados internacionales.

"No me gustaba ver a las familias separadas", dijo Trump al firmar el decreto en la Oficina Oval de la Casa Blanca, luego de insistir durante semanas en que estaba obligado por ley a apartar a los menores de sus padres indocumentados. Pero, en realidad, era una acción ejecutiva que él mismo podía revertir, tal como lo hizo.

Sin embargo, subrayó que la lucha contra la inmigración ilegal en la frontera será "igualmente dura, si no más dura".

"Debemos mantener nuestras fronteras fuertes, o seremos invadidos por el crimen y por personas que no deberían estar en nuestro país", dijo Trump durante una reunión con legisladores republicanos

El decreto sugiere que el gobierno buscará retener a las familias indefinidamente en centros de detención. Pero esta decisión riñe con el llamado Acuerdo de Flores de 1997, que marca un límite de 20 días para que los niños permanezcan detenidos.

Por eso, esta medida podría llevar a batallas legales.

Óscar Chacón, director ejecutivo de Alianza Américas, advirtió que encarcelar a los padres con sus hijos aún atentan contra las normas que Estados Unidos debería obedecer. “La orden ejecutiva no solo atenta contra la ley de Estados Unidos -porque el acuerdo de Flores de 1997 limita el alcance del gobierno estadounidense para detener niños-, sino que también marca una violación continua de la ley internacional, que reconoce el derecho de las personas que buscan escapar de la persecución a que soliciten el asilo en los Estados Unidos. El hecho que estas prácticas draconianas se ejecuten en el nombre de “la ley y el orden” en nuestras fronteras es tan irónico como inhumano”, sentenció Chacón.

Activistas promigrantes protestan en los alrededores de la Casa Blanca en Washington, el 8 de enero, tras el anuncio de la cancelación del TPS para la comunidad de migrantes salvadoreños oficializado por el gobierno de Estados Unidos. Alrededor de 200,000 salvadoreños, un 12 % de la comunidad en ese país, estaban amparados en este programa. Ahora tienen un plazo de 18 meses para retornar a El Salvador. Estados Unidos aseguró que una de las razones de finalizarlo fue que las devastadas condiciones en las que quedó el país después de los terremotos del 2001 -que fueron las que impulsaron la creación del TPS- ya no existen en la actualidad. El 6 de noviembre de 2017, el gobierno de Donald Trump también cerró el TPS para Nicaragua y prorrogó por seis meses el TPS para Honduras.
 
Activistas promigrantes protestan en los alrededores de la Casa Blanca en Washington, el 8 de enero, tras el anuncio de la cancelación del TPS para la comunidad de migrantes salvadoreños oficializado por el gobierno de Estados Unidos. Alrededor de 200,000 salvadoreños, un 12 % de la comunidad en ese país, estaban amparados en este programa. Ahora tienen un plazo de 18 meses para retornar a El Salvador. Estados Unidos aseguró que una de las razones de finalizarlo fue que las devastadas condiciones en las que quedó el país después de los terremotos del 2001 -que fueron las que impulsaron la creación del TPS- ya no existen en la actualidad. El 6 de noviembre de 2017, el gobierno de Donald Trump también cerró el TPS para Nicaragua y prorrogó por seis meses el TPS para Honduras.

En su pronunciamiento, Alianza Américas urge a que las familias se reúnan de nuevo. Además, señalaron que las reformas deben conducir a crear un sistema que reconozca el aporte que hacen los migrantes a Estados Unidos como nación. Pero, además, Chacón llamó a los gobiernos de Centroamérica para que hagan el esfuerzo por combatir la impunidad y la violencia que empuja a la gente fuera de su tierra natal.

Nueva York, que este miércoles se escandalizó al conocer que más de 70 niños separados de sus padres en la frontera estaban en albergues federales en ese estado, ya anunció una demanda estatal contra la administración Trump "por violar los derechos constitucionales de niños inmigrantes y sus familias".

Medida temporal

De marzo a mayo de este año, más de 50,000 personas por mes fueron detenidas por cruzar ilegalmente la frontera. La mayoría son originarios de Guatemala, El Salvador y Honduras (el Triángulo Norte centroamericano), pero también de México. Esta cifra viene con tendencia al alza desde octubre. Un 15 % llega en grupos familiares, 8 % son menores no acompañados.

Casi todas las familias, y muchos otros que emprendieron el viaje, solicitaron asilo por la violencia en sus países de origen.

La política de separación obligatoria de niños y adultos en los puestos fronterizos fue anunciada el siete de mayo, con el supuesto propósito de disuadir a los migrantes, pero provocó controversia al conocerse estremecedores relatos de niños en instalaciones preparadas para ellos.

Los menores son retenidos por agentes patrulleros fronterizos en espacios cercados que parecen jaulas, donde los pequeños "lloran y gritan llamando a sus mamás", contó a AFP en El Paso la pediatra Marsha Griffin, que visita centros de detención temporal en Texas, entre ellos los de bebés y niños pequeños.

El gobierno de Trump no explicó hasta ahora como se reencontrarán con sus familias los miles de niños que han sido separados hasta ahora.

El miércoles había al menos dos proyectos de ley sobre inmigración, pero no se sabía si alguno tenía el apoyo para ser aprobado. Los republicanos controlan la Cámara, pero en el Senado la mayoría oficialista es muy frágil (51-49).

El presidente de la Cámara baja, el republicano Paul Ryan, anunció que el jueves sometería a votación una iniciativa, que además de contemplar las separaciones familiares busca resolver la situación de los "dreamers", inmigrantes indocumentados traídos al país cuando eran niños.

El día mundial de los refugiados

Varias voces se alzaron contra esta política de Trump el miércoles, al celebrarse del Día Mundial de los Refugiados: desde el expresidente Barack Obama, a la ministra británica Theresa May y su par canadiense Justin Trudeau.

"La dignidad de una persona no depende de que sea ciudadano, migrante o refugiado. Salvar la vida de quien escapa de la guerra y de la miseria es un acto de humanidad", recordó en un tuit el papa Francisco.

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, pidió por su parte "el más pronto cambio de esta legislación retrógada", y dijo que "sería oportuna" una visita a la frontera de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Durante la sesión del consejo permanente de la OEA, varios países, entre ellos México, Guatemala y El Salvador, rechazaron la política migratoria estadounidense, en medio de llamados a respetar la Convención de Derechos del Niño, un tratado internacional que Washington firmó pero no ratificó.

Por su parte, Chacón recordó: “Los últimos 60 años se han caracterizado por una campaña sistemática que deshumaniza a los inmigrantes, políticas mal dirigidas en migración y políticas exteriores fracasadas en la relación con las naciones centroamericanas”. Es así que el director de Alianza Américas subrayó que los Estados Unidos tienen una responsabilidad “moral, legal y humanitaria” por todos los desplazados, que padecieron las consecuencias de esas políticas que criticó.

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Internacionales Wed, 20 Jun 2018 21:26:42 +0100 https://elfaro.net/es/201806/internacionales/22100/Trump-hundido-en-críticas-dejará-a-los-niños-con-sus-padres-migrantes-en-la-misma-cárcel.htm
El juramento de los diputados que no privatizarán el agua https://elfaro.net/images/cms-image-000029295.jpg https://elfaro.net/es/201806/el_salvador/22099/El-juramento-de-los-diputados-que-no-privatizarán-el-agua.htm Cinco días después de los disturbios en la Asamblea Legislativa, la Comisión de Medioambiente retomó la discusión del proyecto de Ley integral del agua. El FMLN abandonó la comisión, cuestionado por ahora decir que no apoya un proyecto en el que participó. Los partidos de derecha continúan con su apuesta, pese a las críticas. El miércoles 19 se reunió por tercera vez la comisión de Medio Ambiente y Cambio Climático para discutir el problema del agua. La reunión fue la primera luego de los disturbios de la semana pasada, cuando un grupo de la Universidad de El Salvador intentó entregar una pieza de correspondencia para pedir ser parte de la discusión. El proyecto de ley que se revisa es la Ley Integral de Agua, la cual en su artículo 14 propone en el ente rector a dos designados de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), dos designados de COMURES y uno del ejecutivo. Por el momento la discusión ha llegado hasta el artículo 9.

La semana pasada la jornada terminó con gases lacrimógenos y piedras. Esta vez no hubo manifestaciones, pero la onda expansiva de la movilización atravesó todo el debate. Sentados en una gran mesa ovalada, era difícil distinguir entre asesores y diputados. Al extremo de la mesa estaba la presidenta Martha Evelyn Batres, de Arena, quién se encargó de dejar claro que ella dirigía la reunión. Cada vez que un diputado intentaba hablar, ella lo frenaba y decía:

—Diputado, le concedo la palabra.

Una de las que siguió ese protocolo fue Rina Araujo,diputada del FMLN..

—Hacemos un llamado a la cordura -dijo- para que volvamos a retomar esos 92 artículos que ya se han trabajado y sobre todo para que se trabaje como documento base La Ley General de Aguas.

Con su discurso, el recinto se dividió en dos bandos: por un lado, el del FMLN, que pide se retome esta propuesta, que se aleja de la agenda y de la discusión liderada por los partidos de derecha, que poseen la mayoría de votos en la comisión y en la Asamblea. Esa otra propuesta lleva el respaldo técnico del Ministerio de Medioambiente, que ha criticado a la comisión por haberlo excluido de esta nueva discusión. Del otro lado, el resto quería seguir discutiendo la Ley Integral de Aguas. En el centro del debate no estaban los artículos a aprobar -esa discusión se reprogramó para la próxima semana- sino sobre si era mentira o no que se iba a privatizar el agua.

Desde hace un par de semanas, cuando se dieron a conocer los artículos aprobados por la comisión, organismos de la sociedad civil, la Iglesia católica, la Iglesia evangélica Elim (una de las más grandes del país) se han pronunciado en contra del proyecto. También lo ha hecho la Universidad Centroamericana (de corte jesuita) y la Universidad de El Salvador. El sábado 16, cerca de 10 mil personas marcharon en la capital para protestar contra la intenciones de la comisión. Si bien los artículos aprobados no mencionan nada sobre una privatización, la presencia de dos representantes de la empresa privada en el eventual ente rector del agua genera dudas.

Las protestas han logrado su cometido. Al menos en un punto: los diputados de la Comisión aceptaron escuchar a la Universidad de El Salvador en la comisión, pero para que aporten al proyecto de ley que se discute actualmente. 

Los tres diputados de Arena que son parte de la comisión no hablaron. El diputado de ese partido Emilio Corea, que asistió como una especie de observador, fue uno de los que más tomó la palabra. En una de sus intervenciones hizo referencia al tweet del candidato presidencial de su partido, Carlos Calleja, que publicó que a su consideración el único ente normador del agua debe ser el Estado y que de ser electo presidente en su gestión será así.

Corea también le recordó a los diputados del FMLN que aunque la derecha en la Asamblea 2018-2021 puede llegar a superar un veto presidencial - en el hipotético caso de que aprueben una ley a su medida, y que esta sea rechazada por la Presidencia- aún así no lo harán. La intención de Corea al leer el tweet de Calleja fue desmarcar la intención de su partido al darle el servicio a la Asociación Nacional de la Empresa Privada, organismo amigo del partido de derecha.

Durante todo el debate, el secretario Francis Zablah, de Gana, estuvo sentado junto a la presidenta de la comisión. Zablah ocupó ese cargo en la legislatura 2012-2015, en la que se aprobaron los artículos de la Ley general de Agua propuesta por el MARN. En una de sus intervenciones, con un tono de voz que atravesó los vidrios que lo separaban de la prensa, Zablah gritó:

—¡Yo no voy a votar por privatizar el agua! Hice 92 artículos con la comisión, hicimos foros, trabajamos pero yo no voy a permitir que venga gente a esa comisión y venga a mentir.

En su discurso acusó al presidente de la pasada comisión, Guillermo Mata Bennett, del FMLN, de haber engavetado la discusión de La Ley General de Agua durante su administración. Más tarde le pidió al restó de diputados que se levantaran y alzaran la mano como compromiso de no privatizar el agua. La presión de los que se oponen a este proyecto pareciera haber calado en este diputado, ya que también fue el único que llegó a decir que no votaría por el artículo 14 tal y como ha sido propuesto.  “Hablé con todos los diputados y nadie va a votar por ese artículo”, dijo. A Zablah, sin embargo, nadie lo secundó.

La diputada Dina Argueta, única representante del FMLN que quedaba en la comisión, tomó la palabra, y propuso retomar en el debate la La ley General de Aguas. Esa que Zablah reclama que fue olvidada por el FMLN.

De mala gana la presidenta de la comisión le reiteró que esa votación ya se había hecho con ellos presentes y que de igual manera se volvería a hacer. Mientras la diputada de izquierdas hablaba, la diputada Mayteé Iraheta, de Arena, ponía cara de extrañeza. Ni ella, ni Zablah, ni ningún otro diputado parecían comprender por qué se proponía regresar a una discusión que habían tenido dos semanas atrás, y que concluyó con una decisión de consenso para usar la propuesta de ley integral de agua como base para la discusión, y no la ley trabajada por el MARN.

"La semana pasado votamos por un artículo que tiene que ver con un derecho humano, pero no vamos a votar por más porque no responde a los intereses de las mayorías", se escudó Argueta. 

La mano de la diputada Argueta fue la única en levantarse cuando se votó por el retorno a la ley trabajada por el MARN. Con un rostro que se pintaba de rojo, dijo oponerse a votar por “una ley privatizadora”. La diputada del FMLN tomó sus cosas y salió de la sala con un grupo de asesores siguiéndola.

Minutos después los diputados de Arena, PCN y Gana se levantaron y con la mano derecha juramentaron no privatizar el agua. Mientras lo hacían sonrieron y posaron para las cámaras.

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El Salvador Wed, 20 Jun 2018 19:28:19 +0100 https://elfaro.net/es/201806/el_salvador/22099/El-juramento-de-los-diputados-que-no-privatizarán-el-agua.htm
De Sepur Zarco a El Mozote: en búsqueda de la justicia con sentido de mujer - Por Leonor Arteaga https://elfaro.net/themes/publication_1/theme_1/img/logo_rsi.jpg https://elfaro.net/es/201806/360grados/22098/De-Sepur-Zarco-a-El-Mozote-en-búsqueda-de-la-justicia-con-sentido-de-mujer---Por-Leonor-Arteaga.htm 360 grados Wed, 20 Jun 2018 18:19:16 +0100 https://elfaro.net/es/201806/360grados/22098/De-Sepur-Zarco-a-El-Mozote-en-búsqueda-de-la-justicia-con-sentido-de-mujer---Por-Leonor-Arteaga.htm Nueva mordida de Suárez http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029278.jpg https://elfaro.net/es/201806/el_farolero/22096/Nueva-mordida-de-Suárez.htm El solitario gol de Luis Suárez ha servido para que Uruguay asegure su pase a octavos de final y para truncar la andadura mundialista de la selección de Arabia Saudita. Otto, nuestro caricaturista, lo plasma así. El Farolero Wed, 20 Jun 2018 16:54:59 +0100 https://elfaro.net/es/201806/el_farolero/22096/Nueva-mordida-de-Suárez.htm Ravshan Irmatov o la extrañeza de una nación con cabras http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029277.jpg https://elfaro.net/es/201806/internacionales/22093/Ravshan-Irmatov-o-la-extrañeza-de-una-nación-con-cabras.htm Pocos entendidos dudan que Irmatov sea uno de los mejores árbitros del mundo, a pesar de haber nacido en un país, Uzbekistán, borrado por completo de los mapas futbolísticos. En Sudáfrica 2010 pitó cinco partidos, incluido el inaugural; y en Brasil 2014, cuatro más. En Rusia 2018 la FIFA lo hace debutar con un trascendente Argentina-Croacia. Pero, ¿qué mezcla de polvos estelares hace crecer a un buen juez de un deporte de llanuras en un país de montañas? Este perfil de Irmatov del periodista Diego Fonseca trata de responderlo. Uzbekistán. Miembro del Kaganato Túrquico de Bumin Khan, parte de la Dinastía de los Timúridas, sección del Imperio ruso del siglo XIX y de la Unión Soviética del XX. Territorio de uzbekos, turkmenos, afganos y kazajos. En el noveno piso del ránking de la FIFA, una lonja de cordero seco entre las selecciones de Estonia y Georgia. El fútbol uzbeko es una celebración del voluntarismo, apenas mejor que el de la India o Vietnam, peor que el de Israel e Islas Feroe. En Uzbekistán hay más chivos que pelotas.

Y sin embargo, Ravshan Sayfiddinovich Irmatov: tal vez, el mejor árbitro del mundo. O uno de los dos. O de los tres. Pero igual: Irmatov es una extrañeza.

En 2010, en el sur de África, la FIFA concedió la apertura de la Copa del Mundo al árbitro correcto del lugar equivocado. El Extraño Irmatov mantuvo la cabeza fría sin echar mano a las tarjetas desde temprano, aun cuando entraba en ebullición la tensión entre los futbolistas de México y Sudáfrica.

Ravshan Irmatov, árbitro de Uzbekistán. Foto Theo Karanikos (AFP).
 
Ravshan Irmatov, árbitro de Uzbekistán. Foto Theo Karanikos (AFP).

La prensa inglesa lo apodó Easy Rider por su habilidad para conducir a jugadores volátiles. (Esto es, diría cualquiera, sabe dirigir un rebaño de cabras locas.) El Extraño Irmatov dirigió cinco partidos en Sudáfrica, incluida la áspera eyección de Argentina por Alemania y la tirante semifinal entre Uruguay y Holanda. Fue un récord absoluto y quedó en manos de un debutante de treinta y dos agostos. Dos años después, la FIFA le daría la administración de justicia en el tercer puesto de los Juegos Olímpicos de Londres y, otro año más tarde, en 2013, vería a Brasil arrollar a Italia 4-2 en la Copa Confederaciones. Rusia 2018 debe ser su consagración: Irmatov ya puede pedir placet de zar.

Antes de que su foto entrase a la vitrina de Google, el Extraño Irmatov era instructor de fútbol en una escuela de Tashkent, pero para 2012, cuando ya había dirigido suficiente, comenzó a ser señalado como el Pierluigi Collina del futuro. Los expertos han dicho que, al menos hasta 2026, no habrá evento grande en el que el árbitro no tenga papel de nota. Nacido en 1977, el año de la sanción de la última constitución soviética, llegaría al medio siglo consagrado como el hombre más memorable de un país sin futbolistas pero con pastores.

Algunos ya lo saben: en 2015, durante el Globe Soccer Awards, en el muy futbolístico desierto de Dubai, el Extraño Irmatov fue elegido mejor referí del año. Unos días después, Islam Karimov, el presidente de su país, le colgó la Buyuk Hizmatlari Uchun, la orden uzbeka por servicios excepcionales. No era nuevo, pues en 2010 Karimov ya había citado en sus oficinas al Extraño Irmatov para concederle el título honorario de O‘zbekiston Iftixori, el Orgullo de Uzbekistán. Algo debió moverse en el árbitro: él, que gobernó por diez años las encuestas como mejor referí de Uzbekistán, era reconocido como un héroe –el mejor de una patria– por el hombre que dominó por más de dos décadas el minado campo de juego político de una antigua nación soviética.

¿Qué hizo del uzbeko esta excepcionalidad? Tal vez porque en casa la pelota escaseaba y no había que perderla de vista, El Extraño Irmatov sigue los partidos como perro de campo. Transita con la delicadeza y elegancia de quien aprendió a esquivar todo en terrenos pedregosos. El Extraño Irmatov no deja golpear y, como si su origen lo condicionase, suele cortar el juego antes de que se arme una revuelta. Dice que le da igual dirigir un partido de ligas multimillonarias que a los niños de su escuela. El hombre cree en la justicia universal del buen pie: “Mi tarea es proteger a los buenos jugadores y controlar a los problemáticos desde el principio”.

En los faldeos de Uzbekistán domina el silbido del viento y el desierto encomienda contemplación. Una entrevista con el Extraño Irmatov es un camino de regreso a esos silencios. El árbitro tiene una mirada de cabra: ve cuando todo parece indicar que está extraviado. Es un pastor en un campo: dice poco y habla generalidades. ¿Su mejor momento en el Mundial 2010? Ganar experiencia. ¿Su actitud en cada partido? Ganar experiencia. ¿Su paso por la Copa Confederaciones? Trabajó muy duro –para ganar experiencia–. El Extraño Irmatov es un tipo corriente como el pasto. Ve películas, escucha músicas, pasa tiempo con su familia y sus amigos.

