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El Ágora

“Todos tenemos un amigo al que le decimos ‘El negro’, ¿o no?”

Justo en la mitad del año proclamado por las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Afrodescendencia, dos antropólogas y un historiador presentaron una investigación sobre nuestra descendencia afromericana acogida por la Academia Salvadoreña de la Historia en ocasión del Bicentenario del Primer Grito de Independencia. En esta entrevista entramos al contenido y algunos hallazgos de esta investigación.

 

María Luz Nóchez / Fotos de archivo y de José Carlos Reyes

 
 

En nuestra historia se ha contado muy poco sobre las raíces africanas en El Salvador: relatos someros sobre Sonsonate como sede del comercio de esclavos y la posterior expulsión de negros durante el Martinato con el afán de “purificar la raza”, son los que puede encontrar con cierta facilidad algún curioso. Sin embargo, hay tres investigadores que han logrado completar varios relatos más que nos ponen frente a una herencia invisibilizada en los textos e ignorada por voluntad propia, según afirman la costarricense Rina Cáceres y la mexicana María Elisa Velásquez, y el salvadoreño Carlos Loucel. Los tres se han especializado a nivel de postgrado con el interés particular por trabajar el tema de las aportaciones de los africanos y afrodescendientes en la construcción de nuestras sociedades.

Cachiporrista de Quezaltepeque durante fiestas patronales de San Salvador. Foto El Faro
 
Cachiporrista de Quezaltepeque durante fiestas patronales de San Salvador. Foto El Faro

¿Por qué se vuelve interesante hablar sobre este tema en El Salvador si no vemos muchas personas de raza negra en la calle?    

Carlos Loucel: Lo que pasa es que con tantos años y siglos de estar diciendo “no hay”, no los vemos. Pero yo creo que todos tenemos un amigo al que le decimos “El negro”, ¿o no?. La verdad es que tampoco se ha investigado mucho, solo hay dos documentos que hablan al respecto (Su tesis de maestría, de 2006, y un documento escrito por Pedro Escalante, director de la Academia Salvadoreña de la Historia, que data de 1997).

Pregunto porque hablan de afrodescendientes, y uno tiende a relacionar el término con alguien de piel negra.

María Velásquez: Tú, en México, serías una mulata blanca, por ejemplo, él (nuestro fotógrafo, José Carlos) es un mulato…

Rina Cáceres: Tienen un abuelo africano que ir a buscar.

M.V.: Ayer que llegué al aeropuerto lo vi lleno de mulatos –acabo de llegar, no he visto mucho– (ríe), pero veo más rasgos de gente afrodescendiente que indígena. Lo que pasa es que están borrados, no los queremos ver, pero ahí están.

Esta negación también tiene que ver con que la gente generaliza…

R.C.: Sí, por desconocimiento… Hay una gráfica que a mí siempre me ha llamado la atención, que dice que en Antigua Guatemala, capital de Centroamérica, la población mayoritaria era de africanos y mulatos, ni siquiera de indígenas. Y es importante, porque al no decirlo borramos ese pedacito de la historia.

M.V.: Sí, hay un desconocimiento absoluto. Incluso en algunas regiones los africanos y afrodescendientÏes no fueron la tercera, sino la segunda o la primera raíz. Otra cosa que es importante decir es que este renacimiento de las investigaciones sobre el tema tiene que ver con que las comunidades afrodescendientes están luchando por sus derechos, buscando su reconocimiento porque están cansados de que se les haya marginado. Todo eso es parte del hecho que la ONU haya promulgado 2011 como el año de los afrodescendientes.

¿Esta invisibilización ha ido de la mano con las políticas públicas?

R. C.: Las Naciones Unidas, en su declaración de Durban (2001), hace un llamado a los Estados miembros para que asuman el compromiso de desinvisibilizar el tema afro, como una forma para resolver los problemas de racismo de la sociedad contemporánea. Es importante no por un asunto de cultura, sino por los problemas en la política contemporánea, entre ellos el racismo. Mientras haya un niño que se sienta ofendido por el tono de su piel hay un problema social. ¿Cómo convertir el color de piel de un problema a una huella de una historia muy compleja y muy rica que hay que seguir? Haciéndoles saber que no es un problema, sino una historia maravillosa como cualquier otra, con sus tragedias y grandezas.

