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Dalton para poetas jóvenes

Álvaro Rivera Larios

 
 

No pretendo hacer una apología de Roque Dalton ni proponerlo como modelo obligatorio para nadie ni utilizarlo como una rígida vara con la cual medir el valor de lo que actualmente hacen los poetas jóvenes. Pero fíjense lo que son las cosas: quien se plantea ir más allá de aquellos aspectos de la  obra de Dalton que posiblemente han envejecido mal, lo que hace es mantener viva la misma tradición que Dalton inauguró en nuestro medio literario: la tradición de criticar la cultura momificada, la poesía momificada.

Criticar a Dalton (si no se hace desde posturas reaccionarias) supone mantener viva, en nuestra tradición poética, una actitud reflexiva en torno a nuestra herencia literaria. Cada generación está en su derecho de criticar las obras de los literatos precedentes para decidir qué aceptan y qué no toman del pasado. Eso fue lo que hizo el joven Dalton.

Lo más lógico, si pretendemos ir más allá de Roque, es que analicemos con lucidez su herencia procurando no caer en los tópicos usuales y en las interpretaciones maniqueas y simplistas. Dalton tiene muchas caras y puede servir para tomar diversos caminos. Está el Dalton de “Taberna” y el Dalton de “Poemas Clandestinos”. En un mismo libro, “Taberna”, el poeta podía mostrarse hermético y coloquial. No tenía un sentido petrificado y solemne del estilo, era un poeta que modulaba su voz. Su noción del compromiso no estaba reñida ni con el oficio literario ni con la experimentación formal. Estamos ante a un autor al que no podemos escindir por medio de dicotomías simplistas y maniqueas. Podemos estar en desacuerdo con él, pero no debemos olvidar que era un autor complejo. Para ir más allá de él, los poetas jóvenes tienen que ser complejos.

Se dice que Dalton ha influido mucho y mal en la poesía de los últimos treinta años. Esta es una hipótesis que debería ponerse a prueba  por medio de una investigación sería. Dado que nosotros hemos sido lectores superficiales de Roque, lo más probable es que su influencia haya sido superficial y no compleja. Si no hemos aprovechado su herencia, en parte se debe a nuestras propias limitaciones ¿Nos ha influido mucho “Taberna”? Lo dudo. Si me lo preguntan, yo diría que el Dalton complejo ha influido menos en nuestras letras de lo que se asegura.

¿Nos influye Dalton porque seamos partidarios del compromiso político del escritor y cultivadores de la poesía social?  Para seguir su estela no basta con ser un poeta comprometido ni con llevar determinados temas a la poesía. Eso no sería suficiente para ser Daltoniano. Roque unió el compromiso y su interés por ciertos problemas a un planteamiento literario vanguardista (“Taberna y otros lugares”, “Las historias prohibidas del Pulgarcito”). El poeta que, desde su poesía, luchó por la libertad ciudadana, en algunos de sus textos también luchó por la libertad de la palabra poética. La vanguardia política y la vanguardia literaria se juntaron en él.

Se equivocan quienes consideran que el compromiso político del escritor es sinónimo de renuncia a la imaginación y al oficio literario. Dalton fue un poeta radical con oficio, un poeta radical que amaba las palabras y las cuidaba, pero su relación con el mundo del lenguaje nunca fue fetichista. Uno de los principios fundamentales de la poética de Roque era que las palabras estaban en el mundo y no ensimismadas ni encerradas en sí mismas. Consecuente con esa visión del lenguaje, Roque estimaba que el universo de un poeta era más amplio que el de su propio ombligo. Uno de los principios básicos de la poética de Roque era que el poeta, sin dejar de estar en su conciencia, estaba en el mundo.

Pero ser poetas comprometidos, atentos a lo social y cultivadores de la libertad literaria no es suficiente para seguir a Roque. Poetas de este tipo hay otros en la literatura (César Vallejo, por ejemplo).

Hay una serie de aspectos en la poesía de Dalton que no resulta fácil de imitar: lo metaliterario que sortea con habilidad la pedantería, su humor inteligente, la huida de la solemnidad y su sarcasmo suelen mezclarse con la invectiva, la ternura, el desprecio y la melancolía. No olvidemos que Dalton probó la distancia del “exilio” y que en ese sentido su palabra, sin dejar de ser local, era cosmopolita. Pero el poeta en su exilio europeo no se dejó embrujar por el aspecto exterior de lo moderno, lo asimiló en su poesía como una contradicción entre los logros de la cultura burguesa más avanzada y los límites básicos de nuestra realidad. Roque es vanguardista, pero no deja de ver a la vanguardia desde una perspectiva irónica: “Ser inferior que apenas/ ganas 55 dólares por año: / la validez de la escultura moderna/ es un asunto no resuelto...”

Roque Dalton se echó encima una carga de la cual los poetas salvadoreños posteriores sólo han tomado de forma simplista un determinado aspecto en detrimento de otros. Habrá quien subraye su compromiso político, olvidando el amor de Roque por la literatura y la experimentación formal. Habrá quien subraye su amor por la vanguardia, olvidando la crítica de Roque al lenguaje fetichizado de ciertos escritores modernos. El mundo del lenguaje y la pulsión política, lo social y lo subjetivo, mantienen una pugna dialéctica en la voz en movimiento del poeta en el mundo.

No pretendo sugerir que todo lo que Dalton escribió sea válido ni proponer al poeta como un modelo obligatorio para nadie. Pero si algunos jóvenes poetas hablan de la necesidad de superarlo, antes deben hacer un balance complejo de la obra y el pensamiento del poeta ¿Ha perdido validez su crítica del fetichismo literario? ¿Su experimentación formal ha dejado de ser un estímulo? ¿A cuál Dalton se pretende superar?

Concentrarnos en este desafío también puede ser estéril. Dalton es una influencia al lado de otras influencias, al lado de otras maneras de ver la literatura. A veces no es que estemos más allá de él; lo que pasa es que estamos en un horizonte más amplio donde el poeta sigue vivo pero ya no es la única alternativa. Dalton, por otro lado, es inimitable, aunque su aventura pueda seguir inspirando a quienes lo eligen como camino e incluso a quienes entienden la poesía de otra forma.

Lo fundamental es que los poetas actuales, valiéndose de las ventajas y estímulos propios de su época, se acerquen a sus propias voces, a esa peculiaridad que debe alimentarse para construir una imagen personal del mundo y un universo verbal propio, una voz identificable, distinguible.   

Mirar a Roque por encima del hombro sería una estupidez. Seguir a Roque dócilmente también sería otra estupidez. Con Roque lo que hay que hacer es inaugurar un diálogo más rico e inteligente. Algunas de sus visiones estratégicas merecen conservarse de forma lúcida en la memoria de las nuevas generaciones de poetas salvadoreños. Dalton habría querido que la posteridad fuese más allá de él. Por eso no hay nada malo en que los nuevos poetas lo intenten, pero han de saber que la aventura de ir más allá de Roque es complicada, dada la compleja herencia que el poeta nos dejó. Esa aventura, la de ser voces en movimiento, tendría que dar frutos concretos, poemarios donde la calidad tenga la fuerza literaria y la riqueza suficientes para colocarse al lado, o más allá, de un libro como “Taberna y otros lugares”.

 


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