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«Nunca me molestó que dijeran 'Ochoras Perras'»

Dice que los agregados militares en las embajadas son espías y que Roberto d´Aubuisson era el poder real durante el gobierno de Cristiani. Exembajador de El Salvador en Argentina, Perú y Honduras, el coronel Sigifredo Ochoa Pérez tampoco habla con tacto de la Asamblea Legislativa: 'De los 84 diputados solo yo y tal vez cinco más nos salvamos'. En esta conversación evoca su rebelión militar de 1983 y aquellos días de sufridos racionamientos de electricidad que, como presidente de CEL, le granjearon el apodo de 'Ochoras Perras'.


Miércoles, 24 de julio de 2013
Ricardo Vaquerano y Efren Lemus / Fotos: Mauro Arias

 

Coronel, ¿le suena la frase 'Ochoras Perras'?
El que inventó eso fue (el diputado Gerardo) LeChevallier debido al racionamiento de electricidad. Era un tipo muy ingenioso, muy acucioso, aunque teníamos posiciones diferentes, pero nos respetábamos. Con toda la situación de la destrucción de las líneas eléctricas por parte de la guerrilla del FMLN, nos veíamos obligados a hacer racionamientos y como en ese tiempo la CEL tenía todo lo que era generación, distribución, y transporte de energía, entonces vino la orden de racionar. No eran ocho horas de racionamiento, pero precisamente por mi nombre, Ochoa Pérez, LeChevallier puso 'ocho horas perras'. Mmm… son cosas que hay que agarrarlas con simpatía porque eso es parte de la política.

¿Y a usted le molestaba eso?
No, nunca me molestó lo de 'Ochoras Perras'. Aquí el que se enoja, pierde, por lo tanto, yo no agarro llave con esas cosas.

Usted también fue embajador en Argentina, pero muy poco tiempo.
Del 93 al 94, estuve menos de dos años y luego me vine porque estando ya el presidente Armando Calderón me hicieron una jugada…. Es que mire, Arena ha sido de traiciones y de puñaladas. Sin qué ni qué me estaban acusando de corrupción, de que había vendido hasta las plantas generadoras de energía. Me vine de Argentina a defenderme y salí bien. Les dije: abramos las cuentas a ver cuánto de lo que me están acusando lo tengo yo. Y todo se debió a que a todos los que éramos d´aubuissonianos nos volaron la cabeza y hubo una nueva generación que se apropió del partido y por eso me salí de Arena y nos fuimos con El Maneque (eso ocurrió entre 1996 y 1997. Fue un movimiento denominado 'maneques' crítico contra la dirección del partido a cargo entonces de Juan José Domenec), y fui diputado por Cabañas del 97 al 2000 con el PCN, pero desgraciadamente no me acoplé al PCN de Ciro Cruz Zepeda porque es otra forma de manejar el partido y no estuve de acuerdo. Regresé a Arena, y en el tiempo de Paco Flores, me enviaron de embajador para Perú en el 2001, donde me tocó ver todo ese proceso de (Alberto) Fujimori. Ahí solo estuve 11 meses y me llegó el traslado para Honduras porque el doctor Vicente Machado, que era nuestro embajador allá, había fallecido.

¿Cuándo llegó a Honduras?
En junio de 2001 presenté cartas credenciales al presidente Carlos Flores Facussée, y ahí tuvimos un primer encontrón: en agosto acusaron de espionaje al agregado militar y al secretario de la embajada. Fue mi prueba de fuego. En septiembre de ese año, cuando se celebra la fiesta patria centroamericana, después de que cada embajador izara el pabellón de su respectivo país, el presidente invita a un desayuno en el cabildo mayor y estando ahí me dice el presidente Flores Facussé: “Embajador, ¿y ya no nos va seguir espiando?” Y la respuesta mía fue espontánea: “Por supuesto que sí, presidente, especialmente la base de submarinos que tienen en La Mosquitia”. Ustedes saben que ahí no hay nada, y entonces el hombre solo hizo 'je, je, je…" y ahí terminó todo. Después estuve con el presidente Ricardo Maduro, después con Manuel Zelaya y por último con Micheletti. Vi todo el asunto de la salida de Manuel Zelaya: muchos no creían que podía haber golpe de estado.