Jordania, una selección abúlica, dejó fuera a Uzbekistán de Brasil 2014. Para Rusia 2018 dos goles la dejaron al borde de los partidos finales por las plazas de Asia. El máximo goleador uzbeko es Maksim Shatskikh, exjugador del FC Arsenal Kiev, un club en bancarrota que fue expulsado del fútbol de Ucrania en 2013. Y ya: no hay más fútbol que lo que entregaron las piernas de Shatskikh, que acabó de entrenador de niños en la academia del Dynamo. El Extraño Irmatov, un juez correcto, ha quedado como la gran figura internacional de un país revuelto. Poco más que el gas, el poeta muerto Abay Quananbayuli y las cabras negras que producen el mejor moahir del mundo superan en fama al hijo de un árbitro soviético.

Oscar Wilde escribió: “El hombre puede creer en lo imposible, pero jamás creerá en lo improbable”. El Extraño Irmatov es la imposibilidad probable.

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Internacionales Wed, 20 Jun 2018 16:10:57 +0100 https://elfaro.net/es/201806/internacionales/22093/Ravshan-Irmatov-o-la-extrañeza-de-una-nación-con-cabras.htm
De Sepur Zarco a El Mozote: en búsqueda de la justicia con sentido de mujer Leonor Arteaga http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000024036.jpg https://elfaro.net/es/201806/columnas/22095/De-Sepur-Zarco-a-El-Mozote-en-búsqueda-de-la-justicia-con-sentido-de-mujer.htm La violencia sexual en el conflicto armado en El Salvador, como en otras guerras, no fue un hecho aislado de uno o algunos hombres “sin control de sus instintos”, ni mucho menos provocada por conductas “irresponsables” de las mujeres. Se trató de estrategias de terror y degradación. Todas somos Sepur Zarco, repetía una frase de la Alianza rompiendo el Silencio y la Impunidad, simbolizando así la solidaridad con las mujeres que vivieron repetidos abusos, trabajos forzados y violaciones sexuales que tomaron forma de esclavitud, en la base militar del mismo nombre, que operó entre 1982 y 1986, en el marco del conflicto armado en Guatemala. Todas ellas fueron abusadas mientras sus maridos, que reclamaban la tierra, habían sido desaparecidos, detenidos o asesinados.

El 1 de febrero de 2016, más de 30 años después de los hechos, 11 mujeres maya q’eqchi’ ingresaron a un Juzgado de Mayor Riesgo de Guatemala para ver por primera vez en el banquillo de los acusados a quienes las mantuvieron sometidas. Más allá de los crímenes que se cometieron en Sepur Zarco, este tipo de violencias ocurrieron sistemáticamente y configuraron una práctica extendida y diferenciada que afectó a miles de mujeres, en la larga guerra interna que vivió ese país.

Tres semanas después, el 26 de febrero de 2016, la jueza Iris Yassmín Barrios, presidenta del Tribunal “A” de Mayor Riesgo de Guatemala, anunciaba el veredicto mediante el cual las sobrevivientes finalmente recibirían justicia. El tribunal condenó a dos ex oficiales militares de crímenes de lesa humanidad por delitos de violación, desaparición forzada, asesinato y esclavitud. Esteelmer Reyes Girón y Heriberto Valdez Asij recibieron una condena de 120 años y 240 años de cárcel, respectivamente. El Tribunal resolvió, además, que se concedieran reparaciones a las sobrevivientes y a sus comunidades.

En julio de 2017, una Sala de Apelaciones en Guatemala ratificó la sentencia, dejando en firme la decisión. Así, Guatemala daba lecciones de impartir justicia con equidad e independencia, al transformarse en el tercer país de la región -después de Colombia y Argentina- en juzgar violencia sexual en un conflicto armado o dictadura; además, fue el primero en el mundo, en condenar la esclavitud sexual en una corte nacional.

A pesar de que la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) dio cuenta de ello, la violencia sexual fue invisible en las narrativas iniciales posconflicto. Los testimonios, sobre todo de mujeres, se formaron de relatos sobre sus familiares desaparecidos, ejecutados o torturados, y no sobre lo que ellas habían vivido. De esta manera, sus propios padecimientos –especialmente las agresiones sexuales– quedaron en un segundo plano.

Si bien técnicamente la posibilidad de juzgamiento de estos delitos estuvo vigente desde los Acuerdos de Paz de 1996, las primeras expresiones de justicia no fueron posibles sino hasta en años recientes. Fue gracias a la perseverancia de las sobrevivientes, al trabajo de organizaciones acompañantes y a los esfuerzos de la Fiscalía que finalmente se dirigieron a perseguir crímenes sexuales. Y, como factor determinante para el cambio de rumbo, llegaron mujeres comprometidas y capaces al sistema de justicia.

En ese contexto, el juicio fue una oportunidad para demostrar jurídicamente las responsabilidades de los victimarios y dar validez social a la voz de las mujeres, en particular de las mujeres mayas, que vivieron en carne propia los vejámenes, el rechazo y la estigmatización. El caso también contribuyó a avivar el debate sobre las causas de la continuación de la violencia de género hasta nuestros días, basada en las ideas de dominación y control.

Víctimas del caso Sepur Zarco al momento de que la jueza dictó la condena. Foto: Cortesía Daniel Villatoro.
 
Víctimas del caso Sepur Zarco al momento de que la jueza dictó la condena. Foto: Cortesía Daniel Villatoro.

Desde el punto de vista del derecho internacional, los delitos de violación sexual y esclavitud sexual perpetrados como parte de un plan en el marco de ataques contra población civil –tal como ocurrió en Serpur Zarco- son crímenes de lesa humanidad. Por tanto, no se les puede aplicar amnistía ni prescriben con el paso del tiempo. Este reconocimiento procede del desarrollo de conceptos y estándares en justicia de género, por parte de tribunales internacionales como los de Ruanda y Yugoslavia, el Tribunal Especial para Sierra Leona y la Corte Penal Internacional.

Y la guerra en El Salvador, ¿existieron crímenes sexuales?

Falta mucho para tener una versión salvadoreña del juicio de Sepur Zarco, pero es urgente empezar por alguna parte.

La violencia sexual en el conflicto armado en El Salvador, como en otras guerras, no fue un hecho aislado de uno o algunos hombres “sin control de sus instintos”, ni mucho menos provocada por conductas “irresponsables” de las mujeres. Se trató de estrategias de terror y degradación.

Ahora, 26 años después del fin de la guerra, estos hechos criminales permanecen ocultos y se conversan en voz baja. Aun no se han desarrollado suficientes espacios de fortalecimiento para romper los silencios y dar sentido a las experiencias de dolor que, incluso, puedan resultar en procesos de búsqueda de justicia.

La Comisión de la Verdad no incluyó la violencia sexual como uno de los crímenes investigados. Posteriores investigaciones de organizaciones de derechos humanos o de instituciones como la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, al referirse a las violaciones de derechos humanos cometidas en la guerra, poco o nada han dicho sobre el tema.

En 2012, por primera vez, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció la existencia de violaciones sexuales en el conflicto armado de El Salvador, cuando se refirió a la masacre de El Mozote. En el juicio interno que sigue en marcha, los 18 exmilitares de alto rango acusados en el caso están siendo procesados por el delito de violación sexual, entre otros, por sus responsabilidades al mando de la Fuerza Armada de la época.

Esas imputaciones son un paso importante. Pero es aún más necesario acompañar a las sobrevivientes y sus comunidades y proveer a jueces, juezas y fiscales de protocolos con perspectiva de género y argumentos especializados para que el juicio, más allá del resultado de condenas o absoluciones, permita reivindicar el lugar de las mujeres en la historia y tenga un sentido reparador. En estas líneas, hago un reconocimiento a quienes ya están trabajando en esta dirección.

La tarea no es fácil. En El Salvador, como en muchos otros países, las relaciones entre hombres y mujeres están marcadas por las desigualdades, la jerarquía y la subordinación. La violencia es una forma de ejercer el poder desde los hombres para mantener el orden y el acceso a los recursos, los privilegios y el control los niños, las niñas y las mujeres.

En los últimos meses han cobrado notoriedad varios casos recientes de violencia contra las mujeres, que reclaman la necesidad de tomar en serio a las víctimas y de que el sistema de justicia responda adecuadamente investigando a los responsables. Como una respuesta directa a estos reclamos, el Fiscal General, Douglas Meléndez, anunció la creación de una Dirección Nacional de la Mujer, Niñez, Adolescencia y población LGBTI, que incluye una coordinación sobre feminicidios. Esperamos que esta unidad especializada tenga los recursos y la voluntad para abordar esa perspectiva en sus investigaciones sobre los casos del conflicto armado que permanecen en el tintero. Ojalá la sociedad civil acompañe su trabajo y demande su buen funcionamiento.

Entonces, ¿qué puede aprender El Salvador de la experiencia Guatemala?

1. Escucha activa. Las organizaciones de derechos humanos deben a las mujeres y sus vivencias como historias propias, no accesorias. Además de ser las testigos de otros hechos criminales, muchas mujeres sobrevivientes fueron víctimas de violencia sexual en algún episodio de la guerra, y en el silencio esa violencia se normaliza, se refuerza. Escuchar sus testimonios debe llevar a entender qué es lo que la víctima quiere y necesita. En el caso Sepur Zarco, muchas mujeres entendieron el juicio como una forma de evitar la repetición: que ninguna otra pasara por lo mismo; otras querían que se supiera la verdad: que la culpa no estaba en ellas ni en sus cuerpos.

Por si acaso, el reconocimiento de la situación de víctima no minimiza la potencia humana, ni excluye otras realidades de una misma mujer. Ser víctima, desde una perspectiva de derechos, no riñe con la capacidad de acción, sino que afirma la condición de persona con derechos frente a un Estado obligado a protegerlos.

2. Alianzas. Hay que tender puentes entre las organizaciones de mujeres y las de derechos humanos, nacionales e internacionales. La Alianza rompiendo el Silencio y la Impunidad es un colectivo de tres organizaciones distintas y complementarias: Mujeres Transformando el Mundo (MTM), la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas (UNAMG), y el Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial (ECAP), que se asociaron para caminar de la mano con la comunidad del caso Sepur Zarco. Estos procesos requieren visiones cualificadas sobre violencia contra las mujeres. Además, estos casos deben construirse jurídica y socialmente, procurando generar empatías ciudadanas.

3. Persecución especializada. La Fiscalía debe construir una estrategia de persecución penal con enfoque de género que comprenda las dimensiones estructurales e individuales de los casos del conflicto armado y les asigne la debida prioridad. Esta estrategia debe incluir canales de diálogo con organizaciones de sociedad civil y con las víctimas, sin provocar nuevos daños. Es decir, las autoridades tendrían que actuar a partir del reconocimiento de que se trata de violaciones graves de derechos humanos y probablemente de crímenes internacionales, de naturaleza sexual, que reclaman respuestas para las víctimas y el mundo, donde la Fiscalía tiene una obligación jurídica, histórica y moral de responder.

El reconocimiento de la gravedad de los crímenes cometidos contra las mujeres en el conflicto armado, y de la repercusión de sus impactos hasta hoy, subraya la necesidad de imponer sanciones suficientes como una garantía de justicia mínima con y para las mujeres. Si eso ocurre, se habrá contribuido al nunca más.

* Leonor Arteaga Rubio es Oficial Sénior de Programa de la Fundación para el Debido Proceso (DPLF), especialista en temas de justicia transicional

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Columnas Wed, 20 Jun 2018 16:10:12 +0100 https://elfaro.net/es/201806/columnas/22095/De-Sepur-Zarco-a-El-Mozote-en-búsqueda-de-la-justicia-con-sentido-de-mujer.htm
Una matanza después, Ortega permitirá investigación de OEA y ONU El Faro / AFP http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029263.jpg https://elfaro.net/es/201806/centroamerica/22092/Una-matanza-después-Ortega-permitirá-investigación-de-OEA-y-ONU.htm En dos meses de represión, la crisis nicaragüense acumula 187 muertos. Los paramilitares y la Policía Nacional, el martes por la noche, atacaron una vez más a Masaya y dejaron un saldo de seis víctimas, informa Confidencial. Los sacerdotes y la alianza opositora detuvieron de manera temporal el diálogo porque el Gobierno no había cumplido con sus compromisos adquiridos. La presión, al final, ha hecho ceder a Ortega. Marcelo Mayorga López se defendió con una resortera. La cargó varias veces con chibolas, redondas, que a duras penas podían hacer daño a sus enemigos. Ellos, los oficiales y paramilitares, lo atacaron con balas de plomo. Le dispararon sin piedad, lo mataron y lo arrastraron hacia un lado de la calle del barrio San Jerónimo, Masaya, porque les bloqueaba la pasada de sus camionetas.

Su mujer, Auxiliadora Cardoze, y su madre, fueron las únicas que se acercaron a su cuerpo. Sus compañeros de la resistencia no lo hicieron porque temían que los antimotines los mataran igual que a su amigo. “Ayúdenme, ayúdenme”, repitió la esposa. “Ayúdenme, que no es un perro al que mataron”, les reclamó a los oficiales que estaban cerca del cuerpo de su compañero. Algunos de esos oficiales, al escucharla, le dieron la espalda.

El video de Auxiliadora pidiendo ayuda con desesperación circuló por las redes sociales y la edición digital de La Prensa lo retomó.

Ningún oficial se acercó para ayudar. Ni uno se conmovió de aquella escena. No se inmutaron ante el llanto de la esposa adolorida que había perdido a su pareja. Marcelo Mayorga terminó siendo auxiliado por los vecinos, pero luego de que todos los armados se fueron del sitio. Marcelo fue uno de los seis muertos que reportó la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH) este martes en Masaya, tras el feroz ataque de los antimotines y paramilitares asociados al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Dayner Useda, Marvin López y Moisés Campos Guevara, son los otros tres ciudadanos que fueron asesinados por antimotines y paramilitares. “A los otros dos no los tenemos identificados todavía, pero este ataque es confirmado que cobró seis vidas”, afirmó Álvaro Leiva, secretario de la ANPDH.

Esta matanza llega pocos días después que se firmaron unos acuerdos en la mesa de diálogo que instituyeron la Alianza Cívica y el gobierno nicaragüense, con la mediación de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

Uno de los compromisos que adquirió la representación del Gobierno fue invitar a los organismos que vigilan los derechos humanos, desde las Naciones Unidas, la Unión Europea y desde la Organización de Estados Americanos (OEA).

El lunes, Silvio José Báez, uno de los mediadiores y entre las voces más conocidas desde que comenzó la masacre, indicó que los religiosos habían decidido detener el diálogo porque no había señales de que la presidencia tuviera la intención de enviar las cartas. La alianza opositora también aseguró que tenían la disposición de retirarse si la situación continuaba igual.

Durante los encuentros, el gobierno ha exigido el levantamiento de los bloqueos de vías (o tranques) y la Alianza Cívica pide un adelanto de las elecciones de 2021 a marzo de 2019 y reformas en el poder judicial.

En las noticias que publicaron los sitios de La Prensa, la BBC y El Vaticano News, la Conferencia Episcopal culpó al gobierno de la pausa.

Pero este mismo miércoles enviaron las cuatro cartas, confirmó La Prensa con información de los voceros de la Alianza Cívica. La oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU confirmó vía Twitter que habían recibido la invitación del Gobierno. José Adán Aguerri, miembro de la Alianza Cívica y vinculado a las gremiales patronales, confirmó en su cuenta personal de Twitter que la Unión Europea aseguró que recibió la misiva. Paulo Abrão, secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), confirmó por la misma red social que también se habían comunicado con las autoridades y que estaban listos para enviar a un equipo técnico y colaborar con la investigación. De hecho, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, pidió el mismo miércoles al Consejo Permanente de la OEA y al director de la organización, Luis Almagro, que ayuden al país centroamericano.

El ataque en Masaya y luego en Jinotepe

La Policía llegó a Masaya para sacar de ahí al comisionado Ramón Avellán. Este es el mismo que ha sido acusado por la población de participar en agresiones a manifestantes no armados.

El Confidencial relató que en una caravana de unas 15 camionetas, transportando más de 70 efectivos fuertemente armados con fusiles de guerra, los oficiales de las tropas antimotines de la Policía Nacional y las fuerzas paramilitares llegaron hasta Masaya, después de derribar los tranques de Ticuantepe. Las fuerzas represoras tumbaron las barricadas ubicadas en la entrada y dispararon a mansalva contra los pobladores, hasta que lograron controlar los principales barrios de la ciudad.

Manifestantes en Masaya. Foto de Oswaldo Rivas para Confidencial.
 
Manifestantes en Masaya. Foto de Oswaldo Rivas para Confidencial.

Los ciudadanos afirmaron que al menos 20 mujeres salieron al encuentro de los grupos armados, sonando sus cazuelas, para tratar de que los oficiales y paramilitares frenaran el ataque. Sin embargo, fueron secuestradas y montadas a las camionetas. “Las subieron y las iban golpeando”, afirmó una testigo. Las mujeres fueron liberadas esa misma tarde.

Un voluntario de los puestos médicos denunció que había varios heridos y que estaban atrapados en las casas de los barrios que estaban siendo atacados. “No podíamos sacarlos porque los policías y las turbas andaban disparando”, afirmó.

Los masayas que estaban en las barricadas cercanas a la entrada al pueblo, se defendieron con morteros y piedras. Trataron de resistir pero el armamento de los paramilitares y oficiales era más letal que el suyo. Decidieron replegarse cuando varios de sus compañeros resultaron heridos por impactos de balas. Se replegaron en las casas de los barrios y cedieron el control de tres calles de la ciudad.

Con las tres personas que murieron en Masaya, más una que falleció en Estelí, sube a 187 el número de víctimas fatales desde que el 18 de abril estallaron las protestas contra el gobierno de Ortega, según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

El miércoles se escuchaban disparos en distintos puntos de la localidad, mientras que pobladores reportaron balaceras y ataques de hombres fuertemente armados en las ciudades de Jinotepe, León, Matagalpa, Diriamba y, de nuevo, Estelí. Periodistas de varios medios también advirtieron que había enfrentamientos.

"Son situaciones de extrema violencia que ya están sobrepasando los límites, y la verdad es que nos encontramos en una indefensión total", dijo a la AFP la directora ejecutiva del Cenidh, Marlin Sierra.

*La versión original de este texto fue publicada por Confidencial.

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Centroamérica Wed, 20 Jun 2018 15:25:34 +0100 https://elfaro.net/es/201806/centroamerica/22092/Una-matanza-después-Ortega-permitirá-investigación-de-OEA-y-ONU.htm
No será el Mundial de Salah Foto Li Ga (Xinhua) / Texto Roberto Valencia http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029262.jpg https://elfaro.net/es/201806/ef_foto/22091/No-será-el-Mundial-de-Salah.htm Definitivamente, Rusia 2018 no será recordado como el Mundial de Mohamed Salah. El delantero egipcio llegó a la cita con medio planeta fútbol rendido a sus pies, tras su sobresaliente campaña en el Liverpool: mejor jugador de la Premier League 2017-2018, máximo goleador con 32 dianas en la temporada, 10 asistencias, finalista de la Champions en Kiev,... El madridista Sergio Ramos lo lesionó en el brazo en esa final, pero el anuncio de que no impediría su participación en Rusia hizo que distintos analistas lo mantuvieran como hombre a seguir en el torneo. Con apenas dos fechas disputadas, Egipto está ya sin posibilidad alguna de alcanzar los octavos del final. Dos derrotas en dos partidos, con cuatro goles en contra y tan solo uno a favor, de penalti. Anotado, eso sí, por la estrella indiscutible: Mo Salah. Salah no se recuperó a tiempo para el primer partido de su selección, la derrota ante Uruguay. Jugó frente a Rusia y anotó, pero su equipo se vio claramente superado sobre el terreno de juego. Aún resta un partido, contra la también desahuciada Arabia Saudita, el lunes 25 de junio, pero no habrá nada en juego, y ni siquiera una actuación estelar del delantero egipcio evitaría ya el sabor a decepción que Salah dejará en este Mundial. ESPECIAL 'El Faro se va al Mundial' 👉 Pulse acá 👈 EF Foto Wed, 20 Jun 2018 13:34:22 +0100 https://elfaro.net/es/201806/ef_foto/22091/No-será-el-Mundial-de-Salah.htm La crueldad racista de Mr. Trump http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000026006.jpg https://elfaro.net/es/201806/columnas/22090/La-crueldad-racista-de-Mr-Trump.htm La orden del gobierno estadounidense de separar de sus padres a todos los niños acompañados y capturados en territorio estadounidense es una conducta inhumana, injustificable... La grabación de los llantos de niños centroamericanos separados de sus padres en un centro de detención de Texas, obtenida por la plataforma investigativa ProPublica en Estados Unidos, será difícil de olvidar para quien la escuche. Son gritos angustiosos de menores que no saben dónde están, dónde están sus papás, por qué están en jaulas y qué va a pasar con ellos. Gritos que contrastan con los fríos, burlones comentarios de agentes de migración carentes de la más elemental empatía; dignos representantes de la actual administración estadounidense, enemiga del humanismo y la solidaridad.

