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Diálogos gramaticales. Concordancia entre artículo y nombre

En esta entrega, Francisco se pregunta cuál es el artículo correcto que debe preceder a los nombres femeninos que empiezan con a, como agua y azúcar. Esta duda que, en teoría, parecía resolverse fácil, terminó desencadenando dudas nuevas a medida que Ana María le responde.

Ana María Nafría y Francisco Domínguez

 
 

La lingüista Ana María Nafría y el lexicógrafo Francisco Domínguez en salón de la Real Academia de la Lengua Española en La Casa de Las Academias. Foto: Fred Ramos

La lingüista Ana María Nafría y el lexicógrafo Francisco Domínguez en el salón de la Real Academia de la Lengua Española en La Casa de Las Academias. Foto: Fred Ramos

 

 

Segunda entrega

F: Ana María, tengo una duda. Sé que en el caso de algunos sustantivos femeninos que empiezan con “a”, como arma, arte, alma, azúcar, se acostumbra anteponer el artículo “el” y no “la”, como debería ser porque son nombres femeninos. Supongo que es para evitar el sonido desagradable que resulta de la secuencia de dos vocales “a” seguidas, porque suena mal decir “la alma” o “la azúcar”, aunque hay personas que así lo hacen.

AM: Mira, Francisco. En esta pregunta estás planteando dos problemas diferentes. Uno es el uso del artículo “el” ante sustantivos femeninos en singular que inician con “a” tónica, como los ejemplos que citas, a excepción de “azúcar”. Esta palabra pertenece a otro tema distinto.

F: ¿Por qué a otro tema distinto? ¿No es el mismo caso para todas?

AM: No, hay dos grandes diferencias. “Azúcar” no comienza con “a” tónica y, además, es un nombre ambiguo, es decir, que lo podemos usar como nombre masculino y, por lo tanto, lleva el artículo masculino “el” o como nombre femenino y en este caso llevaría el artículo femenino “la”, como ocurre también con otras palabras, como “el mar” o “la mar”, “el calor” o “la calor”.

F: Está bien. Entiendo este caso de los nombres ambiguos. ¿Pero qué pasa entonces con los otros ejemplos, es decir, con esas palabras que empiezan con “a” tónica? Porque yo puedo decir “el arma de guerra”, pero también “la sofisticada arma”? Quiero decir que puedo ocupar, como con los nombres ambiguos, los dos artículos: el masculino y el femenino.

AM: En esta observación tuya hay dos puntos que aclarar. El primero es que el artículo “el” se utiliza solamente ante nombres femeninos que comienzan con “a” tónica, como en el primer ejemplo, “el arma de guerra”; pero si entre este articulo y el nombre femenino hay otra palabra, o van en plural, el artículo que se utiliza es “la”, como en “la sofisticada arma” o “las armas”. El segundo punto es aclarar que este artículo “el” que se utiliza ante los nombres femeninos es un artículo femenino.

F: ¿Cómo? Eso no puede ser. ¡¿Cómo va creer que “el” va a ser un artículo femenino?! Eso es una contradicción.

AM: No. Te voy a explicar. Aunque en la lengua latina clásica no existía el artículo como clase de palabra, en la última época del latín vulgar, de donde proviene el español, se sintió la necesidad de crear artículos y los tomaron de la palabra latina femenina singular “illa”. Esta palabra, en su evolución, perdió la primera sílaba y quedó el actual femenino “la”; pero hubo una excepción ante nombres femeninos que comenzaban por vocal, para los que se prefirió conservar esa primera sílaba “ill”, que evolucionó a “el”. Pronto, los únicos nombres femeninos singulares con los que se admitía este artículo femenino “el” fueron los que comenzaban por “a” tónica.

F: Qué complicado, Ana María. Déjeme ver si le he entendido. ¿Me está diciendo que en el español actual hay un artículo masculino singular (“el”) y dos artículos femeninos singulares (“la” y “el”)? ¿Y que no es entonces que le pongamos el artículo masculino a ciertos nombres femeninos?

AM: Así es, pues provienen de palabras latinas diferentes. El artículo masculino singular viene de la palabra latina masculina “ille”, mientras que los artículos femeninos provienen, como ya te he dicho, de la palabra latina femenina “illa”.

F: Pero entonces por qué decimos “el ave”, pero “la avecita”, si es el mismo nombre femenino solo que en diminutivo. ¿No debería ser “el avecita”?

AM: Francisco, fíjate bien. ¿Cuál es la sílaba tónica de “avecita”?

F. Ah, ya entendí. Como no comienza por “a” tónica, pues la sílaba tónica es “ci”, entonces no se le aplica la norma del artículo femenino “el”.

AM: Exacto.

Sobre los autores

Hace treinta años, los caminos de Ana María Nafría y Francisco Domínguez se cruzaron gracias a las palabras. En 1986, él ingresó a la carrera de Filosofía de la Universidad Centroamericana (UCA) y recibió clases de Lingüística con ella. Su desempeño en la cátedra fue excepcional y Ana María decidió reclutarlo como instructor los cinco años siguientes y luego contratarlo como profesor. Desde entonces, mantienen un diálogo constante sobre los errores que encuentran en los textos que corrigen. Esta experiencia les dio la idea de escribir estos artículos.

Cuando a Ana María se le pregunta qué le gusta, ella responde: “Me entusiasma facilitar a mis estudiantes la comprensión de la estructura de la lengua española”. Ella estudió Filología Moderna en la Universidad de Salamanca y Filosofía Iberoamericana en la UCA, donde ha trabajado durante más de cuarenta años. Es miembro de número de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

A Francisco le gustan las novelas de Hesse y Kundera, el cine francés y la música barroca. Además de Filosofía, él estudió Lingüística en la Universidad Complutense y Lexicografía Hispánica en la Real Academia Española. Desde septiembre 2016 es becario de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

Ambos trabajan como profesores del área de lenguaje en universidades privadas. Ella en la UCA y él, desde hace diez años, en la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN). Por sus aulas han desfilado periodistas de El Faro y de otros medios del país.

El Faro presenta estos “Diálogos gramaticales”, una serie que se actualizará cada quince días.

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Ana María Nafría y Francisco Domínguez

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