¿Usted ya sabía que iba a haber golpe de Estado?
No sabía.

¡Pero se supone que espiaba!
Se olía en el ambiente, como cuando va a llover. Lo que menos pensábamos era que podía haber un golpe de Estado, y de lo que sí estábamos casi seguros era de que iba a haber un juicio político en el Congreso. Hace poco se han cumplido cuatro años de ese golpe de Estado y después vino mi remoción. Después de varios años de servicio en un país se estila que a uno el Estado anfitrión le da una condecoración. Informé al actual secretario general del SICA, al excanciller Martínez, de que me iban a condecorar en Honduras, y no me dijo nada. Cuando recibí la condecoración, ¡sorpresa! Al entrar a El Salvador me quitaron el pasaporte diplomático, hicieron el gran show y el presidente Funes dijo que me destituían porque no era persona de confianza. Me destituyeron y yo dije que ya no me iba a meter en absolutamente nada de política. Pero este hombre que está aquí, el ingeniero Hernández (señala a su costado a su asesor, José Hernández, un ingeniero que es sobrino del general Fidel Sánchez Hernández, presidente de El Salvador entre 1967 y 1972), fue el culpable de meterme nuevamente a la parte política. Me incorporé a la departamental de Arena en San Salvador y me nombraron director de organización y fui el responsable junto con otra gente de organizar para las elecciones legislativas y municipales de 2012 los 18 municipios de San Salvador -excepto el de San Salvador-, de reorganizar a las directivas del partido que estaban totalmente en el suelo a raíz de la derrota de la presidencial de 2009. Un día Fredy Cristiani me llamó para que fuera a su casa y me ofreció una posición en la lista de candidatos a diputados de Arena por San Salvador. Me ofreció la posición 24, y yo sabía que me la estaba ofreciendo porque en ella iba un exalcalde de Apopa y no sé por qué razón se había retirado. Él me dijo: “¿En qué posición querés ir?” Y le dije: 'Mirá, Fredy, de la uno a la 10 no me la van a dar, dame la 24'. Y dichosamente salió el fallo de la Sala sobre el voto por rostro y el fin de las listas cerradas y bloqueadas para candidatos a diputados, y luego se vino, en enero, el asunto de El Mozote, en el cual el presidente Funes dio sus opiniones contra los que nosotros consideramos héroes y de ahí vino una confrontación que terminó cuando la Sala me amparó. No sé quién aconsejó al presidente que me dieran el alta cuando yo ya estaba inscrito en el Tribunal Supremo Electoral, en la lista de candidatos. Entonces acudí al doctor Nelson García para que me representara y así fue como pedimos el amparo a la Sala de lo Constitucional, en la cual a pocos minutos de caducar el plazo -y por eso fue rápido el asunto- la Sala me amparó. ¿Por qué me estaban dando de alta si no había emergencia? Además tenía 24 años de estar retirado… además, cuando se vienen terremotos u otra emergencia, las reservas que se llaman primero son las más fresquitas. Fue una mala asesoría que le dieron al presidente, pero le reconozco que aceptó el fallo de la Sala y creo que eso debería ser para todos los diputados: que respetemos los fallos, nos gusten o no nos gusten.

¿Y diplomáticamente cómo manejó la acusación de espionaje en Honduras?
Fíjate que no tuvieron una prueba. Uno de los argumentos nuestros fue que a ningún agente diplomático se le puede meter preso y ellos esposaron incluso a los dos agregados y ese fue el reclamo. Yo creo que las Fuerzas Armadas de Honduras lo que estaban pidiendo era más presupuesto y quisieron agarrarse de esa situación, pero nunca pudieron probar; sin embargo, nosotros dentro del procedimiento diplomático lo que hicimos fue sacar inmediatamente a los oficiales para que no hubiera ningún problema.

¿Es necesario que haya espionaje, espionaje militar, por ejemplo?
Ja, ja, ja, ja… mira, eso viene desde que el hombre es hombre. El hombre espía a la mujer, la mujer espía al hombre y los Estados siempre se han espiado, el Vaticano espía a todo el mundo y los Estados Unidos espía y lo espían. El espionaje es una guerra permanente silenciosa.

