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El Ágora

"Nadie debería morirse sin haber escuchado a Beethoven y a Pink Floyd"

La primera vez que puso pie en una iglesia evangélica fue vistiendo un desenfadado look de hippie setentero. Era un joven de 17 años, con pantalones acampanados y cabello largo, que salió arrepentido de aquella primera visita a un templo donde se sintió extraño en medio de gente que cantaba cánticos que no entendía. Único evangélico en una familia de tradición católica, Mario Vega es ahora, a sus 52 años, el pastor general de una de las iglesias con mayor congregación en el país, la Elim. Es, como algunos de sus colegas más “exitosos” en el mundo evangélico, un líder que recibe saludos y sonrisas por donde pasa; pero eso sí, a él lo diferencia algo: su popularidad, advierte él mismo, no va acompañada de lujosos relojes, ostentosos templos o vehículos último modelo. “Uno debe predicar la sencillez”, dice este religioso que, no por serlo, se abstiene de expresar su gusto por la controvertida literatura de José Saramago o, por qué no, recomendar música de Pink Floyd.

Edith Portillo, Sergio Arauz y Bernat Camps / Fotos: Bernat Camps

 
 

Ha llegado más que puntual a la cita. Mientras da inicio esta plática, en la cafetería de un hotel, dos personas se le han acercado para darle un efusivo saludo. “Por ahí me dijeron que aquí estaba mi pastor, así que lo vine a saludar”, le dice un joven. De vestir sencillo y con un reloj Casio de brazalete plástico, es imposible no hacerle notar de entrada el contraste con otros conocidos líderes religiosos del país.

Pastor Mario Vega. Foto Archivo El Faro
 
Pastor Mario Vega. Foto Archivo El Faro

Ve: usted no es de los pastores que usan Rolex.
Je, je, je. No, ¿Por qué? ¿Qué quería saber del reloj?

¿Por qué no es de los pastores que prefieren usar, no sé, un reloj más llamativo? O elegante, digamos.
Bueno, lo que sucede es que yo creo que Jesús es la figura central del evangelio, y él es un modelo de vida, de valores y, obviamente, él no hubiera utilizado un Rolex hoy en día, quizás ni siquiera usara este Casio como el que ando yo. Entonces creo que ese es el modelo que nosotros debemos seguir y los pastores que utilizan un reloj así muy caro, me imagino que lo hacen porque es su manera de posicionarse socialmente, es un símbolo de estatus, de poder, que son elementos que considero que no son compatibles con el evangelio.

¿Por qué cree usted que un pastor ve la necesidad de posicionarse socialmente?
Porque está más preocupado de lo que puedan pensar de él que lo que Dios pueda pensar de él. Le preocupa más la opinión social que la opinión divina y yo creo que la fidelidad y el deber tiene que ser ante Dios y no ante las opiniones humanas.

Usted dice que la preocupación no debería ser ante la opinión humana sino ante la opinión de Dios. ¿Cómo debería ser la opinión? ¿Cuál es la opinión esa a la que se refiere que debería ser el modo ideal del pastor, el modo ideal del hombre seguidor de Dios?
Debe ser de una posición de servicio. A veces se considera que el ser pastor es como una posición de haber llegado a la cumbre y que, por lo tanto, la persona tiene que servirse, por lo menos se entiende que tiene derecho a ser servido por los demás, pero yo lo veo a la inversa, que el pastor debe ser quien sirve a todas las demás personas. Entonces es llegar a la posición de servicio y eso es lo que Jesús mismo dijo, que él había venido para servir y no para ser servido. Entonces por eso yo considero que es incompatible cuando se persigue condiciones de poder o de grandeza o posiciones que serían contrastantes con el entorno en el cual uno vive; porque si yo uso un reloj muy caro, yo me estoy alejando de la gente a la cual quiero servir. Creo que tengo que buscar fuentes que me unan con ellos y siempre estar cerca en lugar de irme distanciando y subiéndome a una nube.

Pero hay pastores que utilizan Rolex y que tienen congregaciones igualmente muy numerosas y populosas. ¿Cómo es que aparentemente ellos no se distancian de la feligresía?
Yo creo que sí están my distanciados de su feligresía. Probablemente sean inaccesibles, me imagino, pues solamente llegan en su vehículo a predicar y de ahí se retiran, no hay un mayor contacto con las personas, supongo. No tengo la constancia de eso, pero yo igual me preguntaría cómo pueden establecer un nexo de comunidad teniendo elementos que los distancian tanto.

¿Cómo es un día habitual de un pastor evangélico?
Bueno, cada día es diferente, pero creo que es una vida centrada en dos aspectos: uno es en mi familia; llevo a mi hijo a la universidad, lo voy a recoger...