La orden del gobierno estadounidense ha sido separar de sus padres a todos los niños acompañados y capturados en su territorio, incluyendo a aquellos que se entregan voluntariamente en la frontera para solicitar formalmente asilo. Niños centroamericanos separados de sus padres. Llevados a jaulas (¡a jaulas!) en un Walmart abandonado. Niños lactantes separados de sus madres mientras son amamantados; niños de todas las edades separados a la fuerza; testigos del maltrato a sus padres, del trato reservado a criminales, a pesar de estar solicitando asilo.

Los referentes más próximos de estas prácticas de separación de padres e hijos nos remiten a las dictaduras militares latinoamericanas y a los regímenes fascistas europeos de mediados del Siglo XX. Una conducta inhumana, injustificable, a pesar de los lamentables intentos de funcionarios que se han amparado alternativamente en la Biblia, en la seguridad nacional, en la negación de los hechos registrados y en la caricaturización negativa de los inmigrantes para justificar la terrible medida.

El último en hacerlo fue el propio señor Trump, quien dijo que con las detenciones evitaba que una “peste” ingresara a su país, y con su característica ignorancia afirmó que se trataba de miembros de la MS-13, su caricatura de la maldad en la que caben todos los objetos de su denigración, de su racismo, de sus aspiraciones supremacistas.

El señor Trump, un presidente que combina altísimas calificaciones en términos de vulgaridad y de ignorancia, un mentiroso, manipulador, fraudulento, racista, clasista y maltratador de mujeres, ha rebasado los más elementales límites de la civilización, amparándose en su autoridad para violentar todas las convenciones internacionales que protegen los derechos de los niños; los derechos de los solicitantes de asilo; los derechos humanos.

Esos niños son mayoritariamente centroamericanos: salvadoreños, guatemaltecos, hondureños. Menores que han llegado ya con evidentes traumas tras un largo y peligroso camino hasta la frontera. Cuyos padres han preferido hacer ese peligroso recorrido para salvarlos de los riesgos y las situaciones violentas que viven en nuestros países y de las cuales Estados Unidos es también corresponsable (por deportar masivamente pandilleros; por apoyar corrupción; por maniobrar para proteger a delincuentes en puestos políticos; por pactar con criminales…).

Los gobiernos de los países de origen de estos niños tienen la obligación de expresar su contundente repudio al encarcelamiento de estos menores y a las políticas migratorias de Estados Unidos; denunciar estos actos ante instancias internacionales y marcar los límites de las relaciones bilaterales en la defensa de los legítimos derechos de sus nacionales, estén donde estén.

Solo El Salvador ha presentado protesta formal, una muy tibia, y ha tomado medidas para que los consulados no entreguen papeles a familias separadas. Honduras y Guatemala, cuyos presidentes requieren de Estados Unidos para sostenerse en el poder, debido a sus actos de corrupción, han preferido no ofender al señor Trump. Estos niños, pues, están desamparados por todas las autoridades involucradas.

Queda solo el Congreso y el sistema judicial estadounidense y, sobre todo, la sociedad civil de ese país para protegerlos. Y ojalá que el sufrimiento y el dolor de estos niños centroamericanos abra los ojos a la población norteamericana y evite la reelección del señor Trump. Si eso pasa, su sacrificio habrá beneficiado a toda la humanidad.

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Columnas Wed, 20 Jun 2018 11:51:40 +0100 https://elfaro.net/es/201806/columnas/22090/La-crueldad-racista-de-Mr-Trump.htm
Making America great http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop_198_57_1145_688/images%7Ccms-image-000029261.jpg https://elfaro.net/es/201806/el_farolero/22089/Making-America-great.htm La mirada de Otto a la cara más cruel de la política antimigrantes de Trump: la separación de familias en la frontera El Farolero Wed, 20 Jun 2018 10:54:17 +0100 https://elfaro.net/es/201806/el_farolero/22089/Making-America-great.htm Mi primera (y única) vez en el Estadio Cuscatlán - Por Magdalena Henríquez https://elfaro.net/themes/publication_1/theme_1/img/logo_rsi.jpg https://elfaro.net/es/201806/360grados/22088/Mi-primera-(y-única)-vez-en-el-Estadio-Cuscatlán---Por-Magdalena-Henríquez.htm 360 grados Tue, 19 Jun 2018 22:51:28 +0100 https://elfaro.net/es/201806/360grados/22088/Mi-primera-(y-única)-vez-en-el-Estadio-Cuscatlán---Por-Magdalena-Henríquez.htm El éxodo de los niños migrantes - Por Héctor Silva Hernández https://elfaro.net/themes/publication_1/theme_1/img/logo_rsi.jpg https://elfaro.net/es/201806/360grados/22087/El-éxodo-de-los-niños-migrantes---Por-Héctor-Silva-Hernández.htm 360 grados Tue, 19 Jun 2018 21:15:07 +0100 https://elfaro.net/es/201806/360grados/22087/El-éxodo-de-los-niños-migrantes---Por-Héctor-Silva-Hernández.htm La política de Trump: niños que suplican http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029259.jpg https://elfaro.net/es/201806/el_salvador/22085/La-política-de-Trump-niños-que-suplican.htm Ahora mismo, hay niños centroamericanos, algunos menores de 4 años, durmiendo en jaulas, en Estados Unidos. Los detuvieron intentando entrar a ese país junto a sus padres, y los separaron de ellos. Los padres son tratados como delincuentes. Los niños, como menores no acompañados. Los llantos y las súplicas de estos menores en confinamiento han llegado a los medios de comunicación, pero lejos de echarse para atrás, la administración estadounidense asegura que intenta evitar que los indocumentados sigan "infestando" su país. Trump se ensaña con los migrantes de esta región, sin importar si huyen y buscan refugio. Trump ha cruzado la frontera de lo inhumano y no parece querer retroceder. Este análisis sigue la línea de lo ocurrido. Toda persona que esté pensando en migrar de Centroamérica hacia Estados Unidos tiene que saber esto. Eso parece ser lo que quiere el presidente de Estados Unidos, Donald Trump: que todos teman, que todos sepan que si migrás a Estados Unidos te van a separar de tus hijos y no te dirán dónde están. Pues lo logró. Ni modo, todos tienen que saberlo.

¿Hay miedo mayor que perder a un hijo?

Si la divulgación era parte de su estrategia del terror, lo hizo bien. La noticia está en la portada de los grandes medios del mundo: Estados Unidos está arrestando y separando a migrantes y a sus hijos en la frontera con México. Cero tolerancia se llama el plan. A los padres migrantes —sin importar si piden refugio, sin tomar en cuenta que pueden ser personas que huyen de la muerte— los tratan como delincuentes. A los hijos, los tratan como hijos de delincuentes, y los alejan de sus padres. La administración Trump está haciendo realidad la peor pesadilla de muchos padres. De abril a la fecha, al menos 2,300 niños migrantes (principalmente de Guatemala, El Salvador y Honduras) han sido separados de sus padres nomás entrar a Estados Unidos. Más de 100 de esos niños son menores de cuatro años. Abundan de seis, ocho, diez. Algunos padres llevan semanas sin saber dónde están sus hijos. Niños solos, en un lugar extraño, recién arrancados de los brazos de sus padres por hombres armados.

Ese gobierno no actúa muy distinto a un secuestrador de niños. Los arrebata para exigir algo: dejen de migrar.

El gobierno de Trump se lleva a los niños y no tiene pensado cómo devolverlos. La revista The New Yorker publicó este 18 de junio un artículo titulado “El gobierno no tiene un plan para reunir a las familias inmigrantes que está separando”. El periodista Jonathan Blitzer siguió el caso de una niña de seis años de Huehuetenango, Guatemala, que fue separada de su padre en mayo, luego de que cruzaron la frontera sin permiso de nadie. El padre fue enviado a un centro de detención de la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas, que depende de Departamento de Seguridad Interna, y que se encarga de los indocumentados mayores de edad. La niña fue enviada a un albergue de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados, que depende del Departamento de Salud y Servicios Humanos. Hay dos problemas: como es obvio, esas oficinas responden a instancias públicas distintas; y esas instancias tienen intereses muy diferentes. La primera, la que se llevó al padre, debe deportar lo antes posible, esa es su misión. La segunda, la que se llevó a la niña de seis años, está diseñada para entregar a los niños en custodia, sea de familiares en Estados Unidos, sea de otras instituciones, mientras se sigue el proceso de evaluación del caso. Una expulsa, la otra retiene. En su artículo, Blitzer asegura que la oficina a cargo de los menores se ha estado moviendo “más lentamente que de costumbre, lo que resulta en que los padres sean deportados antes de que se resuelvan los casos de sus hijos”.

Trump no solo está separando. Está poniendo un mundo de por medio. Un padre en el altiplano de Huehuetenango. Una hija en un albergue estadounidense.

Esta imagen de la Oficina de Aduanas y Protección data del 17 de junio  de 2018 y fue tomada en el Centro de Detención de McAllen, Texas.  AFP PHOTO / US Customs and Border Protection 
 
Esta imagen de la Oficina de Aduanas y Protección data del 17 de junio  de 2018 y fue tomada en el Centro de Detención de McAllen, Texas.  AFP PHOTO / US Customs and Border Protection 

Es todo un engranaje pensado para joder de la forma más cruel a quien decidió migrar, a quien tuvo que huir. “¿Trataste de entrar indocumentado?”, parece preguntar el gobierno estadounidense. “Me llevo a tu hijo, para que aprendas”, parece responder. Las órdenes administrativas han surtido efecto, y la maquinaria burocrática cumple con el cruel designio de su líder: la Patrulla Fronteriza detiene y separa; la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas deporta y deporta; la Oficina de Reasentamiento de Refugiados se aletarga con los niños y espera que echen a los padres. Todo en medio de una maraña que tiene locos a los abogados activistas que intentan encontrar a los niños que han sido arrebatados. Tras más de un mes de seguir el caso, una abogada estadounidense de la organización promigrantes Niños Necesitados de Defensa, con quien habló The New Yorker, había sido incapaz de confirmar que el padre guatemalteco supiera dónde estaba su hija. La frase con que la abogada cierra el artículo es desoladora para los miles de padres migrantes que ahora mismo estarán en busca de sus hijos: “Tengo una maestría, hablo inglés con fluidez, y me lleva días descifrar uno de estos casos”. Muchos migrantes centroamericanos apenas saben leer en español. Buscar a sus hijos en inglés es como pedirles que naden con una roca.

Creíamos que el deportado era la imagen perfecta del derrotado. Pero la imagen de un deportado que, tras buscar mejor vida, no sabe qué hicieron con su hijo supera la más pesimista expectativa.

Algunos niños son llevados de la frontera a centros de detención. Niños que han visto a sus padres rogar a hombres uniformados y armados llegan, con esa imagen en sus cabezas, a centros fríos y enrejados, donde son puestos junto a otros niños igual de traumados que ellos. El prestigioso medio estadounidense ProPublica sacó a la luz un audio que obtuvo la semana pasada. Se trata de una grabación hecha dentro de un centro de detención para menores migrantes. Quien grabó el audio lo hizo sin autorización, y pidió anonimato a ProPublica. Quien hizo el audio aseguró que las voces que suenan son de niños entre cuatro y diez años que tenían cerca de 24 horas de haber llegado a esas jaulas para pequeños migrantes. El audio ha sido reproducido por múltiples medios. Suenan niños llorando. Gritan “mami”. Gritan “papi”. Una y otra vez: “mami”, “papi”, “mami”, “papi”. Se escuchan llantos que ahogan. Niños que se ahogan en su propio llanto. Niños asustados. La Asociación Estadounidense de Pediatras ha criticado esta política, y ha dicho que separar a esos niños de sus padres bajo estas circunstancias puede generar un “daño irreparable”. El audio es el sonido del instante en que varios niños están siendo traumados. Es el sonido del momento en el que varios niños están siendo dañados de forma irreparable por el gobierno estadounidense. Así lloran los niños mientras se averían. Escúchenlos. Así suena un niño cuando se estropea. A un patrullero fronterizo, ese sonido le pareció hilarante: “Bueno, aquí tenemos una orquesta”, dijo en broma. En el audio se escucha a una niña en particular. Tiene seis años. Dice, conteniendo el llanto, que sabe un número de teléfono, que por favor llamen a su tía ahí en Estados Unidos. “Quiero que me venga a traer mi tía, para que me lleve a la casa de ella… Para que llegue mi mami lo antes posible”, dice la niñita, sin saber que su madre, Cindy Madrid, de 29 años, que se endeudó para pagar $7,000 a un coyote que las llevó en busca de una mejor vida, está siendo procesada como delincuente, y puede ser deportada en cualquier momento. Si fueran honestos, dirían a esa niña que mami no va a llegar lo antes posible. La política de Trump se ha convertido en esto: una niña que repite un número, una niña que pide auxilio. Una representante del consulado de El Salvador aceptó marcar el número que la niña repetía. ProPublica hizo lo mismo después de escuchar el audio: marcó el número. Contestó la tía: “Fue el momento más difícil de mi vida”, describió la migrante. Esa mujer, al parecer, sabe de momentos difíciles. Ella está allá luego de haber huido de El Salvador hace dos años junto a su hija. Es de Armenia, Sonsonate. Está en proceso de asilo. Dijo que las pandillas están en todos lados: “Están en los autobuses. Están en los bancos. Están en las escuelas. Están en la Policía. No hay ningún lugar en donde la gente normal se sienta segura”, dijo a ProPublica. Y lo que dijo es verdad. Quien conoce El Salvador sabe que es verdad. Solo durante 2017, según datos del Ministerio de Educación de El Salvador recogidos por Cristosal, una organización de derechos humanos, 7,648 estudiantes de sus escuelas abandonaron el país. En parte, debido a las pandillas. Las pandillas, según la Policía, están conformadas por 64,000 miembros en este país de 6.5 millones de habitantes. Durante la llamada desde el centro de detención, la niña de seis años suplicó a su tía que la sacara de esas jaulas: “prometo que me comportaré, pero por favor sacame de aquí. Estoy completamente sola”, recordó la tía los ruegos de su sobrina. La tía decidió no intervenir. Teme que hacerlo interrumpa los procesos de asilo suyo y de su hija. Teme que si ayuda a su sobrina, el Gobierno estadounidense la conmine a volver al país donde ella cree que morirá.

Logro de Trump: hacer que una tía que teme por su vida tema también ayudar a su sobrina enjaulada. O su vida y la de su hija o su sobrina. Logro de Trump.

Tras la ola —marejada— de críticas, Trump y los suyos han optado por huir hacia adelante. Estados Unidos, este 19 de junio, se retiró del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. “Tomamos este paso porque nuestro compromiso no nos permite seguir siendo parte de una organización hipócrita y centrada en sí misma, que hace una burla de los derechos humanos”, dijo Nikki Haley, la representante ante la ONU del gobierno que está separando a niños de sus padres. Así dijo la funcionaria del país donde esta noche dormirán al menos 100 niños menores de cuatro años lejos de sus padres, que también dormirán en ese país, pero en otras celdas. Esta sí es una crisis de niños en la frontera, y no aquella que en 2014 así se designó por los gobernantes de ese país. Miles de niños separados de sus padres es una crisis. Miles de niños pidiendo ayuda –refugio- en la frontera es una crisis solo si no se las dan. Estados Unidos, en medio de esta crisis de los niños, decide salirse del consejo mundial de los derechos humanos. Es, lo justifiquen como lo justifiquen, una forma de decir: quédense con sus derechos humanos, yo tengo los míos. Pero, para quien necesite literalidades, Trump las tiene: “Los demócratas son el problema. No les importa el crimen y quieren que los inmigrantes ilegales, sin importar qué tan malos sean, se viertan e infesten nuestro país, como la MS-13”. Dice Trump que el verbo para lo que hacen los migrantes centroamericanos en Estados Unidos es infestar. Dice ese hombre, con la cabeza infestada de odio, después de separar a niños y padres, que los de aquí infestan allá. Miente, ese es uno de sus verbos más recurrentes en los discursos del presidente Trump. Dice migrantes y dice MS-13. Dice niños centroamericanos y dice MS-13. No hace mucho, el 21 de junio de 2017, tras varios brutales asesinatos cometidos por la Mara Salvatrucha 13 en Long Island, Nueva York, el Senado cito a la jefa interina de la Patrulla Fronteriza, Carla Provost. Le preguntaron por la relación entre menores migrantes no acompañados y la MS-13. Dijo que desde 2012 habían detenido a 250,000 de esos menores en la frontera con México. Dijo también que de esos, solo 56 estaban bajo sospecha de tener relación con la pandilla. 56 de 250, 000. Que cada quien saque el porcentaje de la mentira de Trump. Uno imaginaría que es el acabose, el hasta aquí, y que los gobiernos centroamericanos, infestados de dignidad, de rabia por lo que hacen a sus niños, alzarían la voz y desatarían lo único que en geopolítica pueden desatar cuando se enfrentan a Estados Unidos: la pataleta. Uno esperaría una buena pataleta: presidentes reunidos, juntos los presidentes de estos países, en cadena nacional, diciendo: queremos de vuelta a nuestros niños, queremos que ese presidente detenga sus irracionales y nazis medidas, exigimos al gobierno estadounidense, culpable en gran parte del problema de pandillas, que pare esta locura. Queremos a nuestros niños libres y junto a sus padres, y lo queremos ya. Eso esperaría uno. Pero no. La canciller guatemalteca dijo que es “un tema de preocupación”. En El Salvador, el gobierno sacó un comunicado titulado: “Gobierno expresa su preocupación ante la separaci…” ¿Para qué terminar de escribir algo que empieza con la energía de un animal hibernando? Se ha dado por apellidar a esos menores migrantes como no acompañados una vez llegan a la frontera solos. Sin embargo, todo indica que ya estaban no acompañados por sus gobiernos desde hace mucho.

Quizá, el gobierno estadounidense los ha separado en esta ocasión de los únicos que los acompañaban aquí y allá: sus padres.

El seis de abril de 2018, la ex secretaria de Estado de los Estados Unidos en el período 1997-2001, Madeleine Albright, escribía en las páginas de opinión de The New York Times un artículo titulado: “¿Vamos a detener a Trump antes de que sea demasiado tarde?”. La ex secretaria, dejando las viejas formas atrás, empezó de una forma muy gráfica su artículo: “El 28 de abril de 1945, hace 73 años, los italianos colgaron el cadáver de su ex dictador Benito Mussolini boca abajo junto a una estación de servicio en Milán. Dos días más tarde, Adolf Hitler se suicidó en su búnker, bajo las calles devastadas por la guerra en Berlín. El fascismo, al parecer, estaba muerto”.

Al parecer, no.

El 18 de junio, la escritora Valeria Luiselli, autora del libro Los niños perdidos, estructurado siguiendo las 40 preguntas que responden los niños migrantes en las cortes estadounidenses que deciden si deportarlos o no, si su miedo es creíble o no, escribió en sus redes sociales: “queridos estadounidenses, usen su privilegio como ciudadanos. Llamen a sus congresistas, marchen, demuestren, escriban, donen, asista a las sentadas. Pónganse en contacto con organizaciones sin fines de lucro y pregunten cómo pueden ser voluntarios en los tribunales y centros de detención. Hagan lo que quieran, pero háganlo”. El mensaje de Luiselli, como el de miles de personas que se han expresado en las redes sociales, aspira a que la gente se convierta en barricada ante la embestida Trump, a hacer para detener. Oponerse para que no le sea fácil. Para que le sea difícil, si se es optimista. Para que ya no pueda hacerlo más, si se aspira al éxito. Para que se largue, si se aspira al mayor éxito. Ojalá el llanto desesperado de esos niños genere eso. Ojalá esos niños enjaulados generen eso. Se preguntaba Albright si no será demasiado tarde cuando se detenga a Trump.

