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“Los datos apuntan a la presencia de ejecuciones sumarias”

Ignacio Cano es un sociólogo y profesor de la prestigiosa Universidade do Estado do Rio de Janeiro. Ha estudiado por años el fenómeno de la violencia policial en Brasil, con especial atención a la situación en las favelas, y sus trabajos lo han convertido en un referente hemisférico sobre el estudio de los abusos policiales. El Faro le hizo llegar a Cano la información que la PNC facilitó sobre "enfrentamientos" entre fuerzas de seguridad y pandilleros, obtenida vía la solicitud de acceso a la información PNC/AUIP/452/2016, y a continuación se reproduce íntegro su análisis.

El Faro

 
 

Escena del quíntuple homicidio en el cantón Cutumyo Abajo, del municipio de Apastepeque, en el departamento de San Vicente. Cinco pandilleros muerieron en un hecho, que la Policía Nacional Civil declaró como un enfrentamiento, el 5 de febrero de 2016./ Foto El Faro: Fred Ramos

Escena del quíntuple homicidio en el cantón Cutumyo Abajo, del municipio de Apastepeque, en el departamento de San Vicente. Cinco pandilleros muerieron en un hecho, que la Policía Nacional Civil declaró como un enfrentamiento, el 5 de febrero de 2016./ Foto El Faro: Fred Ramos

Los datos revelan un panorama dramático en términos de víctimas de enfrentamientos entre agentes del Estado y pandilleros en El Salvador, dentro de un escenario que parece haberse agravado significativamente en 2016 en relación al año anterior. De hecho, el número total de muertos en estos enfrentamientos en ocho meses de 2016 (enero a agosto) ya supera las víctimas fatales de 2015.

La incidencia de muertes de civiles a manos de agentes del Estado es muy elevada, incluso en comparación con otros países con problemas parecidos. En Brasil, por ejemplo, la tasa de civiles muertos en intervenciones policiales fue de 1.5 por 100,000 habitantes en 2014. En Río de Janeiro, donde enfrentamientos armados entre policías y narcotraficantes son frecuentes, la tasa ascendió a 3.5 en el mismo año. En El Salvador, la tasa en 2015 fue de 5.0 y en 2016 (estimando el año a partir de los primeros ocho meses) subiría hasta 8.6. Y ello sin considerar que los datos de El Salvador están referidos apenas a pandilleros y no contemplan otros tipos de sospechosos, mientras que en Brasil incluyen todos los tipos de presuntos delincuentes.

Por otro lado, los datos indican no solo una alta incidencia de víctimas en los enfrentamientos entre policías, militares y pandilleros, sino que también son claros en apuntar a un uso abusivo de la fuerza letal por parte de los agentes del Estado y a la presencia de ejecuciones sumarias.

El indicador más claro en este sentido es el índice de letalidad, que divide el número de muertos por el número de heridos. En cualquier enfrentamiento armado legítimo, sea policial o militar, es esperable encontrar un mayor número de heridos que de muertos, con lo que el coeficiente debería ser siempre inferior a 1. Valores superiores a 1 son sintomáticos de uso excesivo de la fuerza y de ejecuciones sumarias. En El Salvador, el índice fue de 2.3 en 2015 y subió a 3.1 en 2016. Es decir que el abuso de la fuerza letal (y no solo la intensidad del empleo de esa fuerza) se intensificó significativamente en 2016 en relación al año anterior. Un dato ayuda a comprender mejor esta conclusión. En 2015, mientras que los pandilleros hieren a cinco policías o militares por cada policial o militar que matan en estos enfrentamientos, los agentes del Estado mataron a 2.3 pandilleros por cada uno que hirieron. Considerando que los pandilleros, presumiblemente, no intentan preservar la vida de los agentes del orden en estos enfrentamientos, el contraste entre el balance de los dos grupos muestra un claro uso abusivo de la fuerza por parte del Estado. En 2016, el desequilibrio es mayor aún, porque los pandilleros hieren a 7.5 agentes del orden por cada uno que matan, mientras que estos últimos matan a 3 pandilleros por cada uno que hieren. En otras palabras, el abuso de la fuerza de los agentes del Estado de agravó en 2016, y ello no puede ser explicado por una mayor intención homicida por parte de los pandilleros, pues el índice de letalidad de los agentes del Estado es más bajo en 2016 que en 2015.

Otro indicador revelador es el número de capturas por cada muerto en enfrentamiento. En principio se espera que haya muchas más capturas que muertes. Sin embargo, encontramos más pandilleros muertos que detenidos en 2015, especialmente en 2016, cuando el número de muertos casi dobla al de capturados.

Por último, otro indicador usado en los estudios sobre este tema es la razón entre opositores muertos y agentes del Estado muertos en enfrentamientos. Como los agentes del Estado trabajan en general en grupo, están entrenados y poseen equipamientos de protección, se espera siempre un mayor número de víctimas fatales del lado de los opositores. Sin embargo, de acuerdo con el profesor Chevigny, cuando este desequilibro supera la barrera de 10 muertes de civiles por cada muerte de un agente del orden, este índice estaría indicando un abuso del uso de la fuerza. Las cifras de El Salvador no dejan lugar a dudas: 18.8 pandilleros muertos por cada agente del Estado muerto en 2015 y 53.2 pandilleros muertos por cada agente del Estado muerto en 2016, un valor elevadísimo.

En suma, los datos son contundentes en mostrar que existe un abuso de la fuerza letal por parte de los agentes de la ley en El Salvador y que ese abuso se ha agudizado significativamente en 2016 en comparación con 2015.

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Les invitamos a leer en este enlace el reportaje 'Casi que Guardia Nacional Civil'.

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Texto Roberto Valencia / Infografía Andrea Burgos

 

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