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Una película llamada Casas de Unidad
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Una película llamada Casas de Unidad

¿Qué hay detrás de las casas de Unidad? Las visitas de El Faro a siete de ellas muestran que los supuestos cuarteles de proselitismo vecinal tienen escasa o nula actividad, y que con frecuencia pertenecen a personas vinculadas a los partidos que apoyan la candidatura presidencial de Antonio Saca. No es, entonces -no en estos casos-, la pretendida generación espontánea entre la ciudadanía no partidaria la que da vida a las casas de Unidad.

Gabriel Labrador / Fotografías: Gabriel Labrador y Mauro Arias

 
 

Casa de Unidad en la colonia Alcaine II, de San Marcos. La dueña de la casa, Rosa Reyes, dice que decidió prestar su vivienda a Unidad por petición de un amigo suyo que en las elecciones de 2012 fue candidato a alcalde por la Democracia Cristiana.
 
Casa de Unidad en la colonia Alcaine II, de San Marcos. La dueña de la casa, Rosa Reyes, dice que decidió prestar su vivienda a Unidad por petición de un amigo suyo que en las elecciones de 2012 fue candidato a alcalde por la Democracia Cristiana.

Toma 1: Saca en blanco y negro

Elías Antonio Saca, visto de frente, está mirando hacia la derecha. Observa esta calle empedrada de Panchimalco donde el fresco de la tarde parece haber animado a la gente a salir de sus casas. Saca, uno de los cuatro candidatos presidenciales rumbo a 2014, dio un discurso aquí hace varias semanas para inaugurar lo que explicó debía ser un espacio vecinal para la búsqueda de soluciones a los problemas locales, o dicho de una manera más sencilla, una "casa de Unidad". Esta tarde Saca es testigo de cómo una de estas casas que bordean la calle empedrada entra en una febril actividad. Vestido con saco oscuro, camisa blanca y corbata, el candidato observa cómo niños estudiantes, amas de casa y jóvenes futbolistas entran y salen de la casa en un ritual que se repite cada 10 o 15 minutos. Todo el que entra se retira con objetos diversos en sus manos. Y a Saca no parece entusiasmarle nada eso, y visto de perfil hasta parece que frunce el ceño, aunque su boca esboza una leve sonrisa. Acaso la conclusión a la que podría llegar después de horas de observación es que la casa de Unidad que él inauguró con luces, cámaras y un corte de listón el 23 de abril, nada puede hacer para competir contra la enorme popularidad de la tiendita del barrio. Y Saca, desde ese afiche pegado en la fachada de la casa de Unidad, tiene que admitir -al menos hoy- que no es ningún punto de encuentro vecinal.

***

La puerta permanece cerrada, y viéndola así, tan desierta, uno se imagina si en verdad alguien vive ahí. Hay polvo en las ventanas, no hay cortinas y sobre el techo de duralita cuelgan unas percudidas guías navideñas. Ni los pickups que pasan cargados de gente, ni los estudiantes que pasan chistando con desenfado, ni el viejo autobús que acaba de resucitar tirando bocanadas de humo parecen perturbar la quietud de esta casa de Unidad.

Al cabo de dos horas, los últimos rayos solares llevan, por fin, una visita. Es una joven que no pasa de los 20 años, viste jeans y blusa rosada con reflejos. Pienso que quizás la joven dejará por escrito su propuesta para el plan de gobierno, o a lo mejor viene solo a dejar un mensaje hablado para que se lo comuniquen al expresidente. Cuando Gloria Girón, la dueña de la casa, llega a la puerta, abre lentamente, como si no estuviera segura de que alguien pudiera estarla visitando...

Parece sorprendida pero luego sonríe. Gloria y la joven hablan de una deuda de unos cuantos dólares... y eso es todo. Nada de papeles, ni entrega de documentos, ni anotaciones en un cuaderno... La joven se retira y Gloria se dispone a cerrar la puerta de nuevo.

—Buenas tardes. Disculpe, ¿con usted se dejan las propuestas para la casa de Unidad? -pregunto, en referencia a estos inmuebles supuestos a ser cuarteles de proselitismo, que según el mismo Saca este fin de semana ya superaban los 125 a nivel nacional.

Gloria me mira con suspicacia. 

—Fíjese que ahorita mi esposo no está y con él es con quien se puede entender. Él es el que siempre pasa pendiente de eso.

