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El Sandino desconocido

Los años de Sandino en los campos petroleros mexicanos y su relación con Farabundo Martí son algunas facetas poco conocidas de su vida. Testimonios de sus contemporáneos, datos en los archivos de la Internacional Comunista, y la correspondencia privada de presidentes de México en los archivos mexicanos arrojan nueva luz sobre muchos aspectos de la biografía y el pensamiento del revolucionario nicaragüense.

Alejandro Bendaña

 
 

Haciendo uso de entrevistas olvidadas a trabajadores mexicanos que conocieron a Sandino durante su estancia como trabajador en los campos petroleros de México entre 1923 y 1926, es decir ese período poco conocido previo al levantamiento en armas en Nicaragua, llegamos a conocer por vez primera su vida cotidiana como trabajador calificado en los campos petroleros en la zona de Tampico, sus lecturas, el momento sindical, su inicio en la masonería y su contacto con el espiritismo politizado en la zona. Los estudios de historiadores y cronistas de la industria petrolera de la época y de los pueblos petroleros por los que pasó y donde todavía se recuerda a Sandino, permiten ahondar sobre el anarcosindicalismo asimilado por Sandino como parte de la socialización obrera que impactó didáctica y filosóficamente al nicaragüense. El discurso posterior de Sandino refleja la influencia ácrata y libertaria socialista; en la acción tomó la forma de su empeño en crear cooperativas y comunas en el Norte de Nicaragua durante el último año de su vida.

Pero a partir de los mismos testimonios  y los primeros escritos de Sandino se establece que, junto a muchos trabajadores mexicanos, no comulgó con los preceptos apátridas y antinacionalistas de los socialistas "utópicos" y "científicos". En su discurso y proyecto político pesó el ejemplo de la Constitución Mexicana de 1917, las garantías laborales, el nacionalismo político, económico y cultural de cara a Estados Unidos, el anticlericalismo radical, el latinoamericanismo con resabios arielistas e hispanistas bajo la influencia clara del educador y ministro José Vasconcelos. 

Por otro lado, los archivos de la Internacional Comunista, particularmente sus expedientes sobre México y Centroamérica,  por un lado, y la correspondencia privada de los gobernantes mexicanos en los archivos mexicanos, encontramos nuevos datos sobre la controvertida relación de Sandino con la Internacional Comunista, la Liga Antiimperialista, el Partido Comunista Mexicano y Farabundo Martí.

Conocemos mejor ahora por medio de los archivos del Departamento de Estado norteamericano y de los gobernantes mexicanos lo acontecido durante el fatídico segundo viaje del entonces General Sandino a México (1929-1930) en busca de apoyo político y militar. Aquella invitación del gobierno mexicano, ya en su época anticomunista y pro norteamericana, tuvo como objetivo apoyar a EEUU en su intento de poner fin a la guerrilla sandinista y "asilar" indefinidamente a Sandino Y parte de su Estado Mayor, incluyendo a Martí, en Yucatán.

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Su formación se dio en México durante su estancia como trabajador migrante, principalmente como mecánico en la zona petrolera mexicana entre 1923 y 1926.  Ahora logramos reconstruir aquel periodo y episodios desconocidos de su vida: lo que pudo haber visto, leído, escuchado y sentido durante su primera estancia en México y su recorrido trabajando para empresas norteamericanas en la costa del Caribe, pasando por Honduras, Guatemala, y luego Mérida, Veracruz hasta llegar a los campos petroleros de la zona de Tampico, donde trabajó casi tres años.

Contamos con el testimonio de sus compañeros de trabajo y mentores, su vinculación a la masonería radical y al pensamiento anarcosindicalista, pero también nacionalista mexicano y latinoamericano, en aquel torbellino de ideas y fuerzas en pugna llamada la Revolución Mexicana, y de manera particular la fuerza didáctica del sindicalismo anarco-comunista. Sobresale la influencia de de Ricardo Flores Magón, el anarquista mexicano, y la formación didáctica ofrecida a los obreros petroleros, es decir del estamento más organizado y combativo de la clase obrera mexicana.

De los campos petroleros radicalizados de Tampico y la Huasteca Veracruzana, Sandino regresa a Nicaragua ya no con conciencia de artesano sino de la clase trabajadora con conocimientos de organización y sindicalización que guían a los mineros de San Albino quienes le siguen para formar parte del Ejército Constitucionalista Liberal en rebelión contra el régimen Conservador. El contenido ya anti-norteamericano y anti-oligárquico se expresa a partir de mayo de 1927 tras la firma de una componenda entre el Partido Liberal (José María Moncada) entre la cúpula y los interventores norteamericanos. Sale a relucir el estandarte rojinegro que trae de México y la filosofía radical contenida en el primer manifiesto político conocido como el Manifiesto de San Albino (julio de 1927). Del análisis textual del mismo se desprende la clara influencia de la Revolución Mexicana en sus aspectos culturales, nacionalistas, y sindicales.

