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“Nadie debe pensar que es el rey de este proceso”

La epidemia de destituciones y renuncias en Seguridad Pública va a ser, según Blackwell, una oportunidad para que la tregua pruebe la solidez de sus cimientos institucionales. “Que cambie gente y esto siga adelante es una buena señal”, dice. No quiere que se hable de crisis. Ni cree que las crecientes críticas públicas a la tregua la vayan a dañar. Advierte, sin embargo, al Fiscal General, a los partidos políticos y al mismo ministro Perdomo: “Este proceso no puede manejarse a través de los medios, como un jueguito de ping-pong”.


Fecha inválida
José Luis Sanz

Si la reciente salida de David Munguía Payés del Ministerio de Seguridad abrió dudas sobre cuál sería el futuro de la tregua sin su principal impulsor y estratega, las abruptas dos primeras semanas de Ricardo Perdomo en el cargo han multiplicado los motivos para pensar que algo se ha roto en el frágil esqueleto que por 14 meses ha mantenido en pie el diálogo con las pandillas y su compromiso con la reducción de homicidios. En solo seis días Perdomo destituyó al director de Centros Penales, facilitó la renuncia del viceministro Douglas Moreno, cuestionó los protocolos de trabajo del principal mediador, Raúl Mijango, y anunció un giro inmediato en la estrategia del gobierno respecto al ahora denominado “proceso de pacificación”, que ha pasado por varios nombres -tregua, proceso de paz, proceso de reducción de la violencia- desde que inició en marzo de 2012.

Fuera del ministerio, a la tregua también le crecen los problemas: los obispos católicos se han desmarcado del proceso, el Fiscal General lo ha calificado de “hipócrita”, y el candidato de Arena, Norman Quijano, promete en sus spots de campaña romper la negociación con las pandillas si llega a la presidencia. Sería interesante saber qué opinan los líderes de las pandillas de lo sucedido, pero Perdomo ha prohibido terminantemente, y en teoría provisionalmente, que los pandilleros presos hagan declaraciones públicas.

El representante de la Organización de Estados Americanos (OEA) en el proceso, Adam Blackwell, pide sin embargo calma y trata de apagar las alarmas. Esta entrevista recoge dos conversaciones telefónicas sostenidas con Blakwell estando él en sus oficinas en Washington. La primera se celebró el viernes 31 de mayo, al día siguiente de la destitución de Nelson Rauda al frente de Centros Penales. La segunda el viernes 7 de junio, dos días después de la renuncia de Moreno y menos de 12 horas después de una visita relámpago del diplomático canadiense a El Salvador, para participar con el ministro Perdomo, los mediadores y representantes de la Fundación Humanitaria en una reunión de la Comisión Técnica que coordina la tregua.

En esa reunión debían abordarse los problemas de las últimas semanas y las tensiones entre el nuevo ministro y los mediadores, indignados por el hecho de que éste hubiera ordenado suspender sus permisos de entrada a penales y la celebración de conferencias de prensa en las cárceles sin ni siquiera haberles consultado. En esa reunión Blackwell actuó, según sus propias palabras, como “amortiguador entre las partes”. Asegura que los problemas están, de momento, solucionados, pero pide a todos los implicados “bajar el tono” y tener paciencia. En El Salvador, dice, hay quienes ha corrido demasiado para proclamar que la tregua es un éxito. Y sugiere que han sobrado afan de protagonismo ante los medios de comunicación y personalismos. Según él todos, el ministro, el Fiscal, los partidos políticos, e incluso Estados Unidos, quieren que este proceso funcione. O al menos eso dice que le dicen.

Últimamente en El Salvador varios sucesos han agitado el proceso de diálogo con las pandillas. La salida del ministro, la postura de los obispos... ¿Atraviesa la tregua un mal momento?
Yo no lo llamo tregua sino proceso de paz, y este proceso va a tener buenos días y malos días. No vamos a resolver un problema que se desarrolló por 20 o 25 años de un solo golpe. Sería irresponsable que yo o cualquier persona pensara que esto no va a ser un proceso arduo, con momentos difíciles. Yo he hablado con el Nuncio, con monseñor (Escobar Alas), voy a hablar con la conferencia episcopal... y creo francamente que todo el mundo quiere la paz. Lo que hay es que explicar claramente lo que es este proceso y lo que no es. Lo que no es es un paso hacia la impunidad, de rendición a los que han delinquido. Es una forma de buscar un cierto grado de tranquilidad para que el tejido social del país pueda mejorar. Me decían muchos alcaldes que la gente teme salir de sus casas, caminar por las calles, y yo creo que en los municipios donde hay menos violencia y menos delitos esto va a a cambiar. Pero va a tomar tiempo. Necesitamos paciencia y fe. No podemos pensar que se va a romper por cada incidente o cada problema, como tampoco nadie debe declarar victoria demasiado pronto.

