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Las promesas del día de Reyes

Sigfrido Reyes, diputado del FMLN, asumió la presidencia de la Asamblea y, en un discurso con tono de triunfo electoral, prometió mayor transparencia y apertura de la gestión legislativa. Las acciones las encabezará él mismo, retomando el protagonismo que, según él, el cargo debería de tener.

Rodrigo Baires Quezada

 
 

El nuevo presidente de la Asamblea Legislativa, Sifrido Reyes, en su discurso de toma de posesión
 
El nuevo presidente de la Asamblea Legislativa, Sifrido Reyes, en su discurso de toma de posesión

“Sí, protesto”, dijo Sigfrido Reyes, sonrió satisfecho y se convirtió en el primer diputado de izquierda en ser el presidente de la Asamblea Legislativa. El Frente pactó su llegada a la presidencia 15 meses atrás, durante un madrugón dado junto al PCN y Gana. A las 10:30 de la mañana, como si fuera un recuerdo de aquella sesión plenaria de la madrugada del 1 de noviembre de 2009, el efemelenista caminó junto a Guillermo Gallegos, de Gana, Ciro Cruz Zepeda y Francisco Merino, del PCN, encabezando a los diputados que ingresaban al Salón Azul para la sesión solemne en que sería juramentado.

En sus palabras, asumir el cargo era parte de la transición política del país. Reyes ocupó la frase en cuanta entrevista dio durante los últimos días. “Hoy ha llegado el momento del Órgano Legislativo. Esto lo enmarco en el proceso global de transición política del país que arrancó con los Acuerdos de paz, pero que no se da de manera automática”, dijo en una entrevista con El Faro publicada este domingo. Y lo repitió este martes al dirigirse al pleno para comparar su llegada a la presidencia de la Asamblea con la de Mauricio Funes a la presidencia de la República y la de los nuevos magistrados en la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia.

Como si su llegada al puesto hubiera sido más producto del destino que del cambio de aritmética en el pleno tras el cisma de parlamentarios de Arena, el diputado efemelenista insistió en que el histórico paso era parte del proceso de transición democrática del país, que era un reconocimiento de la clase política a la mayoría que votó por los diputados del FMLN y una muestra de que “en política, al contrario de lo que algunos proclaman, la palabra empeñada sí tiene valor y los compromisos se honran”.

El lunes por la mañana, sin embargo, no pensaban así sus compañeros de fracción. En los pasillos de la Asamblea Legislativa se rumoraba una conspiración para que el FMLN no asumiera la presidencia, una réplica de otros intentos fallidos. “Dicen que no hay copias oficiales del protocolo de entendimiento de noviembre de 2009”, dijo una asistente de comunicaciones de Arena. “No hay protocolo, no hay copias de vídeos ni audios de nada de eso. Te dejo el dato, por si te interesa”, secreteó al oído de un periodista. De secreto no había nada. Eran las 11 de la mañana y todos los periodistas corrían detrás de la misma información.

“Resulta de que no hay absolutamente ningún testimonio documental que pruebe que Sigfrido Reyes fue juramentado (…) no está la juramentación en la cinta magnetofónica de la Asamblea, no está en los vídeos de la Asamblea y la Asamblea filma todo...”, acusó Roberto Lorenzana, diputado del FMLN y vicepresidente de la Asamblea, en una entrevista con Canal 33. Incluso, los medios cuestionaron a Marcos Rodríguez, subsecretario de Transparencia, sobre la pérdida de los registros. Al final, el secreto todo el mundo lo sabía.

En la Asamblea Legislativa, las cosas se manejan así: todo, absolutamente todo, es un secreto a voces. A fuerza de rumor, secreto y el uso del “off the record” se conoce los pactos por los nombres de los funcionarios de segundo nivel, las negociaciones para reformar leyes o la aprobación con dispensa de trámites de nuevas normativas. ¿No es raro manejar todo por debajo de la mesa? “No”, dicen los diputados. “Es parte del juego de la política, de las bilaterales entre partidos… es como se maneja la política en todas partes.”

Así se manejan las contrataciones de centenares de empleados de los diferentes partidos políticos en la Asamblea Legislativa, las cuentas de gastos de bebidas alcohólicas y comida para recepciones y cocteles, y la asignación de plazas a asesores que, según denuncian los mismos empleados, solo llegan a cobrar cada mes. Así, en esos pactos oscuros que el nuevo presidente promete erradicar, se pactó el traspaso de mando de la presidencia de manos de Ciro Cruz Zepeda a Sigfrido Reyes, a la 1:15 de la mañana del 1 de noviembre de 2009.

Los perdedores de esa noche fueron los únicos que saltaron, Arena y PDC. Donato Vaquerano, diputado de Arena, resumió todo como “un gran chanchullo”. El madrugón legislativo incluyó el nacimiento de una nueva bancada, la Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana), y un nuevo “protocolo de entendimiento” para integrar la directiva de la institución, pactado por el PCN, FMLN y Gana. En ese documento, Sigfrido Reyes se aseguró de que este 1 de febrero sería presidente de la Asamblea.

Cosa extraña, el lunes nadie encontraba el acuerdo número 825 de la junta directiva en que se pactó el traspaso de mando. Lo denunciaron diputados del FMLN y miraron hacia la derecha parlamentaria. Y desde la derecha devolvían la mirada hacia las curules efemelenistas. “¿Y no será que ellos (los del Frente) quisieron perderlo? Todo el mundo sabe que entre ellos hay algunos que no están de acuerdo con que él (Reyes) sea el nuevo presidente”, me dijo un diputado de Arena, en medio de una risa irónica.

