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El Ágora

Los 10,000 libros que casi le cuestan una demanda a la DPI

La editorial sueca Bombadil Publishing AB desiste de su intención de demandar a la Direccción de Publicaciones e Impresos (DPI), la editorial del Estado, por anular una compra de 10,000 libros por 100,000 dólares. Los libros ya están en poder de la DPI. Los suecos argumentan que los costos de un proceso judicial, que podría durar entre 3 y 7 años, son demasiado altos, no obstante, mantienen su postura de ofendidos.

 
 

Una editorial sueca que amenazaba con demandar a la editorial estatal salvadoreña por incumplimiento de contrato, aseguró este domingo a El Faro que desistía de buscar la vía judicial dado que podría implicar costos económicos demasiado elevados, aparte de que un juicio podría durar demasiado tiempo.

El pasado jueves 5 de enero, el Secretario de Cultura, Héctor Samour, compartió con la prensa el nombramiento del escritor y periodista Róger Lindo, de 57 años, como nuevo director de la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI), la institución cuestionada. Lindo tendría que enfrentar, como uno de sus primeros retos, el litigio anunciado por Bombadil Publishing AB.

La designación de Lindo ocurrió cinco meses después de que la institución quedara acéfala por la destitución de Carlos Serpas a causa de “anomalías y decisiones inconsultas”, según dijo Samour a La Prensa Gráfica el 6 de octubre de 2011. Una de esas decisiones puso a la DPI y a la Secretaría de Cultura a las puertas de una demanda por parte de la editorial sueca, que compró los derechos y firmó un contrato de regalías para editar a 10 autores salvadoreños publicados por la DPI.

Pero el motivo de la demanda se basaba en que Serpas también firmó una orden de compra por 10,000 ejemplares de esos mismos libros a un precio 5 veces mayor que lo que costaría editarlos en la misma DPI. El monto de la compra asciende a 100,000 dólares. El secretario de Cultura envió una carta a Marianne Rugård, directora de Bombadil, el 29 de julio de 2011, en la que se desligaba del compromiso de pago que según Rugård la DPI tiene con ellos, ya que como institución gubernamental están obligados a un proceso interno para validar toda compra y no están autorizados a adquirir bienes y servicios en el extranjero. En la carta, Samour pidió un plazo de seis meses para devolver los libros y ofreció un intento por contactar a un tercero que negociaría con Bombadil el lote de libros. La destitución de Serpas se oficializó en agosto.

La orden de compra en cuestión no pasó ni por el departamento jurídico ni por la Unidad de Adquisiciones y Contrataciones Institucional (UACI) de la Secretaría, como ordena la ley Lacap. Estas omisiones podrían constituir un delito, aunque por ahora las autoridades lo manejan como una "estupidez".   

El 12 de octubre hablamos con Luis Monterrosa, director de Relaciones Internacionales y Cooperación Externa de Secultura, quien a finales de julio de 2010 asumió como el único encargado de las relaciones con la editorial para aclarar los malentendidos. En ese encuentro Monterrosa califica de "estupidez en materia de negocio" que la DPI hiciera un pedido por libros valorados en tal cantidad. Agrega que es material que ellos mismos pueden imprimir a menor costo, mejor calidad e incluso venderlos más baratos.

En un comunicado emitido el pasado 9 de enero de 2012, Secultura se desliga de la pertición de compra firmada por Serpas que también lleva el sello oficial de la DPI, y continúa diciendo que por ese desligamiento no procedieron "a iniciar ningún tipo de pasos legales para la adquisición de ningún servicio". Con este argumento sostienen que no ha habido ninguna violación al proceso de adquisiciones que determina la LACAP, pese a que una orden de compra es el documento que un proveedor necesita recibir para poder emitir la factura correspondiente para pedir el pago por un servicio prestado.        

Bombadil Publishing es una editorial que tiene cuatro años de haber sido fundada, en su blog aseguran tener presencia en 94 países alrededor del mundo bajo el concepto de publicar a jóvenes para jóvenes. Ejecutan sus funciones editoriales desde Suecia, manejan algunas cuentas desde Nueva York, diagraman en Alemania e imprimen a nivel mundial con el sello de RR Donnelley. No obstante, la proyección de la editorial en la red es poco significativa con comunicados de prensa, un blog actualizado por los mismos colaboradores y un grupo en Facebook que no se actualiza desde agosto del 2011.

Bombadil apareció en El Salvador por primera vez en agosto de 2009. Su director ejecutivo para América Latina y España es un salvadoreño que vive en Suecia llamado Melvin González. En esa visita, en la que presentaron un libro de dos jóvenes originarios de Ahuachapán, ciudad natal de González, tuvieron un acercamiento con la Secretaría de Cultura, según detalla Marianne Rugård, y conocieron a Héctor Samour. El primer contacto con la DPI fue en enero de 2010, luego la editorial invitó al entonces director de la DPI al país nórdico en el verano de 2010, en esa visita se empezaron a formalizar las pláticas. 

En el correo electrónico recibido por El Faro este domingo 8 de enero, Rugård declara que no demandarán a la DPI, ni a la Secretaría de Cultura, porque sería un caso que podría llevar 3, 5 o 7 años y que implicaría demasiados gastos, y además, excede el tiempo que las actuales autoridades permanecerían en sus cargos. Sin embargo, mantiene postura frente a los argumentos contra la validez de la compra de los 10,000 libros. "A pesar de que siento que la DPI nos ha maltratado al no pagarnos y no realizar los contratos de manera apropiada, no nos hará ningún favor llevarlos a la corte, y ciertamente no lo hará tampoco a El Salvador o a nuestros queridos autores", explica en su carta.