—Ah, vaya. Mire, soy periodista. Quería ver si alguien me explicaba unas cosas de cómo es que están trabajando aquí.

—No, ahí solo cuando él está, pero la gente se pone de acuerdo por teléfono primero con él. La gente no viene de un solo, porque él trabaja y por eso viene tarde.

—¿Y cómo es que se eligió esta casa?

—Es que él fue alcalde de Panchimalco... 

Antes de formular la siguiente pregunta, Gloria me invita a pasar.

Hay una reja de poca altura que protege el perímetro y para dejar la calle atrás, abro una puertecita que me llega a la cintura. Adentro, me doy cuentade  que la parte vivible de la vivienda está más al fondo y lo que hay en este salón previo es casi nada. Lo más llamativo cuelga de lo alto de las paredes: dos grandes afiches color anaranjado de la campaña electoral de 2012 en los que aparece el rostro del diputado por San Salvador Guillermo Gallegos, del partido Gana. Por lo demás, hay pocas cosas: un viejo escritorio, un viejo sofá, y una docena de viejas sillas de plástico hechas torre. Vuelvo a ver al diputado Gallegos, “el diputado amigo”, como decía su lema de campaña, y entonces recuerdo que las paredes de afuera, las que saludan a la calle, también son de color anaranjado.

“Arena no reconoció el liderazgo de mi esposo”, dice Gloria. Su esposo, Isabel “Chabelo” Vega, fue alcalde de Panchimalco entre 2006 y 2009 por el partido Arena. Intentó reelegirse pero perdió ante el FMLN en 2009, lo que desató un puñado de rumores en su contra que lo empujaron a abandonar las filas areneras. Pero desde entonces, Chabelo no ha perdido popularidad y por eso es que hoy, cuando su esposa le llama al celular para contarle que hay un periodista que quiere hablar con él, el exedil responde que yo mejor debería regresar el sábado porque hoy y el resto de la semana él tiene previsto reunirse con estructuras en el municipio. Hoy, por ejemplo, está en el cantón El Cedro, y regresará noche. Gloria me lo dice mientras se pone de pie como quien busca despedirse. Agradezco su atención y me voy. 

Pero antes de salir del pueblo y tomar el camino entre montañas de regreso a la capital, vuelvo sobre mis pasos para desechar una duda. Pregunto a Gloria si aquella muchacha que estuvo ahí antes que yo nunca mencionó nada del movimiento Unidad.

—Doña Gloria, ¿la muchacha con la que habló usted antes que yo de verdad no vino por nada del movimiento Unidad?

—No, no, para nada. Como le digo, aún no se nos ha dicho qué es lo que hay que hacer. 

***

Casa Unidad en la colonia San Francisco de San Salvador, ubicada frente a la Sede Nacional del PCN. Foto Mauro Arias
 
Casa Unidad en la colonia San Francisco de San Salvador, ubicada frente a la Sede Nacional del PCN. Foto Mauro Arias

Toma 2: Los políticos ocultos

Cuando Saca inuaugura las casas de Unidad, casi nunca llega justo a la hora convocada. Pareciera que siempre es generoso con el tiempo y decide otorgar un margen de minutos para que los encargados del transporte puedan movilizar más gente, o para que los vecinos convocados terminen de llegar, o sencillamente para que cuando el candidato llegue, todos los presentes –o la gran mayoría- tenga su camiseta ya puesta.

Hoy, a la avenida Aseseco, del Barrio San Jacinto, de San Salvador, llega es un equipo de avanzada. Son asistentes de protocolo, empleados de comunicaciones y hombres de logística. Cada quien hace su trabajo: hablan con el dueño de la casa -hoy se han presentado con Santos Guzmán, es primera vez que se saludan en persona-, colocan los banners en la fachada, alistan la pólvora, instalan el sonido, preparan las luces, atienden a la prensa. Al cabo de media hora, Tony Saca aparece a lo lejos bajándose de una camioneta polarizada, suficientemente lejos como para caminar unos metros y pasar saludando a los vecinos y lograr la entrada triunfal que todo político le gustaría tener. Saca carga niños, abraza ancianas, estrecha las manos de otros hombres y repite un sinnúmero de veces “qué gusto saludarles” en medio de aplausos y luces de cámaras.