Pero este martes, ya nadie hablaba de conspiraciones. Dejar al FMLN sin la presidencia implicaba quedar mal ante todos los medios de comunicación y cientos de invitados especiales –incluyendo al presidente de la República, su gabinete y el cuerpo diplomático- que habían sido citados a las 9:30 de la mañana de este día. Igual, era cancelar el servicio de banquetes del hotel Intercontinental, que desde las 7:30 de la mañana se había desplegado por los jardines exteriores del Salón Azul.

Si la llegada del FMLN a la presidencia estuvo en peligro, Sigfrido Reyes nunca lo denunció públicamente. Él se desayunó con agenda llena: ofrenda de flores en la tumba de monseñor Óscar Arnulfo Romero al amanecer, entrevista en un canal de televisión y otra ofrenda en el cementerio de los ilustres, al pie de la tumba de Schafik Hándal, el líder histórico del Partido Comunista y del FMLN.

Quizás el único riesgo de toda la ceremonia era que el presidente de la República Mauricio Funes, que en ese momento daba un discurso en un acto de la Policía Nacional Civil (PNC), llegara tarde. Y el riesgo se tradujo en un retraso. Funes llegó media hora tarde. Al final, aunque sin él no podía empezar la ceremonia, su tardanza importaba poco. Este era el día de Sigfrido Reyes y, con demora presidencial y todo, entró al Salón Azul a las 10:30 de la mañana, protestó en el cargo 27 minutos después, y dijo palabras que, en comparación con la lista de mejoras físicas al complejo legislativo enumeradas por su antecesor, tenía el tono de un discurso de triunfo electoral.

Reyes de nuevo habló de transición política hacia la democracia –aplausos de los asistentes-; rindió tributo a Farabundo Martí, Schafik Hándal y Roque Dalton –más aplausos-; aseguró que lideraría el Órgano Legislativo para que vuelva a tener un verdadero peso como mediador de grandes acuerdos de país –aplausos generales-; e incluso tuvo espacio para elogiar a Ciro Cruz Zepeda por sus “habilidades para gestar acuerdos y facilitar la gobernabilidad del país”. Esto solo arrancó aplausos del mismo Reyes y de la bancada del PCN.

No podía terminar sus palabras sin comprometerse a incrementar la transparencia de la gestión administrativa de la Asamblea, elevar la calidad de los debates públicos y la eficacia y legitimidad de las decisiones que en el parlamento se toman. En sus palabras, la Asamblea Legislativa tendría una “política de puertas abiertas” a partir de la entrada en vigor de la nueva Ley de Acceso a la Información Pública, que hasta ahora es poco más que incertidumbre. Incluso, adelantó que podría tomar medidas transitorias para ello. Aplausos generales. Fin de la sesión plenaria.

El resto era puro lobby. Sigfrido Reyes salió por la alfombra roja a repartir saludos, a intercambiar palabras y posar para las fotos. Quizás los únicos en robarle cámara fueron el mismo Funes, que daba declaraciones a los medios en el parqueo del  parlamento; y Antonio Saca, uno de los invitados al acto, quien hablaba de que las buenas cifras obtenidas en encuestas de opinión no significaban necesariamente que la gente quisiera que él volviera a la vida política partidaria.

A la izquierda de Reyes, la mayoría de invitados se dirigió al coctel con música en vivo que se daba en su honor. Ahí había un ejército de meseros listo a servir gaseosas, vino tinto, vino blanco, whisky escocés Johnny Walker y vodka francés Grey Goose. ¿Y de comer? Los chefs habían preparado bandejas de quesos y jamones variados, sushi de cangrejo y atún con masago, brochetas de pescado en jugo de limón, pierna de cerdo y pierna de res. Las mesas estaban adornadas con 40 arreglos de crisantemos, cartuchos, hierberas y rosas de diferentes colores, que apresuradamente colocaban empleados de la floristería Celiflor.

¿Cuánto costó todo esto? Nadie supo decirlo. Ni Sigfrido Reyes supo dar un monto de cuánto costó el acto. Cuando los medios de comunicación pusieron a prueba la pregonada política de puertas abiertas de la nueva presidencia, al cierre de su primera conferencia de prensa oficial, Reyes pidió tiempo para empaparse de los datos necesarios, hablar con sus compañeros de Junta Directiva y poder hacer transparente algunos casos puntuales. En la mente de los periodistas estaban las centenares de nuevas plazas autorizadas por Ciro Cruz Zepeda para 2011, las contrataciones directas de los partidos políticos y los gastos administrativos del parlamento, incluyendo el cóctel en su honor que se desarrollaba afuera del Salón Azul. “No sé cuánto cuesta (la recepción). Voy a tenerlo claro cuando se tenga la cuenta final, porque depende de la cantidad de personas que se atiende… Pero yo creo que no será una cantidad que afecte las finanzas del Estado”, dijo Reyes y, sin más preguntas, se marchó.

Un empleado pone a punto el lugar donde los diputados y los invitados especiales se dieron un banquete para celebrar la asunción de Reyes a la presidencia de la Asamblea.
 
Un empleado pone a punto el lugar donde los diputados y los invitados especiales se dieron un banquete para celebrar la asunción de Reyes a la presidencia de la Asamblea.


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