"A nuestro juicio, Bombadil ha desistido de demandar, debido a que cualquier tipo de demanda resulta improcedente y alejada de la realidad", dice el comunicado del 9 de enero de Secultura.   

Rugård reclama que el secretario se haya dado por sorprendido y se escude en los actos inconsultos de Serpas, cuando desde el principio, tanto a ella como a González, Serpas les dijo que actuaba bajo las órdenes de Samour. Rugård también argumenta que en caso de que Serpas haya actuado bajo su voluntad y de forma deliberada, no hay manera en que Samour no se haya dado cuenta, ya que ella misma lo mantuvo al tanto a través de correo electrónico de los libros listos para impresión, la orden lista para ser enviada y sobre el pago. 

Monterrosa prefirió no opinar respecto a las atribuciones que Serpas pudo o no haber tomado en esos momentos, excusándose en que apenas medió palabra dos veces con él: la primera al ser nombrado como el encargado de llevar las relaciones con Bombadil y una segunda luego de haber sido depuesto de su cargo.

El Faro contactó con Serpas en su perfil de Facebook el 29 de septiembre pasado y nos proporcionó un teléfono móvil para contactarlo, pero no contestó nuestras llamadas en esas fechas y no volvió a contestar tampoco los mensajes enviados vía Facebook. El sábado 7 de enero volvimos a marcar el número del móvil, esta vez sí contestó para decirnos: "fíjese que por ahorita no voy a dar declaraciones". Al preguntarle que hasta cuándo podríamos hablar con él del tema, solo respondió “yo les voy a avisar”.  

Por su parte, en la entrevista concedida a El Faro, Róger Lindo se da por enterado de la situación a la que llega, y lo toma como una lección de la que él debe aprender. "Es una lección sobre las cosas en las que hay que ser cuidadoso”. Se mostró cauto al hablar de la demanda en sí: “Como hay un proceso legal es preferible que eso lo maneje el departamento jurídico. Lo único que le puedo comentar es que es una advertencia, un rótulo en el camino sobre lo minado que puede estar un terreno. Por eso una de mis intenciones, y desde el principio ha sido así, es tomar decisiones con el equipo.” (Ver entrevista con Róger Lindo)

Las denuncias previas

El caso dejó ver su primera arista cuando un grupo de escritores hizo pública un queja en la redes sociales: no habían recibido el pago en concepto de derechos de autor por la publicación de sus obras que la DPI había negociado con la editorial sueca. 

Las inquietudes de los escritores se intensificaron luego de encontrar anunciados sus libros en internet, ofrecidos hasta en 41 dólares. Otro detonante fue ver las muestras de los libros en exhibición en la Feria Internacional del Libro en Centroamérica (Filcen), el pasado agosto de 2011. 

En efecto, en el sitio web www.bokus.com de venta de libros, Bombadil Publising vende su catálogo con 19 títulos, de los cuales 10 son de autores salvadoreños. El precio de los títulos oscila entre 200 coronas suecas (29 dólares) y 282 coronas suecas (41 dólares).  

Los autores y obras involucrados en el caso son Ana Escoto (“Menguante y otras creaturas”), Johana Raabe (“Entre una y tres de la madrugada), Alberto Pocasangre (“Camisa de fuerza”), Roxana Méndez (“Mnemosine”), Elena Salamanca ("Último viernes”), todo ellos de la Colección Nueva Palabra. También figuraban Maura Echeverría (“Sol de cariño”), Roberto Laínez (“Tempestad en un vaso”), y los fallecidos Rafael Menjívar (“Los héroes tienen sueño”), Pedro Geoffroy Rivas (“Los nietos del jaguar”) y Francisco Gavidia (“Júpiter”). 

Captura de pantalla del sitio donde aparece ofertados 5 de los 10 libros de autores salvadoreños publicados por Bombadil producto de la negociación con la DPI.
 
Captura de pantalla del sitio donde aparece ofertados 5 de los 10 libros de autores salvadoreños publicados por Bombadil producto de la negociación con la DPI.

El interlocutor de los autores durante el proceso había sido Carlos Serpas, quien les había hecho llegar vía correo electrónico el borrador de un contrato con los montos por derechos de autor y regalías, pero la comunicación se interrumpió y los autores no supieron más del proceso hasta ver sus libros a la venta en internet y en la Filcen. Al intentar retomar contacto con Serpas se dieron cuenta que este había sido destituido y no respondió más a las solicitudes de explicación.

El tema de los derechos de autor quedó zanjado luego de varias rondas de negociación con Luis Monsterrosa y el departamento jurídico, con la firma de un contrato donde la Secretaría se comprometía a pagar los derechos de autor.

Los autores firmaron un contrato que detalla que recibirán el 20% de las ventas en concepto de regalías y que la DPI recibiría un 10%. La DPI recibiría el total del beneficio económico en los casos de "Júpiter", de Francisco Gavidia, y "Sol de cariño", de Maura Echeverría, porque posee los derechos de autor como propios.

Nota actualizada el martes 10 de enero de 2012.


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