¿A eso se refieren usted y la OEA cuando en su último comunicado piden “humildad” para consolidar el proceso? ¿Creen que en El Salvador se quiso presumir de éxito demasiado rápido?
Yo siempre digo que un proceso como este necesita humildad, humanidad e institucionalidad. Humildad para reconocer que estamos hablando de problemas muy complejos: nadie tiene todas las estadísticas, todos los números... estamos hablando de una economía informal, ilícita... nadie tiene un manejo completo de todo esto, ni los medios ni nadie, y francamente, cuando la gente hace estas grandes declaraciones me molesta un poco. Segundo: humanidad. Estamos trabajando con seres humanos y eso es complicado. Trabajamos con víctimas, con personas que han sido víctimas de la delincuencia, que han vivido en una cultura de la violencia, y esa cultura no se vence de un día para otro. E institucionalidad: por supuesto se necesita una fuerte política de prevención, asegurar que en los centros penales se castiga a quienes han delinquido pero también que haya inserción y reintegración. Estos tres polos tienen que funcionar en conjunto.

¿Cree que avanzamos hacia esa institucionalidad? El año pasado usted decía que este proceso se está construyendo sobre la marcha. ¿Ya hay una hoja de ruta hacia la institucionalidad?
Creo que nos vamos acercando. Todavía falta, pero el viceministro de Seguridad Douglas Moreno está manejando excelentes proyectos de prevención. Esto es una señal muy positiva. Y muchos donantes están impulsando proyectos de prevención. Y el hecho de que haya nueve o diez alcaldías trabajando en esto es una señal de mejor institucionalidad o de coordinación institucional. Pero todo es muy frágil. Así es en cualquier proceso. Pregúntales a los colombianos si están cerca de una paz total con las FARC. No. han logrado una parte, pero no. Estos procesos son muy frágiles. Necesitan paciencia.

Los proyectos que tiene sobre la mesa Moreno requieren fondos. Y la Fundación Humanitaria, que en teoría iba a ser una de las principales vías de gestión de esos fondos, todavía no...
Siempre hemos dicho que tanto la Fundación Humanitaria como el Comité Técnico no son agencias de implementación, sino de seguimiento. Si queremos crear institucionalidad tenemos que trabajar con el gobierno para que el proceso se base en sus programas. Pero yo lo que veo es que eso está mejorando, gracias al trabajo de muchos funcionarios del gobierno, que no tienen nada que ver con la política de un partido u otro.

¿Las estructuras estatales de seguridad son más sólidas que hace un año y medio?
Me da la impresión de que hay una mejora en las estructuras y el sistema de seguridad. Uno de los resultados de este proceso de paz es que la Policía puede empezar a recuperarse, se puede invertir en una Policía más comunitaria, que no sea únicamente de combate. Nadie dice que la parte disuasiva no sea importante. Nadie. Pero la prevención, la Policía comunitaria, es importante también, como lo son los procesos de reintegración. Es mi impresión. Aunque yo no soy el presidente de El Salvador y no es mi rol ni el de la OEA criticar la eficacia de un gobierno u otro.

Pero la OEA hizo un diagnóstico de la seguridad en El Salvador hace un año y medio... y una de las preguntas que se hace la ciudadanía es si las pandillas se están fortaleciendo en este proceso más que el Estado. ¿Cómo está aprovechando el Estado esta ventana de oportunidad?
Habría que preguntarle al nuevo ministro. Yo solo doy mi impresión. No quiero que parezca que quiero supervisar el trabajo de un ministerio u otro. Pero tengo la impresión de que el sistema de seguridad está mejorando.