La casa de Santos Guzmán tiene una cochera rectangular, techada solo a la mitad, en la que se mezclan un patio de pocas plantas y un espacio para vehículos. Pasado este espacio, se levanta una casa de dos niveles de paredes de color celeste. La casa de Santos está al final de un pasaje con una inclinación pronunciada. Afuera hay numerosos carros abandonados, un taller mecánico, y a escasos metros más a la derecha, buscando el fondo del pasaje, no hay más casas si no un profuso barranco. No es precisamente el más lujoso de los barrios, pero ahí viene caminando Saca, con sus mocacines, su guayabera blanca, y pantalón oscuro, sorteando los baches, con una estela de periodistas a su alrededor.

“Cuando un presidente no viene a las colonias, no sabe, y los ministros le pueden dar garabato al presidente", dice Saca. "Al presidente, los ministros le pueden decir que 'ah, todo está bien', pero la ventaja que tienen con Tony Saca es que él camina”, agrega, y los vecinos presentes estallan en aplausos.

***

Esa vez en San Jacinto, Saca habló media hora. Agradeció a los anfitriones, hizo un recuento de las encuestas, recordó que aun no se sabe si las papeletas de votación tendrán fotografía... pero cuando se refirió a la manera en la que surgen las casas de Unidad, dejó varias cosas afuera.

“Quiero decirles que las casas de Unidad son los centros donde se unen los vecinos con los vecinos. Aquí no hemos traído a nadie a la fuerza, aquí todos han venido por su propia voluntad”, señaló el candidato, quizás al tanto ya de que para atraer a los vecinos, Santos había organizado una rifa de una decena de tazas con el rostro de Tony y el logo del movimiento Unidad. "Aquí, el dueño de la casa se va a reunir con ustedes y van a discutir los problemas que tienen", agregó.

Lo que el expresidente prefirió guardarse es que buena parte de las 102 casas que para entonces se habían inaugurado -ahora ya son 126- habían surgido gracias a los recursos y a la disposición de los miembros orgánicos de los propios partidos de la coalición, Gana, PCN y PDC.  

Es decir, aquella apertura de la casa en San Jacinto no representaba la norma de cómo se daban las inauguraciones, si no todo lo contrario, era la excepción. No era normal que un comerciante del mercado Sagrado Corazón llamado Santos Guzmán decidiera escribir al Facebook de Unidad para ponerse a la orden, para dejar anotada la dirección postal de su casa y para decir que esperaba ver a Saca pronto. No, ese no era el procedimiento normal. El propio Santos se sorprendió cuando alguien del movimiento se puso en contacto con él vía telefónica: “Nunca me imaginé que habían leído mi mensaje y menos que aquí iban a poner su casa de Unidad”.

Lo que sí era habitual, al menos lo era hasta hace dos semanas, es que los partidos Gana, PCN y PDC pusieran a disposición del movimiento las viviendas de sus exalcaldes, exconcejales o las de quienes hubieran lanzado su candidatura para cualquier cargo en los comicios de marzo de 2012. Si bien las casas pertenecían a ciudadanos, era falso que se tratara de gente sin vínculos partidarios ligados al movimiento. 

El discurso, no obstante, es distinto. Saca y su equipo de comunicación suelen vender la idea de la generación espontánea. "Se espera que más salvadoreños tomen la iniciativa de convertir sus hogares en centros de escucha ciudadana de manera voluntaria, como se ha venido realizando en El Salvador, país que cuenta con 70 Casas Unidad habilitadas en distintos municipios", rezaba un mensaje divulgado por el equipo de comunicación de Unidad el 11 de abril, posterior a la apertura de una sede. Los mensajes incluyen además una fuerte temática antipartidista: "Los problemas de El Salvador son tan graves y tan grandes que no podemos dejarle esa responsabilidad a los políticos". 

Cuando a mediados de mayo las convocatorias de prensa comenzaron a detallar los nombres de las familias que pondrían su casa a disposición, no resistí la tentación de creer que Saca ya había encontrado inútil mantener en el anonimato a tanto miembro partidario, sobre todo cuando ciudadanos espontáneos como Santos Guzmán habían entrado a la fórmula. El efecto cascada ya se había logrado. 

