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El Ágora

“Decirle a D'Aubuisson que se lavara la boca con jabón fue bien planificado”

Gerardo Le Chevallier -o Gérard Le Chevallier- estuvo en El Salvador en julio de 2008, cuando calentaba la campaña electoral. En esa ocasión tuvo una entrevista con El Faro -que se publicó el 11 de agosto de ese año- en la que hizo gala de su chispeante humor, de su agudeza y de su ironía. Cuando este martes lo sorprendió el terremoto en Haití, tenía ya varios años de estar destacado en esa nación como parte de la misión de la ONU. Le Chevallier es una de las personas desaparecidas después del cataclismo que destruyó Puerto Príncipe. El Faro publica de nuevo esta entrevista, convencido de que es una de las más recientes que concedió a la prensa salvadoreña, y de que es una breve pero buena aproximación a este personaje.

 

 
 

Gerardo Le Chevallier durante plática con El Faro.net en 2008.
 
Gerardo Le Chevallier durante plática con El Faro.net en 2008.

Se jacta no solo de su corrosiva ironía, sino de cómo en 1989, en plena campaña presidencial, sorprendió al fundador de Arena en un programa de televisión que se transmitía en vivo, al ofrecerle una pastilla de jabón para que se lavara la boca. En esta plática, Gerardo Le Chevallier -o Gérard Le Chevallier, su nombre original- repasa los pleitos del PDC de los años 80 y da un vistazo a personajes como Adolfo Rey Prendes -“quiso ser Göbbels”- o Fidel Chávez Mena -“soy fundador del fidelismo”-, y con ello esboza parte de la historia reciente del país. En esta plática -concedida hace tres semanas- recuerda cómo le ayudaba con las matemáticas en el colegio al ex canciller mexicano Jorge Castañeda, y sus años junto al hoy secretario de comunicaciones Julio Rank.

 

¿Qué lo ha traído a El Salvador de nuevo?
Estas elecciones son un parteaguas porque ambos candidatos, tanto Mauricio (Funes) como Rodrigo (Ávila) no son “apparatchick” (término de origen ruso para referirse a miembros tradicionales del aparato partidario o del gobierno) de los partidos que los proponen. Menos Mauricio, por supuesto. Entonces vine porque me invitó la UTEC a una conferencia sobre el sistema político-electoral salvadoreño. Lo que quisimos fue decirle a los candidatos que, además de mentarse la madre -lo cual es divertido- no es suficiente.

¿Y por qué se ha afeitado la cabeza?
Mira, me lo empecé cortando porque en Haití hay mucho sida, y no tenía tiempo de ir al peluquero y entonces andaba con todas las mechas paradas y decidí pasarme el trimmer para la barba y me quedó el pelo corto así y parecía cactus y entonces dije no.

Entonces para evitar el riesgo de contagio de VIH con alguna cuchilla...
Pero además, en Haití, el afeitarse la cabeza es símbolo del poder económico, político y sexual.

¿Ah, sí?
Lo cual tiene ventajas, ja, ja, ja...

Ja, ja, ja... ¿Y eso cuándo lo descubrió?
Ah, no, eso es así, eso ya lo conocía yo. Yo estuve en Haití para el Instituto Demócrata en el 95 un año y pico.

O sea que tiene pegue usted con las chicas en Haití.
Bueno, uno trata, uno trata...

¿Cuánto tiempo tiene de estar en Haití?
Cuatro años.

Se echó todo el proceso de elección de Preval.
Claro, a mí me tocó ser el jefe de la cooperación internacional para las elecciones de Preval. Entonces manejamos todos los recursos de la asistencia internacinoal, tanto humanos como financieros. Me tocó coordinar el trabajo con la OEA que hizo el dui, que era un documento formidable, de primera tecnología, como el dui de aquí, sin precedentes en Haití, era el sexto documento de identidad en los últimos 20 años. Es decir, después de cinco fracasos logramos hacer un documento que ahora se mantiene y que es lo mismo que el dui. La misma tecnología... bueno, aquí es mejor porque tienen centros y están en vivo, ¿no? Allá, obviamente, no era el plan ni teníamos capacidad de generar un sistema on line permanente como el que hay aquí, pero sí se logró hacer elecciones buenas.

¿Qué tal anda su memoria?
Yo digo que bien. Digo yo que sí... como no sé lo que se me ha olvidado, ja, ja, ja.

¿Recuerda qué hizo el 23 de enero de 1992?
23 de enero de 1992... a ver... en 1992 yo era diputado 91-94... 23 de enero...