Para algunos padres en la frontera, ya lo fue. Para algunos niños en la frontera, ya lo fue.

*Óscar Martínez es editor de investigaciones especiales de El Faro y autor del libro "Los migrantes que no importan".

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El Salvador Tue, 19 Jun 2018 20:48:22 +0100 https://elfaro.net/es/201806/el_salvador/22085/La-política-de-Trump-niños-que-suplican.htm
Trump muestra la cara más cruel de su política migratoria e ignora denuncia de Naciones Unidas El Faro / AFP http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000028239.jpg https://elfaro.net/es/201806/internacionales/22086/Trump-muestra-la-cara-más-cruel-de-su-política-migratoria-e-ignora-denuncia-de-Naciones-Unidas.htm El gobierno de Donald Trump decidió llevar su interpretación de la ley a un extremo peligroso. En cuestión de dos meses, autoridades fronterizas han separado a más de 2,400 niños de sus padres o responsables y ahora están encerrados en espacios que en cualquier otro contexto, serían jaulas. Criticado hasta por Naciones Unidas, Estados Unidos responde con su salida del organismo mundial que defiende los derechos humanos. Desde hace dos meses, los agentes de los puestos fronterizos en Estados Unidos están separando a las familias que cruzan la frontera con México y dejan a los niños en centros de detención ubicados en los estados de Texas y Arizona, mientras sus padres van a un proceso criminal, sin garantizar que seguirán en contacto. Más de 2,000 niños han sido afectados por esta medida desde abril. Aunque Estados Unidos ha suscrito tratados internacionales para los refugiados y contra la tortura, de manera que sus leyes deberían respetarlos, la decisión que tomó la gestión de Donald Trump es dar la espalda al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y medir con su propia vara.

Niños que van desde los meses de nacidos hasta los 17 años de edad quedan encerrados en los centros de detención, lejos sus padres o sus responsables. Desde ahí no logran comunicarse con ellos y ni siquiera saben cuándo los reunirán, de acuerdo a los testimonios que recogen los medios locales.

La indignación por estas acciones llegó en dosis diarias hasta la presidencia de Trump después que una fuente anónima confirmó a periodistas que alrededor de 2,000 niños estaban lejos de sus padres y responsables, retenidos en jaulas por el Departamento de Seguridad Nacional.

La titular de ese departamento, Kristjen Nielsen, intentó hacer frente a las críticas. “No nos vamos a disculpar por el trabajo que hacemos, o por el trabajo que las fuerzas del orden hacen para cumplir con el trabajo que los estadounidenses esperan que hagamos”, dijo Nielsen este pasado lunes. “Las acciones ilegales tienen, deben tener, consecuencias”, agregó la funcionaria.

En medio de esas recriminaciones, Nikki Haley, representante de los Estados Unidos en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), anunció que su país había decidido retirarse del Consejo de Derechos Humanos de ese organismo.

"Durante demasiado tiempo, el Consejo de Derechos Humanos ha sido un protector de los violadores de los derechos humanos y una cloaca de prejuicios políticos. Lamentablemente, ahora está claro que nuestro pedido de reformas no fue escuchado", dijo Haley, sobre la decisión, en alusión a una propuesta de Estados Unidos para atender la crisis árabe-israelí.

Al momento de confirmar su salida, Haley y Mike Pompeo, secretario de Estado, argumentaron que obedecía al sesgo del Consejo en contra de Israel. Esto viene por la violencia desatada en Gaza, precisamente porque Estados Unidos decidió reconocer a Jerusalén como capital de Israel.

Aunque esta decisión pareciera no tener relación con la condena internacional contra la política migratoria de Trump, le sirve de pretexto a Estados Unidos para darle la espalda al resto de naciones. Es decir, el gobierno de Trump se blinda contra cualquier crítica.

De hecho, la nueva postura de EUA en torno al Consejo de Derechos Humanos tiene lugar luego de que el alto comisionado de derechos humanos de la ONU, Zeid Ra'ad Al Hussein, considerara "inadmisible" el lunes la controvertida política del gobierno estadounidense de separar a niños inmigrantes de sus padres en la frontera.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU fue creado en 2006 para sustituir a la Comisión de Derechos Humanos y está formado por 47 países miembro escogidos por mayoría absoluta en la Asamblea General de la ONU.

Menores de edad, presos de una negociación política

De acuerdo con datos oficiales, solamente entre el 5 de mayo y el 9 de junio las autoridades fronterizas separaron a 2,432 niños cuyas familias están arrestadas, en espera de resolver un proceso criminal por ingresar por la vía ilegal al país.

Separar a los niños de su familia despertó la indignación de los senadores, incluso de miembros del partido Republicano, de activistas y de las Naciones Unidas. Henrietta Fore, directora ejecutiva del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, en inglés), también dijo que “la detención y la separación familiar son experiencias traumáticas que pueden exponer a los niños más vulnerables a la explotación y el abuso, y a generarles un estrés tóxico que, como han demostrado múltiples estudios, puede afectar a su desarrollo a largo plazo”.

“Espero que el interés superior de los niños refugiados y migrantes sea prioritario en la aplicación de los procedimientos y leyes de asilo de Estados Unidos”, enfatizó Fore.

Si bien las víctimas de persecución en su país de origen tienen derecho a que su caso se considere, según los tratados internacionales que Estados Unidos ha firmado, ya el fiscal general estadounidense Jeff Sessions quiere reducir las opciones. El 11 de junio, Sessions dijo que quienes alegan ser víctimas de violencia de pandillas, por actores no vinculados al gobierno, quedarán fuera de la consideración para un permiso especial como el asilo. También queda fuera la violencia doméstica como motivo para pedir asilo.

Las pandillas controlan y amenazan a miles de comunidades en el Triángulo Norte de Centroamérica. Buscan reclutar a los más jóvenes y mantener el dominio de un territorio.

La Oficina de Protección de Aduanas y Fronteras (CBP), por sus siglas en inglés, consigna que entre octubre 2017 y mayo pasado han detenido en las fronteras a 57,120 unidades familiares de los tres países que conforman esta región. En ese mismo período, la CBP ha detenido a 25,520 menores de edad, originarios de esos países, que han hecho toda la travesía sin un familiar, ni otro responsable (menores no acompañados). En el caso de las unidades familiares, los tres países originan el 97 % de los que CBP registra como detenidos, y en el caso de los menores no acompañados, originan el 79 %.

Pero en los gobiernos de Guatemala, El Salvador y Honduras, desde donde todas estas familias huyen para superar la pobreza o incluso preservar su vida, solo hay comunicados de prensa y resignación.

Esta imagen de la Oficina de Aduanas y Protección data del 17 de junio  de 2018 y fue tomada en el Centro de Detención de McAllen, Texas.  AFP PHOTO / US Customs and Border Protection 
 
Esta imagen de la Oficina de Aduanas y Protección data del 17 de junio  de 2018 y fue tomada en el Centro de Detención de McAllen, Texas.  AFP PHOTO / US Customs and Border Protection 

Todo comenzó por la política de Tolerancia Cero que la administración de Trump impulsó en mayo pasado para combatir la inmigración de indocumentados. Al principio era un término usado contra la pandilla MS-13, pero luego del primer trimestre de este año, la perspectiva cambió. Esta cruzada contra los inmigrantes viene de dos personas que gozan de la confianza del presidente republicano: Sessions y el asesor presidencial Stephen Miller, el poder detrás del trono en temas migratorios dentro de la Casa Blanca.

Fiel a su estilo, Trump ha dicho que es culpa del Congreso y de los demócratas porque no apoyan una reforma migratoria, solo que en los términos que él busca. Sin embargo, el congresista demócrata Jim McGovern indicó que ninguna ley obliga al gobierno a que separe a las familias, sino que se trata de una política proveniente del Ejecutivo.

La separación continua de estos grupos de familias comenzó desde 2017, según las cuentas que hizo el medio de periodismo investigativo The Intercept. Según el medio, entre octubre 2017 y mayo de este año se puede hacer un estimado de familias separadas por las autoridades en la frontera. “Mientras que las cifras exactas todavía son confusas, porque los diferentes medios reportan líneas de tiempo que se cruzan, es seguro decir que el número de niños migrantes, separados de sus padres por la administración Trump, está muy por encima de los 3,700”, detalla el artículo publicado el 19 de junio.

La decisión del gobierno de procesar criminalmente a todo inmigrante que haya ingresado sin los respectivos documentos al país, por su nueva orientación de 'tolerancia cero', terminó por generar un drama con miles de niños mantenidos en albergues separados de sus padres en los estados fronterizos de Texas y Arizona. A este contingente se le suman los menores de edad llegados al país sin compañía de adultos.

El DHS invitó a congresistas y medios de comunicación a visitar los centros de detención. Los Ángeles Times, por ejemplo, reportó que los chicos permanecen juntos con botellas de agua y pliegos de aluminio que, se supone, deberían servir como frazada.

El siguiente audio lo publicó el medio ProPublica, de origen estadounidense. De acuerdo a ese mismo medio, los niños que se pueden escuchar tienen entre cuatro y 10 años; además, llevaban aproximadamente un día en el centro de detención. Recomendamos discreción para la persona que lo escucha, porque puede lastimar sensibilidades.

Las denuncias hechas por organizaciones humanitarias, periodistas y hasta miembros del Congreso enfatizan que entre los menores de edad que permanecen en las “hieleras” hay bebés que ni siquiera han cumplido un año.

Los propios republicanos no esconden la incomodidad con la creciente controversia y las justificaciones esgrimidas hasta ahora por el gobierno. Melania Trump, la primera dama y las esposas de los expresidentes Michelle Obama, Laura Bush, Hillary Clinton y Rosalynn Carter fueron críticas de esta política.

En ese cuadro, Trump anunció para este martes una visita al Congreso para reunirse con integrantes de la bancada republicana, con quien debe discutir las opciones que se analizan para hallar una salida a la situación. "Yo no quiero niños siendo retirados de sus padres. Pero cuando buscamos procesar a los padres por venir aquí ilegalmente, algo que se debe hacer, hay que separar a los niños"

Las defensorías de México, Colombia, Ecuador, Honduras y Guatemala pidieron de manera conjunta a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que interceda para que Estados Unidos deje de separar a miles de niños de sus padres por haber cruzado la frontera sin documentos.

Los cinco países latinoamericanos solicitaron el lunes a la CIDH medidas cautelares a fin de que Estados Unidos "interrumpa la práctica de separar a los niños, niñas y adolescentes migrantes de sus familias, y adopte todas las medidas necesarias para proteger sus derechos", según un comunicado que difundieron.

El Salvador, un día antes, emitió un comunicado en el que solicitó informar a las autoridades consulares salvadoreñas sobre los menores de edad que pasan a la custodia de la Oficina de Reubicación de Refugiados (ORR), luego que sus padres pasan al proceso en el que se les juzgará por el crimen migratorio. El comunicado, emitido por la Cancillería, sostiene además que la decisión del “destino” de los niños deben tomarla ambos padres.

Patricia González, directora de la organización Centro Presente (radicada en Estados Unidos) manifestó en la entrevista con El Faro Radio que “la separación y encarcelamiento de menores inmigrantes es la expresión máxima del odio, de xenofobia, de racismo contra estas comunidades centroamericanas”. También recriminó la mínima reacción de las autoridades locales. “Los gobiernos de la región del Triángulo Norte no tienen la autoridad moral de pedir a Estados Unidos que respeten los derechos humanos cuando en nuestros propios territorios no se respetan”, subrayó Montes.

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Internacionales Tue, 19 Jun 2018 20:37:57 +0100 https://elfaro.net/es/201806/internacionales/22086/Trump-muestra-la-cara-más-cruel-de-su-política-migratoria-e-ignora-denuncia-de-Naciones-Unidas.htm
“No deberían confiar en la lista de candidatos a magistrados” http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000028580.jpg https://elfaro.net/es/201806/ef_radio/22083/“No-deberían-confiar-en-la-lista-de-candidatos-a-magistrados”.htm 19/06/18 - En la Portada hablamos con Jan Michael Simmon, jurista, miembro del Panel Independiente para la selección de Magistrados de la CSJ. Simmon colaboró en un informe en el que señalan serias deficiencias en el diseño e implementación del proceso de selección de magistrados. Simmon dijo que nadie debería estar tranquilo con la lista de candidatos que evalúa la Asamblea... a menos que se crea que la subcomisión de diputados corregirá las debilidades del proceso. EF Radio Tue, 19 Jun 2018 19:04:41 +0100 https://elfaro.net/es/201806/ef_radio/22083/“No-deberían-confiar-en-la-lista-de-candidatos-a-magistrados”.htm “Nadie esperaba que México fuera tan congruente en su juego” http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029258.jpg https://elfaro.net/es/201806/ef_radio/22084/“Nadie-esperaba-que-México-fuera-tan-congruente-en-su-juego”.htm 19/06/18 - En una primera ronda aciaga para los equipos latinoamericanos, México sacó la cara y le ganó a la campeona del mundo, Alemania. Hablamos con el periodista mexicano Héctor González Villalba, quien dijo que a partir de ahora "México no debería contar con problemas para clasificar a la siguiente fase". Según González, aunque el seleccionador Juan Carlos Osorio ha disipado las dudas de la prensa, "México no le jugó de tú a tú a Alemania, sino que se hizo más fuerte donde podía". EF Radio Tue, 19 Jun 2018 18:38:14 +0100 https://elfaro.net/es/201806/ef_radio/22084/“Nadie-esperaba-que-México-fuera-tan-congruente-en-su-juego”.htm “Encarcelar niños es el extremo del odio y la xenofobia” http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029257.jpg https://elfaro.net/es/201806/ef_radio/22082/“Encarcelar-niños-es-el-extremo-del-odio-y-la-xenofobia”.htm 19/06/18 - Hablamos con Patricia Montes, directora ejecutiva de la organización Centro Presente, basada en Boston, Estados Unidos. Montes, con 12 años de trabajo junto a la comunidad de migrantes, dijo que nunca había visto el extremo de racismo y xenofobia como el que hay en la política antimigrantes del gobierno de Donald Trump, que ha separado familias y encarcelado a menores de edad en la frontera sur. Montes recordó que acciones similares ya se observaban en la administración Obama, aunque estas no eran una política del Ejecutivo. Según dijo, organismos de la sociedad civil en Estados Unidos ya están preparando demandas para intentar detener estas prácticas. EF Radio Tue, 19 Jun 2018 18:32:06 +0100 https://elfaro.net/es/201806/ef_radio/22082/“Encarcelar-niños-es-el-extremo-del-odio-y-la-xenofobia”.htm El Faro se fue al Mundial http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029256.jpg https://elfaro.net/es/201806/ef_tv/22081/El-Faro-se-fue-al-Mundial.htm Desde Moscú, la capital rusa, el salvadoreño Carlos López Salamanca reporta para El Faro el ambiente que se vivió en las calles moscovitas durante el primer fin de semana de Mundial, con las aficiones de los equipos latinos como inequívocos motores de la fiesta. Salamanca fue a ver el Islandia-Argentina en un sector del Estadio Spartak con masiva presencia de islandeses, por lo que pudo vivir en primera fila los ya famosos cánticos de apoyo del equipo nórdico.

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EF TV Tue, 19 Jun 2018 13:02:02 +0100 https://elfaro.net/es/201806/ef_tv/22081/El-Faro-se-fue-al-Mundial.htm
Cambia, todo cambia http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000023431.jpg https://elfaro.net/es/201806/columnas/22080/Cambia-todo-cambia.htm Nicaragua es hoy un país distinto en muchos sentidos. Otro país. Quien lo vio antes del 18 de abril, cuando comenzaron las matanzas indiscriminadas de jóvenes, hoy no lo reconocería. Nicaragua es hoy un país distinto en muchos sentidos. Otro país. Quien lo vio antes del 18 de abril, cuando comenzaron las matanzas indiscriminadas de jóvenes, hoy no lo reconocería. Pero tampoco lo reconoce, menos de dos meses después, quien estuvo para esos primeros días infernales, cuando empezó la cuenta de los muertos que sigue en ascenso, hasta rebasar hoy el centenar.

Así me lo dice el periodista salvadoreño Carlos Dada, quien fue testigo de aquella primera rebelión desarmada reprimida salvajemente en las calles de Managua, y ha vuelto ahora, más de un mes después, y se aloja en el mismo hotel donde, si antes habían algunos huéspedes, hoy él es el único, y la penumbra en la sala de estar ha crecido en medio de la soledad.

Para finales de abril la Cid Gallup publicó una encuesta donde el 70 por ciento de la gente rechazaba la permanencia del matrimonio presidencial en el poder. Lo primero que la firma encuestadora reconocía es que ahora sí la gente se había expresado con libertad, diciendo lo que pensaba, sin miedo ni dobleces. Primer gran cambio a anotar.

Para entonces los asesinados eran 35; ahora que ya vamos llegando a los 140, ese 70 por ciento de repudio debe haber seguido creciendo, sobre todo después del fatídico 30 de mayo, cuando la gigantesca e inolvidable marcha en homenaje a las madres de los caídos, que congregó en Managua a cerca de medio millón de nicaragüenses, terminó en una despiadada masacre bajo el fuego de francotiradores apostados en las alturas del estadio nacional de béisbol Denis Martinez.

Denis, el pitcher latinoamericano de grandes ligas con el record de mayor número de juegos ganados, y dueño de la hazaña de haber lanzado un juego perfecto, protestó con firmeza porque el estadio que lleva su nombre fuera empleado para actos de violencia contra el pueblo que lo venera como un héroe nacional.

Luego, cuando las temibles camionetas Hilux de doble cabina, con sicarios cubiertos con pasamontañas que disparan sin piedad ni contemplaciones desde la tina, empezaron a multiplicar sus recorridos por las calles, y crecieron los asaltos y saqueos, la vida nocturna empezó a apagarse y los restaurantes y los bares a cerrar sus puertas. Hoy hay un toque de queda voluntario después de las seis de la tarde.

¿Cómo ha seguido cambiando el país? En los barrios de Managua, para impedir el paso de las funestas Hilux, la gente levanta barricadas de adoquines o cualquier material a mano. Y las carreteras están cortadas por más de 80 tranques que son el aviso de un verdadero paro nacional. Mientras en el diálogo nacional mediado por los obispos de la iglesia católica, ahora interrumpido, el gobierno no acepte negociar la democratización, que empieza por parar la violencia policial y de las fuerzas paramilitares, y adelantar para una fecha inmediata las elecciones, sin Ortega ni su esposa de candidatos, con un nuevo tribunal electoral y con garantías internacionales, el paro nacional va a seguirse consolidando, sin que nadie lo decrete.

Los tranques en las carreteras, que son la expresión más evidente de la protesta ciudadana, van paralizando al país. Los suministros básicos comienzan a escasear, hay regiones que se están quedando sin combustible, y miles de furgones de carga, que atraviesan Nicaragua para ir desde Guatemala a Panamá y viceversa, y a los distintos puertos marítimos, se han quedado entrampados en las carreteras. Las fronteras están cerradas. Y los tranques son un verdadero cerco alrededor de Managua.

Nada de esto era parte del panorama la primera vez que Carlos Dada llegó a Managua. Entonces, tampoco la ciudad de Masaya, cercana a la capital, era hoy lo que es: un bastión de la resistencia civil, trancada por todos sus costados con parapetos de compleja construcción. Él logró entrar, y anduvo por las calles, cortadas a trechos en cada barrio por laberintos de barricadas, y donde la autoridad real, porque ahora la autoridad moral es lo que más pesa, la tiene el sacerdote Edwin Román, párroco de la iglesia de San Miguel. Mientras tanto, la fuerzas policial se halla sitiada dentro de su cuartel, en el centro mismo de la población.

La ciudadanía desarmada controla ahora una ciudad entera donde la represión se ha ensañado no solo matando jóvenes, sino también incendiando, saqueando y asolando comercios de todo tamaño. El baluarte es el barrio indígena de Monimbó, como lo fue durante la insurrección que derrocó a Somoza. Un símbolo para todo el país, que dio paso a la consigna “¡Monimbó es Nicaragua!”. Mujeres, viejos, ayudan a resguardar las barricadas, mientras combatientes curtidos de entonces, y sus hijos y nietos, las defienden con armas artesanales, principalmente morteros de pirotecnia, de los que se usan para alegrar las fiestas populares.