Habló antes de las víctimas. Parece que ya se ha abierto la batalla política, electoral, por el voto de las víctimas. Uno de los candidatos, Norman Quijano, de Arena, lanzó una campaña con el lema “Para los criminales no hay tregua”, una crítica a este proceso. ¿Se perdió la oportunidad de lograr el acuerdo de despeje político al que usted aspiraba?
Yo no puedo comentar el proceso político de El Salvador ni las estrategias de un partido u otro, pero lo que estamos haciendo en el largo plazo va a tener beneficio para el país. Ese es el mensaje: este es un proceso de largo plazo que tiene que superar a un mandato u otro, a un gobierno u otro, una política electoral y otra. No quiero mezclarme en eso, pero sé que la parte social de una estrategia de seguridad es siempre más complicada de explicar, ya sea en El Salvador, Colombia o en Honduras. Es políticamente mucho más fácil vender la mano dura, más policías, más presos, más sentencias, que vender más trabajadores sociales, más centros comunitarios, más centros de capacitación para quienes han cometido un delito. Eso es una realidad en cualquier país. No digo que esto va a ser fácil, pero hay que seguir, sabiendo que esto es lo correcto.

¿Conserva el objetivo de reunir a todos los partidos políticos alrededor de la tregua?
En cada viaje hablo con todos los partidos. No lo invento: hablo con los partidos, con el Fiscal General, con la sociedad civil, el sector privado... para mantener a todos al pie de lo que está ocurriendo.

¿Y en los últimos viajes no ha encontrado un ambiente político distinto?
No tanto. Creo que a todo el mundo le preocupa lo mismo, sea de un partido u otro: preocupan las víctimas, el que no haya señales de impunidad, qué podría ocurrir si se fracasa... Y son preocupaciones legítimas.

Pero ha cambiado el clima político sobre el tema, o al menos las expresiones públicas. ¿A qué lo atribuye?
No creo que el clima político haya cambiado. Estamos en un proceso que ya tiene 14 meses, y si lees los artículos en los periódicos sobre el proceso de Colombia, los comentarios del los lectores son los mismos que recibes en El Salvador o que vamos a recibir en Honduras. Es natural. Son grupos de delincuentes que han cometido horribles crímenes, y las víctimas tienen razón al expresar sus preocupaciones. Es natural.

Meses atrás, hablando de quienes temen que detrás de la tregua haya una trampa de las pandillas, usted me dijo que no pondría en riesgo la reputación del secretario general de la OEA y la suya propia participando en un proceso que no estuviera correctamente vigilado, con ciertas garantías. ¿Lo mantiene?
Sí. Si por un momento yo tuviera la sensación, en cualquier área de mi trabajo, no solo en El Salvador, de que el buen nombre de mi Secretario General no está protegido, yo tendría la obligación de retirarme. Pero no tengo esa impresión en El Salvador. Y mirá... esto necesita liderazgo. Liderazgo del secretario general, del gobierno de El Salvador, de la sociedad... de todas las partes. Porque no siempre las cosas van a ir como queremos y vamos a recibir muchas críticas. Es natural.

Uno de los más críticos con lo que está sucediendo es el nuevo Fiscal General. Los mediadores le han acusado incluso de tratar de boicotear el proceso. ¿No pone esto en peligro la tregua?
No creo. He tenido una relación muy profesional con el Fiscal, y me ha dicho que es un aliado del proceso. Hay que reconocer el rol de cada quién, y él tiene como función constitucional asegurarse del cumplimiento de la ley. Él respeta su rol y yo lo respeto también. Creo que lo importante en El Salvador es que todos los sectores, todos, los políticos, los medios... bajen un poco el tono y no busquen tanto un éxito de un día para otro. Esto no es un partido de fútbol que alguien va a ganar después de 90 minutos. Es un proceso largo que precisa profesionalismo, humildad, y humanidad, y va a tomar al menos una década.

Usted dice que el Fiscal le ha dicho que es un aliado del proceso, pero públicamente ha calificado la tregua de “hipócrita”.
El Fiscal, como todo el mundo, puede decir lo que piensa. Yo no soy partidario de leer los periódicos todos los días y escuchar las declaraciones de todo el mundo. Trato de evitar los medios, porque... Este es un tema que ningún actor, ni el Fiscal, ni un partido político, ni los mediadores, ni la OEA, ni nadie, debería tratar de convertir en un circo mediático. Este es un proceso largo que necesita paciencia, disciplina, y cierto grado de coherencia.

Hay funcionarios que creen que es el momento de incorporar a más gente a la mediación para que la tregua no dependa tanto de Raúl Mijango y Fabio Colindres. Se habla de crear un equipo institucional de mediadores o interventores, para que el proceso sobreviva a la posibilidad de que Mijango y Colindres se hagan a un lado. ¿Comparte esa idea?
Sí. Una de las intenciones de crear el Comité Técnico era esa. Nadie debe personalizar este proceso. Nadie debe pensar que es el rey de este proceso o que esta es su tarea en la vida. Eso es peligroso. La labor de Raúl y Fabio no es fácil y cuantos más profesionales y más institucionalidad podamos poner en esa tarea, mejor.