Por deducción va a tratar de sacar algo...
Claro, hay que reconstruir, porque no me acuerdo... a menos que hubiera matado a alguien recordaría... 23 de enero... el 16 estábamos firmando los acuerdos de paz en Chapultepec y una semana después hubo aquí los eventos de recordación, cuando vino a cantar aquí “el Puma” José Luis Rodríguez, cantó el Ave María en el Salvador del Mundo... ¿fue el 23?

No sé de eso, pero sí sé que el 23 de enero usted levantó la mano para aprobar la Ley de Reconciliación Nacional.
Claro, porque se había acordado ratificar las reformas constitucionales.

Esa legislatura fue bien interesante para ustedes, los democristianos, porque se invirtió la situación de la legislatura anterior: Arena en el Ejecutivo y ustedes minoría en la Asamblea... ¿qué es lo que más recuerda de esa legislatura?
Sí, la aplanadora verde, que fue 85-88. Hubo la interina, 88-91, en la que Arena básicamente se dedicó a echar atrás al fiscal -¿te acordás?-, a Roberto Girón Flores, a detener las investigaciones de los asesinatos y todas las consecuencias del proceso de paz, pero al mismo tiempo fue una época interesante, fue una época fundacional... ¿te acuerdas de Álvaro de Soto y todo lo que fue Onusal...?

Enrique Ter Horst...
Enrique Ter Horst, a quien después me lo encontré en Haití. El Salvador es uno de los grandes éxitos de Naciones Unidas, no que lo haya hecho Naciones Unidas, como en el caso de Haití, ¡ojo!

¿Cuántos años tiene de estar metido en política, ya sea partidaria o de gobierno?
Yo nací en política.

¿Cómo?
Mi abuelo, Raúl Contreras, era un dirigente nacional y, aunque no era estrictamente censum político, él era presidente de la junta de turismo. Él es quien construyó todos los turicentros y me andaba con él en aquel tiempo de Osorio y luego de Lemus y yo fui testigo de la fundación de El Salvador moderno, de lo que fue la construcción del Seguro Social y todas esas reformas...

¿Y cuándo comenzó a hacer actividad meramente partidista, de calle...?
Yo estuve muy activo en la secundaria. En México, casualmente. Por esas cosas de la vida, Jorge Castañeda, el ex canciller mexicano, era compañero de pupitre mío en el Liceo Franco Mexicano, fuimos compañeros de pupitre cuatro años y después él sacó el bachillerato literario y yo me fui para el bachillerato científico. A la fecha seguimos siendo amigos.

¿Habrán sido la excepción y no se daban copia?
¡Cómo no, claro, y esa era la idea, ja, ja, ja!

Ja, ja, ja.
A aquél no le entraba la matemática y yo era de los mejores. Entonces el profesor me dijo: “Mirá, ¿por qué no le ayudás a Jorge”. Entonces teníamos esa relación en la que él era como el líder político y yo el líder matemático. Seguimos siendo muy amigos y entonces estuvimos en política estudiantil. Después estuve en política universitaria, en Francia; después regresé aquí en el 76 y me tocó presenciar el intento de reforma agraria de Molina y decirle a mis amigos de ese entonces “miren, esto es una bomba, esto va a explotar”. Y la gente de clase media, clase media superior, no entendía que las consecuencias del fraude a Duarte y el golpe con su contragolpe y lo que trató de hacer Molina era la última oportunidad. Molina no era tonto. Él fue el primer bachiller de la República, fue el primero en la Escuela Militar, fue el primero en la Escuela de Estado Mayor en España. Yo ni siquiera puedo decir que lo conocí, solo lo pude saludar un par de veces, pero era un hombre inteligente que vio venir lo que se venía.

¿Pero cuando usted vino en el 76 todavía no estaba metido en ningún partido?
No, pero casualmente yo conocía a Francisco Díaz, de Francia, en París. Su esposa trabajaba en la embajada. Allá nos conocimos y por circunstancias de la vida vivimos juntos aquí abajo, por Istmania. Alquilábamos una casa, yo la primera planta y él la de arriba. Entonces nos hicimos muy amigos con él y Beatriz. Él era entonces director ejecutivo de la Democracia Cristiana y a su casa llegaban Alberto Arene, Óscar Menjívar, toda esa gente. Y ahí me hice chero de todos ellos. Cuando se da el golpe del 79, pues obviamente era la oportunidad de meternos para los que queríamos contribuir. Yo trabajaba en una compañía de turismo, en consultoría hotelera, y entonces les pareció lógico nombrarme director gerente de turismo. Eso fue el 3 de marzo.