Gente siempre industriosa, los masayas se declaran en fiesta desde que el calendario señala cada 30 de septiembre el día de su santo patrono, San Jerónimo doctor, teólogo convertido por el fervor popular en médico divino “que cura sin medicina”. Y entonces, hasta diciembre, resuenan las marimbas y salen a las calles los agüizotes, el torovenado, que es todo un carnaval, las cuadrillas de danzantes. Todo el mundo se disfraza en Masaya. Y nunca deja de estallar la pólvora.

Ahora, tras las barricadas, en lugar de pasamontañas los combatientes, que no tienen en sus manos una sola pistola ni un solo rifle de cacería, utilizan los disfraces de los feriantes. Uno de ellos lleva una gran cabeza de león, y otros máscaras de conquistadores, de diablos.

Una ciudad tapiada hacia afuera, pero donde la vida ciudadana se hace con la normalidad que se puede. Un amigo me dice que sortea las barricadas para ir por el pan y los nacatamales del desayuno del domingo. Sólo hay que cuidarse de los francotiradores.

Lo único que no ha cambiado en Nicaragua es la esperanza por una vida nueva, y la fe en un país democrático, justo y libre.

Masatepe, junio 2018

Sergio Ramírez, escritor nicaragüense. Premio Carlos Fuentes, Premio Alfaguara de Novela y Premio Miguel de Cervantes.
 
Sergio Ramírez, escritor nicaragüense. Premio Carlos Fuentes, Premio Alfaguara de Novela y Premio Miguel de Cervantes.


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Columnas Tue, 19 Jun 2018 11:35:35 +0100 https://elfaro.net/es/201806/columnas/22080/Cambia-todo-cambia.htm
El nudo gordiano del acuerdo nacional - Por Rubén Zamora https://elfaro.net/themes/publication_1/theme_1/img/logo_rsi.jpg https://elfaro.net/es/201806/360grados/22079/El-nudo-gordiano-del-acuerdo-nacional---Por-Rubén-Zamora.htm 360 grados Tue, 19 Jun 2018 10:39:31 +0100 https://elfaro.net/es/201806/360grados/22079/El-nudo-gordiano-del-acuerdo-nacional---Por-Rubén-Zamora.htm Mi primera (y única) vez en el Estadio Cuscatlán http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029255.jpg https://elfaro.net/es/201806/columnas/22069/Mi-primera-(y-única)-vez-en-el-Estadio-Cuscatlán.htm Nunca he jugado al fútbol, pero me gusta ver fútbol. Ni recuerdo a cabalidad qué año corría, pero yo era joven, muy joven. El machismo era muy fuerte en los ambientes en los que me crié, y todos los domingos me ponían a cuidar a mis primos pequeños mientras el papá de ellos se pasaba el día pegado al televisor, viendo a unos hombres correr detrás de una pelota. Nunca he jugado al fútbol, pero me gusta ver fútbol.

Ni recuerdo a cabalidad qué año corría, pero yo era joven, muy joven. El machismo era muy fuerte en los ambientes en los que me crié, y todos los domingos me ponían a cuidar a mis primos pequeños mientras el papá se pasaba el día pegado al televisor, viendo a unos hombres correr detrás de una pelota. Yo no quería ver eso, ni siquiera lo entendía, pero estaba consiente de que aquel hombre no cambiaría de canal, así que poco a poco comencé a rendirme: ya que no tenía más remedio que verlo, al menos quise entenderlo. Así que comencé a preguntar: ¿cuándo es tiro de esquina? ¿Qué es el fuera de juego? ¿Cuándo se marca penalti? ¿Qué es un hat-trick? Y así, él me fue explicando a regañadientes las reglas del juego. Y no digo que fuera fácil comprenderlo, pero empecé a disfrutarlo, y aquel deporte terminó pareciéndome emocionante, al punto que lograba sobresaltarme con los goles.

Así empezó todo.

Tengo recuerdos mucho más precisos de la hexagonal que se disputó en 1997, y de la que salieron los tres representantes de la CONCACAF que disputaron un año después el Mundial de Francia. Yo tenía 19 años y ya entendía lo suficiente de fútbol. Recuerdo que aquel año no nos alcanzó con lo que teníamos aquí y nacionalizaron a tres jugadores: dos brasileños, Israel Castro Franco y Nidelson da Silva Mello (a) Nenei; y otro de origen serbio, Vladan Vićević. Pero mi favorito era un morenito muy salvadoreño, William Renderos Iraheta, quien vivía cerca de mi comunidad y lo había visto en persona un par de veces.

Me emocioné mucho cuando el hombre que años atrás me había explicado las reglas del fútbol me dijo que íbamos a ver un partido en el Coloso de Montserrat. Yo estaba convencida de que con aquella Selecta podíamos dar pelea y los dos brasileños me dieron más esperanza; claro que no eran Ronaldo ni Romario, pero eran brasileños, los del ‘jogo bonito’, y en mi inocencia futbolera ir al Mundial de 1998 fue por algunos meses una posibilidad real.

Se llegó el día, el 9 de noviembre de 1997. El Salvador enfrentaba a Jamaica a falta de dos fechas y se jugaba el todo por el todo. Yo había aguantado la gran regañada de mi mamá, porque ella decía que los estadios no era lugares para mujeres, que sólo hombres iban. Pero igual me fui. Recuerdo que entramos en el Cuscatlán a las 11 de la mañana, y nos pasamos horas esperando al pitido inicial.

Días antes del juego entre El Salvador y Jamaica, me habían dado unas recomendaciones: llevar pantalón e ir vestida estrictamente de azul y blanco. Y así lo hice. Fui con el papá de mis primos y un amigo de él. Justo antes de ingresar, me detuvieron y me dijeron: “Vaya, vos te vas a ir en medio de nosotros dos”. Y yo, extrañada, les pregunté que por qué. Me explicaron que algunos hombres se podían poner abusivos y que querrían manosearme, pero que si iba en medio de ellos no me pasaría nada.

Pero fue entrar y empezar a oír gritos: ¡Culo! Culo! Culo! Con los gritos cayeron pedazos de pan y bolsas con cerveza, orines o a saber qué otras asquerosidades. Los que estaban más cerca se abalanzaban para tocarme. Esa era la bienvenida que los aficionados salvadoreños daban a las mujeres en Sol general, conocido como Vietnam. Y digo era, en pasado, porque desde entonces, por más que me apasiona el fútbol, no he vuelto a acercarme al Cuscatlán. Me gustaría creer que algo habrá cambiado en estos 20 años, pero tampoco estoy dispuesta a averiguarlo.

Cuando iniciaron los actos protocolarios, todos aquellos que parecían animales cada vez que entraba una mujer se convirtieron en los salvadoreños más patrióticos y cantaron las estrofas del himno nacional con tanta pasión que el Coloso temblaba. Aquel partido se logró empatar gracias a un gol de Nenei de palomita. El resultado final fue un 2 a 2. Yo grité cada gol y regresé a mi casa sin voz, pero asustada como pocas veces en mi vida. Mi primera experiencia ‘mundialista’ con la Selecta estuvo lejos de ser algo como a mí me hubiera querido.

Aquella tarde yo sólo quería ver fútbol, quería vivir esa sensación de que la piel se te enchina cuando 35 000 personas cantan el himno a pleno pulmón. Pero que para disfrutar un partido en el estadio debas pasar por un trato tan humillante, incluso delictivo, es intolerable. En ese tiempo, se decía que si eras mujer, en el Cuscatlán sólo podías estar segura en la parte de sombra como mínimo, o en tribuna. Pero no todas podíamos pagar esos precios. Por si fuera poco, a la decepción en el plano personal por aquella violencia que sufrí se sumó la decepción colectiva porque El Salvador no logró clasificar para Francia 1998.

Yo sigo viendo fútbol y lo seguiré haciendo. Lo disfruto desde mi casa o en algún bar, con mi familia y amigos. Sólo convencida de que esta sociedad ha aprendido a respetar a sus mujeres regresaría a Vietnam. Pero para eso, me temo, falta un mundo.

Imagen de archivo del Estadio Cuscatlán, la catedral del fútbol salvadoreño. Foto archivo El Faro.
 
Imagen de archivo del Estadio Cuscatlán, la catedral del fútbol salvadoreño. Foto archivo El Faro.

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Columnas Tue, 19 Jun 2018 10:29:40 +0100 https://elfaro.net/es/201806/columnas/22069/Mi-primera-(y-única)-vez-en-el-Estadio-Cuscatlán.htm
Japón certifica el mal arranque latino en Rusia Foto He Canling (Xinhua) / Texto Roberto Valencia http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029254.jpg https://elfaro.net/es/201806/ef_foto/22078/Japón-certifica-el-mal-arranque-latino-en-Rusia.htm Una inesperada derrota de Colombia ante Japón selló el inicio gris de los equipos latinoamericanos en el Mundial de Rusia 2018. De ocho partidos disputados, dos victorias, dos empates y cuatro derrotas, un balance escaso para una de las regiones más futboleras del mundo, cuyos equipos suman nueve campeonatos a lo largo de la historia, y que entre sus combinados nacionales están algunas de las máximas selecciones favoritas a ganar el título. Además de colombianos, ya han saboreado la derrota los peruanos, los costarricenses y los panameños. Empataron, pero con sabor amargo, Brasil y sobre todo Argentina, que no pudo imponerse a una debutante. Mientras que los países que sí gozaron en el inicio de Rusia 2018 son sólo dos: Uruguay y México, que se impuso con solvencia a los vigentes campeones. ESPECIAL 'El Faro se va al Mundial' 👉 Pulse acá 👈 EF Foto Tue, 19 Jun 2018 08:41:29 +0100 https://elfaro.net/es/201806/ef_foto/22078/Japón-certifica-el-mal-arranque-latino-en-Rusia.htm El éxodo de los niños migrantes http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop_0_110_1333_998/images%7Ccms-image-000028498.jpg https://elfaro.net/es/201806/columnas/22077/El-éxodo-de-los-niños-migrantes.htm Los apodos, dormir en el suelo y la falta de comunicación son difíciles, pero a juzgar por los flujos masivos de migración entre nuestro país y los Estados Unidos, cualquier cosa es mejor que la pobreza, marcada por la miseria y el miedo, que se vive en las comunidades más pobres. Cuando llegué a vivir a Silver Spring, Maryland, una ciudad a 20 minutos en carro desde Washington, D.C., tenía 13 años. No hablaba muy bien inglés, nunca había estado en Estados Unidos antes y aunque yo no me percataba, según mis compañeros de escuela, me vestía raro. Me inscribí en la escuela primaria Silver Spring International (SSI) para cursar octavo grado. Solo estuve en SSI un año antes de cambiarme de escuela para entrar a la secundaria, pero los pasillos de esa escuela serían mi introducción al funcionamiento de la sociedad estadounidense desde una de las ciudades más diversas, de uno de los estados más diversos, de Estados Unidos.

La escuela le hacía honor a su nombre. Contaba con estudiantes provenientes de alrededor de 24 países. En el día a día, la escuela funcionaba bajo una jerarquía silenciosa, como cualquier otra escuela. Lo diferente en SSI eran los parámetros que establecían esta jerarquía, entre los cuales se encontraban: la raza del estudiante, su país de origen y, los más importante, si podía hablar inglés o no. Los estudiantes blancos, que esporádicamente se juntaban con estudiantes de otras razas, almorzaban en una mesa. Lo estudiantes afroamericanos, que esporádicamente se juntaban con blancos y latinos, almorzaban en otras mesas. Los latinos que hablaban inglés y que ya tenían varios años de vivir en Estados Unidos o que habían nacido ahí almorzaban en otras mesas. Sin embargo, había un grupo de varias docenas de estudiantes que no interactuaban nunca ni con los blancos, ni con los afroamericanos, ni con los otros latinos: los recién llegados.

Los recién llegados la pasábamos mal. Yo, aunque estaba en ese grupo, me encontraba en una situación privilegiada: en mi casa, vivía solo con mis padres y mi hermana, tenía mi propio cuarto, hablaba suficiente inglés para defenderme y nunca me hizo falta nada. Muchos de mis colegas recién llegados no corrían la misma suerte; algunos compartían un cuarto con toda su familia. Otros ni siquiera vivían con su familia nuclear, sino que con tíos, amigos o familiares que habían logrado llegar al norte. Los que peor suerte tenían no hablaban ni una palabra de inglés y pasaban todo el día en clases de refuerzo. La única niña de la escuela que quedó embarazada ese año, preparándose para ser madre a sus 13 años, era recién llegada.

El término “recién llegado” lo utilizo para sustituir los calificativos que los otros grupos nos habían proporcionado: spick, beaner y el peor de todos, chanchi. Según los autores del calificativo, el término chanchi servía para describir a un sujeto latino, usualmente centroamericano, que no hablaba inglés y que utilizaba los pantalones caídos y se ponía bastante gel en el pelo. A los recién llegados nos insultaban, nos excluían y en el mejor de los casos, nos ignoraban.

La vida de un centroamericano recién llegado no es fácil y es justamente esa vida la que, con suerte, le espera a los más de 2,000 niños detenidos en las facilidades tejanas del Departamento de Seguridad Nacional. Los apodos, dormir en el suelo y la falta de comunicación son difíciles, pero a juzgar por los flujos masivos de migración entre nuestro país y los Estados Unidos, cualquier cosa es mejor que la pobreza, marcada por la miseria y el miedo, que se vive en las comunidades más pobres. La desagradable experiencia del recién llegado es injusta, pero es casi inevitable, o quizá, incontrolable.

Lo que sí es prevenible y controlable son los abusos contra los derechos de la niñez que la administración del presidente estadounidense Donald Trump está perpetrando en los centros de detención de inmigrantes en Texas y Arizona. En estos centros, los niños centroamericanos, luego de ser separados de sus padres, viven por semanas en estructuras metálicas que parecen servir como jaulas, a temperaturas tan bajas que ha llevado a los medios de comunicación a describir los centros como “hieleras.” En pleno 2018 estamos frente a una crisis humanitaria que lanzó su primera advertencia en 2014, cuando miles de niños trataron de cruzar la frontera en los meses de junio, julio y agosto, con el objetivo de huir de la violencia y la pobreza que los acechaba en sus comunidades. El gobierno de Estados Unidos, entonces dirigido por el demócrata Barack Obama, en respuesta, aprobó cientos de millones de dólares en ayuda para los países del Triángulo Norte. Es comprensible que la Alianza para la Prosperidad aún no dé frutos, considerando que tanto en El Salvador como en Guatemala y Honduras, la corrupción sigue a la orden del día.

En medio de la crisis actual, el Gobierno de El Salvador, encabezado por el presidente Salvador Sánchez Cerén, en su apatía, no ha hecho más que emitir un pronunciamiento blando que no le resuelve ninguno de sus problemas a las familias separadas en la frontera sur. La Asamblea Legislativa, que ha financiado ya un par de viajes a diputados en esta legislatura, se ha tardado demasiado en concretar una comitiva para verificar las condiciones de los niños salvadoreños en la frontera estadounidense.

La solución a esta crisis está, en el largo plazo, en la creación de oportunidades laborales y la erradicación de la corrupción y las estructuras de crimen organizado que son los cánceres que carcomen a la sociedad salvadoreña a diario. Eso está claro, pero la solución necesaria, ahorita, ya, mañana mismo, pasa porque el Gobierno de El Salvador deje de hacer nada y actúe a la altura que esta crisis humanitaria exige. Que el presidente mismo, o el vicepresidente, o el canciller, o los diputados o alguien, por dios, vaya a Estados Unidos a velar por el bienestar de nuestros niños. Se pasan campañas enteras gastando millones de dólares para decirle a la gente que, de ser electos, van a estar a su lado. Pues fueron electos, vayan, háganlo, defiendan a nuestros niños utilizando todos los canales políticos y diplomáticos que la ley permite. Si no pueden hacer nada, por lo menos vayan y acompañen a nuestros niños y denuncien la crisis ante el mundo. Sean valientes. Estoy seguro que muchos lo haríamos si tuviéramos los medios, pero por ahora, los encargados son ustedes. Presidente, diputados, funcionarios: protejan a nuestros niños y no nos defrauden, una vez más.

*Héctor Silva Hernández es graduado de Ciencias Políticas de la Universidad de Massachusetts. 
 
*Héctor Silva Hernández es graduado de Ciencias Políticas de la Universidad de Massachusetts. 

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Columnas Mon, 18 Jun 2018 20:17:51 +0100 https://elfaro.net/es/201806/columnas/22077/El-éxodo-de-los-niños-migrantes.htm
Löw obligado a su propia revolución rusa Christophe Beaudufe (AFP) / El Faro http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029253.jpg https://elfaro.net/es/201806/internacionales/22076/Löw-obligado-a-su-propia-revolución-rusa.htm Que la todopoderosa Alemania cayera ante México no estaba en el guion. Mucho menos que lo hiciera con un juego que por amplios tramos del choque estuvo anestesiado por la solidez defensiva del cuadro mexicano. El sábado 23 de junio Alemania se mide ante Suecia, un partido clave para el que el DT Joachim Löw medita cambios profundos. Moscú, RUSIA. “¿Qué hacer?”, se preguntaba Lenin en su célebre tratado político de 1901. El seleccionador alemán Joachim Löw se debe estar preguntando lo mismo después de la derrota ante México (1-0), pero tiene apenas algunos días para poner en marcha su propia revolución rusa para transformar a su oncena en una máquina de guerra que le permita retener la corona en el Mundial de Rusia 2018.

“1-0, está bien merecido”, criticó este lunes el exinternacional Lothar Matthäus, agregando que “hacía mucho tiempo que no veía una selección de Alemania tan débil en un gran torneo”.

Joachim Löw, entrenador de la selección de Alemania. Foto Antonin Thuillier (AFP).
 
Joachim Löw, entrenador de la selección de Alemania. Foto Antonin Thuillier (AFP).

Equipo cortado en dos

El joven Julian Brandt, que ingresó sobre el cierre del encuentro disputado en Moscú, lo admitió. “Defendimos con dos ideas diferentes: unos querían presionar y otros retroceder. Eso creó espacios inmensos para que los mexicanos puedan jugar”, analizó.

Para Manuel Neuer, el capitán de la Mannschaft, las consignas eran buenas, pero no se respetaron: “El equilibrio es muy importante, lo hemos discutido e insistido en el hecho de que debemos jugar de forma más coordinada”.

Lejos de querer cambiar todo, Löw apela puertas afuera a reafirmar su discurso, ese de no cambiar la filosofía de juego, sino respetar la fórmula que lo llevó al cuarto cetro mundial en Brasil 2014 ante la Argentina de Leo Messi.

“Si hacemos bien lo que sabemos hacer, vamos a marcar goles. Tenemos que mejorar, pero no vamos a desviar nuestro camino, tenemos que reencontrar lo que nos ha hecho fuertes”, disparó el exayudante de Jorgen Klinsmann.

El caso Kimmich

El desempeño del joven defensor del Bayern Joshua Kimmich el domingo fue una caricatura del desequilibrio del equipo. Su aporte ofensivo fue enorme, pero como nadie le cubrió la espalda, los mexicanos se hicieron un festín por su carril. Toni Kroos y Sami Khedira se mostraron lejos de su nivel y parece difícil que con esa forma puedan multiplicarse para cubrir los agujeros que deja Kimmich.

¿Sacrificar a Özil por Reus?

Mesut Özil, cuya misión era crear y dirigir los ataques, decepcionó. El ingreso de Marco Reus sobre el final del partido dio aceleración al equipo, lo que llevó a muchos comentaristas alemanes a especular con su entrada al once titular en lugar del jugador del Arsenal. “Para mí, tiene un lugar garantizado de titular para el próximo partido”, dijo Matthäus. Reus, privado del Mundial 2014 y de la Eurocopa 2016 por diferentes lesiones, disputa a sus 29 años su primera Copa del Mundo, pese a que desde hace años es señalado como uno de los delanteros más talentosos de la Bundesliga.

Falta de puntería

Veintiséis tiros, sólo nueve al marco, pero a las manos de ‘Memo’ Ochoa o sin convicción. La Mannschaft apurada terminó generando situaciones de gol, pero falló en la puntería, como lo dejan claro los números.

