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Disminuir la desigualdad

Mauricio Silva

 
 

Varias  organizaciones internacionales como el PNUD, CEPAL, y Banco Mundial, han vuelto a enfatizar recientemente la importancia de reducir la desigualdad como factor clave para lograr un mejor y más pronto desarrollo. Ha quedado demostrado que el crecimiento económico por sí solo no basta para superar el sub desarrollo; que la teoría del derrame, o sea que si el país crece todos nos beneficiamos, no funciona. Un crecimiento que no priorice  la pobreza y la desigualdad no solo no es viable en el mediano y largo plazo, sino que también produce serios problemas como des y sub empleo, crimen, corrupción, pobreza y falta de valores claves para una mejor calidad de vida. Por ello se afirma que derrotar a la pobreza y la desigualdad es el gran reto que enfrenta América Latina, que ello debe ser su prioridad política.

En la década que ahora termina, América Latina (AL) tuvo en promedio un constante y alto crecimiento económico y logró disminuir la pobreza, pero la desigualdad continúa siendo la más alta del mundo, incluso que la de África. Esta situación de la región más desigual del mundo esconde grandes diferencias al interior. El coeficiente de Gini de nuestro país, coeficiente tradicional para medir la desigualdad, lo sitúa en el grupo del medio, con el ingreso del 10% más rico 57 veces mayor que el del 10% más pobre.

Pero la desigualdad incluye varias otras dimensiones que la distribución de la riqueza. El Índice de Desarrollo Humano del PNUD mide varios de esos factores; su último informe resalta que existen factores objetivos de desigualdad como el acceso a bienes, servicios y mercados, y aspectos subjetivos como la formación de aspiraciones, la autonomía, aspiraciones de movilidad, calidad y eficacia de la representación política, acceso y calidad de los servicios por y para los grupos especiales como las mujeres y los pobres, y la capacidad redistributiva del estado.

La desigualdad importa en sí misma. Le importa a las personas porque la igualdad les permite elegir entre diferentes opciones de vida. Importa para la economía, porque afecta la calidad del crecimiento y hace más difícil la lucha contra la pobreza. Importa para la sociedad, porque una situación con mayor igualdad genera cohesión social y mayor gobernabilidad. Los más pobres sienten más su pobreza en una sociedad de mayor desigualdad. La baja accesibilidad relativa a muchos de los factores listados en el párrafo anterior, incrementa la frustración de los que menos tienen, les hace confiar menos, sentirse menos representados, ser más violentos, sentir menos apropiación de su entorno.

Estudios recientes señalan medidas concretas y efectivas para romper ese círculo vicioso de la desigualdad. El Primer Informe de Desarrollo Humano sobre Desigualdad para AL muestra que los países donde la reducción de la desigualdad es mayor y podrían ser menos vulnerables son aquellos donde han existido intervenciones en materia de políticas sociales, laborales, y educativas, así como de acceso a los mercados, para los más pobres. En esas sociedades, como Brasil, Chile y México, la redistribución está asociada a una consistente política redistributiva por parte del estado.

Todos los estudios señalan la educación, y la calidad de la educación, como factores claves para reducir la desigualdad. La inversión en educación en El Salvador es cerca de la mitad que el promedio para América Latina. La experiencia Asiática indica que un balance entre el desarrollo de la industria manufacturera y la agricultura, la inversión en educación, y una solida red de protección social son la base de su desarrollo económico. En América Latina la baja atención a la redistribución del ingreso, la desigualdad en el acceso a los servicios y la infraestructura básica, la limitada demanda domestica y la ineficiencia en la utilización del capital humano, son factores producto de la inequidad social, que han impedido su acelerado crecimiento económico.

Al hablar de desarrollo, las lecciones claves son que debemos poner énfasis en el desarrollo económico con igualdad, de no hacerlo así, el costo de corregir las consecuencias de ese desarrollo desequilibrado, será mucho mayor que el costo de prevenir el incremento de la desigualdad. 

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