¿Y El Salvador a quién espía?
No sé… yo ya estoy fuera de este asunto.

Usted ha sido diplomático en tres países y dice que no sabe…
Es que el asunto del espionaje está mal, de lo que se trata es de tener información. Uno hace y mira por ejemplo los recortes de prensa y todo lo demás, y uno está enviando esa información o debiera estar informando a su gobierno de todo lo que está pasando. Ahora, el espionaje ya es un asunto de obtener información bajo la mesa... bueno, lo han hecho así y es parte del ser humano.

Usted, en alguno de los cargos que tuvo como diplomático en tres países, ¿supo de actividades de espionaje de El Salvador?
No, mira, no tenemos un aparato afuera porque cuesta mucho. Esto lo tienen las grandes potencias porque mantener una red de espionaje te cuesta mucha plata y El Salvador no tiene plata, incluso, en veces le llega atrasado el sueldo a uno.

Hay una cosa que no entiendo, antes que Honduras hiciera esa denuncia, los gobiernos habían firmado al amparo del SICA un acuerdo de intercambio de información sobre número de hombre en armas, equipo militar, piezas de artillería, aeronaves…
Está la conferencia de Fuerzas Armadas de Centroamérica. Hay un número determinado de elementos que debe haber en fuerza aérea, en fuerza naval o en ejército, la verdad que para eso está la conferencia y para eso está el SICA. Creo que en ese caso fue un disparo de las Fuerzas Armadas hondureñas de querer obtener algo. Estaban peleando presupuesto. Y lo digo con todo respeto, cuando Honduras tiene problemas internos, busca generar conflictos con sus vecinos, especialmente con nosotros y hoy recientemente con Nicaragua cuando dijeron que iban a levantar los F5. Esas son bravuconadas que no llevan a nada.

Que diga eso no es muy diplomático.
No estoy hablando como diplomático, estoy hablando como salvadoreño y en este caso es una bravuconada decir “bueno, vamos a hacer respetar nuestros asuntos levantando los F5”. Me parece que viniendo de un ministro de defensa esas palabras se interpretan ya como algo más peligroso, cosa que lamentamos y que dichosamente, y aquí hay que reconocer al presidente Funes y al canciller, de que manejaron la situación muy bien, le bajaron presión, se reunieron en Nicaragua y señores aquí no ha pasado nada. Así es como debe manejarse.

¿Y Honduras nos espía?
Mira, siempre hay... tienen agregado militar acá, tienen embajador, y hoy con el asunto de la internet todo se sabe. Mira lo que le pasó a Edwin (Zamora). Entonces, por eso, yo creo que no hay que tener teléfonos, hay que quitarles la batería y no hablar mucho.

Está diciendo que los agregados militares son espías.
Aquí cada uno tiene su función y como alguien decía: los agregados militares en sus países son espías autorizados porque están reconocidos, así hablando claro.

¿De verdad?
Sí. Ja, ja, ja… Y tienen la misión de informar y eso es normal. Esas son las relaciones y no hay por qué asustarse, si alguien no lo hace está faltando a su deber, porque la obligación de un agregado militar es decir en sus informes 'El Salvador está preparándose para una guerra contra nosotros', esa es la parte positiva que se debe informar. 

Coronel: ¿es bueno ser militar?
La carrera militar es un sacerdocio, es igual que ser médico, que ser policía, que ser bombero. Debe gustarte y debes someterte y si no te gusta, pedí la baja. La del soldado es una vida azarosa, en la cual a veces tienes que cumplir órdenes con las que no estás de acuerdo, pero que en nombre de la disciplina te la hacen cumplir, cosa que no debe ser así; la misma ordenanza de la Fuerza Armada dice que cuando hay una orden que se ve que no se debe cumplir, se la deben dar por escrito; es más, yo desobedecí una orden porque nunca me llegó por escrito cuando estaba de comandante en la Cuarta Brigada y con lo del secuestro de la hija de Duarte. Me dijo el general Vides Casanova, ministro de Defensa: “Mira, retira las tropas que tenes allá por El Aguacate, por Arcatao”. Le dije: 'Señor ministro, hay un conducto regular para eso: deme la orden a través del jefe de Estado Mayor'. Hasta hoy no la he recibido, por lo tanto, no la cumplí.