Desde el 25 de febrero, Saca ha inaugurado también clínicas de salud, ha acompañado jornadas de fumigación contra zancudos, y ha ordenado a grupos de abogados que brinden consultas jurídicas a pobladores de todo el país. Solo alguien como Saca, quien ya estuvo en la silla de presidente de la República, parece tener el olfato para reconocer que los principales problemas que aquejan a la población de hoy son los mismos que no logró resolver con la implementación de su plan de gobierno “País Seguro” (2004 – 2009).

Hoy, Saca ha dicho que quiere construir su plan desde las comunidades. “Los planes de gobierno son de abajo hacia arriba, no se construyen en oficinas con aire acondicionado. Hay que sudarla, hay que caminar el país”, dijo durante durante una visita en Juayúa, en abril. “País Seguro”, el plan con el que prometió mejorar la economía familiar, mejorar la cobertura de salud, y disminuir la violencia terminó dejando un El Salvador con 3.7% más de familias pobres, con dinero faltante para la reconstrucción de nueve hospitales de la red pública, y con una tasa de homicidios récord de 71 por 100 mil habitantes.

Toma 3: Las casas que aun no saben qué hacer

Las tres casas de Unidad inauguradas en San Marcos el 9 de abril obedecen el mismo patrón: ahora que ya son la sede oficial del movimiento en esa ciudad, no saben muy bien qué hacer ni cuál es el siguiente paso. 

Esta casa, por ejemplo, ni siquiera tiene el típico dibujo del Saca encorbatado que mira al horizonte. Es una casa de dos plantas, grande, con un portón en la fachada y una terraza de la colonia San Luis, desde donde una pequeña niña explica que su papá, un excandidato a concejal por el partido Gana, decidió quitar el rótulo porque creyó que alguien se lo podían robar. ¿Hay alguien en casa? La niña responde que sus padres están trabajando y que la abuela no conoce del tema. 

Tengo mejor suerte en la colonia Alcaine II, a la orilla de la carretera que conduce al aeropuerto de Comalapa. Pese a que no hay rótulo de nada, los vecinos señalan que esta casa con perímetro de lámina es la casa Unidad. Una joven abre a medias la puerta, escruta al visitante y explica en un trabalenguas que quien puede dar información al respecto es doña Rosa Reyes, la vecina... Alzo la mirada y reconozco a unos 20 metros de ahí el dibujo del Saca encorbatado que esta vez está custodiando una casa de un largo muro frontal pintado del verde de la Democracia Cristiana. La dueña de la casa confirma que un amigo, el excandidato a alcalde por el partido del pescado, le pidió ayuda a ella y a su hermana para que su casa fuera la sede del movimiento Unidad. 

—¿Cómo están trabajando aquí?

—Mire -se queja la señora Reyes- van a tener que orientarnos, no podemos funcionar ni dar nuestra fuerza si no nos dicen qué es lo que hay que hacer. En otras partes a saber si estarían trabajando, porque ya tienen ratos de andar inaugurando casas, pero aquí aun no nos han dicho nada... por eso es que no hemos hecho nada.

Esta mujer y su hermana Rosalía son las dos mujeres que salen en un video promocional de Unidad. En la imagen aparece un risueño Saca que les echa el brazo mientras habla largo y tendido, micrófono en mano, sobre el concepto de las casas. “Que Dios me las bendiga”, dice en el video Saca, mientras promete que de llegar otra vez a Casa Presidencial les construirá una pasarela.

A Carmen María Alfaro también la visitó Saca aquella noche del 9 de abril en la colonia Santo Domingo. La encuentro más de un mes después, haciendo limpieza mientras escucha la televisión. 

—¿Y ha podido hacer algo desde la inauguración? -pregunto.

—Nooo, ¿Y cómo si no nos han dado dinero? Si esa vez nos dejaron 50 camisas y no alcanzaron. 

—¿Pero al menos tiene una idea de lo próximo a desarrollar?

—No, pero estos días han quedado de venir a verme para decirme qué es lo que hay que hacer. 

Para llegar hasta aquí, hay que subir a los cerros de San Marcos que están al borde de la carretera a Comalapa. Durante el ascenso, las pintas alusivas a una de las principales pandillas locales -“ver, oír y callar”- contrastan con los dibujos de caricaturas de Walt Disney en los postes del tendido eléctrico, cortesía de la comuna.

—¿Cómo hace un expresidente ricachón para entrar aquí sin temor? -interrogué a Alfaro, consciente de que la pregunta llevaba cierta trampa.