M. V.: Es fundamental, como decía la doctora Cáceres, devolverles a estos grupos su papel en la historia, y también resolver problemas contemporáneos que tienen que ver con el racismo y la discriminación, porque los pueblos y las comunidades tienen derecho a conocer su historia. Esto nos permite enriquecer la comprensión de esta: tener raíces africanas es una riqueza, un logro y creo que es importante transmitirlo. Para eso sirve la historia, para entender quiénes somos ahorita y quiénes vamos a ser en el futuro.

¿Cuáles han sido las dificultades en Centroamérica para esta investigación?

R.C.: Yo creo que ha sido un salto desde hace 15 años a ahora, es impresionante. Es decir, cuando nosotros empezábamos éramos almas solitarias.

M.V.: Nos juntábamos a llorar… (risas)

R.C.: Sí, porque nadie nos daba nada… Y me atrevería a decirte que en los últimos cinco años ha habido mayor compresión de la gente. Tiene que ver con la nueva generación que no tiene que ver con las anteriores (padres, abuelos) que tenían esas ideas tan esquemáticas; eso ha sido un aire para poder hablar más de esos temas. La investigación sobre el pasado no va a caer del cielo si no hay vocación personal e institucional.

Entonces resulta irónico que no se hablara de este tema antes, cuando en Latinoamérica es muy común la pigmentación “morena”, que por lo que dicen es herencia africana.

C.L.: Yo estuve en Honduras hace poco, en el Congreso de Antropología, y di una ponencia sobre los negros en El Salvador. Cuando terminé se me acercó una muchacha salvadoreña a darme las gracias, porque en ese momento entendió por qué había sido discriminada en San Vicente: toda su familia tiene características afrodescendientes muy fuertes, y los discriminaron siempre porque nunca les creyeron que eran de San Vicente; ella no sabía de tenía ascendencia africana.

R.C.: Es un drama muy complejo, porque nuestras sociedades fueron educadas para no fijarse en ciertas cosas que podrían provocar problemas. Cuando comencé a hablar de esto una colega me decía: “¿Por qué hablás de eso, si es mejor mantenerlo en el silencio?” Es entonces cuando uno dice ¿por qué el tono de piel es un problema si no debería de serlo? No mencionarlo no significa que no existe. La invisibilización se da a partir del siglo XIX, cuando las grandes élites centroamericanas iban a Inglaterra y a Francia a pedir los primeros empréstitos, al llegar se dieron cuenta de que la idea que prevalecía era que ser europeo era ser mejor y que toda persona de sangre mezclada era menos. No es casual que en muchos archivos de Centroamérica uno se dé cuenta que faltan las páginas en los protocolos de esta presencia afro.

M.V.: Hay otra razón que es importante agregar, a partir del siglo XVIII comienza a aumentar significativamente el comercio de esclavos africanos, sobre todo para Brasil, Estados Unidos y Cuba. Entonces, se necesita una idea, una ideología que “justifique” que en plena época de las ideas liberales de La ilustración, cuando se hablaba de la fraternidad, de la igualdad, se estuviera comerciando con seres humanos. Ahí surgen las teorías pseudocientíficas que dicen que los negros deben ser esclavizados porque son una cultura menor que tiene problemas. A partir de este siglo, cuando ya no llegan africanos directamente a nuestro países, estas ideas de racismo se expanden y posteriormente las heredamos: seguimos pensando que las razas existen, repetimos esos estereotipos de que los blancos son esto y los negros son lo otro.

En el caso de El Salvador, la historia dice que los africanos entraron por Sonsonate y que luego se mezclaron ¿Cómo se da realmente esa inserción?

C. L.: Sonsonate servía como un centro de abastecimiento de esclavos. No es que entren por ahí, sino que en nuestro país estaba ese centro de compra y venta. Se empiezan a insertar antes del siglo XVIII, antes de que se pronunciara la discriminación racial, les permitían desarrollarse y ser parte de la sociedad. Por ejemplo, en San Miguel había una infinidad de mulatos que eran esclavos que se desempeñaban en labores de zapateros. Es más, encontré hace poco un documento de 1530 que habla de un negro que tenía esclavos en un cacaotal de Nahuilingo.