¿Cuántos años tiene su hijo?
Mi hijo tiene 20 años, está en su primer año de universidad. Pero luego, en la otra parte, es la vida de la iglesia, que incluye no solamente el aspecto de la predicación, sino que poder atender a las personas, escucharles. El problema es que la iglesia es tan numerosa que es algo que no se puede hacer con todos como uno quisiera, pero al menos aquellos casos que son más difíciles son los que trato personalmente. Entonces ahí es donde se establece ese vínculo.

Una especie de consultorio.
Sí, todos los días siempre hay por lo menos una persona, y también es un tiempo generoso porque sus problemas no son simples, requieren que se les brinde atención. Incluso a veces voy a la iglesia y no tengo que predicar, pero siempre hay personas que atender, entonces eso es una parte, la de tratar de estar cerca de las personas.

¿Usted desde hace cuánto es pastor?
Llevo 30 años ya, desde el año 1980.

¿Y tenía cuántos años?
22 años en ese momento.

¿Cómo comenzó a ser pastor y tan joven además?
La verdad es que no me di cuenta de que estaba joven, hasta después es que uno valora esas cosas. Pero sí estaba joven. Todo fue ahí... estoy hablando de los años 80s, acababa de terminar la década de los 70s, entonces el evangelio no era en esa época lo que es ahora. En los 70s solo el 3% de la población manifestaba ser evangélica, entonces la situación era más difícil y suponía hasta cierto punto una ruptura social con la familia misma. Entonces era más como una lucha por la sobrevivencia y había algún fervor para conocer el evangelio. Dentro de este fervor es que comienzo en Santa Ana, yo soy de San Salvador pero soy enviado a la ciudad de Santa Ana para comenzar a predicar, para iniciar una iglesia allá.

¿Siempre con Elim?
Sí, ya era con Elim.

¿Pero llegó porque alguien lo contactó o su familia se congregaba ya en Elim?
No, de mi familia yo era el único evangélico, mi familia es católica por tradición.

¿Y cómo fue eso? Entonces fue un golpe para su familia.
Correcto, lo que decía hace un momento, fue una ruptura. Ellos no lo esperaban y en cierta forma fue un desaliento para ellos porque tenían muchos planes para mi futuro, sobre todo mi carrera, mis estudios. Ellos habían hecho lo mejor que podían para darme la mejor educación y también hicieron esfuerzos conmigo que no hicieron con mis hermanos. Tengo una hermana y un hermano. Creo que quizás lo hicieron porque consideraban que podía aprovechar estas oportunidades. Entonces se esforzaron por darme una educación buena, y se ponía como un vuelco el hecho de que yo decidiera dedicarme al ministerio y dejar de lado la carrera universitaria. Para ellos era como echar a perder todo ese esfuerzo educativo que habían hecho en mí, porque el concepto que había en esa época era que el evangélico era gente tonta. Yo mismo incluso tenía esa idea, para mí los evangélicos eran personas a las cuales habían engañado y así era la iglesia evangélica en los 70s, era predominantemente obrera, campesina. Mi concepto era que eran personas de poca educación y era cierto. Esas ideas también tenían mis padres, por eso fue una decepción para ellos, pero no se opusieron, sino que ellos respetaron la decisión que yo estaba tomando.

¿Cómo es entonces que llega? ¿Cómo se acerca a la iglesia evangélica cuando antes incluso pensaba que era algo tonto?
Lo que sucede es que comenzó con una crisis existencial, yo tenía 16 años. Entonces ocurrió que, bueno desde niño yo, desde que tengo memoria yo era un niño enfermo, siempre tuve problemas de salud y recuerdo todas las semanas estar con el médico, estar en una clínica. Eso me hizo ser una persona introvertida, volcada a los libros, a la lectura, a la investigación. Pero luego, a los 15 años, yo tuve como un despertamiento, se me vino la idea de que yo me estaba perdiendo de la vida. Entonces, prácticamente, decidí de una manera premeditada comenzar a vivir. Entonces fue que me introduje con una clase de amigos que no era la mejor. Con ellos conocí el uso de las drogas, de la vida de fiestas, de tomar licor, fue como un remolino que yo no pude manejar. Llegó un momento en que yo estaba totalmente atrapado dentro de esto, yo no lo sabía hasta el momento en que traté de salir y me di cuenta de que ya no podía hacerlo. Yo no sé cómo hubiera llegado a una resolución o si hubiera tenido una resolución.