Alfaro respondió algo así como que la noche en la que el expresidente llegó hubo mucha gente en la zona, y después de una pausa, agregó que de todas formas habría que haber visto a los guardaespaldas del exmandatario, el mismo cuya administración presidencial atestiguó un repunte en el índice de homicidios entre 2004 y 2009. 

***

Tal vez por haber ido de mañana en San Marcos no pude registrar la actividad propia de las casas de Unidad. Decido intentarlo por la tarde, en otra ciudad y así es como llego a esta vivienda, en algún lugar del área metropolitana, donde el Saca encorbatado, hundido en la soledad, parece observar a lo lejos la cumbre del volcan de San Salvador.

Pero la desilusión se repite. Después de un rato afuera de la casa, junto a una venta de frutas, concluyo que a lo mejor ni los días de semana ni las horas laborales son las más afortunadas para verificar si las casas de Unidad cumplen con aquello de efectuar encuentros vecinales como lo pidió Saca.

Antes de partir, toco la puerta de la supuesta casa de Unidad solo para verificar si efectivamente hay vida adentro. Dos amables mujeres me hacen pasar, una anciana y una muy joven. Me identifico como periodista y pido que me cuenten la historia de cómo esta casa llegó a respaldar la candidatura. Las mujeres son muy detallistas, pero en medio del relato, acaban haciendo una revelación histórica: que el PCN de Ciro Cruz Zepeda obligaba a su madre y a otros empleados de instituciones estatales a participar en las concentraciones del partido so pena de recibir castigos...

No sé cómo es que estas mujeres se han atrevido a contarle esto a un periodista, y en eso pienso cuando de pronto suena el teléfono en la casa. La más joven contesta. Es su madre. La chica le cuenta que hay un periodista en casa que quiere saber sobre las casas de Unidad y la señora, acostumbrada a la parafernalia mediática, me manda un mensaje através de su hija: “Para su mayor información, nos han convocado a todos los de las casas de Unidad a las 4:30 en El Salvador del Mundo porque van a filmar un comercial y nos necesitan ahí”.

 

Carmen Alfaro fue candidata a concejal por el partido Gana en San Marcos y ahora ha prestado su hogar para el movimiento Unidad. Ella también sale en un comercial del movimiento en el que dice que nunca imaginó que Saca visitaría su casa y menos para inaugurar una sede.
 
Carmen Alfaro fue candidata a concejal por el partido Gana en San Marcos y ahora ha prestado su hogar para el movimiento Unidad. Ella también sale en un comercial del movimiento en el que dice que nunca imaginó que Saca visitaría su casa y menos para inaugurar una sede.

***

Toma 4: Famosos por un día 

La plaza de Las Américas, mejor conocida como la del Divino Salvador del Mundo, es por ahora un inmenso set de televisión. Son las 4:30 de la tarde y el movimiento Unidad prepara un nuevo spot televisivo. Me acerco a las cámaras, a los reflectores de luz, a los maquillistas, a las mesas y el monitor... pero una bella joven que parece ser la productora me intercepta y me pregunta si yo también estoy ahí para ser grabado como parte del comercial televisivo. Me desconcierto. La joven insiste:

—Necesitamos voluntarios... para la filmación.

Explico que no, que solo estoy curioseando. La bella productora me deja en paz y vuelve a clavar su mirada en el Smartphone del que no para de enviar y recibir mensajes.

Cuando menos, aquí hay unas 75 personas reunidas. Visten cotidianos, con ropa de trabajo, jeans... parece que esa ha sido la orden del director. Vistos así, en grupo, esta gente evoca el momento, hace tres meses, en el que Tony Saca dijo que correría por la presidencia en 2014, en el anfiteatro del Centro Internacional de Ferias y Convenciones.

Hoy, la participación de toda esta gente debería servir para filmar una secuencia que contenga más o menos lo siguiente: un grupo heterogéneo de salvadoreños caminando en bloque, en una sola dirección, coordinados, mientras uno de los que va al frente -ora un campesino, ora una mujer- sonríe a la cámara y lee frases de respaldo al candidato. 

Pero la escena cuesta que salga. Quienes están encargados de leer las frases se equivocan una y otra vez, el tiempo apremia, la luz de la tarde pronto va a terminarse pero los únicos preocupados parecen ser los productores. Los espontáneos actores y actrices parecen disfrutar cada que repiten su exiguo papel. 