En el último mes han dejado su cargo el ministro de Seguridad, el director de la Policía y el director de Centros Penales. ¿Es eso bueno o malo para el proceso?
Creo que es muy bueno. Que cambie gente y esto siga adelante es una buena señal, porque muestra que hay institucionalidad detrás de esto. He hablado con el exministro y con el nuevo ministro, y seguimos adelante.

¿Está el nuevo ministro en sintonía con el anterior?
Creo que sí. No puedo hablar por él, pero en mis conversaciones con él ha sido muy amable y se ha mostrado consciente del trabajo en marcha.

En su primera acción como ministro destituyó a Nelson Rauda por permitir la salida de dos pandilleros de la cárcel para hablar de la tregua. Y ha prohibido las conferencias de prensa de pandilleros, y ha denunciado “privilegios”, y ha dicho que va a revisar la forma en que el anterior ministro gestionó el proceso. Parece que el gobierno va a tratar a sus interlocutores en las pandillas con más dureza.
No sé... Mi conversación con él fue franca, profesional... y seguimos adelante. Que cambie un ministro, que cambie una política, es normal. No va a ser una persona ni un incidente lo que va derrumbe todo esto.

Entonces, ¿que el nuevo ministro contradiga al anterior y diga ahora que la tregua no es parte de la estrategia del gobierno, son solo palabras? ¿No tiene importancia?
Como acabo de decir no leo todos los periódicos ni escucho cada palabra de cada quien. Lo importante son los hechos. Si el gobierno quiere cambiar de estrategia está en su derecho. La OEA no puede dictar lo contrario. En el momento en que el gobierno me diga que no quiere seguir con este proceso, perfecto.

Acaba de lanzarse un proceso de tregua en Honduras. ¿Cuáles son las similitudes y las diferencias con respecto al de El Salvador?
No acabamos de arrancar. Solo por mi parte la preparación duró ocho meses, por no hablar de la labor de monseñor Emiliani, que lleva 12 años dialogando y teniendo relación con los mareros. Él es un héroe para mí. Hace ocho meses empezamos a hablar en el penal de San Pedro Sula, y seguimos en el de Támara, cerca de Tegucigalpa. Hace unos días vimos que ellos estaban listos para hablar abiertamente sobre este proceso y eso es lo que ha pasado. La diferencia es que no es un proceso de paz entre ellos, sino con la sociedad, pero creo que en algún momento bajarán también las armas contra la pandilla rival.

Es un inicio diferente entonces, pero se han fijado las mismas metas.
Sí, es un arranque distinto. Es un proceso más complicado por el impacto del narcotráfico, que es mayor en Honduras, pero la tasa de homicidos en Honduras es de 92 por 100 mil, es literalmente una zona de conflicto, y hay que ayudar como se pueda. Esto es solo parte de la estrategia integral que se necesita. No es la solución mágica para todo.

¿Sería un error entonces comparar el proceso en Honduras con el de El Salvador?
Hay similitudes. La reacción crítica de la sociedad ha sido similar, por ejemplo. Pero hay que poner cada proceso en su contexto.

¿Cuáles son los próximos pasos en Honduras?
Formar un pequeño Comité, como el de El Salvador, y buscar quién pueda ayudar a monseñor Emiliani, porque ni él ni yo podemos hacerlo todo esto solos. Esto va a exigir una estrategia a corto, medio y largo plazo.

Hay quien se pregunta si Guatemala seguirá un camino similar. ¿Está trabajando la OEA en ello?
Estamos trabajando allí, pero no puedo decir si hay o no interés en un proceso similar. Es algo que los guatemaltecos tienen que responder... De momento no puedo hablar sobre esto.

***

Hace justo una semana, en nuestra anterior conversación, usted destacaba el trabajo de Douglas Moreno. ¿Qué supone la renuncia del viceministro para el proceso?
Este proceso es más grande que una sola persona. Yo tenía muy buena relación con Douglas Moreno. Me parecía un excelente viceministro y manejaba muy bien el área de prevención, que es uno de los pilares de este proceso. Pero el ministro me ha dicho que está desarrollando una estrategia para institucionalizar mejor todos los elementos: prevención, manejo del sistema penitenciario, rehabilitación, trabajo con víctimas... Ciertamente no podemos hablar de proceso de paz si no hay una estrategia. Yo he salido de mi reunión con el nuevo ministro muy entusiasmado.