R.C.: Hay otras rutas también de ingreso a Centroamérica, una viene desde Veracruz, baja por tierra, pasa por Oaxaca, Chiapas y llega a Guatemala y se distribuye. Barcos que llegan a Trujillo (Honduras) y algunos llegan a Guatemala, Santo Tomás (Puerto dulce), y a pie se dirigen hasta San Miguel. Uno como historiador de África siempre piensa que los primeros africanos iban a llegar de ahí, pues no, los primeros llegaron de España – y eso está comprobado – los primeros afroespañoles llegaron en el momento mismo de la conquista. Es importante recordar eso por dos elementos: uno, porque no todos los que llegaron de España eran “blancos”, cualquier cosa que eso signifique; dos, hubo movilidad social. Ciertamente hubo esclavitud y violencia, pero en Centroamérica, sobre todo, el mayor porcentaje de la población negra fue libre.

M.V.: Otro de los mitos es que la población africana no fue homogénea. Un ejemplo de ellos es Juan Correa, un pintor barroco, que se firmaba como un mulato libre, y que estuvo encargado de realizar obras pictóricas para toda la Nueva España, Guatemala y creemos que hasta para Costa Rica; por tanto, ni todos fueron esclavos ni todos tuvieron buenas condiciones de vida. A finales del siglo XVIII, en el movimiento de independencia, tenemos grupos de mulatos formando parte de las luchas de los dos bandos, tanto de los que estaban a favor de la independencia como los que estaban con los realistas.

Mencionan que existía esta mentalidad racista, ¿cómo se da entonces la mezcla entre ellos, los blancos y los criollos?

M.V.: Se da antes en países de Centroamérica, si ustedes ven lo que pasa en Estados Unidos, donde sí se da una segregación absoluta, los matrimonios mixtos fueron permitidos hasta los años 60; en las sociedades hispanas jamás estuvieron prohibidos estos matrimonios: un esclavo negro se podía casar con un blanco, un mestizo con un indio, no había prohibiciones. En nuestros países se pudieron mezclar porque no había ideas tan contundentes que prohibieran este mestizaje.  Eso por un lado, por el otro los africanos buscaban mejores condiciones de vida, entonces, como la libertad o la esclavitud la daba el vientre, los esclavos africanos buscaban tener hijos con mujeres indígenas para que sus hijos fueran libres; las mujeres esclavas solían preferir indígenas o criollos para lograr que sus hijos tuvieran mejores condiciones de vida.

¿Qué otras implicaciones tiene esta mezcla en las sociedades en las que actualmente vivimos?

M.V.: Sociedades muy ricas culturalmente, donde convivieron, durante siglos, prácticas y costumbres africanas de varios grupos culturales, indígenas, más los grupos europeos. Eso hizo que en nuestras sociedades se gestaran culturas muy complejas, y el mestizaje ayuda a intercambiar formas de ver el mundo, pensamientos, lenguajes; eso hace que las sociedades crezcan.

R.C.: Y el trabajo. Las sociedades contemporáneas no existirían sin el trabajo de esas miles de personas, fueron ellas las que sentaron las bases de la producción añilera, cacaotera, y del comercio.

Y aparte de sentar las bases para la forma de producción ¿qué otras expresiones sociales son herencia directa de estas raíces?

M.V.: Pues todo, el baile, la música por supuesto, pero lo más importante es el trabajo cotidiano. Los afrodescendientes y los africanos son los que trabajaron en la caña, en las haciendas ganaderas, en las plantaciones, las minas. En el caso de las mujeres, fueron ellas quienes trabajaron en las casas, criaron a los hijos de los criollos, tenían sus puestos en los mercados. Faltan muchas investigaciones para ir reconstruyendo de quién fue cada cosa, mucho no lo vamos a poder encontrar porque son cosas que pasaron hace mucho tiempo en la vida cotidiana. De lo que sí estamos seguros – porque hay documentos y una historia que lo demuestra – es que participaron en el trabajo, la sociedad y en la cultura.

Ahora bien ¿por qué se vuelve políticamente incorrecto llamar a alguien “negro”?

R.C.: Depende del lugar y del momento. En Honduras hay sectores que dicen “nos seguimos llamando negros”, en algunas partes de Guatemala ni negro ni afrodescendiente, es moreno. Y se empieza a usar afrodescendiente, según nos cuenta Quince Duncan, porque en una reunión de líderes afro, en Brasil, llegaron al acuerdo de que al decir afrodescendiente se puede historizar, la idea de negro no lo permite, ya que fue una categoría construida durante la época colonial y lo que viene a la mente es el prejuicio. Hay otras comunidades que dicen “yo me siento más cómodo y prefiero negro si lo dicen con respeto, si lo dicen como insulto no”.

