Palmeras reales marcan el trazo donde pasaba la calle que conectaba, en linea recta, al casco de la finca El Espino con la zona de El Salvador del Mundo, donde terminaba San Salvador. Los habitantes recuerdan que el camino estaba rodeado de grandes y antiguos árboles. Esta parcela ahora está a la par del bulevar Diego de Holguín, con el cual colinda hacia el norte.