¿Lo que dice es que el ministro se ha comprometido a mantener la línea de trabajo que traía Moreno, o habrá cambios?
Él cree que el trabajo de Moreno es uno de los pilares de su estrategia, y por supuesto habrá que modificar cosas pero la idea de fondo, la estrategia, sigue.

El jueves 6, en la más reciente reunión del Comité Técnico, le tocó hacer de árbitro. Las primeras decisiones del nuevo ministro habían generado mucha tensión entre él y los mediadores. ¿Se pudieron solucionar esas diferencias?
Yo entregué al ministro una carta del Secretario General preguntando si el gobierno de El Salvador quiere seguir y expresando que la OEA cree que este es un proceso importante y que estamos dispuestos a aportar todo lo que podemos. Mi rol, como miembro internacional del Comité Técnico es amortiguar las relaciones entre las partes, y eso fue así con el ministro (Manuel) Melgar, con el ministro Munguía y con el ministro Perdomo. Y todos salimos de la reunión con el ministro con mucho entusiasmo. Por supuesto hay un cambio de individuos, de personalidades, y hemos cometido como Comité errores de juicio, de funcionamiento, hay que admitirlo.

¿Cuáles son esos errores de juicio y funcionamiento?
Por ejemplo, que este proceso no puede manejarse a través de los medios, como un jueguito de ping-pong en el que nosotros creemos que hemos de reaccionar porque Estados Unidos incluye a seis líderes de la Mara Salvatrucha en un nuevo listado del Departamento del Tesoro. Yo me reuní con el Departamento del Tesoro y conocía ese listado, esos nombres, desde hace tres meses. Esto no es una noticia nueva para mí, sino parte de un procedimiento que ellos tienen, y tiene derecho a hacerlo. Pero no podemos querer arreglar las cosas en los medios, “quién hizo esto” “qué error hemos cometido”, “funcionaban o no las armas de fuego”... No. Hay que manejar esto como profesionales. Esto no es un juego. Es un tema complejo que no se maneja así. Si hablamos de un proceso de pacificación, si queremos ayudar a que El Salvador recupere su tejido social, tenemos que bajar el tono. No conozco una sola persona que esté en contra de recuperar el tejido social, salvo quizá quienes venden armas o tienen empresas de seguridad privada. Todo el mundo debe estar a favor de un proceso de pacificación, de recuperación del tejido social en un país tan golpeado los últimos 25 o 30 años. ¿Cómo cambiamos la narrativa del país para no hablar solo de maras, de muertos? Todo el mundo habla de lo que no funciona, pero nadie cita que uno de los resultados más importantes de este proceso: que podemos hablar con los mareros, que podemos sentar a los líderes de las dos pandillas más grandes del país en la misma sala y que no se maten entre ellos, y discutir todos. ¿En qué conflicto internacional del mundo no es este el principio número uno: hablar con los combatientes?
Lo que estamos haciendo en El Salvador es exactamente el modelo de los Ángeles. Solo que aquí los llamamos mediadores y allí los llaman interventores. Pero es ese modelo. El vicepresidente Biden ha estado en Colombia apoyando el proceso de paz allí. ¿Por qué no se puede apoyar el proceso en Honduras o El Salvador? No me digan que las FARC no han cometido delitos, que no han estado involucradas en narcotráfico y han cometido barbaridades... Es lo mismo: hay que adaptarlos a cada país , por supuesto, pero hay modelos de resolución de conflictos, de pacificación, que se conocen y discuten en la comunidad internacional desde hace décadas.

¿Cree que Estados Unidos se opone a la tregua? La designación de líderes por parte del Tesoro se esperaba desde hace meses, pero se ha vuelto a interpretar en El Salvador como un mensaje político y como un obstáculo al proceso.
El Comité Técnico ha sido recibido aquí en Washington por el Congreso, por el Departamento de Estado y por otros actores, nos hemos reunido con ICE... No hay secretos. Hemos discutido el tema, como profesionales. Y Estados Unidos apoya a El Salvador en actividades de prevención, reinserción y mejoras en la Policía a través del Asocio para el Crecimiento. No veo ambigüedad. Veo a cada actor cumpliendo su rol, igual que sucede con el Fiscal. Hemos de respetar eso y ver cómo trabajamos juntos sin buscar diferencias o peleas que no existen.