El joven centro-delantero Timo Werner no termina de explotar en la Mannschaft, Thomas Müller, el hombre de los diez tantos en Copa del Mundo, estuvo en un segundo plano ante el Tri, y Mario Gomez, que ingresó faltando diez minutos para el final, tampoco resaltó. ¿Qué hacer? Ahí no hay muchas soluciones a la vista.

© Agence France-Presse

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Internacionales Mon, 18 Jun 2018 19:09:21 +0100 https://elfaro.net/es/201806/internacionales/22076/Löw-obligado-a-su-propia-revolución-rusa.htm
La odisea de un salvadoreño en Moscú para ver al mejor jugador del mundo http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029250.jpg https://elfaro.net/es/201806/el_salvador/22075/La-odisea-de-un-salvadoreño-en-Moscú-para-ver-al-mejor-jugador-del-mundo.htm Ver un partido de fútbol de la Copa Mundial de la FIFA puede resultar toda una aventura. Incluso cuando ya se está en Rusia. Carlos López Salamanca, un salvadoreño que vive en Inglaterra, tenía un par de entradas reservadas para el Alemania-México, pero estando en Moscú creyó que, si tenía que elegir, prefería el debut de la Argentina de Lionel Messi ante Islandia. Al final lo logró, pero no resultó sencillo. Esta es su historia. Estudiar en Inglaterra el mismo año en que el Mundial se celebra en Rusia facilitó todo. Cumplí 30 años de edad dos días antes de la inauguración, como Coutinho, y la mejor forma que se nos ocurrió para celebrarlo fue una escapada fugaz, con mi esposa la Flaca, a Moscú, capital mundial del fútbol en estas semanas.

Desde la Gran Bretaña, el único partido para el que habíamos logrado boletos era el Alemania-México. Los campeones del mundo son apuesta segura, y no veía a México desde que les ganamos 2-1 en el Estadio Cuscatlán en 2009. Pero el sábado jugaba Argentina también en Moscú. Me parecía una contradicción futbolística estar en la misma ciudad que Messi y no hacer todo lo posible para ver el partido en la cancha. Soy de los que cree que, con el permiso del mejor Ronaldinho, Messi es el mejor jugador del siglo.

Lionel Messi durante el partido Foto Wang Yuguo (Xinhua).
 
Lionel Messi durante el partido Foto Wang Yuguo (Xinhua).

Pasamos la noche conectándonos al sitio de la FIFA porque por momentos se liberaban entradas. Pero nada. ¿Era el bendito sistema el que nos engañaba o alguien tecleaba más rápido que yo? Así, el viernes nos dormimos sin las ansiadas entradas para ver la Argentina de Messi.

Sábado 16 de junio. Despertamos y vamos al ticket center de la FIFA para imprimir nuestros boletos del Alemania-México. Llegamos a las 12:15. Hay una fila de unas 150 personas y otra de unos 200. Resulta que sí vendían entradas en el centro y no sólo en línea. Hubiéramos venido temprano, pensé. El sitio web de la FIFA sigue liberando entradas en categoría 3 y categoría 1, a 420 dólares estas últimas. No tiene sentido gastar tanto, ¿o lo tiene?

Son las 12:20 del mediodía y ya estamos en la fila correcta. Hay hinchas de todos los equipos. Priman los argentinos y mexicanos. Sus equipos juegan sábado y domingo. Yo no soy argentino y quiero ganarle un boleto a los sudamericanos que no tienen. La cola avanza. Llegamos a la parte techada. Sale una chica rusa con megáfono y dice que hay entradas para varios partidos pero no para el de Argentina. Me desanimo. Pero sé que igual es una gran experiencia y veremos al campeón del mundo. A ese equipazo que hizo que cuestionen a Messi como uno de los mejores o el mejor, sólo porque Higuaín falló y Gotze no.

1:30 p.m. Estamos a cinco personas para ingresar en el ticket center y ya me perdí el partido de Francia. Faltan dos horas y media para el de Argentina. Entramos. Veo que todos los de la fila tienen su pasaporte en mano pero nosotros los dejamos en el Airbnb, guardados por ese sentido de inseguridad al que la realidad salvadoreña nos ha acostumbrado. Aprendimos que si podemos evitarlo, no nos exponemos.

Llegamos a la ventanilla y nos piden el pasaporte. ¡Primer susto! Rogamos a la chica que acepte solo el Fan ID, la identificación oficial. Hemos estado 90 minutos de cola, Francia-Australia están en el entretiempo, y no nos iremos sin nuestras entradas. La chica nos dice que no, que es prohibido. Pero luego nos dice que hay una máquina de autoservicio al otro lado, y que ahí podemos imprimirlas si tenemos la misma tarjeta con la que adquirimos los boletos. ¡Uf!

Nos vamos a la máquina y yo sigo conectado en el sitio de la FIFA porque estoy convencido de que aún hay entradas para Argentina. Llegamos a la máquina y en ese momento se ofrecen entradas en el sistema. La Flaca se encarga de imprimirlas porque yo intento nuevamente comprar y nada. El código para proceder al pago no funciona. Es la 1:50 y en poco más de dos horas arranca el partido.

Estamos en la máquina y quiero esperar a que se refresque el sitio de la FIFA antes de salir del edificio. Pienso que tendré éxito en el siguiente intento y podremos imprimir las entradas de un solo y veremos ambos partidazos. En eso, pasan dos argentinos preguntando por entradas para ver a su país. Los voluntarios FIFA les dicen que ya no hay, pero al mismo tiempo pasa una hincha rusa o islandesa o de cualquier país que no es Argentina y dice en perfecto inglés: “Yo hice la cola y acabo de pasar a ventanilla y compré un ticket para hoy. Sí hay entradas”. ¿Cómo fue posible?

Los dos argentinos son muy argentinos y ya que están adentro deciden preguntar en la ventanilla. ¿Habrán hecho fila? Creo que no, pero sugiero a la Flaca que los sigamos. Si el sitio web no me da tregua, acá sí podremos. Los argentinos están en la cola de la ventanilla 1; nosotros, en la de la 2. En la ventanilla 1 también está Daniela, una mexicana que quiere entrada para cualquier partido de su país y está en las mismas. Yo le digo en broma que si compra dos para el Argentina-Islandia se las cambio por las nuestras. ¿Sería un buen cambio? Yo estoy seguro de que lo es. Messi es mucho Messi.

Fachada del ticket center de la FIFA en Moscú, Rusia. Foto Stephanie Martinez.
 
Fachada del ticket center de la FIFA en Moscú, Rusia. Foto Stephanie Martinez.

Entra un tercer argentino. Dice que lo estafaron afuera y que sigue sin ticket. Compró a alguien dos páginas bond impresas en blanco y negro que decían que tenía derecho a dos entradas sin logo FIFA. Claramente son falsas. La pasión futbolera le jugó en contra y el estafado pecó de ingenuo. Se pone detrás de nosotros en la cola y ya son las 2:15.

Los dos argentinos insisten y reinsisten. Dicen a la rusa de la ventanilla que vieron cómo vendió entradas a otra gente. Que revise, que revise en el sistema. Insisten y siguen insistiendo. Se abren entradas en el sitio de la FIFA otra vez. Yo sigo intentando ahí porque el tipo de mi ventanilla no entiende lo que significa pasión por el fútbol y claramente no me va ayudar. El estafado pide a los dos argentinos que si les venden pidan tres. Que le hagan un favor a un compatriota. Ellos dicen que sí, que por supuesto. Yo intento en línea y no lo logro.

El sistema de entradas sigue diciendo que hay en categoría 3 y la rusa de la ventanilla se lo confirma a los dos argentinos. Ellos las compran. Yo asumo que las merecen porque ellos son argentinos, han volado desde mucho más lejos que yo y… ¿¡cómo que tienen más derecho!?

Ya son las 2:30 p.m. y los argentinos están comprando sus entradas. Les dan tres. El estafado parece feliz, pero cuando los dos amigos reciben sus tres entradas, cambian las reglas. Ahora le dicen que tienen otro amigo fuera y que lo sienten. Es la segunda estafa del día para el estafado, que parece más desanimado que nunca.

Daniela la mexicana y su esposo siguen insistiendo para cualquier entrada de cualquier partido de México; ya habían conseguido dos para ver el México-Suecia, pero siguen sin suerte para el de Alemania. Yo digo a la Flaca que esperemos hasta las 2:45 y luego nos vamos a desayunar/almorzar. El Mundial nos ha hecho sólo comer un chocolate en todo el día. La Flaca, a quien yo le digo que me conoce mejor de lo que yo me conozco, sabe que no me quiero ir y dice que esperemos porque vamos a salir con entradas. Yo le creo.

2:50 p.m. El doble estafado está desanimado y se va. Lo traicionó algún extranjero, y también lo traicionaron sus compatriotas. Pero llega otro fan a la fila, uno malencarado, cuando falta poco más de una hora para el partido y el estadio está a 40 minutos en metro. El malencarado quiere entradas. Sabe que en el sistema se abren y no le importa que Daniela, el esposo, la Flaca y yo estamos antes en la fila.

El malencarado es argentino también. Nos quiere quitar el puesto que hemos monopolizado en las dos ventanillas por más de 45 minutos.

Son las 2:56 p.m., llevamos casi tres horas acá, y el sitio de la FIFA anuncia que hay nuevas entradas disponibles para el Argentina-Islandia. ¿Por qué el propio día del partido se han liberado tantas? ¿Acaso la gente está revendiendo o la FIFA guardó para el final un último manojo? Yo sigo sin poder reservar en línea pero la chica de la ventanilla dice en un inglés masticado que logró reservar dos entradas para la Flaca. ¡¡¡Vamos a ver a Argentina!!!

El malencarado, sin embargo, las pide para él. Primero dice que llegó primero aunque sabe que es mentira. Luego dice a la Flaca que pida una más y nos las paga. Pero sólo hay dos. Su último intento es la carta patriótica. Déjennos a los argentinos ver a nuestro país, reclama. La Flaca y Daniela dicen que no. La chica de la ventanilla confirma que ha reservado las entradas. Son dos en categoría 3. La chica de la ventanilla pide nuestros Fan ID... ¡y nuestros pasaportes!

Nosotros le explicamos que no andamos el pasaporte y las razones por las que está en un maletín en un depa a 14 kilómetros de distancia. Yo sé que ella no necesita el pasaporte. El fan ID tiene el número de pasaporte. Queda una hora para el partido y queremos ver a Argentina sí o sí. Le rogamos y le enseño mi celular con la foto de los pasaportes. Los tenemos en digital ahí podes ver el número. ¡Dale! La chica accede.

El Estadio Spartak, minutos antes del juego entre Argentina e Islandia. Foto Carlos López Salamanca.
 
El Estadio Spartak, minutos antes del juego entre Argentina e Islandia. Foto Carlos López Salamanca.

El malencarado no tiene entradas y ahora está más enojado. La chica de la ventanilla accede a nuestra petición y nos muestra nuestros asientos. Accedemos y es momento de pagar. Son 210 dólares y damos nuestra tarjeta. ¡Denegada! Damos otra e igual. ¿Qué pasa con los sistemas electrónicos? El malencarado ve una nueva oportunidad. “¿Ves que no le pasa? Vendémelas a mí”, le dice a la chica de la ventanilla.

Las tarjetas no pasan pero tenemos nuestros asientos, y entonces el destino conspira. Daniela la mexicana se ofrece a pagarlas y nos las cambiará por las de México-Alemania. Sin pensarlo, le digo que sí. Ella paga. La chica de la ventanilla no entiende español y cuestiona por qué ella paga si no va a ir. Daniela y la Flaca dicen que son amigas y que están juntas. Le dan el recibo, vamos a la máquina e imprimimos. Intercambiamos entradas, les agradecemos y nos damos nuestros número de teléfono. Les deseamos suerte para el día siguiente y nos despedimos con un abrazo.

A veces pienso que ese gen cooperativo es un activo de los latinoamericanos. Me cuestiono si en nuestro lugar hubieran sido unos belgas y unos polacos. Yo tengo la impresión de que no hubiera sido igual.

Salimos del ticket center y son las 3:10. En 50 minutos juega Argentina. Corremos a la estación, tomamos metro y vamos al Spartak Stadium. Llegamos al estadio a las 3:50. Corremos al bloque 7 y buscamos la fila 24. Nos sentamos en los asientos 7 y 8. Estamos viendo al mejor del mundo, quizá al mejor de la historia. La camisola que vistió Maradona, el equipo que entrenó el gran Marcelo Bielsa aunque el fútbol no le hizo justicia en 2002. El país que saca la mejor publicidad, porque los ingleses inventaron el fútbol, pero los argentinos la pasión por el fútbol. Estamos en zona islandesa pero no importa. Veremos el canto vikingo de cerca. Son las 4:00 p.m. y empieza el Mundial para Argentina. En nuestra fila contamos fácilmente diez asientos vacíos. No entiendo cómo funciona la logística de FIFA. Minuto 10 del partido y se sienta a dos asientos nuestros el malencarado, quien nos saluda amablemente. Del estafado ninguna señal.

52 minutos después, el mejor del mundo fallará un penal, pero no importa. Estamos ahí en la tribuna, en una Copa Mundial de la FIFA viendo a Argentina, y no importa que no seamos argentinos. Se siente como una victoria y ya el resultado final es lo de menos. ¡Qué viva el fútbol!

En un sector de mayoría de islandeses tocó ver el partido de Argentina. Foto Carlos López Salamanca.
 
En un sector de mayoría de islandeses tocó ver el partido de Argentina. Foto Carlos López Salamanca.

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El Salvador Mon, 18 Jun 2018 15:20:34 +0100 https://elfaro.net/es/201806/el_salvador/22075/La-odisea-de-un-salvadoreño-en-Moscú-para-ver-al-mejor-jugador-del-mundo.htm
El nudo gordiano del acuerdo nacional http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000025898.JPG https://elfaro.net/es/201806/columnas/22074/El-nudo-gordiano-del-acuerdo-nacional.htm Es evidente que todas las fuerzas políticas y la sociedad civil coinciden en que la situación de las finanzas públicas, la educación y otros problemas estructurales deben resolverse... Nuestro país vive una doble paradoja: es ya evidente que todas las fuerzas políticas y la sociedad civil coinciden en considerar la situación de las finanzas públicas, de la educación y otros problemas estructurales como graves, que tienden a empeorar y urgen de ser resueltos. Sin embargo, también coinciden en considerar que el clima electoral del presente y próximo año es un obstáculo prácticamente insalvable para enfrentarlos. Una segunda paradoja es el consenso de todos los actores que, para resolverlo, requiere de un acuerdo nacional; pero, de nuevo, el clima electoral lo hace improbable, pues no es posible evadir estos temas en una contienda en la que las posiciones partidarias predominan sobre las posibilidades de solución. Esto genera una dinámica de enfrentamiento polarizante, enfatiza la distancia entre los actores y niega la posibilidad del consenso para un acuerdo nacional.

En otras palabras, lo que enfrentamos no solo es el problema, sino la contradicción que las elecciones presentan para su solución. Y como no podemos prescindir de las elecciones, aunque el problema sea grave y urgente, simplemente posponemos cualquier intento serio por resolverlo “hasta después de las elecciones”. Estamos en presencia de un típico nudo gordiano político que, de no resolverse, augura para la nueva legislatura y el nuevo presidente una dificultad aun mayor para lograr soluciones nacionales.

Pongo el ejemplo de la cuestión fiscal. La dinámica electoral, tal y como se nos presenta ahora, nos presenta al principal partido de oposición, Arena, a favor del diálogo y con una disposición a concertar un acuerdo sobre el tema, no solo con los partidos políticos, sino con “una amplia participación de la sociedad civil”. Pero, al mismo tiempo, repite su mantra sobre que hay que cortarle grasa al Estado pues está obeso (despido de empleados); y, aunque juega a negarlo, mantiene la intención de subirle puntos al IVA (impuesto regresivo). Es decir, quiere cargar el costo del refinanciamiento del Estado en las espaldas de los empleados públicos y de las mayorías de ciudadanos. Para estos sectores, el aumento del IVA es un golpe directo a sus bolsillos. Al promoverlo -y al hacerlo- cargarían al gobierno del FMLN con dos de las más costosas medidas en plena elección.

Por su parte, el partido en el gobierno muestra su preocupación por la situación fiscal y se declara abierto a un acuerdo nacional, sin embargo, no tiene interés en reducir la planilla, pues la aumenta cada año, y rechaza de plano el aumento del IVA, aunque ha estado dispuesto a considerarlo por recomendación de los organismos internacionales. Aunque en definitiva, el FMLN propone elevar impuestos que no sean regresivos y trata de ocultarle al pueblo que es precisamente el anárquico aumento del gasto público de los gobiernos de la posguerra una de las principales causas de la presente crisis. Con su apuesta pretende pasarle el costo a los sectores que financian al partido de oposición.

La estrategia de posponer un acuerdo nacional en materia fiscal, escudándose en el proceso electoral, es una especie de suicidio anunciado, pues los partidos están poniendo sus esperanzas de afrontar el problema en un futuro incierto. Basta asumir con seriedad la cuestión de los tiempos para darse cuenta de ello: estamos ya en el proceso electoral y a un año para el cambio de gobierno (junio 2019). Luego habrá que respetar, por lo menos, los primeros seis meses del nuevo gobierno para organizarse y prepararse para el acuerdo nacional (diciembre 2019).

Un proceso de diálogo nacional toma, al menos, un año para organizarse, discutirse y concretarse. Para encontrar soluciones a los problemas fundamentales necesitaríamos todo el 2020; y no hay que olvidar que la consolidación de este diálogo intentaría construirse en la campaña electoral de mediados del 2020, con lo cual, de seguir la lógica hoy predominante, habría que suspenderlo hasta después de las elecciones de diputados y alcaldes de 2021.

¿Qué queda entonces? El diálogo nacional se retomaría en la segunda mitad del 2021 y, si todo sale sin tropiezos, estaría culminando sus labores al fin de ese año. Así, pasaría a considerarse el tiempo que la Asamblea Legislativa necesita para redactar y aprobar la nueva legislación que nazca del acuerdo (esto si no hay cambio constitucional o recurso de inconstitucionalidad) durante la primera mitad del 2022. Finalmente, la implementación del acuerdo, sin duda, implicará cambios en la estructura del Gobierno y tomará, por lo menos, la segunda mitad de 2022. En otras palabras, sería hasta el 2023 que se empezarían a implementarse los cambios necesarios que den soluciones a los “urgentes” problemas que todos clamamos...

Este cálculo supone que todo va a desarrollarse según el plan, lo cual, en nuestro medio, no deja de ser utópico. Por ello, seamos realistas y asumamos que el proceso tomará más tiempo. En otras palabras, las soluciones “urgentes” estarían listas dentro de cinco años, cuando el próximo presidente se encuentre al final de su período. Por otra parte, este somero cálculo supone que el nuevo gobierno cuente con una mayoría en la Asamblea Legislativa que le permita pasar los cambios sin mayores problemas; pero esto ya no es posible suponerlo y la realidad es que seguirá teniendo una composición en la que ninguna fuerza política tiene la mayoría.

Planteo lo anterior no para argumentar la imposibilidad de tener un acuerdo nacional serio y sostenible, o para plantear la incompatibilidad entre un ejercicio de esta naturaleza y nuestro calendario electoral, sino para insistir en que la incompatibilidad es solo aparente. Si hay voluntad política de lograr el acuerdo, hay métodos para que un diálogo nacional no interfiera ni se vea interferido por procesos electorales.

La crisis de la fiscalidad, al igual que la del sistema de pensiones (que tiene una vinculación estructural con el primero), son problemas que, si no se corrigen con una solución estructural, seguirán ahogando nuestras posibilidades de salir del estancamiento económico que hemos vivido en las últimas décadas y continuarán siendo el caldo de cultivo para nuestra inestabilidad política y social.