Su ubicación filosóficamente en las difusas corrientes que Marx tildó como “socialista utópica”. Sandino estuvo más cerca de los utópicos que de los científicos, lo cual ayuda a comprender las diferencias con Farabundo Martí y el PCM. Pero vemos también que Martí tenía una dimensión esotérica con inclinaciones posibles a la masonería radicalizada, ya que ambos, por ejemplo, participaban en las convocatorias de las logias masónicas de Mérida, Yucatán, en los últimos meses de 1929, cuando se encontraban virtualmente desterrados por el gobierno mexicano.  Habían llegado juntos ese año a México, habiendo transitado por El Salvador, donde el Presidente Pio Romero Bosque mandó a recibir con altos honores a Sandino a la estación, y puso a disposición el vagón presidencial para trasladar a los nicaragüenses a la frontera con Guatemala rumbo a México. En México no recibió el apoyo esperado ni del gobierno, ni del Partido Comunista Mexicano, ahora enemistados entre sí. Cayó en una trampa cuidadosamente tejida entre el expresidente y hombre fuerte Plutarco Elías Calles y, por encargo de Washington, el Embajador Dwight Morrow, para sacar a Sandino de Nicaragua de una vez por todas y dejarlo exilado, con buena parte de su Estado Mayor, en el lejano estado de Yucatán. Tras casi un año de espera y exilio, Sandino logra escapar y regresa a Nicaragua, reorganiza sus tropas y pasa a la ofensiva militar.

La divisa de su ejército cuya divisa fue la bandera de lucha roja y negra originalmente de los ácratas libertarios europeos pero empuñada por diversas corrientes sindicales y sociales en resistencia. “Patria y Libertad” es el lema oficial, un derivado del “Tierra y Libertad” de los anarquistas pero también de Zapata. Patria para Sandino viene a ser la figura que une a los estamentos no solo nacionales sino también sociales.

Son dos conceptos separados fusionados en uno solo por Sandino para subrayar la fundamentación de uno en el otro. Para él no podía existir una verdadera patria o un verdadero patriotismo que no esté fundamentado en el estado de libertad que aplica al territorio, a la nación, a la sociedad y a la persona. Libertad e incluso patria tienen para él un cometido universal—transcienden fronteras para abrazar a todos aquellos que luchan por su libertad. Ni socialismo sin libertad, ni libertad sin socialismo.

No es el patrioterismo vacío, lírico y marcial que derivó hacia el falangismo, tampoco el nacionalismo “terruñista” que enfrenta a los pueblos centroamericanos entre sí.  Sandino incluso hace una diferenciación entre nación y nacionalidad postulando que la segunda abarcaba a todo el continente latinoamericano unido la historia, la afinidad cultura (la Raza), lingüística y, sobre todo, por la necesidad de resistir el expansionismo del capitalismo –militar, económico y cultural– de Estados Unidos. Un nuevo patriotismo muy alejado de “la patria del criollo” o de la mentalidad “ladina” gobernante incapaz de incluir a la poblaciones indígenas y afro-descendientes en su proyecto de nación. Si bien la dimensión universal y anticapitalista le acercaba a los “científicos”, no así el componente “racialista” derivado del pensamiento en boga del educador mexicano José Vasconcelos. Profesa su creencia en el amor libre predicado por los anarquistas y lo practica pero no en el sentido promiscuo sino por el amor que profesa simultáneamente a su esposa Blanca Arauz y a su amante y colaboradora militar, la salvadoreña Teresa Villatoro.

Por otra parte, Sandino llega entonces a la conclusión lógica –precursora de los movimientos de liberación nacional de la segunda mitad del siglo XX– que al menos los trabajadores y campesinos debían ser revolucionarios y patriotas a la vez, trabajando con individuos y estamentos “patriotas” en aras de los intereses genuinos y democráticos de la patria. Era la esencia de un pensamiento que ni la extrema derecha (patriotera) ni la extrema izquierda (apátrida) de aquel momento y tan enfatizado por la Internacional Comunista, la cual insistió que el Ejercito de Sandino debía de transformase en el Partido Comunista de Nicaragua y expulsar a todos los elementos pequeño-burgueses de sus filas, comenzando con el mismo Sandino si fuese necesario.

Sandino no ignoraba la dinámica de lucha de clases, ni la contienda histórica entre trabajo y capital, pero mantuvo la esperanza que el amor patrio se colocara por encima de aquellas contradicciones para desalojar a los extranjeros intervencionistas y quienes vendían la patria. En su concepción, serían las clases subalternas debían ser las primeras en defender la patria y la libertad amenazada de una parte de América. Impulsado a su vez por su propio afán de liberación social y económica.  Sandino insiste que los humildes “Sin esa orientación hacia sus verdaderos problemas, siempre serán pasto de políticos rastreros”.

Tras la expulsión de los marines, vendría la lucha política y social—pero no de la manera visualizada por la izquierda ‘científica’ sino en su versión ‘utópica’.

Sacar a las tropas norteamericanas fue el conocido cometido principal, pero de igual transcendencia fue el intento de implementar el proyecto propiamente social: crear cooperativas agrícolas y mineras en el norte del país y a lo largo del Rio Coco—esfuerzo al cual dedicó el último año de su vida tras la firma de un armisticio en febrero de 1933. Luchar por la libertad significó también luchar por democracia directa y autogestión. “Todo será en cooperativas”.

Fue asesinado en Managua en 21 de febrero de 1934 por órdenes del General Anastasio Somoza. Al día siguiente, tras informar a la Embajada norteamericana, la misma Guardia Nacional masacró a la mayoría de los integrantes de la cooperativa, en su mayor parte remanentes del Ejército sandinista. Había que matar tanto al hombre como al proyecto.

Sandino, Patria y Libertad (Ediciones Anamá, Managua, 2016)

Sandino, Patria y Libertad (Ediciones Anamá, Managua, 2016)


*Alejandro Bendaña es historiador nicaragüense. Esta entrega es resumen de su libro Sandino, Patria y Libertad (Ediciones Anamá, Managua, 2016). Editor encargado de esta entrega: Erik Ching

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