Dice que sus estudios universitarios los hizo en Francia.
En Francia. Yo estudié tres años en el Externado, saqué el bachillerato en el Liceo Franco Mexicano, después fui a Francia dos años en Nantes y tres años en París.

¿Y qué estudió?
Administración de empresas y me especialicé en mercadeo. Y una de las cosas que estudié fue mercadeo político, tuve como profesor al asesor de campaña de Mitterrand. Entonces ahí me volvió, bueno, ahí estábamos directamente en acción política universitaria.

Estudió administración de empresas, se especializó en mercadeo y, al cabo de unos tres años, después del golpe, estaba haciendo comunicaciones en el gobierno.
Bueno, desde el golpe, en el 79, yo entro en marzo a la dirección gerencia de turismo, y ahí empezamos a trabajar toda la parte política del partido. Me fui acercando, entré a la dirección nacional del partido por junio del 80. Nosotros hicimos una fiesta a los tres meses de estar en la junta. La junta demócrata cristiana entra el 9 de enero del 80 y nadie nos daba tres meses, y a los seis meses hicimos una convención en Ayagualo y ahí se renovó la dirección del partido. Yo entré como miembro del comité ejecutivo nacional. Después, por esas mismas razones y por mis estudios en mercadeo político, empecé a trabajar con Sigfrido Munés en la junta. Y a tratar de crear un mecanismo de propaganda para el gobierno, que básicamente en aquel entonces no funcionaba. Después fue Toño Díaz el secretario de información y yo estuve con él ahí en la junta. Estuvimos un año, prestado por Turismo. Después, en el 82, en el gobierno de Magaña, yo entro… ¿te acordás que había tres secretarios de información? Estaba el Choco (Luis) Lagos, el Chele (Julio) Rank y yo. Imagínate hasta dónde remontamos con el Choco Lagos y con el Chele Rank ya no digamos, éramos compañeros de adolescencia.

¿Y por qué se sentaron a diseñar un modelo de propaganda y no de comunicaciones?
Bueno, porque comunicación es neutro. Propaganda tiene un alto contenido ideológico, y aquí lo que se estaba viviendo era una guerra política. Aquí había tres modelos en franca confrontación. En aquel entonces, si tú te acuerdas, eran los modelos fascista-escuadronero, que representaba, digamos, todavía no existía como tal, no se llamaba Arena, pero que dirigía D’Aubuisson en combinación con algunos malos militares y andaban matando gente para arriba y para abajo, gente que había creado ORDEN y que tenía la costumbre de reprimir a los campesinos y a FECCAS y UTC. Con el fracaso de la opción democrática aquí se produce una polarización brutal y mucha gente como…

De hecho hubo demócratas cristianos que tomaron las armas, ¿no?, como el famoso Grupo...
Sí, el Grupo, Cáceres... Pero también hubo gente como, si no me equivoco, Salvador Sánchez Cerén, que fue vigilante de mesa para la Democracia Cristiana en el 72.

¡¿Para la Democracia Cristiana?!
¡Sí, en el 72! Muchos dirigentes del FMLN. Cuando se agota la opción democrática toman las armas. Y toman las armas no contra la Democracia Cristiana, las toman contra justamente la expresión escuadronera del gobierno oligárquico-militar, porque era más oligárquico que militar. Los militares gerenciaban la empresa por cuenta de la oligarquía, oligarquía agroexportadora. Claro, esas son palabras que ahora no tienen mucha lógica, pero eran las categorías políticas con las cuales…

¿Quiénes usufructuaban más entonces esa empresa del país? ¿Los gerentes o los accionistas?
Siempre han sido los dueños, pero al chucho le dan chance de que se robe un par de huesos, pero la dueña de la vaca era la oligarquía agroexportadora, que mantenía justamente al país en esa situación. Por eso se produce la explosión social.

 

Ya que mencionó a D’Aubuisson, ¿cuándo lo conoció?
A D’Aubuissson… ¿qué te puedo decir? Yo lo conocí cuando empezó a salir en televisión. Yo no lo conocía porque nuestras vidas no tenían mucho que ver, tal vez cuando me tuvieron en la Guardia él llegó a verme pero yo no me enteré porque me tenían encapuchado cuando me entrevistaron. A lo mejor él estuvo allí.