Rubén Zamora (1942) en la biblioteca de su casa, en los Planes de Renderos. Zamora es un político de izquierdas que fue embajador de El Salvador en Estados Unidos y ante las Naciones Unidas. Miembro fundador del Frente Democrático Revolucionario y de Convergencia Democrática, fue parte del equipo negociador de la guerrilla para los Acuerdos de Paz. En 1994 fue candidato a la presidencia por la coalición CD-FMLN-MNR. /Foto El Faro: Víctor Peña
 
Rubén Zamora (1942) en la biblioteca de su casa, en los Planes de Renderos. Zamora es un político de izquierdas que fue embajador de El Salvador en Estados Unidos y ante las Naciones Unidas. Miembro fundador del Frente Democrático Revolucionario y de Convergencia Democrática, fue parte del equipo negociador de la guerrilla para los Acuerdos de Paz. En 1994 fue candidato a la presidencia por la coalición CD-FMLN-MNR. /Foto El Faro: Víctor Peña

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Columnas Mon, 18 Jun 2018 12:07:19 +0100 https://elfaro.net/es/201806/columnas/22074/El-nudo-gordiano-del-acuerdo-nacional.htm
El club privado desde el que se gobierna Panamá http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000029247.jpg https://elfaro.net/es/201806/centroamerica/22073/El-club-privado-desde-el-que-se-gobierna-Panamá.htm En Panamá, el poder político está fundido con el económico y se reúne en el Club Unión. Fundado en 1909, solo seis años después de la independencia de Colombia, en sus salones privados conviven, entre abrazos y recelos, los rabiblancos. Apellidos de siempre, sospechosos nuevos capitales, ministros, presidentes, comparten allí pertenencia, costumbres, negocios o complicidades. No es fácil entrar al Club Unión. Primero hay un muro flaco y arrugado de varios metros que cerca el predio. Después unas rejas, una caseta y un guardia que pone las condiciones: “¿es socio?”, “es privado”, “no, no puede entrar cualquiera”. Entonces puedes llamar, preguntar si te dejan, si por favor. Te van a decir lo mismo: socio-privado-no cualquiera. Como al socio sí le abren las puertas del Club y de los negocios que en él se hacen, tal vez quieras ser uno. Con los contactos adecuados y dos miembros que te avalen, presentas tu petición en la gerencia y empiezas el traqueteo: codearte con los miembros de la Junta de Admisión, invitarlos a fiestas, a una tarde en yate, a participar de una inversión prometedora, pedirles que convenzan a los 32 que votan y, después, esperar con paciencia a que la urna se llene y rezar para que no más de cinco saquen bolilla negra, y te impidan entrar. Sí, puede que nunca seas parte: el Club Unión no está ávido de gente porque sí. Pero, si al final te aceptan, eso es otro cuento: pones los 100.000 dólares de la membresía, luego los 180 al mes, otros 3.200 por tu acción y acatas las normas estrictas. Entonces, te dan tu carnet. Y así, como si entrases al ball room para recibir tu Oscar, te conviertes en parte del exclusivo mundo de La Gente Conocida de Panamá.

Si nada de eso funciona, queda aún un sitio en la sala de espera. Tal vez algún día un socio te convide al brunch del domingo, a una noche de pastas o a una boda: olisquearás la exclusividad de prestado. Ahí, después de saludar al guardia, atravesarás el patio delantero con su fuente y, al final, tras un pórtico amplio, serás bienvenido en la sede. Puede que te cruces con gente que porta los apellidos que impulsaron la independencia de Colombia en 1903 o de quienes apoyaron el protectorado de Estados Unidos. O con los dueños de bancos, de despachos de abogados y de aseguradoras, de casinos, de medios de comunicación y colegios, de empresas de seguridad, de puertos o —menos aristocráticos pero igual de millonarios— de casas de empeño. Y puede que también veas por allí a cualquiera de los administradores del Canal de Panamá, a la mitad del Gabinete actual y a varios miembros de gabinetes pasados, a algún expresidente y, tal vez, al presidente actual.

Ese lugar al otro lado del muro reúne a gente involucrada en demasiadas cosas que definen la vida de muchas personas. Aquí los llaman “rabiblancos” para distinguirlos, pero todos son El Poder, a secas. Esta es una forma del edén, del paraíso o del olimpo, y la llaman Club Unión.

*

Panamá es una ciudad de contrastes. En diez cuadras pasas de Singapur a Ruanda, de edificios espejados con marcas internacionales a otros que parecen ruinas después de un terremoto. Los barrios más cotizados están sobre el mar, erizados de torres de acero y cristal y moteados con casonas de planta cuadrada con foyer y palmeras perfectas: Casco Antiguo, Avenida Balboa, Punta Pacífica. El del Club, que se llama Punta Paitilla. Hasta 1957, Paitilla fue puro monte y parte de Estados Unidos, como otro tercio del país, pero cuando los gringos la devolvieron, el gobierno panameño intentó convertirla por ley en “uno de los sitios más pintorescos y atractivos de la capital”.

Paitilla ahora es una panza de tierra sobre el Pacífico en un extremo privilegiado de la bahía, un área donde los edificios compiten en altura y las avenidas explotan de árboles. Hay salones de belleza, tiendas orgánicas que venden fruta cara y nanas uniformadas que atajan a los niños cuando bajan de los buses escolares. Aunque es uno de los pocos barrios de la ciudad donde puedes caminar porque hay aceras, la mayoría de los habitantes de Paitilla se mueve en toyotas, mercedes y porsches.

El Club Unión ocupa una manzana de este rincón de Panamá donde el metro cuadrado cuesta 2.000 dólares, casi tanto como en Beijing o Buenos Aires. El edificio original del Club es de estilo moderno tropical —tejas rojas, galerías amplias—, luminoso y muy cálido, y tiene por acceso una arcada sin puerta que deja ver el lobby, la terraza y, más allá, el mar. De aquella construcción de plantación bananera idílica queda cada vez menos, pues las ampliaciones y remodelaciones —salones y spa con techos metálicos como fuselajes de avión— viraron a una estética de shopping mal, imprimiéndole al Club su actual apariencia de arquitectura de cualquier parte.

Hoy es un viernes de febrero y finalmente he entrado al Club Unión porque ser periodista de vez en cuando te abre la puerta de lugares con estricto derecho de admisión. Durante dos meses intenté sin éxito superar a los guardias de la caseta: supliqué a amigos socios que me trajeran a comer; a otros que me mostraran el lugar en un paseo; hasta me ofrecí de cronista de sociales para una revista hight class. Esta vez bastó una llamada al organizador de una fiesta para que opere el milagro.

Ni bien entras al Club entiendes su condición privilegiada en una ciudad donde el principal espacio de reunión es el centro comercial: los ambientes son amplios y están bañados por la luz de un sol suave, no hay ruido ni música a niveles de infarto y siempre, desde cualquier sitio, ves el mar. Los socios disponen de 17 salones adonde invitar de 12 a mil personas pagando a la administración una módica renta de 200 dólares u otra más sustanciosa de 13.500. Hay comedores, bares, discotecas, un gimnasio equipado con máquinas de última generación, piscina olímpica, un salón de juegos y de billar y de bingo y de lectura, canchas de squash y de básquet y de tenis bajo techo y de tenis sin techo y, aunque en Panamá aún no es un deporte estelar, hay también un campo de fútbol.

Ahora son las ocho de la noche y afuera, por el barrio de Paitilla, hay vecinos con kippah y señoras con cochecitos saliendo de las sinagogas. Aquí, dentro del Club, un decorador montó canastos con orquídeas, sillas Tiffany, unas guirnaldas de luces tenues. De fondo suena un calypso y la gente habla y ríe mientras los meseros ofrecen gin tonic y champán. El mar es una línea infinita, negra, unida al cielo. La brisa roza las palmeras volando varios centímetros por encima del suelo asfixiante que es la ciudad al otro lado del muro.

La fiesta es de una institución que dice tener ideas progresistas y fe en la ciencia. Hay costarricenses, caribeños, salvadoreños y gringos que viajaron para celebrar con sus amigos panameños; ellos visten guayaberas blancas, ellas van de cóctel. Los socios se mezclan, dan la bienvenida —en inglés— a los recién llegados y, cuando se topan con otros conocidos, se abrazan y dicen oye, qué gusto verte, preguntan qué tal está el tío Fulano o si hay planes para ir a la playa con el primo Mengano.

Si están rodeados de gente, los habitués del Club Unión son expertos en la simulación. Excepto en esas cuestiones con un consenso social indiscutido entre su clase —la corrupción de La Gente Desconocida, la intransitable ciudad durante las horas pico, el modelo económico—, no dirán en público nada comprometedor. A solas podrán contar detalles tenebrosos hasta de un hermano, pero ante otros no, porque las ofensas pueden ser duras y duraderas. Pocos soportan enemigos en el pequeño universo de La Gente Conocida.

Después de unas vueltas, doy con el anfitrión, un tipo rubio con anteojos y boina que parece un intelectual francés de los ochenta. Me saluda con afecto, presenta a varios miembros de su institución y me guía hasta una mesa. Me deja sentada entre una gringa absoluta de Houston —rubia de cara redondeada— y un panameño cincuentón también rubio y blanquísimo pero ya casi calvo. El cincuentón es D. y luce como cualquiera de los socios del Club, aunque no lo es: D. es un ambientalista de izquierda que libra batallas con algunos poderosos que pretenden alterar el curso de un río para construir un complejo inmobiliario. D. pide una cerveza, el mesero informa que no quedan, así que se pasa al vino.

—Si eres de afuera no puedes comprar cerveza, en el bar no te la darían. ¿Sabes cómo funciona?

En los comedores y bares del Club sólo pueden consumir los socios: el carnet funciona como una tarjeta de crédito con un límite de 2.000 dólares. El Club Unión no acepta efectivo. Fuera de lo que no se puede comprar, todo lo demás se disfruta: el vino que pidió D., los ceviches y las ensaladas y hasta la comida típica como el tamal, que en las fondas es un pastiche de choclo y especias y aquí es una gloria de sabor perfecto.

D. pincha con un tenedor algo de su plato, lleno a tope en el bufet. Cuenta que el suyo siempre fue un país de piratas —Henry Morgan, el más famoso— y de acopio y de intercambio de mercancías, de mercaderes y de mercantilismo. Después se convirtió en un país creado a la medida de Wall Street: una nación que es, en realidad, un gran banco. Panamá podrá ser diminuto pero fue siempre un país de paso y de arribistas, y también de gente que echó anclas y crió generaciones de los suyos. Cualquiera sea su origen, en general todos parecían tener la misma vocación de aventura y de poder.

—Al país siempre lo manejó esta gente que maneja todo y tiene todas las influencias —dice D., y llama al mesero por más vino.

—¿Qué gente?

—Esta —levanta la mano y señala con el dedo índice en derredor—. Tu sabes cómo es esta gente.

—No, no sé.

—Son los dueños. Hacen lo que quieren.

Canchas de tenis del Club Union de Panamá. La membresía cuesta 100,000 dólares. Foto: Club Unión. 
 
Canchas de tenis del Club Union de Panamá. La membresía cuesta 100,000 dólares. Foto: Club Unión. 

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El Club Unión nació el 23 de mayo de 1909, seis años después de la independencia, cuando Panamá se metía bajo la sombra omnipotente de Estados Unidos. Un grupo de comerciantes decidió que sería razonable tener un lugar donde reunirse para divertirse con sus familias y hablar de los negocios en la nueva era. La primera sede del Club estaba en un edificio del Casco Antiguo, la antigua ciudad amurallada con calles adoquinadas, mansiones, plazas y edificios de gobierno. El Casco Antiguo hoy es un atractivo turístico pero entonces albergaba a los vecinos distinguidos, aquellos a quienes, cien años después, aún llaman “rabiblancos”. La época legó el término que todavía divide a los socios del Club Unión del resto del país: rabiblancos —rabo blanco: culo blanco— eran los miembros de la supremacía política que vivían intramuros; rabiprietos —rabo negro: culo negro—, los demás —la mayoría del país—, los de afuera.

Las crónicas de la época describen al Club Unión como el “centro de luz y de alegría de la sociedad panameña”. En los hechos, fue, casi desde sus orígenes, el centro del poder absoluto. El 75 por ciento de los presidentes de Panamá salieron de la nómina del Club Unión. El primero fue Federico Boyd, un prócer de la independencia que hizo fortuna en el mundo de los negocios. Dos décadas después, asumió la presidencia su hermano Augusto. Los Boyd no fueron los únicos apellidos repetidos en las galerías del país y del Club: el padre de Roberto Francisco Chiari, Rodolfo, fue también presidente de Panamá treinta y seis años antes que el hijo.

Ese mundo de continuidad sin fisuras se interrumpió con el golpe de Omar Torrijos en 1968. Torrijos, un oficial apuesto, carismático y bebedor a tiempo completo, adquirió categoría histórica cuando recuperó el Canal para Panamá en un acuerdo con Jimmy Carter en 1977. Torrijos fue capaz de imponer presidentes extraños al Club Unión desde que asaltó el poder y hasta que murió en un accidente aéreo en 1981. No hubo sangre en el proceso, sino un pacto de poder: los militares se ocupaban de la política; los rabiblancos del Club Unión, dueños de un poder económico cada vez más vasto, de los sus negocios.

Cuando Manuel Antonio Noriega reemplazó a Torrijos como jefe del país, los socios del Club siguieron recluidos en sus negocios pero activaron conversaciones con los gringos para apurar la salida del “Man”, como decían a Noriega. El momento llegó en 1989: el 20 de diciembre los gringos invadieron Panamá, regaron tanta sangre como pólvora en el barrio El Chorrillo, se llevaron a Noriega y lo sentenciaron a cuarenta años en una muestra fenomenal de quién mandaba. La Gente Conocida del Club Unión se puso feliz y alistó sus mejores ropas para volver a dirigir la nación.

Desde entonces y por los últimos treinta años, los socios del Club se sucedieron en la presidencia y los gabinetes. Guillermo Endara, Ernesto Pérez Balladares, Mireya Moscoso, Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela: todos unionistas. El único presidente extramuros fue otro espasmo del pasado, Martín Torrijos, el hijo de Omar, pero su gobierno no fue demasiado agresivo con la vieja plutocracia del Club. Con los viejos socios otra vez a cargo, en cambio, todo fluyó mejor: volvió energizada la generosidad de los gobiernos civiles con las empresas privadas y retornó la inversión extranjera por miles de millones.

La nueva etapa tuvo como particularidad la emergencia de cierta alternancia política —del panameñismo al Partido Revolucionario Democrático (PRD), luego panameñismo y PRD de nuevo, Cambio Democrático y, desde 2014, panameñismo otra vez— , pero los códigos no se alteraron. El tráfico de influencias, el nepotismo y el soborno siguieron siendo parte de la política panameña. Y el consenso que garantiza impunidad de clase, también.

*

En el Club Unión las reglas son muchas y se respetan. Está prohibido andar con ropa deportiva por áreas no deportivas, prohibido caminar por las galerías, la piscina o la biblioteca con un trago o comida; prohibido ingresar con un gato o un perro o con alimentos y bebidas compradas al otro lado del muro. Prohibido también proferir “públicamente” en “contra del Club Unión o en su membresía en general, insultos, amenazas o injurias”.

Sin embargo, hablar mal del Club a espaldas del Club es una práctica extendida. La clave es que nadie debe ser descubierto —los veintipico de socios que entrevisté durante dos meses, de hecho, me contaron anécdotas y detalles con la condición de no ser nombrados ni grabados. Finalmente, está prohibido llevar visitas a eventos exclusivos de socios, como los Carnavales y el Festival de las Debutantes.

Hay también reglas no escritas pero seguidas a rajatabla: los rabiblancos se mueven y actúan en bloque. Por eso, con los años, a medida que el Casco Antiguo se deterioró y sus calles se llenaban del pobrerío rabiprieto con sus negocios ambulantes, los socios del Club Unión se movieron a zonas como la aristocrática Obarrio —una parcela de aceras sombreadas y casas con patios y balcones en pleno centro de la ciudad— o Paitilla. A principios del año 2000, el socio Stanley Motta —dueño de Copa Airlines, de bancos, de medios, de puertos, de aseguradoras, de centros comerciales y de barrios— convenció a otros miembros del Club —ejecutivos de multinacionales, políticos y banqueros— de mudarse en masa a Costa del Este, un antiguo basural que él mismo había hecho aplanar para construir una miríada de barrios cerrados y rascacielos mastodónticos espejados.

Otra regla no escrita: los miembros mandan a sus hijos al Balboa o a la Academia Interamericana, comandada por una socia del Club. Otra más, sellada como un pacto de sangre: los rabiblancos se casan entre ellos. Pueden experimentar con los de fuera, pero tu esposa o esposo definen mucho —la casa en la playa, el carro, los viajes, y por sobre todo, las alianzas económicas. El ritual de la endogamia entre La Gente Conocida es el Festival de las Debutantes, un evento exclusivo que, cada año de manera ininterrumpida desde 1955, sirve para presentar en sociedad de las hijas adolescentes de los socios. El Festival parece una máquina que traga niñas y escupe señoritas-listas-para-el-matrimonio, y para dejar todo en familia.

La idea de familiaridad y pertenencia es capital. Además de sus propias actividades cerradas, los socios del Club Unión pueden participar de las actividades cerradas de otros clubes iguales de cerrados. Gracias a las “reciprocidades”, con el carnet del Unión entras al gomelo El Nogal de Bogotá, al impenetrable Club de la Unión de Guayaquil, al pituco Nacional de Perú y al paquetísimo Jockey de Argentina —y a 26 más en Asia, Europa y el resto de América. Todos tienen en común ese halo de discreción: la secrecía y el silencio han de ser respetadas. Por eso casi no hay reportajes sobre ellos. Sobran, claro, fotos de los eventos realizados tras sus puertas, pero son producidas para ser publicadas en las páginas de sociales. El poder siempre intenta controlar su narrativa.

Pero pese a los descomunales esfuerzos por homogeneizar y mantener el orden, hay también diferencias. La más notorias las establecen los socios antiguos con los socios “nuevos”. Como toda institución cancerbera de alguna tradición, el Club Unión ha mantenido las formas en el tiempo, pero no ha podido impedir que la Historia trace su curso y, con ello, que se deshagan viejas fortunas y que plata nueva de nuevo rico llegue primero a Panamá y, de inmediato, a golpear sus puertas en busca de una membresía legitimadora.

En los noventa, con el boom privatizador y el aumento de la inversión extranjera, aterrizaron en el istmo negociantes que buscaban un lugar en el paraíso. Con ellos también asomó una ascendente nueva burguesía local. Como la exclusividad llega hasta donde empiezan los negocios, la élite permitió el ingreso de algunos nuevos y el Club Unión se hizo más heterogéneo en el último cuarto de siglo. Ahora, además de patricios-blancos-ricos y patricios-blancos-sin-un-centavo, hay blancos-ricos-sin-linaje. Y aunque hay una distancia insalvable entre los antiguos y los nuevos, el panorama parece bastante inmutable: la plata vieja y la planta nueva del Club Unión sigue en manos de hombres blancos, elegantes, respetuosos de los códigos.

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En Panamá, el Estado ha sido un instrumento funcional a los negocios de los clanes y la acción política una herramienta para engordar el patrimonio de los poderosos. Desde la Constitución de 1904, la élite urbana selló lealtad con una idea mercantilista, prioritaria, de la nación. El primer presidente de la República, por ejemplo, fue designado sin elección, como candidato de consenso entre los poderosos de la época. Y de las veinte elecciones realizadas en Panamá entre 1904 y 1968, doce fueron fraudulentas —digitadas por diversos grupos de poderosos—, en seis intervino la policía panameña y en cuatro, Estados Unidos.

El poder económico entendió en muchos momentos de la historia que la democracia era secundaria porque, por su propia concepción de la nación, Panamá es antes mercado que nación. Y ese mercado, por buena parte de la existencia independiente del país, fue La Zona. La Zona es la Zona del Canal, una franja de 1.432 kilómetros cuadrados que Estados Unidos dominó desde 1903, cuando empezó su construcción, hasta el último día de 1999, cuando fue devuelta en cumplimiento del tratado Torrijos-Carter.

La Zona partió Panamá en dos. Durante los años del control gringo, allí había aceras —en la ciudad no—, hospitales donde salvaban vidas —en la ciudad no—, teatros con acústica de ópera —en la ciudad no—, productos importados, buenos sueldos, una vida cómoda y fácil —no, no y no. Y había alambrados y soldados que bloqueaban el paso a los locales que no tenían permiso para entrar y un mercado tan interesante que a La Gente Conocida no le preocupó atentar contra la estabilidad que tanto apreciaba con tal de mantenerse atada a los privilegios que brotaban allí.