Aquí hay gente venida de muchas partes. Un grupo que espera su turno para grabar ha venido desde San Luis Mariona. Cuando ven que soy periodista, me invitan a que vaya a visitar esa hermosa casa que el expresidente inauguró en Cuscatancingo, hace apenas unas semanas. Al lado de ellos hay otras personas que dicen venir de Soyapango, de Mejicanos... Un poco más lejos están los que pertencen a las juventudes de Unidad y de los partidos de la coalición.

—No todos somos de San Salvador, yo por ejemplo, vengo de Sensuntepeque -dice una jovencita, de frenos y rimel abundante, integrante de la juventud de Gana. 

El director anuncia que por fin tienen la secuencia perfecta, y se termina la sesión. A las 5:30, no obstante, la plaza sigue recibiendo más gente de las casas de Unidad. Todos quieren aparecer en el comercial, sentirse famosos por un momento, aunque fuese por un tan solo día en su vida. 

Toma 5: Quiero ser su presidente 

De vuelta al estreno de la casa Unidad, en San Jacinto. En la calle, afuera de la vivienda, un puñado de hombres y mujeres hace sus apuestas: unos creen que el expresidente, una vez termine su discurso, se va a marchar de una vez, y otros creen que Saca sí va a reunirse a platicar siquiera unos minutos con los vecinos.

—Dicen que después solo se va a reunir con la gente desempleada, y que va a poner una mesa receptora para necesidades -expone uno del grupo.

—Y todo lo que usted tiene que hacer es votar por el -replica otro.

Saca va terminando su discurso. Su voz resuena en los altoparlantes, y rebota en las paredes.

—Las únicas promesas son las que se cumplen, y por eso es que he venido a decirles: yo les voy a cumplir. Soy Tony Saca, y quiero ser otra vez su presidente.

Sonoros aplausos. El evento ha terminado oficialmente. El exmandatario ahora está posando para la foto con las mujeres que lo han logrado arrinconar. De pronto, una mujer logra captar su atención. Ella ha colocado su boca justo al lado del oído del expresidente. Le susurra algo y él parece escuchar atento. Mira a la mujer de reojo, y vuelve a la posición de escucha. Saca, un político con un olfato sensible al interés periodístico, recupera el micrófono:

—A ver José Enrique... si nos acompaña, José Enrique... Fíjense que estas son las cosas... Venga para acá señora, esas son las cosas que me llenan de satisfacción... cuando uno llega a un lugar y aparecen los ciudadanos... José Enrique. Yo llegué al hospital Bloom...Cuénteles, cuénteles la historia...

La señora que ha logrado susurrarle su historia al presidente ahora agarra el micrófono. José Enrique es su hijo. La mujer no llega a los 40 años, tiene lágrimas en los ojos pero contiene el llanto cuando comienza a narrar lo que ocurrió en el hospital de niños Benjamín Bloom hace unos diez años.

—¿Se acuerda que usted llegó a ver a dos niños que estaban enfermitos de las rodillas? Ustede se acercó y me regaló 100 dólares, usted me preguntó de él y me dijo: no te preocupés, en este momento te voy a enviar los medicamentos...Yo a usted le debo la vida de él.

Más aplausos. Saca luce complacido y por fin se dirige al interior de la casa de Santos donde se supone que se reunirá a platicar con mayor intimidad con los vecinos. Sin embargo, antes de llegar a sentarse en semicírculo con ellos, Saca se queda contestando las preguntas que le hacen los medios de comunicación. El candidato dedica unos 20 minutos ante las insistentes preguntas de los periodistas. Muchas tienen que ver con un programa que acaba de anunciar, denominado "Avanza Mujer", que consistirá en darle microcréditos a mujeres emprendedoras.

La veintena de vecinos, a unos metros de él, parece resignada a seguirlo esperando. De veras quieren hablar con él. Cuando Saca ha despachado a los periodistas, otros políticos lo abordan, comienzan a saludarlo y a llevarlo para fuera de la vivienda... Saca comienza a salir del lugar.

—Ya viste que te dije que se iba a ir -expresa un hombre, de los que lo esperaban en el círculo.

Los demás vecinos, irremediablemente, comienzan a levantarse de sus asientos y a despedirse entre sí. 


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