Ahí fue entonces que se hizo evangélico...
Lo que sucedió fue que la salida fue precisamente el evangelio y todo comenzó porque yo había tenido una formación católica. Desde kínder hasta la universidad yo siempre estudié en instituciones católicas. Entonces yo tenía una formación religiosa y un día apareció en la casa un folleto evangélico, que lo único que tenía era de esos versículos de la Biblia y en una página decía los diez mandamientos y yo me los podía de memoria porque me los habían enseñado desde kínder, pero cuando los leí, vi que era diferente. Y como yo tenía el concepto de que los evangélicos eran personas engañadas, yo dije "esta es la forma como los evangélicos engañan". En la casa había como tres biblias católicas y yo las fui a buscar porque yo estaba seguro de que lo que decía en ese papel, que yo sabía que era evangélico, era diferente a lo que dice la Biblia. Mi sorpresa fue que en las tres biblias católicas decía tal y como estaba en el papel. Ahí me alcanzó a mí la gran duda, realmente quién era el que estaba mintiendo. Porque entonces lo que me habían enseñado no era lo que realmente decía la Biblia, la Biblia católica. Ahí es donde comenzó como la inquietud y que luego se va a resolver en una conversión que se da en enero del año 75.

Pastor Mario Vega. Foto Archivo El Faro
 
Pastor Mario Vega. Foto Archivo El Faro

¿Pero cómo fue la primera vez que usted puso un pie en una iglesia evangélica? ¿Cómo es que se animó a ir?
Esto fue el 19 de enero de 1975, en una experiencia totalmente extraña. Yo nunca había estado en una iglesia evangélica y estando ahí incluso podría decir me arrepentí de haber ido, porque me pregunté “¿Qué estoy haciendo acá?”. Yo tenía un primo con el que de niños fuimos muy unidos y él de repente desapareció. Cuando él reaparece, aparecía como evangélico, pero yo ya tenía esas inquietudes anteriormente. Cuando él me dijo que era evangélico, y era mi primo con quien yo tenía confianza, encontré que yo podía preguntarle cualquier cosa, pero a medida que él me respondía me llamaba más y más la atención. Entonces yo fui realmente por una curiosidad. Yo fui el que le pedí ir, que si no había ningún problema porque yo tenía la idea de que las iglesias evangélicas eran como algo cerrado, que solo los que eran miembros podían entrar, y yo creía que se necesitaba una especie de permiso. Entonces yo le pregunté si podía ir, y él me dijo que sí, que las puertas estaban abiertas y prácticamente yo fui quien me invité, así es como llegué.

¿A qué iglesia fue?
A una muy pequeña en Soyapango, que se llama La Peña de Horeb, que todavía existe. La mayor parte de miembros ahí son obreros y llegaba también mucha gente del interior del país, campesinos. Pues ahí es donde por primera vez asisto a una iglesia, pero no tomé una decisión ese día, sino que fue hasta el siguiente domingo que fue ya el 26 de enero.

¿Por qué dice que se arrepintió de esa primera vez?
Porque me sentía totalmente fuera de ambiente. Yo no sabía qué hacer, estar rodeado de gente cantando. Ellos sabían muy bien lo que estaban haciendo. Yo utilizaba el pelo largo también y un niño que era uno de los hijos del pastor, llegó y me haló la ropa, entonces lo volteé a ver y él me dijo: “Señor, ¿y usted es hombre o es mujer?”, me dijo. Entonces me molestó la pregunta y le dije: “Yo soy hombre”. “¿Entonces por qué tiene el pelo largo?”, me dijo. Me imagino que él se había criado todo el tiempo en la casa del pastor y él no sabía cómo era afuera, el mundo. Entonces yo a explicarle iba por qué utilizaba el pelo largo, cuando había alguien que oyó y le dijo: “Niño, deje de molestar”. Y lo mandó por allá. Y después, con esa pena, me comencé a sentir como que estaba en un mundo que no era el mío, y definitivamente no lo era...

Era una época del pelo largo y jeans acampanados...
Sí, eso yo lo viví. La música, la manera de pensar, el uso de la droga, todo eso sí lo tenía. Cualquiera que me veía podía pensar eso. Lo bonito fue que yo continué siempre con mis estudios. Nunca los abandoné, nunca tuve problemas con mis notas, aunque mi vida no estaba centrada en eso. Así es como se produce la conversión.

Y hoy que usted lidera una iglesia, ¿no cree que ese tipo de cosas, ese tipo de protocolos tan rígidos hasta en la vestimenta, lo que hacen es justamente alejar a posibles adeptos?
La Biblia dice que es vergonsoso para el hombre dejarse crecer el cabello. En cuanto a la vestimenta... pues creo que es un tema de modestia, sencillez. Uno no puede hablar de la sencillez del evangelio si uno viste de manera exótica o extravagante, es como una contradicción, pero eso es como señalar aspectos externos, lo que realmente más importa son las actitudes del corazón.

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