—La mal llamada aristocracia criolla, las clases dominantes, controlaban el poder político del país —dice P., un exministro y socio del Club que tiene una voz a la vez ronca y pícara—. Los presidentes salían del Club Unión.

P. es un viejo linajudo, de maneras campechanas que parece haberlo entendido todo: siempre sonríe. En una mañana soleada de diciembre, sentado en el bar del centro de la ciudad donde suele desayunar, P. me pregunta qué quiero, llama a la mesera y pide por favor un café con leche para la señorita si es tan amable. Entonces sigue:

—Una vez, en los ‘70, entrando yo al Club Unión, me encuentro con don Ricardo Arias Espinosa, que fue presidente de la república, y me dice: “Oye P., ¿tú conoces a ese tipo que nombraron de presidente, ese ingeniero Lakas? ¿Ese, quién es? Lakas ese apellido...”.

P. detiene el relato para reírse y luego me cuenta que contestó que sí, que conocía a Lakas de la ciudad de Colón, porque era amigo de un compadre suyo y porque él siempre frecuentó gente de fuera de su círculo.

—Y Ricardo me dice: “¡Coño, P., es la primera vez en mi vida que yo no conozco quién es el presidente de la República!”

Demetrio Basilio Lakas presidió Panamá entre 1972 y 1978 y su nombre es parte de la Historia porque quien lo llevó a la magistratura fue Omar Torrijos unos años después del golpe. Lakas fue aceptado como socio —así fuera colonense y desconocido, era un presidente—, pero para la elite panameña esa inclusión representó un símbolo de la inevitabilidad del cambio: ya nada sería como fue.

“Antes Panamá era más familiar, más agradable y humano; había intimidad”, me dijo un socio, extendiendo las fronteras de la institución al país, como si fueran idénticos. “Los militares acabaron con eso y generaron resentimiento”. Algo similar piensa otro miembro del Club que quiere preservar el viejo carácter aristocrático: “Fue la decadencia cultural”. Y la misma idea tiene Z., otro distinguidísimo del universo de La Gente Conocida que, como tantos otros que se quejan —“Yo voy y no conozco a nadie. Ya no sé ni para qué soy socio”— nunca jamás se desafiliará. ¿La razón? Según Z., sus hijos disfrutan de la piscina y de las amistades, pero en realidad nadie se autoimpodría el exilio del Club Unión como ningún noble abandonaría voluntariamente una corte imperial.

—Acá todo es para beneficiar al amigo —me dice G., un empresario que es socio del Club pero está alejado de su pensamiento único—. Por eso la importancia de Omar Torrijos en 1968: fue el único que enfrentó a la aristocracia y miró hacia otro lado. Bueno o malo, fue así.

Por eso el regreso de la democracia tras la salida de Torrijos —o de los militares o de los que hicieron que ya nada fuera lo mismo— entusiasmó a los rabiblancos, dedicados sólo a los negocios durante todo ese tiempo. Sintieron que recuperaban los espacios perdidos, y actuaron rápidamente para colocar a los suyos. Guillermo Endara, el presidente del regreso del Club al poder, en 1989, representaba a grandes empresas panameñas y extranjeras con su despacho de abogados. Su ministro de Hacienda había fundado otro bufete en sociedad con el presidente de la Corte Suprema de Justicia.

Esa hibridación entre Estado y empresa se mantiene hasta hoy. El actual ministro de Economía fue director financiero del descomunal despacho Morgan y Morgan, el más grande de Panamá, en el cual también son socios el vicecanciller y el exdirector del Registro Público, la dependencia donde se inscriben las sociedades y fundaciones que permiten esconder los bienes de millonarios del mundo. El negociador del gobierno ante la OCDE es socio de otro bufete de renombre y aparece un centenar de veces en la filtración Panamá Papers —también el vicecanciller. El ministro de la Presidencia tiene despacho propio, vinculado al caso de lavado y corrupción que involucró a la familia Kirchner en Argentina. Tras el cimbronazo de los Panamá Papers, su mismo gobierno contrató al bufete para “asesoramiento relacionado con finanzas públicas, en servicios financieros y estructuración de leyes especiales”.

Y así: mezclados, revueltos, emparentados, amigados, aliados, amigos y casados.

Ernesto Pérez Balladares, presidente entre 1994 y 1999, hizo un guiño fenomenal al Club Unión: tomó 3.200 metros cuadrados de un parque público y los donó para que la institución ponga un estacionamiento.

Y así:

Martín Torrijos, que asumió en 2004, no era socio del Club pero La Gente Conocida se garantizó un lugar en el gabinete con su segundo. Ese, el vicepresidente, fue acusado junto a un ministro de pasar una ley que liberó a amigos y parientes —uno gerente y el otro VP ejecutivo de Banitsmo, uno de los mayores bancos panameños— de pagar 400 millones de dólares en impuestos.

Y así:

Ricardo Martinelli, recién extraditado desde Estados Unidos, entró a la presidencia en 2009 siendo propietario de una cadena de supermercados con 33 sucursales: cinco años después, dejó el cargo con 46. Martinelli también acumuló causas judiciales y enemigos poderosos en el universo de La Gente Conocida: se batió a duelo por los negocios del país con Stanley Motta, a quien señalan como el dios de Malebranche que sostiene el mundo dentro y fuera del Club Unión. Recordado como políticamente incorrecto, cuando era presidente Martinelli dijo: “Me he dado cuenta de que todas las grandes fortunas de Panamá vienen del Estado”.

A diferencia de otras naciones, Panamá parece exhibir que el sector privado no coopta al Estado sino que tienen una convivencia armónica, cuando no identificación absoluta, a lo largo de la historia. El Estado asumió el rol de reproductor del capital y se puso al servicio de las fortunas y empresas líderes del país, sin conflicto aparente. Los presidentes que no son empresarios tienen vínculos directos con las familias más poderosas de Panamá. Los ejecutivos del sector privado llenan las posiciones clave de los gobiernos, facilitan negocios y, al concluir el mandato, regresan a sus asientos corporativos.

Todo eso acabó en esto: cuando el Estado reniega de su rol de regulador y nada más se asume como favorecedor de la riqueza más concentrada, se vuelve un apéndice del capital. Deja de ser Estado —y de preocuparse por las necesidades y posibilidades de la nación como conjunto— para convertirse en bróker de los grandes empresarios. Y eso es Panamá, una nación que funge de banco.

Fachada del Club Union. Tres de cada cuatro presidentes de Panamá eran socios en el momento de ser nombrados. Foto: Club Unión. 
 
Fachada del Club Union. Tres de cada cuatro presidentes de Panamá eran socios en el momento de ser nombrados. Foto: Club Unión. 

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—Los socios del Club son rabiblancos. ¿Tu sabes lo que son los rabiblancos? —pregunta C.—. Rabiblancos son los ricos de Panamá. Tienen todo y son los mandamases.

Al inicio de la tarde de un lunes de enero de 2017, C. domina la sala de su casa desde un sillón mullido. Trabajó muchos años en el Club, donde se jubiló. Vive en una ciudad satélite de la capital donde el sol es un fuego, no vuela una mosca y el aire se copa de los bocinazos de los carros atascados al regreso del trabajo.

—¿Y cómo son los rabiblancos?

—La mayoría son así —C. extiende el brazo, gira la mano como queriendo decir más o menos—. Hay muchos que son muy grotescos, se piensan que están en el tiempo de los esclavos. Los buenos son los menos.

C. es parte del cuarto de panameños que gana lo imprescindible para vivir. Después de tres décadas de trabajo continuo, su último salario apenas sobrepasó los mil dólares, en un país cuyo costo de vida es muy superior al promedio centroamericano. La mayoría de sus patrones del Club Unión ingresan 30 veces más dinero que a él. Panamá, la tierra de los puertos y las rutas que conectan al mundo, es la décima economía más desigual del mundo.

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—Ese grupo del Club Unión está muy afectado con el escándalo del Panamá Papers —dice F., historiadora y, también, socia del Club—. Ese era su negocio y lo están defendiendo a capa y espada: sector bancario, seguros, sociedades de papel. Las sociedades son plataformas jurídicas que se asemejan a las ciudades amuralladas: construyen un escudo alrededor de los beneficiarios, que de alguna manera le roban a los que quedan por fuera. Pero quieren hacer ver que esos son los negocios de Panamá.

En los años ochenta, Panamá fue un pasillo internacional para que guerrillas, espías y dictadores escondieran dinero, comprasen armas o intercambiaran información. Hay más historias que palmeras: los viajes de Pablo Escobar, el lavadero financiero de las FARC y de Moammar Gadaffi, las cajas fuertes para el dinero de la venta del arsenal soviético tras la caída del Muro.

Antes y después, Pamamá también fue un refugio para derrocados. Aquí llegó el expresidente argentino Juan Domingo Perón, en 1955, y aquí conoció en un hotel de la ciudad de Colón a su segunda esposa, una bailarina llamada Isabelita que lo sucedería como presidenta de Argentina. El expresidente de Guatemala Jorge Serrano Elías vive aquí con asilo político desde 1993 tras huir de su país acusado de un autogolpe. En la lista de exiliados políticos están también el ex dictador haitiano Raoul Cedrás, el destituido presidente ecuatoriano Abdalá Bucaram y María del Pilar Hurtado, acusada de espiar a más de 300 personas cuando dirigía el servicio de inteligencia de Álvaro Uribe en Colombia.

Aunque toda la vida la población vivió ajena al blanqueo de dinero, el tráfico de armas, las drogas y demás, cuando se publicó la monumental filtración de la firma Mossack Fonseca, el país se escandalizó. Desde entonces, el taxista, el recepcionista, el último pinche reportero de la cadena televisiva, repite el canto de guerra que aullaron los abogados millonarios y La Gente Conocida: “ataque”, “soberanía”, “bullying internacional”. Una serie infinita de negocios turbios quedó arropada bajo una conveniente cobija de chauvinismo. Cuando el poder engrana tan bien, deprime.

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A inicios de 2017, Panamá se puso en carne viva por otro escándalo internacional: Odebrecht. Si Panamá Papers hizo a los socios del Club Unión todavía más reactivos a cualquier escrutinio, los sobornos de la constructora brasileña lacraron sus labios. En Panamá, Odebrecht obtuvo contratos millonarios a lo largo de una década, un periodo que incluye las presidencias de Martín Torrijos, Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela. Sólo en la era Martinelli, pagó coimas por al menos 59 millones de dólares. Muchos temen que sus nombres acaben manchados, con razón o sin ella.

En febrero de 2017, surgió un delator inesperado: Ramón Fonseca Mora, el cofundador de Mossack Fonseca. Amigo íntimo del presidente Varela, Fonseca abrió huecos imposibles en paraísos fiscales para ocultar dinero de dictadores, políticos y narcotraficantes, desde Vladimir Putin al narco Rafael Caro Quintero. Aunque es socio y millonario —y, por lo tanto, poderoso—, la plata vieja del Club jamás vio a Ramón Fonseca Mora comouno de nosotros. “No es rabiblanco”, me dijo una socia. “Es un outsider”, me dijo otra.

Tal vez por eso, cuando la Justicia panameña lo llamó a declarar por el caso Lava Jato, Fonseca debió presentir que el poder que vive y merodea el Club le soltaba la mano. Al llegar al Ministerio Público de Ciudad de Panamá, el abogado dueño de mil secretos frenó ante los periodistas y, levantado el dedo y con el rostro desencajado, escupió: “A mí el presidente Varela, escuchen esto con atención y que me caiga un rayo si es mentira, me dijo que él había aceptado donaciones de Odebrecht”. La declaración conmocionó al universo político y a activistas, que enseguida salieron a las calles a exigir transparencia y justicia. Lava Jato promete llevarse puestos a dos expresidentes de Panamá y a Varela, el actual.

Para Fonseca, si caía él, también debían caer las firmas que abrieron sociedades para pagar los sobornos. Los diez mayores bufetes lo hicieron: todas pertenecen a socios del Club. Fonseca ya lo había avisado por Twitter: “Yo no voy a ser el chivo expiatorio”.

—Este país es de intereses —me dijo M., un político con influencias en todos los partidos y relaciones estrechas con los gringos—. Antes de meter preso a alguien ven quién eres, qué tienes y de quién eres familia para ver si puedes hacerme daño.

—Este es el país de los primos —me dijo luego un empresario socio del Club, en su oficina, rodeado de libros—. Aquí tu necesitas el know how, el know who y el how much.

Un detalle: en todas las causas abiertas en Panamá por los casos de corrupción ocurridos entre 2009 y 2014, no hay rabiblancos de pura cepa entre los presos, aunque sí dos socios del Club condenados. Y si bien hay corrupción desde siempre, las causas nacidas durante la gestión de Ricardo Martinelli son las más obvias por alevosía. Un ejemplo conocido es el caso Cobranzas del Istmo, que implicó al socio paladar negro y exministro de Economía, Alberto Vallarino, y a su colega en varias juntas directivas de bancos y actual ministro de Economía de Varela, Dulcidio de la Guardia.

La empresa Cobranzas del Istmo fue contratada por el Ministerio de Vallarino para recuperar impuestos morosos, tarea por la que cobró comisiones de 47 millones de dólares. La Fiscalía sospechó corrupción detrás de esas ganancias y comenzó a investigar a los cuatro implicados: Vallarino, De la Guardia y dos extramuros, uno contratado por Vallarino en el Ministerio, y el dueño de Cobranzas. Los cuatro negaron su participación en los sobornos y culparon a otro. Al final, los dos extramuros fueron acusados y detenidos; Vallarino y De la Guardia, eximidos de culpa y cargo. “Se les perdona lo gangsters que son”, me dijo un socio. “Rabiblanco no toca a rabiblanco”, dijo otro. Y un tercero: “No hay nada que el dinero no pueda comprar”. Los primos conservan los privilegios de siempre en el país donde el dinero es dios y el Club, un purificador de aguas turbias.

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Las horas avanzaron aquella mañana de diciembre en el bar con P., el viejo linajudo de maneras campechanas. Las calles del centro se volvieron una bulla de carros siempre a punto de chocar, puestos de comida aromática y radios evangélicas a todo dar. P. pidió otro café con leche para la señorita por favor si es tan amable.

—Esto era un pueblo —me dice luego, muerto de risa—. El que no era de su propio estatus social, tenía empleados y era amigo de los empleados y los hijos de los empleados jugaban contigo.

P. gira, voltea los ojos claros a la mesa donde están los amigos con los que desayuna casi a diario y posa la vista sobre uno de ellos, morocho con pelo abundante y la piel oscura.

—Fíjate el Monjo —dice, y lo señala—, había una diferencia abismal en el aspecto social y económico, sin embargo actuaba al lado nuestro y éramos como hermanos.

El Monjo es amigo de P. desde sus tiempos de militancia en el partido nacionalista. En los sesenta, eran jóvenes y desbocados y pretendían hacerle daño al gobierno. Una de esas noches de activismo y tragos, cuando volvían de una reunión política que terminó en festejos en un barrio popular, la policía paró a P. y al Monjo y se los llevó al cuartel. Enervado, P. cuestionó el motivo de la detención y, con todo el respeto del mundo, le dijo al sargento que estaban equivocados. El sargento respondió con una sentencia de 90 días de arresto en una celda común. La diferencia entre los amigos vino al día siguiente: a P. lo soltaron en la mañana. El Monjo quedó guardado un año.

Al poco tiempo, cuenta P., un viejo amigo de su padre se encontró en el Club Unión con el todopoderoso jefe del Ejército, Bolívar Vallarino. Vallarino era una rareza en su clase: el único ricachón que entró al Ejército, un mundo reservado en Panamá para pobres y excluidos. El tipo saludó a Vallarino con afecto, y lanzó:

—Ey, Boli, ¿cómo es eso que soltaron a P. de la cárcel?

—Bueno, ¡es que tu no has visto que P. es rabiblanco!

Y apurando un trago en el Club de siempre, del lado de adentro del muro, ambos rieron.

 

*Este texto es parte de una serie de crónicas y ensayos sobre el poder económico en Centroamérica, coordinada y editada para El Faro por el periodista y escritor Diego Fonseca.

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Centroamérica Mon, 18 Jun 2018 07:19:08 +0100 https://elfaro.net/es/201806/centroamerica/22073/El-club-privado-desde-el-que-se-gobierna-Panamá.htm
El pueblo que ama a los Brujos Víctor Peña http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop_0_0_2000_1333/images%7Ccms-image-000029234.JPG https://elfaro.net/es/201806/ef_foto/22066/El-pueblo-que-ama-a-los-Brujos.htm Brujos es campeón. El equipo ha ganado tres veces la Liga Nacional de Baloncesto, desde que esta inició en 2015. Brujos es el equipo rey del país, y tiene loco a todo un pueblo, Izalco, donde hace años era el fútbol el que hacía saltar a sus generaciones. El baloncesto llegó hace poco más de cuatro décadas a este rincón de El Salvador. Los brujos llegaron mucho antes. En la Mesoamérica prehispánica, así como algunos cultivaban, otros curaban. Eran los curanderos. Esos personajes jugaban un rol central en la cohesión social: se encargaban de garantizar la salud. Una salud que, para los mesoamericanos, era una cuestión integral: salud del cuerpo y del espíritu, bienestar. Pero numerosos relatos heredados por la tradición oral también presentan a los curanderos como seres malvados que provocaban desgracias a las personas y a los pueblos. El curandero poseía un carácter dual: sanaba, destruía. Bajo mandato de la Inquisición, durante la colonia española, todas las prácticas religiosas indígenas fueron estigmatizadas como brujería. El oficio del curandero no fue la excepción, y a partir de entonces serían llamados brujos. Izalco posee innumerables elementos identitarios. Varios eventos relevantes en la historia que influyeron en la configuración de toda la sociedad que habita El Salvador sucedieron ahí. Resalta la gran población indígena que llegó a tener y uno de los más grandes etnocidios jamás perpetrados en Latinoamérica en el pasado reciente: la masacre de indígenas en 1932. Pero, a pesar de la barbarie, Izalco sobrevivió en el imaginario colectivo de los salvadoreños por rasgos de ese período que intentó borrarse con muerte: Izalco es la tierra de los brujos. El equipo Brujos nació en 1974, cuando su fundador Roberto Artiga llevó la idea, después de jugar en San Salvador. Ese año organizaron el equipo, y se inscribieron en torneos de la ciudad de Sonsonate, cabecera del departamento. Su nombre no lo escogieron ellos, lo adoptaron a partir de cómo los nombraban los demás equipos: cuando los veían llegar a la cancha, murmuraban, medio en broma, medio en serio, "allá vienen los brujos". El equipo conservó un perfil bajo durante muchos años (no pasaba de ser un grupo de amigos que se reunía a jugar) para renacer en 2015, año en que se propuso crear la Liga Mayor de Baloncesto. No todos los jugadores del equipo son oriundos de Izalco; hay incluso un jugador estadounidense y otro cubano. El equipo, poco a poco, motivó la creación de una red comunitaria, cuyo centro eran los partidos: Brujos tiene una numerosa y fiel afición que ameniza los encuentros y se autosostiene consiguiendo financiamiento con actividades de recolección comunitaria. Los Brujos, con todo y sus espigados jugadores extranjeros, pasó a formar parte de la identidad del pueblo. Pocos de los elementos identitarios lograban unir de forma tan festiva a los izalqueños hasta la aparición del equipo. La misma población admite que el equipo les ha «devuelto la unidad», una unidad que probablemente sea la herencia de siglos de una cultura comunitaria. Un partido de Brujos es un espectáculo en este pueblo con título de ciudad. Esto es en parte gracias a La Barra Bruja. Esta barra existe desde 2016, y es liderada por Ana Zetino, secretaria de la Unidad de Salud de Nahulingo, de 55 años de edad. Ella ha sido por muchos años mayordoma de la cofradía del Niño Dios de Los Inocentes. Ahora, junto a los jóvenes del pueblo, organiza rifas y pide ayuda en las viviendas para mantener viva a la barra. La Barra Bruja ganó el reconocimiento como mejor barra otorgado por la Federación. Los niños, a día de hoy en Izalco, sueñan de nuevo con ser brujos algún día. * Con reportes de Marcela Trejo y Alexis Ventura. EF Foto Sun, 17 Jun 2018 21:32:10 +0100 https://elfaro.net/es/201806/ef_foto/22066/El-pueblo-que-ama-a-los-Brujos.htm