Vuelve a nombrar al Fiscal General: acaba de declarar que las pandillas están utilizando la tregua para lavar dinero.
No voy a entrar en el juego del ping-pong con el Fiscal. Las maras lavaban dinero antes de la tregua, lo hacen ahora y van a seguir lavando. Nadie va a tomar una banda con 60 mil miembros y en un año y medio convertirlos a todos en santos que trabajan en beneficio del mundo. Hay que ser realistas. Siempre he dicho que esto no debe verse como una estrategia para reducir homicidios, sino como un proceso de pacificación que va a durar años. Así fue en Los Angeles, en Boston... Cuando mis padres vinieron a vivir a Washington en los 80 era una de las ciudades más peligrosas de Estados Unidos. Ahora no lo es. Pero esto toma tiempo. Si el Fiscal o alguien más cree que vamos a eliminar todas las expresiones criminales de un solo golpe, lo lamento.

En la reunión del Comité Técnico, ¿se definieron nuevos procedimientos para el trabajo de los mediadores? Después de las críticas del ministro, que denunció descontrol, se esperaba un reordenamiento de las relaciones entre las instituciones de Seguridad y los mediadores.
Esta reunión estaba pautada desde hace tiempo porque el decreto para la entrega de armas vencía el 31 de mayo. La novedad es que ha sido la primera con el nuevo ministro, y el resultado ha sido muy positivo. Siempre he insistido en que hay que ordenar y documentar los pasos de la estrategia... Si lees los términos de referencia del Comité, están muy alineados con la estrategia que ha anunciado el ministro. Es solo cuestión de afinar. Este es un proceso de aprendizaje y mejora; veo esto como una oportunidad.

¿Pero los mediadores van a seguir reuniendo a pandilleros en una misma cárcel para discutir el proceso, van a seguir teniendo acceso ilimitado a los centros penales, como lo tenían con Munguía Payés y Rauda en sus cargos?
Sí, por supuesto. Cualquier mediación necesita ese acceso y necesita que las personas con quienes se está dialogando puedan hablar con sus tropas, con sus estructuras.

Las nuevas prioridades anunciadas por el ministro, que habla de trabajo con expandilleros, de deshacer a largo plazo la estructura de los pandillas, ¿han cambiado la hoja de ruta del proceso?
No lo creo. Siempre tenemos como objetivo la rehabilitación de quienes quieran renunciar a la vida delictiva. Y esto sirve para cualquier privado de libertad. Hay tres o cuatro empresas que están trabajando en este proceso y queremos que haya más. Pero esto ya estaba en la estrategia, en el préstamo del BID, etc.

¿Qué ha cambiado entonces?
Que tenemos un nuevo ministro que quiere institucionalizar más el proceso. Y todos tenemos que ver cómo proceder; es un proceso complicado, con muchas partes, con muchas frustraciones, y construir la confianza no solo entre las pandillas, sino con la sociedad, los partidos políticos, los empresarios...

¿Da por cerrada la crisis de las últimas semanas?
No creo que esto sea una crisis. No ayuda que digamos que hay una crisis. Ha habido una interpretación de la corte Suprema y hay que respetarla. Se cambió al ministro. Tenemos uno nuevo. El señor Rauda cometió un error al dar a los pandilleros acceso a los medios; creo que no fue la mejor idea en este momento. Ha sido reemplazado. Y también Douglas Moreno decidió, por el cambio de ministro, por razones personales, retirarse del proceso. Pero esto es una oportunidad para incorporar a nuevas personas, un nuevo enfoque y nuevas energías. No lo veo mal.

De momento, parece que este ministro quiere ser más duro que el anterior con las pandillas, menos complaciente.
No es mi impresión. El nuevo ministro es un profesional y creo que quiere seguir adelante, con mayor coordinación con el comité y más institucionalización.

Munguía Payés casi justificaba que se mantuviera todavía el cobro de la renta, y Perdomo ha lanzado una unidad antiextorsiones.
Mira las cifras de Los Ángeles: han reducido los homicidios en un 90 % pero el único indicador que sigue dando problemas es el de las extorsiones. Ese asunto necesita un trabajo particular y me parece lógico que se cree esta unidad: al fin y al cabo es el principal reclamo de la sociedad. Pero no hay que perder de vista la inequidad. En El Salvador o en otros lugares del continente, mientras los jóvenes no tengan empleos van a buscar oportunidades en la economía ilícita.

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