Le preguntábamos si es bueno ser militar porque los militares se hicieron una mala fama en América Latina en el siglo pasado…
La mala fama no es de los militares, fue precisamente del poder imperial en ese tiempo que tenía a los militares en todos lados para la seguridad de los Estados Unidos. Sin los Estados Unidos no pasaba nada. Así fue, y cuando ellos quisieron cambiar, cambiaron. No es cierto que se pueda estereotipar a los militares como golpistas y todo lo demás.

A la luz de cruentas y crueles dictaduras militares en Latinoamérica en el siglo pasado y de graves violaciones a los derechos humanos, ¿no se justifica la mala fama de los militares?
Se justifica donde fue. Aquí no sucedió lo que sucedió en Argentina o en Paraguay. Nosotros en realidad fuimos una de las Fuerzas Armadas que estuvo bien cerca del pueblo... por supuesto que hoy a la Guardia Nacional y a la Policía de Hacienda les achacan un montón de cosas... pero quizás lo malo es haberlas metido en el asunto político, pero la verdad es que hoy quisiéramos tener una Guardia Nacional para poder controlar la situación. A nosotros no nos pueden meter en ese mismo huacal de lo que sucedió en Suramérica o en otros países, nosotros no fuimos como la Guardia Nacional de Somoza, una guardia pretoriana. Sí hubo golpes de Estado, pero el último golpe de Estado fue producto de… ¿y dónde se planificó? Todos lo saben: en Washington. Y como alguien dice: ¿por qué en Estados Unidos no hay golpes de Estado? Porque no hay embajada estadounidense. Los golpes se daban precisamente porque así era en aquella época la política exterior norteamericana.

Agreguémosle los escuadrones de la muerte, coronel. ¿Acaso estos no tuvieron gran parte de su origen dentro de cuerpos militares?
Creo que no… eh… ahí es donde reitero que hicieron un mal uso de algunos cuerpos de seguridad porque no fue en la Fuerza Armada, se cometieron abusos, indiscutiblemente, cosa lamentable, pero desgraciadamente cuando se llega a un conflicto interno, por eso es que los conflictos internos son tan delicados, porque es diferente de una guerra regular de un país contra otro país, en el cual el frente interno se solidifica no importa el modo de pensar: si sos comunista, si sos conservador, todo el mundo ante esa amenaza se consolida, pero en el caso de las guerras intestinas, dentro de la misma familia hay adversarios y se cometen una serie de cosas porque no hay frentes, no hay reglas, no hay retaguardia, no hay blancos... se cometen excesos como los que cometió también el FMLN, la muerte del doctor Rodríguez Porth y tanta gente que mataron. De manera que solo nos achacan a la Fuerza Armada y generalizan. No fue la Fuerza Armada, fueron algunas decisiones de los gobiernos de ese tiempo en utilizar algunas unidades para cometer excesos. Es como yo lo veo, pero yo no puedo y no acepto que se diga que es la Fuerza Armada la asesina, no es cierto. Se cometieron excesos de uno y otro lado, el asunto es que solo a los uniformados se les pegan las garrapatas.

¿Y en la doctrina militar no se les enseñaba, por ejemplo, que los militares eran como una especie superior respecto de los civiles?
No. Mirá, eso es lo que ha vendido la izquierda. De ninguna manera. Los militares somos ciudadanos uniformados, nos enseñaron sí el anticomunismo para defender la democracia, y por eso me extraña hoy ver a militares que dicen que no fueron enemigos, a menos que fueran infiltrados y que hoy están al servicio de la fórmula presidencial (del FMLN). Es un derecho porque están de baja y estamos, entre comillas, en democracia. Fijate en esto: por más que nos han atacado, ante la población civil la Fuerza Armada goza de prestigio y aceptación. Y reitero: hubo excesos, pero la doctrina era una doctrina occidental manejada desde los Estados Unidos.

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