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¿Hacia dónde nos lleva la crisis?

Luis Fernando Valero

 
 

Mauricio Silva ha escrito en El Faro: “Varias organizaciones internacionales como el PNUD, CEPAL y Banco Mundial, han vuelto a enfatizar recientemente la importancia de reducir la desigualdad como factor clave para lograr un mejor y más pronto desarrollo”.

Pero hay que preguntarse si realmente la actual crisis, derivada de lo que se ha dado en llamar sociedad de mercado, está realmente ayudando a disminuir las desigualdades, porque con sociedades muy desiguales es difícil que siga avanzando la democracia.

El Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Católica de Portugal, en su XVIII encuentro en Estoril, ha analizado esta cuestión y varios expertos han afirmado que la economía de mercado tiene futuro, porque no hay otra opción actualmente a este sistema. Debe preguntarse si esta sociedad de mercado requiere, urgentemente, un ajuste para evitar que no sea un polo de desequilibrios, como está sucediendo.

Todos los analistas comparan esta crisis con la del crack de 1929, pero entonces había otro sistema que oponer al capitalismo, que era el comunismo. Ahora no. La tensión de contrarios y los enfrentamientos entre ambos sistemas servían de acicate y de balance, hoy no hay tal situación.

Ya sabemos lo que ha pasado con el comunismo, colapsó en 1989 y los dos países que siguen aferrados a ese sistema están en la absoluta ruina como Cuba y Corea del Norte. Otros países comunistas que fueron faro del comunismo como China o el Vietnam, que derrotó a Estados Unidos, han optado por un sistema mixto de mercado y en China ya se observa cómo están naciendo como hongos los nuevos millonarios mientras millones y millones de chinos viven en la más absoluta pobreza.

En Iberoamérica ha nacido el movimiento del Socialismo Bolivariano del Siglo XXI, fuertemente inspirado en la experiencia cubana y viendo su desarrollo no parece que ese sistema sea capaz, con datos objetivos, de romper las desigualdades.

Se podrá jugar con las palabras y señalar, como ha apuntado algún dirigente de esa línea, que ellos creen en una economía con mercado y no en una economía de mercado. Como señala un anuncio televisivo para quien tiene la sartén con el mango y el mango también, los demás pueden aceptar que el cocodrilo sea un animal de compañía, pero la verdad del día a día desmiente la dulzura del cocodrilo.

El Estado de Bienestar es un invento europeo que ha funcionado relativamente bien, pero la crisis está cuestionando su existencia y para poder salir de la crisis se están rebajando, cortando, suprimiendo derechos sociales que se han logrado después de años de trabajo y esfuerzo social: Educación, sanidad, trabajo, derechos de desempleo, meses de maternidad, ayuda a los dependientes están siendo liquidados para paliar los déficit de los presupuestos que los mercados exigen para que siga funcionando la economía.

Posiblemente se logrará equilibrar los presupuestos pero tengo serias dudas de si las sociedades serán igualmente equilibradas  pues ya se está volviendo a instalar sociedades desiguales. Las instituciones dedicadas a la ayuda social como Onegés solidarias están observando cómo la clientela que va a sus centros no es la clásica de los últimos años, sino personas que se ven obligadas a pedir solidaridad pues se han quedado sin trabajo, y habiendo tenido un nivel de vida aceptable, ahora no tienen para ofrecer a sus hijos comida todos los días, ni vestidos, ni medicinas, etc.

Los centros de poder se han desplazado antes la Unión Europea y los Estados Unidos eran los centros hegemónicos ahora observamos cómo ese centro se ha desplazado hacia Asia, siendo China e India  en primer lugar y otros países de la zona como Corea del Sur, Singapur los que están marcando el paso.

Concretamente China es ahora el segundo país más rico del mundo y ella junto con los otros tiene condiciones objetivas que son inapelables, miles de millones de kilómetros, millones y millones de personas para que su riqueza se convierta en hegemónica.

Tienen un problema: que esa riqueza está montada sobre salarios y jornadas de trabajo que en otros países dejaron de considerarse justos y no son ejemplo de igualdad, sino de desigualdad.

La sociedad de mercado ha optado por deslocalizar las empresas de la Unión Europea y Estados Unidos y llevarlas a esos países pero… si en ellos sus trabajadores, y en la sociedad global nada puede ya ocultarse, comienzan un periodo de reivindicaciones el modelo será inasumible y si en la UE y EE.UU. siguen aumentando el paro por la deslocalización mucho nos tememos que el mundo será cada vez más desigual.

Nadie duda de que en estos momentos China sea un gigante pero es un gigante con pies de barro, como lo fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, a la caída del comunismo.

Todos debemos asumir que hacen falta grandes cambios y grandes sacrificios para salir del atolladero de la crisis. Es necesario un cambio de valores que eduque en una nueva concepción de estar en el mundo, desarrollo sostenible, abandonar la cultura especulativa, crear nuevos modelos de economía real y una nueva cultura política, pero estos  cambios no da la impresión, en estos momentos, que los políticos estén dispuestos a hacerlos pues sus costes electorales no parece que sean asumibles.

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