M.V.: Es interesante que digas políticamente incorrecto, porque efectivamente hay una diferencia entre cómo se dicen las poblaciones o las comunidades a como lo digan los políticos o los académicos. Y es importante en este momento porque negro en la época colonial se usó para hacerlos a todos iguales, y eran africanos de todas las culturas: bantús, holos, mandingos. Decir afrodescendientes permite comenzar a historizar de dónde vino esta gente, es empezar a dotarles de una historicidad que ayuda a abatir el desconocimiento y la ignorancia sobre el tema.

¿Desde cuándo se da esto?

R.C.: La resolución se dio en los últimos 10 años, después de Durban. Y por eso la resolución de Naciones Unidas para este año dice afrodescencientes, para reivindicar esta historia invisibilizada y hacer un esfuerzo para reconocerla.

¿Cuáles son los efectos en El Salvador de las leyes del Martinato?

C.L.: (Ríe) Martínez siguió la línea de don Adolfo (Hitler): emite un decreto en 1933 en el que expulsa a los negros, los saca y les prohíbe regresar. Y no solo lo hace con ellos, saca a los chinos, palestinos, húngaros – que eran los gitanos –. Hasta hoy no sé si el Estado derogó alguna vez el decreto (Ley de restricciones y limitaciones a la inmigración).

R.C.: No es un decreto exclusivamente salvadoreño…

C.L.: No, se da en toda Centroamérica.

R.C.:…y América Latina, y tiene que ver con la reunión que hubo en Cuba, el Primer Congreso de Ministros, donde se dice que la raza latinoamericana está mezclada, que hay razas que heredan enfermedades y que hay que excluirlas. En Costa Rica, hace 5 años, para que un africano pudiera ingresar tenía que depositar 5 mil dólares, por estar en la lista de los grupos prohibidos – le pasó en el aeropuerto de El Salvador a un profesor del Colegio de México que iba a dar una conferencia –.

C.L.: Y en Panamá también, en la constitución había un decreto, a pesar de que la presencia de población africana ahí es mayoritaria.

M.V.: Por eso la importancia de este año y de hablar del tema, porque estas disposiciones racistas, este problema ideológico está presente. Por eso hay que luchar no solo para conocer el pasado, sino para arreglar la situación actual, como decía Rina, no puede ser que en el siglo XXI haya leyes que impidan el ingreso de africanos a un país.

Me mencionaban que heredamos el color en nuestra piel, pero ¿de qué nos perdimos por estas leyes?

C.L.: De qué no nos habremos perdido…

R.C.: Supongo que eso ayudó a blanquear, cuando vieron que era algo negativo  pensaron que era mejor blanquearse.

C.L.: A eso iba. Hasta antes del Martinato hubo mayoría de población o personas con características negras; después de esas leyes la gente se empezó a blanquearse para olvidarse de su pasado y para poder vivir aquí. De los 30 para acá no se ven características negras tan fuertes como antes de estas leyes.

R.C.: Y luego ocurre el blanqueamiento mental, que significa no vernos, no reconocernos, porque puede significar algo negativo. ¿Por qué decimos que ser blanquito es bonito? Chocolate y canela también es bonito (sonríe).

¿Hay vuelta atrás para esto?

C.L.: Ya estamos hablando de estos temas, eso es un avance. El Salvador, incluso, se incorporó al Corredor Cultural del Caribe (Proyecto del Ministerio de Cultura de Costa Rica y la OEI, que promueve el valor de las diferentes expresiones artísticas, el patrimonio, la cultura y la vinculación existente lugares y comunidades unidas por su pasado.)

R.C.: Ya hay un paso. Tiene que ver con los tiempos. En aquella época se decía que la sangre mezclada era un problema; ahora todos los ministerios de turismo hablan de que la diversidad cultural vende.

M.V.: En los últimos cinco años ha habido avances, reconocimiento internacional, empieza el interés y en algunos países se pone de manifiesto el apoyo a las investigaciones y la difusión de este tema. La promulgación del 2011 como año internacional de los afrodescendientes también ha ayudado a que este tema esté en las agendas de los Estados y que empecemos a preocuparnos por visibilizar esta historia y luchar contra el racismo. Estamos arrancando una época de expansión del tema, pero ya con bases sólidas, que hace 20 años era imposible.

 


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