¿En la Guardia?
Sí, a mí me llevó la Guardia.

¿Cuándo?
En el 76.

¿Al nomás venir a El Salvador?
Perdón, en el 77.

¿Y por qué se lo llevaron?
Porque creían que yo era terrorista y no sé qué paja. Resultó que no era cierto y me soltaron, pero en ese entonces no andaban averiguando; la orden era: capturen y luego hablamos.

¿Cuánto tiempo estuvo preso?
Una semana.

¿Y qué tal la pasó ahí?
Tranquilo.

Ja, ja, ja, ¿tranquilo?
Bien portado.

¿Sin torturas?
A mí me trataron muy bien, sin duda, porque tenía familia en el gobierno. Edgardo Contreras, alias Cocorico, era en aquel entonces presidente del Banco Central o ministro de planificación, ya se me olvidó; creo que era ministro de planificación. Como yo tenía la doble nacionalidad, la embajada de Francia intervino y me zamparon al bote con otro francés. Porque éramos tres franceses que vivíamos debajo de donde vivía Chico Díaz en esa casa ahí por la Itsmania, ahí por la séptima-diez. Entonces, a diferencia de muchos otros, que los maltrataron, a mí y al otro vecino, Emmanuel, no nos hicieron nada.

Y fue tipo secuestro, ¿o cómo fue?
Nos estaban esperando unos fulanos al llegar a la casa, cuando abrí la puerta del carro me encañonaron y me llevaron.

¿Los cargos no se los dijeron?          
No, jamás. Ni hay constancia ni nada. Al salir me hicieron firmar un papel que me habían tratado bien y que no había bronca, ni modo que iba a decir que no, métanme de nuevo.

Ja, ja, ja. ¿Qué pensaba de D'Aubuisson cuando empezó a verlo en la televisión?
Mirá, yo creo que cada quién debe honrar a sus muertos, habría que escribir un libro y establecer lo que fue D'Aubuisson y qué hizo y a qué contribuyó, ciertamente tiene méritos, como los tuvo para algunos el líder del KGB, o la agencia de seguridad del Estado, la ANSESAL. Ahí su propio jefe, el coronel aquél, lo denunció en Estados Unidos, así que no tengo por qué hacerlo yo por cuenta de él. ¿Cómo se llamaba aquel que fue director de migración, el jefe de ANSESAL, cuando D'Aubuisson era el director, que lo denunció en Estados Unidos? Todo eso es público. Así que esa parte a mí no me consta, pero si su propio jefe lo dijo, debe de ser cierto.

Pero en esos días, ¿qué pensaba? Cuando ya empezaba a hablar de piricuacos,  de los sandías...
Eso de los sandías viene de Venezuela, no es invento de él. Eran acusaciones que nos hacía la derecha de Venezuela, porque allá, efectivamente el COPEI era verde... y entonces, yo creo que hay que separar lo que fue su militancia política -que fue interesante-, su capacidad de agrupar; él se lleva los archivos de ANSESAL cuando deja la dirección en el 79. Él se da cuenta de que va a haber cambios, él tiene confrontaciones con -no he leído el libro de Abdul, me imagino que ahí debe de ir-. Él sabía que con Abdul y Majano los archivos corrían peligro y se los llevó; entre otras cosas se llevó el archivo de ORDEN, que es con el cual él arma Arena, que son toda la gente que formaba parte de la militancia de ORDEN. No hay duda de que D'Aubuisson era un tipo interesante, carismático, logró apoderarse de los sueños de muchas salvadoreños de clase media y superior que lo adoran como fanáticas, y todavía hay quién se persigna enfrente de su estatua como si fuera un santo. Yo tengo mis diferencias personales.

¿Ustedes eran enemigos en la época?
Sí, él era enemigo nuestro, porque era enemigo de la democracia, por lo menos al comienzo.

¿De la Democracia Cristiana o…?
... De la democracia en general, porque es de lo que estábamos empezando a hablar. Aquí habían tres modelos, digamos el fascista escuadronero por un lado, y estaba la propuesta comunista; ni siquiera comunista, marxista-lenninista, con, originalmente, cuatro vertientes. ¿Se acuerdan? No, ustedes no porque no estaban, pero Schafik todavía está con nosotros hasta el 77, cuando gana Claramount con Toño Morales.

Gerardo Le Chevalier durante plática con El Faro.net en 2008. Foto Mauro Arias
 
Gerardo Le Chevalier durante plática con El Faro.net en 2008. Foto Mauro Arias

 

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